Currículo como signo - El currículo como mediación entre individuo y sociedad a part

3 - El currículo como mediación entre individuo y sociedad a part

Monografía creado por María Luzdelia Castro Parra. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/mcastro.html
05 de Noviembre de 2006

El análisis y reflexión sobre el papel que cumple la educación en los procesos formativos de los profesionales, debe ocurrir en espacios hieráticos y estructurados, asistidos por las reflexiones epistemológicas que desde la pedagogía, permitan, como diría Platón, elevar el alma hasta las alturas desde donde se puedan establecer diálogos con lo Divino y desde allí, incursionar en la profundidad de lo humano, de lo terrenal. Este espacio se refiere a “el currículo”.

Con tal sabiduría –la ciencia, el ser humano, el mundo- estaremos preparados para disponer en el currículo las escenas4, elegir los accesorios, la utilería, los ambientes y visualizar los tiempos necesarios para colmar de sentido dichas escenas. Se trata de estructurar sistemática e intencionalmente nuestra intervención en la vida de los seres humanos; de unos seres que, al romperse la cuarta pared, intervienen y participan en los eventos, en sus propias construcciones. Se acogen individualidades, se reconocen las realidades como factores que promueven y provocan las estructuraciones de la obra: la educación. Los actores entonces, se mezclan, giran, se vuelven actantes y pasan a representar su realidad misma que no es otra que la realidad social.

Es decir, que una educación que privilegia a la persona tendrá que comprender sus búsquedas y, a partir del análisis de la sociedad desde sus tendencias y paradigmas, procurar hallar formas que le permitan articular la cultura, la sociedad, los individuos desde el conocimiento en un todo armónico que revele vitalidad y movimiento. Se trata de estructurar “formas” de organizar el conocimiento y disponerlo de tal manera como si se tratara de una obra de arte. Esto le permite a los actores -acompañantes- que asumen la enseñanza, potenciar las dimensiones de los seres humanos que educan. De la manera prudente, cautelosa y reflexiva como se asuma esta elaboración depende el significado que la organización y estructuración de la acción educativa adquiera. Podrá por ejemplo, establecer diálogos entre las disciplinas, saberes y profesiones; aliar propósitos de tal forma que logren articulaciones dinámicas que iluminen al individuo y lo impulsen hacia sus búsquedas.

Más allá del conocimiento de los intereses técnico, práctico o emancipatorio5 que propone Habermas y que Grundy6 traduce como función del currículo, los actores que participan en la escena educativa tendrán que apropiarse y asumir el currículo como su propia realidad. Ello implica no solo conocimiento, sino también reflexión y comprensión de la realidad, de las cosas, de los seres humanos, de lo dicho y silente; sabiduría para interactuar con el otro, consigo mismo, con la ciencia; y visión de mundo presta a modificarse y a transformarse a partir de estas relaciones.

La educación como acompañante de las búsquedas de los seres humanos, se convierte un escenario sagrado a donde se asiste no sólo como espectador, sino también, a participar -como en el carnaval, que no solo se ve, sino que se vive con excentricidad y familiaridad-. Este hecho nos conduce a comprender que los actores educativos que intervienen en el currículo deben pasar por una especie de purificación donde ocurran nuevas concepciones del conocimiento, de las personas, de la sociedad, de las cosas, de la vida y del destino mismo. Porque no es lo mismo un conocimiento científico que atiende a la lógica epistémica y que explica el mundo. Al elegir un conocimiento con propósitos formativos, se está redimensionando sus alcances científicos, donde no solo se concibe como medio para formar y potenciar las dimensiones de la persona, sino que también le permite movilizar la ciencia misma al generar nuevo conocimiento. Se trata del diálogo entre lo subjetivo y objetivo que debe ser fundamentado en el currículo y que permita promover la transformación social7.

Como fisonomía, la educación exige conjugaciones donde la realidad se disponga de manera abierta e inacabada a permitir y a fomentar en el ser humano sus búsquedas y a propiciar hallazgos a partir de la ciencia. En este sentido, la conciencia crítica no se forma discursivamente, sino que tendrá que estar asistido por una serie de prácticas que desde el conocimiento iluminen nuevas realidades y que además de la razón, de la rigurosidad que exigen las disciplinas que dan soporte a una profesión, permitan la participación real de los actores aprendices y enseñantes en la escena hasta que en su girar inagotable, adquieran significados más allá de los discursos mismos. Se trata de privilegiar la sabiduría al asumir acciones educativas que activen y develen las esencias de los individuos, de la sociedad, de la ciencia y de la realidad misma; esencias que han sido anestesiadas por los males del siglo.

