5 - Icono-adiccón

Monografía creado por Carlos Fajardo Fajardo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/cfajardo.html
28 de Agosto de 2006
 

Dedicado a engañarme, el demonio maligno, que me encandila,
lo puedo comprar ahora, para instalarlo permanentemente en mi casa,
frente a mí, en mi estufa o mi chimenea,
mago todopoderoso, que resuena en los multimedias.
Peor aún: en lugar de instalarlo en mi casa, ahora habito en su puesto,
cableado, encadenado.

Michel Serres (5)

 


Vivimos en pantallas. Inundados por tele-imágenes nos volvemos pantallas circulantes, portátiles, construyendo una red de paseantes catódicos que arrastran tras de sí toda la energía informática iconotelemática, invasora de la vida íntima. "Todas nuestras máquinas son pantallas" nos dice Baudrillard. Es decir, hemos construido un hombre al que sólo le interesa explorar lo dado instantáneamente a través de la imagen visual, y al cual no le importan los contenidos, sino la alteración y aceleración del ojo, el consumo rápido de lo enunciado en esta imaginería instrumentalizada.

Somos pantallas en red, interactivas; tan lejanas y tan cercanas, familiares y táctiles como distantes y sordas. Aceptamos las pantallas, pues sin ellas nos sentimos desplazados del mundo. Estos vehículos estáticos audiovisuales, nos han cambiado incluso el concepto de memoria. Ahora todos – gracias al video- aspiramos a quedar representados, grabados, filmados, memorizados en una imagen técnica; se apunta a vencer el anhelo metafísico de permanencia por medio de la virtualidad artificial, y así poder ser reproducido cuantas veces se desee. Iconografía metafísica-tecnológica: se vence lo efímero mortal a través de una reproducción que hoy por hoy es televisiva bidimensional, pero mañana – y esto ya es probable – será holográfica tridimensional, lo que facilitará tener al ausente en casa, esté vivo o muerto, programado según sus gestos, su voz, sus gustos, para actuar en telepresencia virtual. ¿Venceremos de manera parcial a la muerte del otro? Nos identificaremos cada vez más con las pantallas, nos amaremos a través de ellas, simularemos vencer al tiempo en rayos catódicos.

De esta forma, nuestra cultura audiovisual está generando una ritualidad religiosa en torno al escaparate electrónico, por medio del cual "fabricamos pequeños dioses" desde su teatro o templo, con sus nuevos mitos y místicos, sus promesas metafísicas de estar en todas partes y en ninguna, por la ubicuidad a que nos lanza. Nos orgullece poder verter las angustias y deseos en una virtualidad; deseamos adaptar el mundo a nuestro tamaño y ser múltiples: estar donde se quiere estar cuantas veces se desee. La Internet ha logrado edificar la escenografía de esta ilusión. En esta mega-red se desaparece nuestro rostro, disuelto en una ciber-identidad, una ciber-ontología; nuevo paradigma filosófico y cambio de gnoseología.

Sin embargo, a pesar de la desgravitación del Ser, la sangre, la angustia, la muerte siguen manando por las heridas del mundo histórico. El dolor crece –a lo césar Vallejo– "a treinta minutos por segundo, paso a paso/ y la naturaleza del dolor, es el dolor dos veces/ y la condición del martirio, carnívora, voraz, /es el dolor dos veces...". Y aunque las redes blandas construyan ciber-geografías, borren los espacios políticos, sustituyan a los sujetos activos por una masa indiferente, llena de mensajes globales, o se desaparezcan la autonomía y la sensación de pertenencia a un sitio; el dolor, las guerras, los cadáveres y los abismos sin límites seguirán creciendo en un mundo todavía no desaparecido por estas "tecnologías de la disolución".

¡Ah! Cambiemos de canal, programemos, hagamos, lo más rápido posible, zapping, ¿qué encontramos? Noticias voraces, terribles, junto a la banalización de la vida; cursis acontecimientos de la privaticidad. Quiere decir esto que a la historia la hemos vuelto escenografía; un espectáculo al cual asistimos desde primera fila, relajados y tranquilos, para ver los asesinatos. ¿Será posible hacer desaparecer tanto esfuerzo cotidiano, tanto vacío detrás de una pantalla? Desde nuestro cómodo sillón, "la guerra, bien lo intuye Serres, se desarrolla menos con gran estruendo de choques y explosiones, materiales duros, que en el espacio de los signos, donde se libra la guerra que ahora es blanda" (1995,155). A esta explosión de mensajes basuralizados, la asumimos como una gran verdad pública. Desrealizada la vida, simulada la sangre, queda el show, el vidente tramado: asista, la función es gratuita, pero usted paga con su engaño.

En los recintos electrónicos, habitamos con los espejismos de la iconoadicción. Telepolitizados, telesemantizados, teledesrealizados, teleaccionados, somos energía en imagen y sonido, contaminados por la hiperinformación. A lo fáctico se le desmonta, poniendo sobre su cuarteado pedestal una "ideografía cibernética" (Virilio); imágenes teleculturales a domicilio que traen el mundo a casa, identificándonos con lo más cosmopolita. Simulación de una sensibilidad: ahora puedes sentirte cosmonauta sin tiquete. Conéctate e infórmate; tu tiempo no se mide en oro, se mide desde hoy en velocidad.

Y así vivamos para apreciar los acontecimientos del hombre en la imagen televisada, somos expulsados como "público real", existiendo sólo como "público abstracto", transpolitizado, puesto en un campo neutro, silencioso, en la campana del vacío. Sin embargo, podemos creer en la democratización de los medios: llame ya a su programa favorito, sea usted un actor-locutor; anímese a presentarse como tele-actuante, diga lo que piensa, masifique sus opiniones, todo aquí es espectáculo, lo que diga usted es, a pesar de los pesares, insignificante, indiferente. De este modo se comunica por comunicar, se presenta por representar, se habla a la nada.

Comunicación sin resistencia, la cual impulsa un imaginario de acontecimientos que, en tanto suceden, se olvidan, superados por la espectacularidad de otros hechos tan efímeros como los primeros. Comunicación e indiferencia. Esto nos sitúa en la cuerda floja de la iconoadicción. Somos operarios ciegos de ella, no edificamos una verdadera mirada, una inquietante pregunta, un gran "inventario de asombros" ni la posibilidad de permanecer maravillados por esa magia que de las imágenes se escapa.

1 opinión

Necrofilitoca.

Si el mundo no es para todos, no es para nadie.

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Monografía de Carlos Fajardo Fajardo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero13/cfajardo.html CopyLeft
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