Los países de la región deberán enfrentar un gran desafió en la próxima década para orientar el uso de sus recursos.
En gran medida , ello implicara la imperiosa necesidad de adecuar sus sistemas de gestión a la realidad de territorios. Para poder tener una buena administración de los recursos se toma un enfoque sectorializado y apartado de la realidad del entorno se pasara a uno integrado, en el cual los requisitos del medio ambiente y las necesidades de los usuarios serán tenidos en cuenta en las decisiones.
También se tenderán a incrementar las investigaciones ya efectuadas en algunas áreas y los proyectos pilotos. Para ello, además de investigar los aspectos técnicos, se realizara el análisis económico de los proyectos y, sobre todo, se procurara interesar a la población en los mismos.
La participación ordenada del sector privado será clave en este proceso; para ello será necesaria la descentralización de la acción publica y el reforzamiento de la capacidad de gestión publica y privada. La continuidad de las actividades de carácter estatal es tan importante como su calidad.
En este sentido , el manejo de los recursos naturales por la única vía de los proyectos de inversión fracasara si dichos proyectos no cuentan con suficiente respaldo institucional. Los recursos naturales se manejan para servir a la población, que es el sujeto del desarrollo. Hasta ahora, a pesar el progreso alcanzado en los últimos decenios - con un retroceso en los años ochenta -, no se ha tenido éxito en la tarea de utilizar los recursos disponibles para erradicar la pobreza. Entre éstas y el medio ambiente existen influencias reciprocas, y se forma un circulo vicioso que es necesario romper
Uno de los desafíos más importantes de los países de América es lograr desarrollarse con un grado adecuado de sustentabilidad ambiental. Muchos esfuerzos no han prosperado por las evidentes contradicciones que se dan dentro de la modalidad de desarrollo prevaleciente en la región entre el crecimiento económico y el medio ambiente.
El problema es complejo y necesariamente requiere una concepción integral del desarrollo, donde el medio ambiente sea un elemento intrínseco del mismo.
Consecuentemente, se ve la necesidad de definir la concepción ética del medio ambiente a través del cambio cultural. Se introduce posteriormente el concepto de sustentabilidad ambiental, lo que supone, indudablemente, hacer explícitos los déficit del pensamiento económico en relación con el medio ambiente.
Para entender el problema en América, se necesita subraya la historia ecológica de la región. De la disponibilidad de recursos naturales y bienes ambientales, en una región que genera ingresos y divisas, derivados en forma muy significativa de la explotación de sus recursos naturales, nace la necesidad de impulsar sistemas de contabilidad del patrimonio natural.
El desarrollo agrícola-rural es examinado especialmente, por su importancia para las economías de la región y dado el amplio impacto ambiental en el espacio. Para interpretar ambientalmente el desarrollo agrícola, se tiene que profundizar la dinámica del estilo de desarrollo predominante, motivada por lo que en los últimos decenios se ha llamado la "modernización del campo". Finalmente, concibe los principales factores que son críticos en la sustentabilidad ambiental, estableciendo una nueva categorización, que ha tenido una amplia difusión en la región.
Se realizo una conferencia mundial en la que se estableció un documento para América Latina (EL DESARROLLO SUSTENTABLE: TRANSFORMACION PRODUCTIVA, EQUIDAD Y MEDIO AMBIENTE) en la que se hablaba de puntos ambientales y productivos, tiene 4 ideas principales y estas son:
La primera da por superado el debate de antaño, en el cual se establecían oposiciones entre la preocupación ambiental y el objetivo del desarrollo. Es cierto que esa oposición frecuentemente se plantea sobre todo a nivel microeconómico; no obstante, en la actualidad no cabe duda de que la preocupación ambiental es legítima y de sobra justificada, tanto en sociedades desarrolladas como en desarrollo.
Lo dicho es especialmente válido en el caso de América Latina y el Caribe, cuyas economías se apoyan fundamentalmente en la explotación de recursos naturales, muchos de ellos susceptibles de degradación irreversible. Así, los responsables de la política económica de la región se encuentran en la necesidad de incorporar entre sus variables la de la sustentabilidad ambiental, no sólo para responder a las necesidades de las generaciones venideras, sino también como un elemento vital para asegurar el crecimiento sostenido en beneficio de las generaciones actuales.
Dicho lo anterior, una segunda idea central es que tanto el origen como las consecuencias de los problemas ambientales son distintos en los países en desarrollo y en los desarrollados. En los primeros, dichos problemas suelen estar asociados a situaciones de escasez de recursos; en los desarrollados, al consumismo e incluso al derroche de recursos que surge de la abundancia. Así, los problemas ecológico-ambientales tienen expresiones distintas en unos y otros.
En tercer lugar, se plantea que la relación del hombre con la naturaleza empieza a nivel del individuo, pasa por la comunidad, el distrito, la región, el país, las zonas ecológicas de interés común a varios países, el continente y el mundo. No son nítidamente separables los fenómenos locales de los nacionales o de los mundiales, ya que existen influencias recíprocas entre todos ellos. De ahí que el presente documento aborda a la vez el esfuerzo interno para incorporar la variable ambiental en el proceso de desarrollo y el esfuerzo internacional para resolver problemas comunes a través de la cooperación.
En cuarto lugar, y tomando en cuenta los múltiples vínculos que existen entre desarrollo y medio ambiente, se considera vital comprender la sustentabilidad del desarrollo dentro de un contexto amplio, que vaya más allá de las preocupaciones relativas al capital natural. Desde esta perspectiva, el desarrollo sustentable conduce hacia un equilibrio dinámico entre todas las formas de capital o patrimonio que participan en el esfuerzo nacional y regional: humano, natural, físico, financiero, institucional y cultural.