Comprender por ejemplo, que los signos presentes en el currículo globalizado, expresan y refieren realidades educativas mucho más allá de las palabras. Las partes que dan consistencia significativa al todo, también están participando de otros significados. El desencadenamiento de los significados ocurre cuando el intérprete, actor educativo, a partir de la reflexión que le deriva la pedagogía, emprende búsquedas de significados con el propósito de observar críticamente su propia acción, sus actuaciones dentro y fuera del aula, sus creencias, su visión de mundo: en fin, su cultura. Esta actitud de indagación debe acompañar a los actores también cuando con-versan con el enseñante, ya que de este diálogo podrían surgir habilidades para interrogar la vida: actitudes críticas capaces de iniciar complejos desciframientos. La investigación como función esencial de la educación superior, ocurre cuando en los ambientes de aprendizaje se generan estas intenciones, se desarrollan procesos educativos capaces de superar lo meramente empírico, material, evidente.

Se trata de una invitación para actuar en el silencio y es de allí, escuchar nuestras propias voces y los ecos del pasado, de la historia, del presente, de la eventualidad. Invitación a sentir y a presentir la ciencia en su rigor imponente que la caracteriza y con ella, descifrar los misterios que habitan más allá de los hechos que observamos. Un docente que logre estos ambientes educativos, será capaz de conjugar, desarrollar y gestión sus currículos desde la relación con la investigación. Una relación que demanda acción donde el actor, docente, intervenga y provoque la participación real de los invitados. Allí donde conocimiento, realidad y sujetos –que como signos, que forman parte de un macrosigno- actúen, establezcan relaciones y dinamicen el aprendizaje. Este relacionarse concientemente, como interacción, provoca transformaciones en la manera de asumir la realidad, de comprendernos como sujetos y de comprender la ciencia para esclarecer ideas, realidades, anhelos.

Si bien estos significados pueden ser descifrados desde ellos como signos, también es cierto que forman parte de una realidad más amplia: el currículo; en sus relaciones nos conducen a regiones mucho más complejas donde el universo de la ciencia se torna impredecible. Estamos en la sociedad del conocimiento, es decir, en una realidad que requiere que el conocimiento sea vector, eje fundamental a partir del cual giren los signos y desde su girar, emerja la vida. Porque al estar en contextos globalizados, nos conduce a aperturas no solo de fronteras geográficas, sino también, mentales, que dialoguen con otras realidades, con otros proyectos de nación, de individuos. Estamos en el auge de la tecnología y las comunicaciones, con ellas podríamos realizar los anhelos de interrelación con otras experiencias y realidades.

Como consecuencia de estas tendencias, en la educación superior estamos invadidos por discursos que como referentes vacíos nos prometen otras organizaciones del mundo educativo. Pero como se trata de “palabras prestadas” por los factores externos –generalmente del mundo empresarial-, dichos discursos aún no son significativos para los actores educativos, quienes como acompañantes del proceso formativo, deben actuar de manera inmediata y por ello resuelven el tema de los significados buscando equivalencias semánticas entre los nuevos términos y los antiguos; así explican sus prácticas, la cultura institucional y el deber ser que circula en las palabras. Para comprender los alcances que los nuevos discursos promueven en la educación superior, tendríamos que establecer relaciones dialógicas entre actores educativos, disciplinas, propósitos y contextos concretos de formación tanto disciplinar como profesional.

Es así como al concebir la estructura curricular como signo y ella misma organizada a partir de los signos, entonces tendríamos un referente como entramado de significados que invita al desciframiento. Mediante la gestión que del currículo hace el docente, los directivos académicos y demás miembros de la comunidad académica, los componentes y fundamentos curriculares van adquiriendo sentido real, se realizan y dinamizan en las culturas y ambientes de aprendizaje como una totalidad, dibujada por significaciones inagotables, referentes que no cesan de invitar a sus desciframientos, a indagar en sus misterios. Allí ocurren aprendizajes con significado tanto para estudiante y docentes; generación de conocimiento; apropiación de realidades y conocimiento de la ciencia, la cultura y de sí mismos.

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Monografía de María Luzdelia Castro Parra. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/mcastro.html CopyLeft
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