6 - El abismo presentido

Monografía creado por Carlos Fajardo Fajardo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/cfajardo.html
28 de Agosto de 2006

Nuestro cuerpo social está enfermo. Lo grave es que su cura no va a llegar tan pronto como se desea. Son múltiples los virus que lo atacan; virus en red y simultáneos. El cuerpo social ha hecho metástasis en este fin de siglo, y ésta seguirá generándose durante tanto tiempo que ya nos asusta su horizonte. Hemos anunciado en el transcurso de este ensayo algunos de los más resistentes virus de las sensibilidades actuales. Faltarían los que habitan de forma masiva en Colombia: violencia, corrupción, terrorismo, hambre, miseria, horror y la muerte impuesta. Estos son alimentados por los ya descritos, construyendo un mapa de la virulencia sensible y social para la cual se ha descubierto una efectiva vacuna: la indiferencia.

Nuestro cuerpo social es necrofílico. Sus imaginarios son contaminados con tanta crueldad que vemos casi improbable una limpieza ética en los próximos cuarenta años. Está lejana la época en que se registre una convivencia civil, democrática y ciudadana real en Colombia. De allí parte nuestro desencantado optimismo. La violencia y la muerte que alimentamos son una performance a la cual asistimos pasionalmente, un espectáculo que nos fascina, pues es más seductor que nuestras vidas, tan pervertidas por las acciones de la supervivencia.

Actores del drama, lo sufrimos y hasta lo observamos como telespectadores, pero no lo reflexionamos. Esta es otra de nuestras virulencias culturales. Sin potencialidad crítica, somos los consumidores de la historia, no sus gestores. Triste drama para un país que no posee todavía las nociones de autogestión y autoconciencia frente a su futuro; un país agotado en sus búsquedas, sin ningún entusiasmo por su bienestar y con una muy pobre noción de calidad de vida. Por ello nos hemos acostumbrado al maltrato, al golpe cotidiano, a la injusticia, a destrozarnos en lugares públicos, al asesinato.

Cansancio mental, político y económico que conduce al relajamiento y su correspondiente apatía. Desconfiando de lo nuevo, y con muy pocas posibilidades de construir una cultura verdaderamente democrática y participativa, presentimos el vacío, ese abismo aterrador que nos dejará sin tablas de salvación en los próximos años. La caída es profunda y grave. Sin proyecto histórico, incapaces de construir un país que sueñe, a lo Aurelio Arturo, ¿qué nos deparan nuestras obras?

Es cierto que los nuevos chamanes, brujos terapeutas y esotéricos del optimismo, plantean un pronto gran amanecer para nuestra gente, y junto a ellos los niños y niñas de la farándula, los políticos burócratas y demagogos, de los cuales nos hemos acostumbrado. Terroristas de un optimismo vergonzante. Y aunque no se trata aquí de anunciar el Apocalipsis nacional, éste es el sentimiento de una verdad, el presente de un abismo que ya existe, que no es utópico, sino real. No podemos negar su presencia, y lo triste es que no tenemos estrategias prácticas para evitar el desmoronamiento, pues los imaginarios culturales son manejados cada vez más de forma salvaje por un sistema económico y social impuesto globalmente, del cual parece que no hay escape.

Viviendo en un pasado tradicional premoderno, vigente y usable, en un presente tecnológico, no construido sino impuesto desde arriba, y en un futuro imprevisible, la gran masa de colombianos marchamos sonámbulos por los caminos de la historia que, muy pocas veces, ha sido asumida con responsabilidad de sujetos constructores de la misma. Híbridos y multiculturales, hemos tenido que ponernos al día con lo contemporáneo, saltándonos varias etapas, las cuales no se han superado todavía, creando una situación de extravío cultural. Enfrentados a estos extremos límites, cedemos espacios de confrontación, de resistencia crítica ante una institucionalización estéril y sin porvenir.

La fragmentación de los esquemas y paradigmas sociales van paralelos al naufragio de una colectividad sin ruta, que sin haber llegado todavía a una conciencia de nacionalidad e identidad, está sintiendo y sufriendo una globalización que parece irreversible. Esto ha producido entre nosotros esta cultura esquizofrénica, descentrada y polifacética, donde vivir es un gran riesgo y un provocativo plato para las matanzas Tal vez éste sea nuestro futuro y el de América Latina: deslocalización de lo local, globalización inevitable. Más pobreza real, más incontrolable jerarquización de los monopolios transnacionales. Glocalizarse será nuestro próximo destino. Ni globales ni locales; glocalizados, seres de fronteras, desplazados, descentrados en un sistema de ida y vuelta, sin espacio real. De allí una reflexión extra: ¿será la ubicuidad nuestra más cercana sensación de desnacional

1 opinión

Necrofilitoca.

Si el mundo no es para todos, no es para nadie.

Monografías relacionados con 'El abismo presentido: cartografías de la sensibilidad de fin de siglo'

Es indiscutible: entramos a la condición transpolítica finisecular. "Seres políticamente indiferentes e indiferenciados, andróginos y... Más »

Autor y licencia de 'El abismo presentido: cartografías de la sensibilidad de fin de siglo'


Monografía de Carlos Fajardo Fajardo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/cfajardo.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.