Los especialistas han estudiado perfectamente la tradición troyana en la literatura española, sobre lo que no podemos añadir ninguna novedad. Emilio Alarcos trata el tema en Investigaciones sobre el libro de Alexandre (1948). Menéndez Pidal profundiza en este asunto en dos ocasiones: Tragedia troyana en prosa y en verso [2] e Historia troyana polimétrica [3]; con su lectura se observa fácilmente su influjo en Pérez de Hita, tanto en metros como en su disposición dialogada y titulación capitular. Lida de Malkiel tiene un excelente estudio que sirve para profundizar y adentrarse en la materia troyana; se trata de Dido en la literatura española. Su retrato y defensa, antecedente de su otro trabajo de índole más general, La tradición clásica en España [4]. Mas ya había anticipado el tema, al hilo de la edición crítica y anotada de Raymond S. Willis [5], en el que afirma que el Alexandre “constituye un testimonio más, emanado de la clerecía docta, de la difusión del ciclo artúrico en la literatura castellana” [6]. García Gual dedica todo un capítulo a El Humanismo romántico, ocupándose del Roman de Alexandre, del Eneas y del Roman de Troie [7]. Su autor, Benoit, amplifica los relatos de Dares (De excidio Troiae historia) [8] y de Dictis (Ephemeris belli troiani) [9]. García Morencos efectúa un sólido y sobrio estudio sobre la Crónica Troyana conservada en El Escorial [10]. López Estrada señala, al tratar del Libro de Alexandre, las influencias observadas en su construcción: Historia de la destrucción de Troya (siglo VI) de Dares Frigio; Efemérides de la guerra troyana (siglo IV) escritas por Dictis Cretense que sirvieron para que Benoit de Saint Maure realizase en francés (hacia 1160) el Roman de Troie; el Alexandreis de Gautier de Châtillon [11]. Cañas Murillo al prologar y anotar su edición del Alexandre [12] añade alguna otra fuente medieval: Roman D'Alexandre, Historia de Preliis Ilias latina, las Etimologías y trabajos de Quinto Curcio, Flavio Josefo, Ovidio y Catón. Estimo que es deudor a las Heroidas de Ovidio, al menos en el capítulo en el que se desarrolla el encuentro Enone-Paris.