Democracia y emancipación social - Tercera parte: Los consejos obreros como forma finalmente hallada de la dic
Monografía creado por Antoine Artous. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
18 de Enero de 2006
Ciencias sociales, Historia, Pensamiento y política
3 - Tercera parte: Los consejos obreros como forma finalmente hallada de la dic
1. La lucha por el poder político de la clase obrera
Si bien su perspectiva histórica es la agonía del estado, Marx también lleva adelante el combate para que, en un primer momento, la clase obrera se apodere del poder político con el fin de llevar adelante medidas, en particular, la apropiación colectiva de los medios de producción, permitiendo desencadenar un proceso de emancipación social. Esta batalla por el poder político distingue a Marx de las corrientes anarquistas, que se reclaman ya sea de Proudhon, o de Bakunin. Y es alrededor de esta separación que construye la 1ª. Internacional (Asociación Internacional de los Trabajadores - AIT).
Teniendo en cuenta el balance del "socialismo realmente existente", la categoría de dictadura del proletariado es, sin ninguna duda, problemática. Sin embargo, para Marx, no tiene otra significación que esta doble afirmación: necesidad del combate por el poder político, existencia de una fase transitoria en la que la clase obrera debe ejercer "su" poder político. La observación no es para esquivar el problema porque, una vez constatado este hecho, las dificultades subsisten. Más allá de esta afirmación general, en términos de orientaciones estratégicas más precisas, Marx no deja más que esbozos, que además, varían según los períodos.
La guerra civil en Francia (1871), escrita sobre la base de la experiencia de la Comuna de París, es sin ninguna duda, el texto más importante, en el que describe lo que podría ser, según una de sus fórmulas, "un gobierno de la clase obrera". En una introducción de 1891 a La guerra civil en Francia, Engels exclama: "Observen a la Comuna, esa es la dictadura del proletariado". Sin embargo, en su Crítica al programa de Erfurt, escrito el mismo año, explica que la República democrática "es la forma específica de la dictadura del proletariado". En el curso de este período otros textos de Engels van en el mismo sentido, sin que se pregunte sobre el hecho de que la estructura piramidal del poder de la que habla Marx en su texto está en ruptura con la tradición republicana.
No se trata de oponer a Marx y Engels entre sí, sino simplemente de subrayar que no se puede buscar en La guerra civil en Francia lo que sería el modelo legado por Marx de la dictadura del proletariado. Por el contrario, no es posible afirmar que el "gobierno de la clase obrera" descripto por Marx salga de la democracia directa como a menudo se ha hecho; sobre todo en el pos 1968. Por lo demás, de manera más general, Marx nunca hace referencia a la democracia directa.
Por el contrario, si La guerra civil en Francia es destacable, es por la manera en que Marx intenta definir un sistema representativo de un nuevo tipo. Tal voluntad de tratar, no solamente el contenido de clase del poder, sino su forma de organización política, a menudo le falta a la tradición marxista ulterior. Las reflexiones de Engels sobre la República van en el mismo sentido.
2. La Comuna de París como nueva forma de representación del cuerpo social
"La Comuna ha realizado esta consigna de todas las revoluciones burguesas, el gobierno barato, aboliendo las grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y los funcionarios del estado", escribe Marx en La guerra civil en Francia. Esto quiere decir que toda una serie de medidas que él pregona (armamento del pueblo, elección de los funcionarios, de los magistrados, etc.) no tienen nada específicamente "proletario". Estas se sitúan en la prolongación directa de las tradiciones radicales de las revoluciones burguesas y apuntan a cuestionar la dimensión burocrática del aparato del estado.
Estas medidas son perfectamente compatibles con la República democrática de la que habla Engels. Por el contrario, el sistema representativo piramidal descripto por Marx es incompatible con la tradición republicana que, particularmente en su tradición radical, siempre ha defendido la elección de una asamblea nacional con sufragio universal y directo. Lo que es lógico: no se trata de representar, como bajo el Ancien Régime, órdenes, corporaciones, en las que están insertos los individuos, sino individuos considerados como ciudadanos iguales entre ellos, hecha la abstracción de su inserción social.