En quinto lugar, se afirma que la incorporación de la preocupación ambiental al proceso de desarrollo exige un esfuerzo sistémico, que abarca también la conducción de la política económica, la gestión de los recursos naturales, la innovación tecnológica, la participación de amplios estratos de la población, la educación, la consolidación de instituciones, la inversión y la investigación.
Finalmente, se postula que la cooperación internacional no debe limitarse a enfrentar problemas ambientales en forma aislada. Así como el esfuerzo del desarrollo es inseparable de la defensa ambiental, y numerosos problemas ambientales son consecuencia de fenómenos vinculados al subdesarrollo, la cooperación internacional debe ocuparse en forma integrada de impulsar el desarrollo y de defender el medio ambiente; o, si se quiere, debe destinarse a un desarrollo ambientalmente sustentable.
La presentación de los distintos aspectos tratados en el documento guarda relación con la estructura temática de la propuesta antes citada sobre Transformación productiva con equidad. Se examinan, entre otros asuntos, los vínculos recíprocos entre la sustentabilidad ambiental y la política macroeconómica; los recursos naturales; la transformación productiva; la pobreza; la concertación estratégica; el financiamiento, y la cooperación internacional.
El primero plantea la preocupación ambiental como desafío futuro, y presenta como antecedentes las tareas ya realizadas en el ámbito mundial a ese respecto. El segundo capítulo define el desarrollo sustentable y demuestra que éste debe mirar más allá del capital natural. El tercero analiza el carácter de las relaciones entre políticas económicas, recursos naturales y medio ambiente. En el cuarto capítulo se presenta un diagnóstico de la actual situación de los recursos naturales y del medio ambiente humano en la región. El quinto analiza las principales relaciones que existen entre pobreza y medio ambiente. El sexto capítulo trata de la función que corresponde a la tecnología en las tareas encaminadas a una transformación productiva con equidad y sustentabilidad ambiental. El séptimo propone las bases para una institucionalidad nueva en relación con el medio ambiente; las metas de la gestión y organización dcl desarrollo sustentable, y su relación con los sistemas políticos y la legislación. El octavo capítulo se refiere a las políticas financieras e instrumentos de financiamiento del desarrollo sustentable. El noveno vincula la agenda de la cooperación internacional con el tema del desarrollo sustentable. Y, por último, el décimo contiene una síntesis y las propuestas.
Asimismo, la búsqueda de opciones y modelos de gestión que privilegien un desarrollo local sustentable, con énfasis en la participación comunitaria y la equidad como principios, caracteriza las distintas etapas y productos del proyecto. La participación se define aquí como un instrumento más de gestión, que permite adecuar las acciones de desarrollo a los entornos sociales específicos de cada localidad, contribuyendo, de paso, a la más equitativa distribución de las mismas.
Ajuste a las especificidades locales
La rica superposición de tamaño, marco institucional simple (o, al menos, de no excesiva complejidad), y procesos administrativos directos, que se entiende caracterizan a los asentamientos de tamaño medio, debiera ayudar a la conformación de modelos de gestión que, aun cuando respetan las características propias de cada localidad, sean transferibles a distintas situaciones en la región.
La riqueza conceptual en torno a las oportunidades que presenta la gestión local del desarrollo ha sido ampliamente discutida, en foros, seminarios, programas de capacitación y muy especialmente en CEPAL, estimándose que el proyecto ofrece la oportunidad de reflexionar en tanto y cuanto a su aplicabilidad a situaciones y desafíos específicos de gestión local.
El municipio se concibe, entonces, como un facilitador y promotor de las acciones de mejoramiento y desarrollo, concentrando parte de sus recursos en el logro de la más efectiva coordinación entre los distintos actores del escenario local, enfatizando por ello la toma de conciencia en relación al medio urbano y la participación en distintas formas, como elemento de apoyo al gobierno local.
La Competencia internacional basada crecientemente en la incorporación y difusión del progreso técnico, en un contexto de difundida valoralización económica y política de la sutentabilidad ambiental, será una de la tendencias que marquen los años noventa.
La competencia internacional, el progreso técnico y el desarrollo sustentable
En la actualidad se asiste a un evidente proceso de globalización regionalización de los mercados internacionales . Este fenómeno es inducido por una notaria disminución de los costos e comunicación transporte, por la capacidad de algunas naciones para incorporar y difundir el progreso técnico a su sistema productivo , por el talento empresarial, y por la incorporación al mercado internacional de nuevos países.
Existen nuevas modalidades organizativas que apuntan hacia una mayor flexibilidad del proceso productivo y la disminución de sus costos, cuestión que se refleja en la calidad del producto. Este es el fundamento de la competitividad contemporánea. Los conceptos de producción y demanda sincronizadas (just in time inventory), de producción sin defectos y de control toral de calidad (total quality control), entre otros, se refieren a este fenómeno, y su aplicación requiere estrechar vinculaciones entre proveedores, productores y usuarios, cosa que ha posibilitado los rápidos avances en el ámbito de las tecnologías de información.
Por otro lado , los procesos de diseño, producción, distribución y comercialización permiten acortar los plazos de respuesta a la s nuevas demandas del mercado, e incentivar entre empresas de distintos países y sectores.
La preocupación por el tema ambiental no es un asunto marginal de las tendencias . Todo lo contrario : el desarrollo sustentable se ha constituido más bien por un valor universal. El imperativo de la sustentabilidad ambiental ha generado, por otra parte, costos adicionales y, por otra. Un esfuerzo importante de innovación tecnológica tendiente precisamente a neutralizar efectos negativos sobre el medio ambiente y a elevar la capacidad competitiva. En el futuro serán cada vez mas estrechas las vinculaciones entre el progreso técnico encausado a proteger el medio ambiente y la competitividad internacional.