La deuda externa es tan antigua como la formación de las repúblicas latinoamericanas, y presenta unos ciclos crediticios recurrentes. En ese contexto el endeudamiento público y privado es un medio recurrente para resolver la escasez de medios financieros, que, como dijimos antes, son provocados con frecuencia por la misma lógica del mercado internacional.
El manejo del endeudamiento público y privado ha sido determinado por:
1. Los grupos oligárquicos nacionales, acumuladores de patrimonio con más vocación especulativa que productiva, sin mayores motivaciones por invertir y trabajar en la economía nacional, ni mucho menos con vocación para acrecentar la productividad y la competitividad; y, el orden económico internacional, especialmente en lo referido al ámbito monetario-financiero.
2. La deuda ecuatoriana se inscribe así en un contexto de posiciones políticas y de conductas que conducen a la generación de vastos beneficios para los grupos oligárquicos, a costa de la gran masa de la población sacrificada con el manejo perverso de dichas políticas.
3. El uso de la deuda pública, y también de la deuda privada, interna y externa, se ha dado en sustitución del ahorro y de una mayor tributación, en el caso de la deuda pública, y del ahorro e inversión en el país, en el sector privado. El mal empleo de la deuda contratada efectuado con desperdicios, corrupción y en proyectos sin garantía de eficiencia ni rendimientos económicos.
4. La minimización de la carga tributaria directa -impuesto a la renta y el patrimonio-, al utilizar más los impuestos indirectos, que a causa de la precaria demanda de los estratos populares resulta insuficiente para el financiamiento del presupuesto.
5. Las bajas reservas monetarias internacionales, resultantes de las fluctuaciones negativas de las exportaciones, de la alta propensión a importar y de los pagos al exterior de utilidades e intereses, más la salida de capitales.
Estas políticas nunca se han racionalizado ni han sido tratadas con sentido preventivo; menos planificadas, ni armonizadas convenientemente. De ahí el permanente desequilibrio financiero interno y/o externo, y las tendencias más caotizantes, que coherentes de la política económica-financiera, con la consiguiente carga o presión sobre la economía real y las poblaciones de nuestros países.
Las circunstancias anteriores, han conducido a:
1. La acumulación de elevados montos de deudas, con servicios que tienden a concentrarse en algunos años (curva de camello) que hacen imposible su pago.
2. Los retrasos en el servicio de intereses y del capital con el consiguiente mayor costo y pérdida de confianza; que ha obligado a renegociaciones parciales y globales, con la banca y el Club de París, de los servicios de períodos sucesivos, así como a los Acuerdos de stand by con el FMI y el consiguiente programa de ajuste.
3. Las renegociaciones y los programas de pagos comprometidos en diversos esquemas como el Plan Baker en los ochenta y el Plan Brady, han fracasado estrepitosamente. Éste último se vino abajo en la crisis de 1999, cuando Ecuador declaró la moratoria de los bonos durante el gobierno del demócrata cristiano Jamil Mahuad. La renegociación con bonos globales de 2000 se ha constituido en uno de los factores más desequilibrantes de la economía dolarizada. Si bien con la renegociación se disminuyó el valor nominal de la deuda, su sostenibilidad fue de corta duración, basta ver que ya se están renegociando los Bonos Global.
Por todo lo anterior sabemos que deudas desde el inicio impagables se transformaron, a través de procesos largos con concesiones minúsculas, en crecientes problemas generadores de nuevas incertidumbres, que afectan a los países pobres y que debilitan el mismo mercado financiero internacional.