De hecho, la Comuna en la que Marx hace la base de su sistema representativo, no es la comuna, como simple entidad administrativa, surgida de la Revolución francesa, sino la comuna de la que se reclaman los militantes obreros que se sitúan en la tradición del federalismo proudhoniano. Así, en el congreso de la AIT de 1869, el delegado francés Pindy explica que "el agrupamiento de las diferentes corporaciones por ciudad forma la Comuna. El gobierno es reemplazado por los consejos de cuerpos de oficios y por un comité de sus delegados respectivos, reglando las relaciones del trabajo que reemplazarán la política".
Marx no piensa que la política pueda desaparecer de la noche a la mañana pero, basándose en este tipo de aspiraciones, busca definir una forma política que cuestione la abstracción política moderna y que exprese directamente esta nueva realidad social que es el poder de los productores asociados. Y esto es lo interesante de su texto. La Comuna de la que él habla es la unidad socio - económica de base en la que se estructura este poder y que está representada a través de la pirámide, no consejos obreros, sino "comunas obreras".
La Comuna así definida tiene que ver con el carácter preindustrial de las relaciones sociales de la capital que permitía que esta unidad de base del "gobierno de la clase obrera" toma directamente una dimensión territorial. Este territorio es, de alguna manera, el de los suburbios parisinos, en los que trabaja, habita y vive la población laboriosa. Por eso Marx puede hablar sin problemas de elección con sufragio universal: la Comuna es considerada como un territorio socialmente homogéneo. Tanto más cuanto que la cuestión campesina no es tratada. Para Marx, todo sucede como si las comunas rurales y urbanas tuvieran la misma base social: los productores.
Ahora bien, con el desarrollo de la gran industria, ya no será posible razonar así: la estructura de base del consejo obrero es la producción. Además, los revolucionarios rusos deberán tratar los problemas políticos planteados por la alianza con los campesinos.
3. De La guerra civil en Francia a El estado y la revolución
Para Marx y los marxistas, es a través de la experiencia histórica que la clase obrera puede definir la forma política adecuada a su emancipación. Por eso los revolucionarios rusos ven en los soviets (o los consejos obreros) una forma política que reactiva la experiencia de la Comuna de París, pero sobre la base del desarrollo de la gran industria y del proletariado moderno.
El poder de los soviets aparece como la forma finalmente hallada de la dictadura del proletariado. Hay que cuidarse de una visión simplificada, incluso mítica, de la filiación entre estos dos momentos históricos.
En un prefacio de 1872 a una nueva edición, Marx y Engels explican que el Manifiesto del Partido Comunista ha envejecido en ciertos puntos. Ellos se remiten entonces a La guerra civil en Francia: la Comuna ha demostrado que "la clase obrera no puede conformarse con tomar tal cual está la maquinaria del estado y hacerla funcionar por su propia cuenta". Sin embargo, en lo que concierne a la lucha por el poder político, las resoluciones del II Congreso de la 2ª. Internacional (Zurich, 1883) no hacen más que retomar el espíritu de las de la 1ª. Internacional y, mucho más, el del Manifiesto del Partido Comunista, sin la menor referencia a las lecciones de la Comuna.
Es solamente en El estado y la revolución, escrito poco antes de Octubre de 1917, en donde Lenin, en referencia a La guerra civil en Francia, se expresa claramente sobre lo que va a convertirse en un eje fundador de la 3ª. Internacional: la necesidad de quebrar el estado burgués. Kautsky, quien después de la muerte de Engels, aparecía como el garante de la ortodoxia marxista, se vuelve entonces el representante del "parlamentarismo", que se ha desarrollado en la 2ª Internacional antes de la Primera Guerra mundial. Pero Lenin no había hecho entonces ninguna observación a este respecto. En esa época, Rosa Luxemburgo, mucho más crítica que Lenin, inicia los debates con Kautsky, pero no sobre esta cuestión; más en general, sus textos hacen silencio sobre la cuestión del estado.
Por otra parte, la referencia a los soviets reviste una dimensión estratégica que tiene efectos sobre las condiciones de lucha por el poder político. Así, en Octubre de 1917, Zinoviev y Kamenev, dos dirigentes bolcheviques opuestos a la insurrección, desarrollan una argumentación estratégica que se volverá a encontrar, en variadas formas, en el movimiento obrero europeo: hay que tomar en cuenta la existencia de los soviets, pero la centralidad y la legitimidad del poder del estado deben residir en la Constituyente .
