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Democracia y emancipación social - Primera parte: Democracia y emancipación política

Monografía creado por Antoine Artous. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
18 de Enero de 2006
Ciencias socialesHistoriaPensamiento y política

1 - Primera parte: Democracia y emancipación política

1. El advenimiento de la ciudadanía moderna

La emancipación política es el advenimiento de la ciudadanía moderna. Esta no está ligada a un status social, en particular al status de propietario. Nada impide, a priori, considerar a todos los individuos como ciudadanos teóricamente iguales en el ejercicio del poder político. Digámoslo de otra manera, con el fin de destacar mejor la ruptura en la historia de la humanidad. En todas las sociedades del pasado, el ejercicio del poder político estaba reservado explícitamente a un grupo de individuos definidos por un status social, mientras que la ciudadanía moderna es un derecho del individuo, como miembro del "género humano", es un derecho universal del "hombre".

Por eso, por lo demás, se habla de sufragio universal. Por esto también, se puede decir - como el joven Marx - que esta ciudadanía es abstracta, en el sentido fuerte del término. Para significar la igualdad de principios de los individuos en el ejercicio del poder político, el enunciado de la ciudadanía moderna debe hacer abstracción de las diferencias sociales, de sexo, etc., debe abstraer a los individuos de sus condiciones de existencia concretas. Este es el precio a pagar para proclamar la igualdad política de todos los individuos, sea cual fuera su sexo, su "raza" o sus condiciones sociales.

Tomemos estas cuestiones una a una. En todas las sociedades del pasado, el ejercicio del poder político estaba reservado explícitamente a un grupo de individuos definidos por un status social estructurado por las relaciones de propiedad. Ser propietario, era tener cierto status social. No simplemente en el sentido en que se emplea este término hoy, sino en el sentido en que el status de propietario está siempre acompañado de ciertos derechos político - jurídicos particulares. Así, en la Edad Media, el gran terrateniente era un noble, dotado de ciertos privilegios. Y viceversa. La calidad de noble le permitía el acceso a la gran propiedad terrateniente, en este caso, a la señoría.

Simplifico, pero este es el principio que está en la base de la organización social. Se lo vuelve a encontrar en las comunidades organizadas de manera "democrática": así, siempre en la época feudal, en las comunidades campesinas, el campesino tiene acceso a la tierra porque es miembro de la comunidad, ésta, por otra parte, le atribuye derechos político - jurídicos. El principio es el mismo en la formación social que ha producido las formas democráticas más radicales en las sociedades precapitalistas: la Ciudad antigua. Marx usa a este respecto una buena fórmula: "El propietario privado no es tal más que en su calidad de Romano; pero, como Romano, es propietario privado" (PL, 2, p. 318).

2. Poder político y relaciones de propiedad.

Marx da cuenta muy claramente de estas formas particulares de organización del poder político de las sociedades precapitalistas, y de las dos características que están ligadas a ellas.

La primera concierne a la naturaleza de las relaciones de propiedad. Nunca se trata de una propiedad privada, en el sentido moderno del término. Se destaca a menudo que, en estas sociedades, la propiedad de un medio de producción es siempre relativa, en el sentido en que su libre uso está limitado siempre por las costumbres y las leyes. En uno de sus primeros artículos políticos, el joven Marx denunciaba un proyecto de ley que, en nombre de la propiedad privada, cuestionaba una vieja costumbre: el derecho de los pobres a recoger leña, extraíada de los árboles de una propiedad privada.

Pero esto no es más que la consecuencia de una cuestión más general: en estas sociedades, las relaciones de propiedad siempre estructuran formas de existencia comunitarias. Y esto, en dos ángulos. Por un lado - acabamos de verlo -, da cierto status social al individuo propietario: miembro de una comunidad campesina, señor, ciudadano de la Ciudad antigua, etc. Por otro lado, se articula con formas de apropiación comunitarias (colectivas) de ciertos bienes y medios de producción. Sabemos el ejemplo clásico de las tierras "comunitarias" en las comunidades campesinas medievales y del Ancien Régime. En la Ciudad antigua, una parte del suelo está considerada como ager publicus.

Insisto sobre este aspecto porque, para Marx, la separación de los productores de sus medios de producción, generada por el advenimiento del capitalismo, no tiene solamente una dimensión económica. Ella destruye estas formas precapitalistas de existencia comunitaria y transforma radicalmente la estructura del poder político y su articulación con la sociedad. El poder político se separa del poder económico. No es que el segundo no tiene influencia sobre el primero, sino que las relaciones de propiedad económica no dan un status político - jurídico particular a los propietarios. Y, así entendida, esta separación es un progreso.

