Discurso y tiempo en Deshoras, de Julio Cortázar - El tiempo en Deshoras
2 - El tiempo en Deshoras
El problema que planteara desde El perseguidor -otra de las constantes cortazarianas- es el tiempo. Dice Cortázar: “Pasaron siete años hasta que un segundo libro, Las armas secretas, despeinó bruscamente a sus lectores con un relato llamado El perseguidor”.(5) En ese relato dice Johnny, el protagonista:
De manera que no hay por qué hablar de eso ahora. Bruno, cada vez me doy mejor cuenta de que el tiempo… Yo creo que la música ayuda siempre a comprender un poco este asunto. Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada. Lo único que hago es darme cuenta de que hay algo. Como esos sueños, no es cierto, en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado; pero al mismo tiempo no estás nada seguro, y a lo mejor todo se da vuelta como un panqueque y de repente estás acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto.(6)
En el cuento Deshoras, encontramos la actualización de una situación como la que imagina Johnny: “de repente estás acostado con una chica preciosa y todo es divinamente perfecto”, pero antes dice, “como esos sueños [...] en que empiezas a sospecharte que todo se va a echar a perder, y tienes un poco de miedo por adelantado”. La incertidumbre del tiempo y, en consecuencia, de la realidad que se vive es el leit motiv de El perseguidor y también lo será de Deshoras. En un estudio realizado por Claudia Macías sobre Satarsa, otro de los relatos de Deshoras, se revisa la connotación de la palabra ‘deshora’ en la obra de Julio Cortázar.(7) En el texto “Marcelo del Campo o más encuentros a deshora”, Cortázar comenta: “los juegos del tiempo, lo que Alejo Carpentier llama la guerra del tiempo, guerra florida y a veces ruleta rusa, en todo caso un billar donde las carambolas se dan en un nivel que reduce el antes y el después a meras comodidades históricas”.(8) Macías señala que el significado coincide con el que se había presentado en Las babas del diablo, en donde se lee: “Ahora mismo (qué palabra, ahora, qué estúpida mentira)”.(9) La idea de la incertidumbre del ‘ahora’ porque el ‘ahora’ es una mentira, provoca necesariamente una pregunta, ¿en dónde está el tiempo verdadero? La respuesta, señala Macías, tal vez esté en la reflexión que se incluye en “De edades y tiempos”, en el último texto publicado por Cortázar: “No aceptar otro orden que el de las afinidades, otra cronología que la del corazón, otro horario que el de los encuentros a deshora, los verdaderos.”(10) Entonces, si los encuentros a deshora son los verdaderos y los encuentros en el tiempo del ‘ahora’ son una mentira, es necesario relativizar y domeñar el tiempo en la narración para lograr un espacio/tiempo propicios para un verdadero encuentro a deshoras.
En una entrevista que se le hizo en 1983, Cortázar mismo declara:
Yendo al título de Deshoras, siempre que reúno siete, ocho o nueve cuentos para un volumen se me plantea el problema del título; me gusta, siempre que puedo, que el título de alguno de los cuentos que están en el libro sirva para la totalidad. A veces se puede y a veces no. Porque ese título tiene que resumir la atmósfera general del libro, y en este caso creo que Deshoras es con esa noción que tiene la palabra, que yo la uso un poco insólitamente en plural, porque en general se dice “llegar a deshora”, por ejemplo. Y yo la separo de la frase hecha, y la pongo en plural porque me parece que los ocho cuentos del libro, de alguna manera, todos son “encuentros a deshora”, hay pasos así, en que el destino se juega un poco, porque hay un desajuste entre la realidad y los personajes.(11)
Al considerar esta afirmación del autor, la palabra ‘deshoras’ tendría dos significados; uno correspondería a ‘at the wrong time’, y el otro a ‘unexpectedly’. En cada cuento el desajuste adopta uno de ellos o los dos a la vez, como en el cuento Deshoras. Sara viene al recuerdo de Aníbal a deshoras: “al llegar a un tiempo que ya no era Sara ni Bánfield el recuento se había vuelto cotidiano, presente utilitario sin recuerdos ni sueños, la pura vida sin más y sin menos.”(p. 117). Ante la vuelta inesperada de Sara, Aníbal ya no puede seguir escribiendo los recuerdos o los sueños, porque sabe que Sara no cabe en la cotidianidad de su vida de adulto.
En el análisis del tiempo en el cuento Deshoras debemos tener presente dos elementos muy importantes: la noche y el sueño. El encuentro amoroso de Aníbal con Sara se da después de que Aníbal sueña con ella. Conviene recordar lo que escribe Cortázar a propósito de la noche y de los sueños:
Presencia, ocurrencia de mi mandala en las altas noches desnudas, las noches desolladas, allí donde otras veces conté corderitos o recorrí escaleras de cifras, de múltiplos y décadas y palindromas y acrósticos, huésped involuntario de las noches que se niegan a estar solas. Manos de inevitable rumbo me han hecho entrar en torbellinos de tiempo, de caras, en el baile de muertos y vivos confundiéndose en una misma fiebre fría mientras lacayos invisibles dan paso a nuevas mácaras y guardan las puertas contra el sueño, contra el único enemigo eficaz de la noche triunfante.(12)
Aníbal adolescente sufre y disfruta de su amor por Sara en la soledad de su cuarto: “Antes de dormirse esa noche, Aníbal sintió que algo le subía a los ojos, que la almohada se le volvía Sara, una necesidad de apretarla en los brazos y llorar con la cara pegada a Sara, al pelo de Sara” (p. 104). Y un poco más adelante:
Pero de noche era triste y a la vez tan hermoso, solo en su cuarto antes de dormirse se decía que Sara no estaba ahí, que nunca entraría a verlo ni sano ni enfermo, justo a esa hora en que él la sentía tan cerca, la miraba con los ojos cerrados sin que la voz de Doro o los gritos de los otros chicos se mezclaran con esa presencia de Sara sola ahí para él, junto a él, y el llanto volvía como un deseo de entrega [...] (p. 105)
Además, el inicio del cuento no nos dice a qué hora comienza Aníbal a escribir sus recuerdos -origen del relato-, pero el final sí: “pero cómo seguir ya, cómo empezar desde esa noche una vida con Sara cuando ahí al lado se oía la voz de Felisa que entraba con los chicos y venía a decirme que la cena estaba pronta, que fuéramos en seguida a comer porque ya era tarde” (p. 117). La noche es el espacio propicio para los recuerdos de Aníbal y también el momento ideal para la escritura de los mismos. Cortázar dice: “el cuento que se llama Deshoras hace una referencia, la palabra lo está indicando, al hecho de una no coincidencia en el tiempo, destinos que pasan uno al lado del otro sin encontrarse, sin juntarse”, y en seguida agrega: “y los ocho cuentos de este libro, cada uno a su manera, están mostrando ese tipo de desajuste, de falta de armonía en una determinada situación; entonces me pareció que el título Deshoras se aplicaba bien al libro.”(13) El destiempo, la deshora alude a un tiempo ab origine en el que podríamos reconocer ciertas peculiaridades en la configuración de los personajes. Dicho desajuste o falta de coincidencia en el tiempo lo tomaremos de nuevo después de revisar otros elementos.
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