No hay que tener una visión unilateral de las discusiones que se van a desarrollar alrededor de esta ruptura estratégica. Así, a comienzos de los años ´30, en sus Escritos sobre Alemania, Trotsky estima que en ese país el proceso revolucionario tomará la forma de una crisis prolongada, y no de una crisis de hundimiento del estado, como en la Rusia de 1917. Además, sobre todo frente al izquierdismo de la Internacional Comunista stalinizada ("soviets en todos lados"), destaca la importancia de las batallas democráticas, incluidas sus dimensiones institucionales (Constituyente). Pero su perspectiva estratégica sigue siendo la del poder soviético.
4. Los soviets o consejos obreros
Los soviets aparecían por primera vez en la Revolución Rusa de 1905. Trotsky habla de ellos como organismos de autogobierno de la clase obrera, pero es el único dirigente de la socialdemocracia rusa y europea que entrevé su futuro papel. Van a reaparecer masivamente durante la Revolución Rusa, luego se van a desarrollar en Europa; esencialmente en Hungría y Alemania, durante la revolución de 1918, y en 1919 en el norte de Italia.
Hablar de ellos como de simples formas de autoorganización sería dejar de lado lo que constituye su novedad y originalidad históricas. Por cierto, pueden articularse con consejos de soldados y de campesinos. Pero primero aparecen como una forma de organización específicamente proletaria; más especialmente del proletariado moderno. Y es el individuo como productor al que los soviets tienen vocación de representar: las elecciones se hacen en base de los lugares de producción.
En los años ´20, la referencia al poder de los consejos obreros está lejos de representar una realidad homogénea, en función de la experiencia de distintos países, pero también de sus tradiciones políticas.
Así, para Gramsci, basándose en la experiencia de los Consejos obreros de Turín, el consejo de fábrica es el modelo del estado proletario, cuyos miembros ya no son ciudadanos, sino productores. Con los consejos, la clase obrera "considera a la fábrica como (...) la forma en que la clase obrera se introduce en un organismo determinado, la célula de un nuevo estado sobre la base de un nuevo sistema representativo: el sistema de consejos" (Escritos, t.1, Gallimard, 1974, p. 350).
Lenin desconfía de este tipo de problemática que tiende a fusionar demasiado directamente la economía con la política, sin tomar en cuenta la autonomía de esta última. A la vez por cultura política, pero también a causa de la experiencia rusa.
En este país, los soviets, producto de la crisis del hundimiento del estado, se eligen en las fábricas, pero de entrada cumplen una función territorial, dejando, por otra parte, un espacio para el desarrollo de comités de fábrica. Por otro lado, existen soviets de soldados y, sobre todo, se vuelven un marco de alianza con el campesinado. Funcionan entonces como aparatos políticos distintos de las demás formas de organización de la clase obrera.
Por eso la organización del poder soviético no se resume a la pirámide de los soviets. Se plantean los problemas del lugar de los sindicatos y de los comités de fábrica. En 1920, la Oposición Obrera, una corriente crítica con respecto a la dirección del partido, propone incluso que, al lado del congreso de los soviets, exista un congreso que reagrupe solamente a los productores.
Eso no impide que, globalmente, la organización piramidal del poder de los consejos se encuentre con la problemática del arraigo del poder político en lo social, similar al de La guerra civil en Francia. Con una diferencia sustancial ya subrayada: la unidad de base de este poder no es la comuna sino la producción. En su primer texto que sistematiza a los soviets como base de la dictadura del proletariado - las tesis para el 1º Congreso de la Internacional Comunista (1919) - , Lenin es explícito al hablar de "sustitución a las circunscripciones electorales territoriales de unidades de trabajo, como las fábricas y usinas".
Nuevamente se ve que no es posible hablar de soviets como de un sistema de democracia directa, por lo demás la fórmula no existe ni en Lenin ni en Trotsky. Además, la referencia a esta fórmula que sirve para todo, oculta las diferencias existentes respecto a esta voluntad de definir un sistema representativo nuevo, entre La guerra civil en Francia y el sistema soviético. Tampoco permite comprender cómo, en los años ´20, una referencia común al poder de los soviets no impide las diferencias, precisamente, en la manera de articular un sistema representativo a partir de ellos.
