De la técnica a la Techné - Prometeo: El Padre de las Technai

2 - Prometeo: El Padre de las Technai


Monografía creado por Alicia Olabuenaga García . Extraido de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html
31 Mayo 2006
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Prometeo no aparece en la mitología griega como el inventor del fuego, pero parece que Atenea, Hefaistos y Prometeo están relacionados con las artes derivadas del fuego y por lo tanto tienden a simbolizar, en el pensamiento mitológico, lo que podríamos llamar, la función técnica y a su vez una clase social: la de los artesanos.


El texto más antiguo en el que aparece el mito del origen de las artes es el de Hesiodo. En este texto el trabajo aparece como consecuencia del enfrentamiento de Zeus y Prometeo por el robo del fuego. En esta misma línea, los estudios de Dumezil sobre la cultura indoeuropea, hablan también del robo de ambrosia, alimento de la inmortalidad. En cualquier caso, el relato explica la aparición de la raza humana que se separa de los dioses.


El fuego, objeto de disputa no es, según Dumezil, un fuego civilizador, si no un fuego "que cuece", un fuego que permite la cocción de los alimentos, sin los cuales el hombre y su especie están condenados a morir, por ello, Prometeo, que quiere salvar a la raza humana roba el fuego, este fuego artificial. Pero parece evidente que "el robo del fuego debe ser pagado. En adelante, toda riqueza tendrá como condición el trabajo: es el fin de la edad de oro cuya representación mítica subraya la oposición entre fecundidad y trabajo"(3).


A partir de ahora, la tierra dejará de producir espontáneamente su riqueza, dejará de ofrecer al hombre sus frutos como dones, sólo el trabajo hará que la tierra se convierta en productiva. De la misma manera, el hombre no nacerá de la tierra, si no de la mujer, y lo hará con dolor. La tierra dejará de ser la madre fecunda.


Así, la función de la fecundidad y la del trabajo aparecen unidas también en el mito de Pandora (la que todo lo da).


Fecundidad y trabajo aparecen en Hesiodo como funciones ambivalentes, al igual que Prometeo y Pandora; ambos son amables y maléficos, ambos comportan bienes para la humanidad, pero también acarrean desgracias. En este mundo de ambivalencias, sólo hay una cosa que no engaña, que no supone ninguna ambigüedad ya que supone la condición de nuestra aceptación de la condición de hombres y esta realidad es el trabajo. "Los hombres, renuncian ala hybris; por su parte, los dioses aseguran a los que trabajan, la riqueza en rebaños y en oro. El trabajo adquiere así un valor religioso "los que trabajan llegan a ser mil veces mas queridos de los inmortales", dice Hesiodo" (4).


El Prometeo de Hesiodo supone el final de la imagen de una tierra generosa que ofrece sus dones a los hombres; la tierra no es la madre tierra, sino tierra de labor. Demeter, dios de la agricultura, distribuye sus dones e instaura un orden particular. El trabajo tiene, desde este punto de vista, un carácter religioso ya que es también una forma de vida moral, en oposición al ideal del guerrero, una forma de experiencia religiosa que renuncia al placer y se somete a la austeridad del trabajo cotidiano. En los Trabajos, no hay diferencia entre teología, ética y tratado de agricultura. El trabajo agrícola no tiende a producir, mediante medios técnicos, valores útiles a la sociedad. El agricultor sigue un modelo autárquico y trabajando se hacen queridos de los dioses. (Es sorprendente como la teoría social de la iglesia en la edad media, retoma este carácter del trabajo agrícola como la forma de trabajo que "más place a Dios"). Jenofonte insiste en la idea de que el trabajo agrícola permite ejercitarse en cierto tipo de excelencia, de areté, y no se incluye dentro del campo de las technai, sino que más bien, junto con la función guerrera, se opone a los artesanos, encerrados en su taller, lejos del contacto con la naturaleza, adoptando su cuerpo a su forma específica de trabajo, debilitándolo, modoficándolo. La agricultura no es una techne, un saber especializado que consista en el aprendizaje de procedimientos secretos de éxito. El trabajo agrícola supone la dependencia del hombre del medio natural y por lo tanto la única forma de sentir todavía su dependencia de las fuerzas divinas.


Hesiodo, pone de manifiesto la función moral que implica el concepto de trabajo en la Grecia arcaica. L.Bonilla señala a este poeta, como aldeano y pensador, y "responde al ideario tan griego de la práctica, de lo útil", de la objetiva racionalidad y así fundamenta las ventajas del trabajo no sólo en consideraciones teóricas, sino también en los bienes que proporciona".(5)


En este mundo arcaico, en la época de los hombres y de las mujeres de la guerra de Troya, se establecen los dos pilares que Bonilla, frente a otras teorías, considera los pilares fundamentales de la cultura griega: un realismo naturalista y un amor al trabajo. A partir de aquí, evoluciona toda la dinámica griega, tanto filosófica, como técnica y social. A pesar de que en algún momento ese realismo se viera empañado por ideales místicos de procedencia oriental, no obstante, hay en el mundo griego una mentalidad pretécnica, una dinámica, una inquietud para resolver los problemas que incita permanentemente a la investigación y al trabajo.

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