Currículo como signo - Forma y contenido curriculas

4 - Forma y contenido curriculas

Monografía creado por María Luzdelia Castro Parra. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/mcastro.html
05 de Noviembre de 2006

Tantos equívocos humanos en la formación profesional, demandan reflexiones educativas. Y es la pedagogía quien nos aporta un saber que orienta las decisiones sobre la elección de contenidos y su organización, gestión y evaluación que favorezca la relación del individuo con la sociedad. En cualquier nivel de escolaridad, la educación mediada por la reflexión, se apoya en el conocimiento. Un conocimiento que adquiere fisonomías aprehensibles, abiertas, próximas a la realidad humana; hecho al cual se le debe dar mayor solidez y madurez hasta alcanzar y merecer la autonomía otorgada a la educación superior. Nos estamos refiriendo a los contenidos que han sido elegidos porque prometen contribuir en el desarrollo profesional de un ser humano íntegro; contenidos que adquieren un significado de conocimiento formativo el cual le da estructura al currículo.

Para comprender esta idea propongo concebir al currículo como un signo. Signo en tanto comunica, en tanto dicotomía entre el significante o referente; aquello que intenta representar; o más bien, ser las cosas, la vida, los seres humanos, las ideas, los sueños representados; y un significado que habita y es la realidad, las cosas, los seres, todos ellos al mismo tiempo.

“En este sentido la realidad del signo es totalmente objetiva y se presta a un método de estudio objetivo, monístico, unitario. Un signo es un fenómeno del mundo exterior. Tanto el signo mismo como todos sus efectos (todas esas acciones, reacciones y nuevos signos que produce en el medio social circundante) ocurren en la experiencia exterior... la ideología es un hecho de conciencia; el cuerpo externo del signo no es más que un revestimiento, un medio técnico para la realización del efecto interior, que es la comprensión”.8

Desde esta perspectiva la estructura curricular revela sentidos más amplios, complementarios e inagotables que aspiran a lograr la armonía y por qué no, la realización feliz. Y es mediante el ejercicio de la comprensión como pueden emerger de él, nuevas configuraciones, nuevas realidades, nuevas concepciones y creencias; es decir, nuevas semiosis9. El revestimiento del currículo es similar al de una obra de arte, donde todo se configura de una misma materia, los signos; y donde cada una de sus partes es un signo que está visible y silenciosamente dispuesto, ordenado, relacionado esperando una nueva oportunidad: una comprensión en sí mismo y en relación con los demás signos como visión sistémica.

Se anuncia aquí una comprensión del currículo desde sus fundamentos como idea –epistéme que habita en al signo-; desde su estructura, donde sus componentes –contexto, contenido, didáctica, evaluación…- serán comprendidos en sí mismos como signos que revelan y develan realidades en sí mismos, pero que adquieren verdadero sentido en la totalidad, en la armonía que expresa su artisticidad, su forma y que surge gracias a esas alianzas que se establecen entre los signos-componentes como un procedimiento semiósico. Es un llamado a las formas, como diría G. Lukacs10, donde el currículo siendo signo –totalizante- sea creado desde la conciencia o inconciencia estética que exige el arte.

En la siguiente gráfica encontramos la representación que del currículo hemos venido proponiendo al considerarlo como signo, conformado por dos caras: la forma que da significado al contenido. Se observa como el marco general es envolvente –circular- y expresa los lineamientos y parámetros curriculares institucionales los cuales a su vez, van expresándose en nuevos círculos concéntricos donde se hace más visible y concreto el Proyecto Educativo Institucional.

Imagen

Se trata de ver al currículo como un sistema en donde tanto los niveles curriculares como los criterios –flexibilidad, integralidad, pertinencia- y las clases de currículo –explícito, oculto, nulo, oficial- poseen la idea de totalidad. En cada actuación educativa cada componente interviene y se determina a partir de la significación de los demás. Aquí encontramos el sentido de la coherencia y calidad curricular tan anhelada.

En las universidades le hemos apostado a nuevos discursos que circulan de manera “desprevenida”, como ajenos, prestados, impropios. Discursos que desde la visión sistémica del currículo deben ser descifrados con el ánimo de validarlos hasta darles sentido en la cultura institucional. Si bien la palabra inventa el mundo, también ella refiere una realidad en tanto real o virtual, presente o ausente. Los discursos educativos que asumimos se convierten en referentes “vacíos”, en promesas que ensanchan las ilusiones, pero que mediante la contrastación con la realidad empírica de la educación, decaen en su intento por lograr transformaciones en las culturas institucionales.

Como alternativas, retomo el planteamiento de Charles Morris, quien propone11 la idea de “semiosis” en el siguiente sentido: “se ha considerado que la semiosis implica tres factores: lo que actúa como signo, aquello a que el signo alude, y el efecto que produce en determinado intérprete en virtud del cual la cosa en cuestión es un signo para él”.

De conformidad con este planteamiento, podremos inferir que Charles Morris define a la semiosis como el procesos en que algo funciona como signo. Para este proceso según el autor, existen tres dimensiones que referidas al currículo en virtud de la analogía propuesta en este planteamiento, se expresan de la siguiente manera:

  • El vehículo sígnico: lo mediadores, o lo que actúa como signo; donde el currículo ha sido asilimado semánticamente como “mediador” entre la sociedad y los sujetos que actúan como docentes y como profesionales en formación.

  • El designatum: aquello que el signo alude; en este caso, la realidad social, cultural, tecnológica, científica, económica, política que actúa como factor determinando en el proceso educativo.

  • El Interpretante: referido al “efecto que produce en determinado intérprete en virtud del cual la cosa es un signo para él”. Es en esta fase de la semiosis donde recae el sentido de la propuesta de comprender el currículo como signo.

  • Denonatum: entendido como “aquello a que se alude existe realmente como algo referido al objeto de referencia”. Donde al currículo se convierte en lo aludido y promete una presencia y vigencia realmente real.

Es decir, que si desde sus orígenes el currículo asumía funciones de mediación que atendían a las necesidades de la sociedad cuando de educar guerreros y atletas se trataba, durante su evolución, ha venido experimentando diferentes concepciones y funciones que siempre le otorgan el mismo lugar: ser mediador entre educación y sociedad; entre individuos y grupos; entre el ayer, el hoy y el mañana; entre el aquí y el allá. El currículo no sólo constituye una parte de una realidad individual o social como cualquier cuerpo físico, sino que refleja y refracta otra realidad exterior a él. Está presto al desciframiento constante, a la construcción colectiva, se regodea como inacabado, requiere de realizaciones; porque él mismo es ideología, conciencia, forma que habita todos y cada uno de los actores, los espacios y los tiempos que le dan vida en cada actuación.

Hoy el currículo viene asumiendo diversos enfoques, de manera inconsciente quizá, en la cultura de las universidades. Es fundamental identificar sus relaciones, complementariedad y propósitos, a fin de lograr la coherencia y pertinencia en la formación profesional y disciplinar de las nuevas generaciones.

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Monografía de María Luzdelia Castro Parra. Extraido de: http://revista.iered.org/v1n2/html/mcastro.html CopyLeft
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