Si bien su perspectiva histórica es la agonía del estado, Marx también lleva adelante el combate para que, en un primer momento, la clase obrera se apodere del poder político con el fin de llevar adelante medidas, en particular, la apropiación colectiva de los medios de producción, permitiendo desencadenar un proceso de emancipación social. Esta batalla por el poder político distingue a Marx de las corrientes anarquistas, que se reclaman ya sea de Proudhon, o de Bakunin. Y es alrededor de esta separación que construye la 1ª. Internacional (Asociación Internacional de los Trabajadores - AIT).
Teniendo en cuenta el balance del "socialismo realmente existente", la categoría de dictadura del proletariado es, sin ninguna duda, problemática. Sin embargo, para Marx, no tiene otra significación que esta doble afirmación: necesidad del combate por el poder político, existencia de una fase transitoria en la que la clase obrera debe ejercer "su" poder político. La observación no es para esquivar el problema porque, una vez constatado este hecho, las dificultades subsisten. Más allá de esta afirmación general, en términos de orientaciones estratégicas más precisas, Marx no deja más que esbozos, que además, varían según los períodos.
La guerra civil en Francia (1871), escrita sobre la base de la experiencia de la Comuna de París, es sin ninguna duda, el texto más importante, en el que describe lo que podría ser, según una de sus fórmulas, "un gobierno de la clase obrera". En una introducción de 1891 a La guerra civil en Francia, Engels exclama: "Observen a la Comuna, esa es la dictadura del proletariado". Sin embargo, en su Crítica al programa de Erfurt, escrito el mismo año, explica que la República democrática "es la forma específica de la dictadura del proletariado". En el curso de este período otros textos de Engels van en el mismo sentido, sin que se pregunte sobre el hecho de que la estructura piramidal del poder de la que habla Marx en su texto está en ruptura con la tradición republicana.
No se trata de oponer a Marx y Engels entre sí, sino simplemente de subrayar que no se puede buscar en La guerra civil en Francia lo que sería el modelo legado por Marx de la dictadura del proletariado. Por el contrario, no es posible afirmar que el "gobierno de la clase obrera" descripto por Marx salga de la democracia directa como a menudo se ha hecho; sobre todo en el pos 1968. Por lo demás, de manera más general, Marx nunca hace referencia a la democracia directa.
Por el contrario, si La guerra civil en Francia es destacable, es por la manera en que Marx intenta definir un sistema representativo de un nuevo tipo. Tal voluntad de tratar, no solamente el contenido de clase del poder, sino su forma de organización política, a menudo le falta a la tradición marxista ulterior. Las reflexiones de Engels sobre la República van en el mismo sentido.
2. La Comuna de París como nueva forma de representación del cuerpo social
"La Comuna ha realizado esta consigna de todas las revoluciones burguesas, el gobierno barato, aboliendo las grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y los funcionarios del estado", escribe Marx en La guerra civil en Francia. Esto quiere decir que toda una serie de medidas que él pregona (armamento del pueblo, elección de los funcionarios, de los magistrados, etc.) no tienen nada específicamente "proletario". Estas se sitúan en la prolongación directa de las tradiciones radicales de las revoluciones burguesas y apuntan a cuestionar la dimensión burocrática del aparato del estado.
Estas medidas son perfectamente compatibles con la República democrática de la que habla Engels. Por el contrario, el sistema representativo piramidal descripto por Marx es incompatible con la tradición republicana que, particularmente en su tradición radical, siempre ha defendido la elección de una asamblea nacional con sufragio universal y directo. Lo que es lógico: no se trata de representar, como bajo el Ancien Régime, órdenes, corporaciones, en las que están insertos los individuos, sino individuos considerados como ciudadanos iguales entre ellos, hecha la abstracción de su inserción social.