En efecto - esta es la segunda característica -, el poder político de estas sociedades funciona siempre sobre la base de relaciones de dependencia personales. Esto se deriva lógicamente del hecho que las relaciones de propiedad siempre tienen una dimensión socio - política, en el sentido en que distribuyen a los individuos según ciertos status. El siervo de la Edad Media, el esclavo de la Ciudad antigua no son solamente productores directos explotados, son al mismo tiempo, individuos que tienen un status político - jurídico diferente (inferior) al del señor feudal o del ciudadano antiguo. Económicamente, el campesino no es dependiente del señor, posee su tierra, está inserto en una comunidad. El señor lo explota (impuestos, trabajo sobre la reserva, etc.) en razón de un lazo de dependencia personal: tiene derechos sobre "sus" campesinos.

Para hablar de la democracia moderna, no podemos conformarnos entonces con mantener un discurso sobre la democracia a través de las edades. Explicando, por ejemplo, que ya en la Antigüedad se distinguían diversos sistemas políticos: democracia, tiranía, oligarquía, etc. Todas las democracias precapitalistas estaban ligadas a sociedades estructuradas por un poder político basado, de una forma u otra, en lazos de dependencia personales. La ciudadanía moderna rompe con este principio. Por eso, por lo demás, se puede hablar de emancipación política.

3. Ciudadanía, soberanía, poder público

Antes de ser una forma institucional, la democracia moderna así entendida se basa en dos principios de organización del poder político, inéditos en la historia.

· Todos los individuos se dicen iguales y libres en derecho. Sobre esta base se define la ciudadanía, es decir, el ejercicio de la soberanía. El individuo no es un ciudadano en función de un status social predefinido (la pertenencia a un orden, a una comunidad, a una clase, etc.) sino por este movimiento que lo define como miembro del pueblo, ciudadano igual a los demás ciudadanos. Es necesario hablar de movimiento, porque esta ciudadanía no es una esencia preconstituida, sino una relación social, construida a través de las luchas. No solamente fue impuesta a la burguesía, sino que su definición sigue siendo siempre lo puesto en juego en las luchas.

· Esta forma de soberanía da nacimiento a una forma de poder político particular: un "poder público", según una fórmula del Manifiesto del Partido Comunista. Es decir, un poder que, en la forma de definirse, presenta dos características esenciales, que lo diferencian de todas las formas de poder político que existieron en el pasado. Por un lado, es un poder que no le pertenece a nadie, individuo o grupo social. Por otro lado, es un poder que no encuentra su legitimidad en la inscripción en un orden sobrenatural (el cosmos, el reino de Dios, etc.), sino que se da como la emanación del pueblo soberano.

4. Emancipación política y revolución burguesa

En referencia histórica, es necesario hacer una periodización más precisa. En el siglo XVII, la Revolución Inglesa encarna bien el cuestionamiento de una visión de una sociedad estructurada según jerarquías socio - políticas y privilegios. Su dinámica es la de la igualdad frente a la ley, pero no la de una ciudadanía moderna, en el sentido dado más arriba. Incluso para las corrientes más radicales, la ciudadanía está ligada al status de propietario.

Solamente con la Revolución Francesa se abre el horizonte de la ciudadanía del que hablamos. Solamente el horizonte: sabemos que la distinción entre, por ejemplo, "ciudadano activo" y "ciudadano pasivo" fue introducida durante la revolución y que las definiciones censitarias (cuota de impuesto necesario para ser elector) de la ciudadanía iban a multiplicarse. Si bien la revolución de 1848 instauró el sufragio universal, solo se arraigó en Francia con la 3ª. República. En Europa, comenzó a desplegarse realmente a comienzos del siglo XIX, excluyendo a las mujeres.

Históricamente, el proceso que ve encarnar la dinámica de emancipación política está ligado al período clásicamente llamado - no solamente por los marxistas - "período de las revoluciones burguesas". Hoy, el término se percibe como reductor: se prefiere hablar de "revoluciones democráticas". La categoría de revolución burguesa me parece siempre pertinente, porque estas revoluciones han desembocado en la constitución de la burguesía como clase dominante y en la generalización de las relaciones de producción capitalistas.

Sin embargo, la emancipación política tiene una dinámica que supera ampliamente el contenido socio - económico (burgués) de estas revoluciones: los principios de organización del poder político que lleva son inéditos en la historia de la humanidad.
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