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Su boda, en 1997, con la ex Spice Girl Victoria Adams multiplicó el atractivo del futbolista para las firmas comerciales y los medios de comunicación. Todo lo que toca lo convierte en dólares, que es la moneda con la que cobra. Durante sus largos años en el Manchester, entre ficha e ingresos atípicos ganó un promedio de 15 millones de euros anuales. Se atreve con todo, hasta ha llegado a cantar en uno de los discos de su esposa, en la canción Out of your mind.

Victoria Adams en su llegada a Madrid
La cantante pareció haber arrinconado en buena medida su carrera para convertirse en dueña y señora de la proyección de su marido y del Beckingham Palace, como es denominada la mansión de los Beckham y donde, hasta que David fichó por el Real Madrid, celebraba a menudo fiestas a su imagen y semejanza, con la presencia de incondicionales como Elton John o Joan Collins.
Con Victoria tiene dos hijos: Brooklyn (5 de marzo de 1999), así llamado porque fue concebido en este famoso barrio neoyorquino, y Romeo (1 de septiembre de 2002), en homenaje a Shakespeare.
La fama de la pareja tiene empero un precio: en 2000 intentaron secuestrar a su primogénito. Por ello ha debido rodearse de extremas medidas de seguridad. Aparte de ésta, el Spice Boy o Becky, dos de sus apodos que han hecho mayor fortuna, ha recibido otras amenazas, hasta de muerte, como cuando en el Mundial de 1998 fue expulsado por una niñería e Inglaterra cayó eliminada por Argentina.
Beckham es todo un negocio, por ello lo fichó seguramente, en junio de 2003, Florentino Pérez, que para el puesto ya tenía a Figo, quitándoselo además al flamante presidente del F. C. Barcelona, Joan Laporta, quien había prometido su fichaje a la afición barcelonista en su campaña electoral. Al Real Madrid, que lo adquirió por 35 millones de euros y por una ficha anual de 6,5 millones, le deberá entregar el 50 % de sus contratos de imagen.
La llegada de Beckham a Madrid fue todo un acontecimiento. Llegó a Torrejón de Ardoz en avión privado y movilizó a miles de aficionados que querían acercarse a su nuevo ídolo. Un olor de multitudes que se repitió pocos después durante la gira asiática del equipo blanco.
Beckham es un hombre pulcro y maniático. Está obsesionado con el orden, y en su casa se viste de manera que los colores de la ropa sintonicen con el color de la habitación en cuestión y con los muebles. Lleva tatuados los nombres de su esposa e hijos y cambia continuamente de look. Y hasta se ha atrevido con pareos, diademas y diamantes, algo que parecía reservado a las mujeres.
Le apasionan los coches, sobre todo los Ferrari y los Bentley, y es un practicante consumado del golf y amante del cine; de hecho es el ídolo de la protagonista en la película Quiero ser como Beckham, la historia de una joven de origen hindú que pasa mil dificultades hasta cumplir sus sueños futbolísticos.
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