De hecho, la Comuna en la que Marx hace la base de su sistema representativo, no es la comuna, como simple entidad administrativa, surgida de la Revolución francesa, sino la comuna de la que se reclaman los militantes obreros que se sitúan en la tradición del federalismo proudhoniano. Así, en el congreso de la AIT de 1869, el delegado francés Pindy explica que "el agrupamiento de las diferentes corporaciones por ciudad forma la Comuna. El gobierno es reemplazado por los consejos de cuerpos de oficios y por un comité de sus delegados respectivos, reglando las relaciones del trabajo que reemplazarán la política".
Marx no piensa que la política pueda desaparecer de la noche a la mañana pero, basándose en este tipo de aspiraciones, busca definir una forma política que cuestione la abstracción política moderna y que exprese directamente esta nueva realidad social que es el poder de los productores asociados. Y esto es lo interesante de su texto. La Comuna de la que él habla es la unidad socio - económica de base en la que se estructura este poder y que está representada a través de la pirámide, no consejos obreros, sino "comunas obreras".
La Comuna así definida tiene que ver con el carácter preindustrial de las relaciones sociales de la capital que permitía que esta unidad de base del "gobierno de la clase obrera" toma directamente una dimensión territorial. Este territorio es, de alguna manera, el de los suburbios parisinos, en los que trabaja, habita y vive la población laboriosa. Por eso Marx puede hablar sin problemas de elección con sufragio universal: la Comuna es considerada como un territorio socialmente homogéneo. Tanto más cuanto que la cuestión campesina no es tratada. Para Marx, todo sucede como si las comunas rurales y urbanas tuvieran la misma base social: los productores.
Ahora bien, con el desarrollo de la gran industria, ya no será posible razonar así: la estructura de base del consejo obrero es la producción. Además, los revolucionarios rusos deberán tratar los problemas políticos planteados por la alianza con los campesinos.
3. De La guerra civil en Francia a El estado y la revolución
Para Marx y los marxistas, es a través de la experiencia histórica que la clase obrera puede definir la forma política adecuada a su emancipación. Por eso los revolucionarios rusos ven en los soviets (o los consejos obreros) una forma política que reactiva la experiencia de la Comuna de París, pero sobre la base del desarrollo de la gran industria y del proletariado moderno.
El poder de los soviets aparece como la forma finalmente hallada de la dictadura del proletariado. Hay que cuidarse de una visión simplificada, incluso mítica, de la filiación entre estos dos momentos históricos.
En un prefacio de 1872 a una nueva edición, Marx y Engels explican que el Manifiesto del Partido Comunista ha envejecido en ciertos puntos. Ellos se remiten entonces a La guerra civil en Francia: la Comuna ha demostrado que "la clase obrera no puede conformarse con tomar tal cual está la maquinaria del estado y hacerla funcionar por su propia cuenta". Sin embargo, en lo que concierne a la lucha por el poder político, las resoluciones del II Congreso de la 2ª. Internacional (Zurich, 1883) no hacen más que retomar el espíritu de las de la 1ª. Internacional y, mucho más, el del Manifiesto del Partido Comunista, sin la menor referencia a las lecciones de la Comuna.
Es solamente en El estado y la revolución, escrito poco antes de Octubre de 1917, en donde Lenin, en referencia a La guerra civil en Francia, se expresa claramente sobre lo que va a convertirse en un eje fundador de la 3ª. Internacional: la necesidad de quebrar el estado burgués. Kautsky, quien después de la muerte de Engels, aparecía como el garante de la ortodoxia marxista, se vuelve entonces el representante del "parlamentarismo", que se ha desarrollado en la 2ª Internacional antes de la Primera Guerra mundial. Pero Lenin no había hecho entonces ninguna observación a este respecto. En esa época, Rosa Luxemburgo, mucho más crítica que Lenin, inicia los debates con Kautsky, pero no sobre esta cuestión; más en general, sus textos hacen silencio sobre la cuestión del estado.
Por otra parte, la referencia a los soviets reviste una dimensión estratégica que tiene efectos sobre las condiciones de lucha por el poder político. Así, en Octubre de 1917, Zinoviev y Kamenev, dos dirigentes bolcheviques opuestos a la insurrección, desarrollan una argumentación estratégica que se volverá a encontrar, en variadas formas, en el movimiento obrero europeo: hay que tomar en cuenta la existencia de los soviets, pero la centralidad y la legitimidad del poder del estado deben residir en la Constituyente .
