1 - De la diferencia a la indiferencia

Monografía creado por Carlos Fajardo Fajardo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/cfajardo.html
28 de Agosto de 2006

Caminamos por el desierto; un "desierto paradójico", contradictorio, lleno de abismos, cimas, sedentarismos y horror. Cada día tropezamos con fragmentos de árboles calcinados, esparcidos por todas partes. Son árboles que alguna vez fueron frondosos, puntos de guía para los extraviados. Hace poco constituían el bosque de una modernidad hoy en vías de extinción. Muchos de nosotros vimos aquellas señales y gracias a ellas tuvimos menos miedo, nos desesperanzamos de forma distinta a la que hoy se registra y asume.

Se dice que la deserción es preocupante. El desierto se apresura a tomar como rehenes a los incrédulos. Crece una tierra fértil para las apatías. Algunos años atrás asumimos las nociones de Vanguardia, exploración, ruptura y, sobre todo, de Diferencia. Ser diferente era transmutar un orden, dar valor a una actitud de explosión, comunicar nuestra no satisfacción. La modernidad nos brindaba – y tal vez nos siga brindando – la crítica y la tensión analítica. Incursionar en la transgresión implicaba respirar en una atmósfera llena de peligros. Utopía y peligro; exploración y aventura, sintetizados en dos fines: ser rebeldes o revolucionarios. Pero esto se ha ido extinguiendo, y parece que a nadie le importa. Ni siquiera existe angustia metafísica; no inquieta la muerte de las grandes teleologías. Ante el desencanto de lo moderno y la desentronización de monumentos ideológicos, no se asume un nihilismo combativo. No, lo que se siente es indiferencia. "Relájate y goza", parece decirnos la época. No denuncies, descansa; observa actuar el mundo, dándote un baño de espectáculo a domicilio.

Es indiscutible: entramos a la condición transpolítica finisecular. "Seres políticamente indiferentes e indiferenciados, andróginos y hermafroditas" que "hemos asumido, digerido y rechazado las ideologías más contradictorias llevando únicamente una máscara, y transformándonos en nuestra mente, sin saberlo quizá, en travestis de la política"(1). Expulsados del Ser político, penetramos al campo de combate como peregrinos que lo observan equidistante, igualándolo con cualquier programa de divertimento. Al tratar de actuar en lo "real-real" chocamos con lo "real-simulado", con la transrealidad, o mejor, con la desrealización escenográfica. Actores, entonces, en las tablas de la simulación, hemos perdido realidad, capacidad ontológica para distinguir los "entes ahí", los cuales, según Paul Virilio, han pasado al "ya no ser ahí" gracias a la telemática.

Escuchemos a Lipovetsky: "indiferencia por exceso, no por defecto, por hipersolicitación, no por privación. ¿Qué es lo que todavía puede sorprender o escandalizar? La apatía responde a la plétora de informaciones, a su velocidad de rotación; tan pronto ha sido registrado, el acontecimiento se olvida, expulsado por otros aún más espectaculares"(2). Nuestra hazaña está en la capacidad que hemos adquirido para distanciarnos de los hechos. Entre más alejados estemos del estruendo, mayor es nuestra diversión; en tanto más miremos con ojos ajenos, mayor será nuestra satisfacción. Poco importa el macro-futuro, los proyectos históricos. Libertad, emancipación, son suplantadas por micro-proyectos privados, personalizados. Consumo, uso y deshecho, he allí tres grandes imaginarios emocionales para lograr la felicidad. Postindustrialización masiva y transnacional. Para el hombre posmoderno, apabullado por una economía de mercado que le ofrece variedad y cantidad, todo es posible: puede escoger, llenar, seducirse. Democracia aparente de los gustos. El posmoderno no sufre de angustia traumática, sufre de llenura por exceso de mercado. Así, su deserción se da, sobre todo, cuando no logra abarcar ese vacío global del marketing. De allí la banalidad, la cursilería de sus ademanes. El estress ante el fracaso de la no adquisición –tanto económica como sexual- es el síntoma de una esquizofrenia sutil y simulada.

Relajarse es lo mejor, pero hacerlo es quedar sin defensas, vulnerable ante los golpes de la masificación intrascendente. Por ello, la indiferencia es una traumática situación que afecta no sólo al micro-espacio privado, sino la relación con el otro. Imposibilidad de habitar la otredad; soledad en el vacío; vacío y aislamiento. No es la soledad rilkeana creativa, sino la soledad del grito. Del "infierno son los otros" que promulgaba J.P. Sartre, pasamos al infierno artificial de sí mismo.

Fin de la utopía heroica colectiva; principio de un narcisismo psicologizante y privado. Derrumbe del individualismo aventurero, audaz, fabricante, emprendedor, futurista, revolucionario o rebelde; inicio de un individualismo ecuánime, suelto, ligero, apático, ingrávido, lo que significa disperso y distraído. "Cuidar la salud, preservar la situación material, desprenderse de los complejos, esperar las vacaciones: vivir sin ideal, sin objetivo trascendente resulta posible" (3). Dicho en otros términos, vemos cada día crecer un hombre psicologizado superando al hombre político. Ese es nuestro abismo presentido, un extenso y aterrador desierto. Las terapias narcisistas y hedonistas tratan de apaciguar el espacio de dolor dejado por las crisis del naufragio. Abandono de la esfera pública, entusiasmo por la esfera privada. La sensibilidad individualizada toma conciencia del "ego" marginando la conciencia política. El sujeto autónomo moderno, autoconsciente, crítico y con voluntad transformadora, ha sido desplazado por la idea terapéutica de un Yo excitado, inmediatista, saturado de información. Por lo tanto, todas las propuestas de una ética civil y ciudadana, junto a los conceptos de participación y pertenencia, van siendo desplazados por un "intimismo incivil" que destroza los cimientos de más de doscientos años de Iluminismo. Preocupante situación para un país como Colombia que no ha asimilado de forma democrática y real estas propuestas ilustradas; un país con un sonambulismo colectivo e individual, con sentimientos de marginalidad y aislamiento, cuyo desconcierto y pérdida de conciencia política, cambiada por el relajamiento ideológico, fomenta la inutilidad de la acción civil, caldo de cultivo para la indiferencia.

1 opinión

Necrofilitoca.

Si el mundo no es para todos, no es para nadie.

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Monografía de Carlos Fajardo Fajardo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/cfajardo.html CopyLeft
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