No hay que tener una visión unilateral de las discusiones que se van a desarrollar alrededor de esta ruptura estratégica. Así, a comienzos de los años ´30, en sus Escritos sobre Alemania, Trotsky estima que en ese país el proceso revolucionario tomará la forma de una crisis prolongada, y no de una crisis de hundimiento del estado, como en la Rusia de 1917. Además, sobre todo frente al izquierdismo de la Internacional Comunista stalinizada ("soviets en todos lados"), destaca la importancia de las batallas democráticas, incluidas sus dimensiones institucionales (Constituyente). Pero su perspectiva estratégica sigue siendo la del poder soviético.
4. Los soviets o consejos obreros
Los soviets aparecían por primera vez en la Revolución Rusa de 1905. Trotsky habla de ellos como organismos de autogobierno de la clase obrera, pero es el único dirigente de la socialdemocracia rusa y europea que entrevé su futuro papel. Van a reaparecer masivamente durante la Revolución Rusa, luego se van a desarrollar en Europa; esencialmente en Hungría y Alemania, durante la revolución de 1918, y en 1919 en el norte de Italia.
Hablar de ellos como de simples formas de autoorganización sería dejar de lado lo que constituye su novedad y originalidad históricas. Por cierto, pueden articularse con consejos de soldados y de campesinos. Pero primero aparecen como una forma de organización específicamente proletaria; más especialmente del proletariado moderno. Y es el individuo como productor al que los soviets tienen vocación de representar: las elecciones se hacen en base de los lugares de producción.
En los años ´20, la referencia al poder de los consejos obreros está lejos de representar una realidad homogénea, en función de la experiencia de distintos países, pero también de sus tradiciones políticas.
Así, para Gramsci, basándose en la experiencia de los Consejos obreros de Turín, el consejo de fábrica es el modelo del estado proletario, cuyos miembros ya no son ciudadanos, sino productores. Con los consejos, la clase obrera "considera a la fábrica como (...) la forma en que la clase obrera se introduce en un organismo determinado, la célula de un nuevo estado sobre la base de un nuevo sistema representativo: el sistema de consejos" (Escritos, t.1, Gallimard, 1974, p. 350).
Lenin desconfía de este tipo de problemática que tiende a fusionar demasiado directamente la economía con la política, sin tomar en cuenta la autonomía de esta última. A la vez por cultura política, pero también a causa de la experiencia rusa.
En este país, los soviets, producto de la crisis del hundimiento del estado, se eligen en las fábricas, pero de entrada cumplen una función territorial, dejando, por otra parte, un espacio para el desarrollo de comités de fábrica. Por otro lado, existen soviets de soldados y, sobre todo, se vuelven un marco de alianza con el campesinado. Funcionan entonces como aparatos políticos distintos de las demás formas de organización de la clase obrera.
Por eso la organización del poder soviético no se resume a la pirámide de los soviets. Se plantean los problemas del lugar de los sindicatos y de los comités de fábrica. En 1920, la Oposición Obrera, una corriente crítica con respecto a la dirección del partido, propone incluso que, al lado del congreso de los soviets, exista un congreso que reagrupe solamente a los productores.
Eso no impide que, globalmente, la organización piramidal del poder de los consejos se encuentre con la problemática del arraigo del poder político en lo social, similar al de La guerra civil en Francia. Con una diferencia sustancial ya subrayada: la unidad de base de este poder no es la comuna sino la producción. En su primer texto que sistematiza a los soviets como base de la dictadura del proletariado - las tesis para el 1º Congreso de la Internacional Comunista (1919) - , Lenin es explícito al hablar de "sustitución a las circunscripciones electorales territoriales de unidades de trabajo, como las fábricas y usinas".
Nuevamente se ve que no es posible hablar de soviets como de un sistema de democracia directa, por lo demás la fórmula no existe ni en Lenin ni en Trotsky. Además, la referencia a esta fórmula que sirve para todo, oculta las diferencias existentes respecto a esta voluntad de definir un sistema representativo nuevo, entre La guerra civil en Francia y el sistema soviético. Tampoco permite comprender cómo, en los años ´20, una referencia común al poder de los soviets no impide las diferencias, precisamente, en la manera de articular un sistema representativo a partir de ellos.
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