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El Anillo Atlante y los talismanes poderosos - La esmeralda de Lucifer y el poder perdido

 ****- (3 opiniones)
Copyright Monografía de Esquina Mágica - 25 de Noviembre de 2006
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1. La esmeralda de Lucifer y el poder perdido
Desde el principo de los tiempos las piedras son seres vivos, capaces de hablar sobre ocultos secretos que se transmiten a traves de los siglos solamente  a quienes abren los oídos del corazón y escuchan el latido de las piedras. En la enorme variedad de sus tamaños, formas,    cualidades, colores y grados de pureza, ellas son una sólida expresión de la cosmogonía y vehículo simbólico de conocimiento: ellas despiertan con su varita vibratoria la conciencia dormida y aviva la mente al entendimiento.
Se podria decir que así como las estrellas son el reflejo visible de una inteligencia superior, y la manifestación sensible de energías invisibles que se hallan en dimensiones metafísicas, del mismo modo el reino mineral es la expresión terrestre de esas energías celestes que en formas pétreas "maduran en las entrañas de la tierra", metaforicamente las piedras son las estrellas de las profundidades terraqueas. Tanto las piedras más comunes, que representan a los astros ordinarios; como las semipreciosas y preciosas, relacionadas con determinadas estrellas y constelaciones zodiacales; y también los metales, que se encuentran en su interior y recogen las energías planetarias; hasta llegar al diamante, símbolo de la piedra angular, los minerales constituyen un código simbólico y expresan un lenguaje mágico y sagrado que la antigüedad conoció desde remotos tiempos. Se cree que ellas atraen determinadas energías, ya que sirven como altar y lugar de residencia de los dioses; son capaces de realizar milagros y curaciones, pues tienen propiedades sobrenaturales, mágico-teúrgicas y simbólicas; desde siempre fueron usadas como amuletos y talismanes, y, en muchos casos, como oráculos a través de los cuales algunos pueblos han forjado su destino.

Fernando trejos cuenta la historia de Lucifer de esta forma:

Relata la mitología hebrea que Lucifer, antes de la caída (Luzbel) tenía en su frente una piedra de esmeralda. Cuando Lucifer peca, es decir, cuando se pierde la conciencia de unidad y se crea la ilusión de algo que existe fuera de Dios, esa piedra le es arrancada simbólicamente de su frente y arrojada al abismo, y a partir de ese momento la creación deviene, para ese ser caído, un sueño, una ilusión, una sombra ficticia, el pálido reflejo de la realidad trascendente.
Sin embargo, los ángeles tallan en esa piedra de esmeralda una copa, un espacio vacío semejante al corazón del hombre, capaz de recibir al espíritu único e inmortal, para que pueda éste así recuperar su naturaleza increada. Esa copa o vaso le fue confiada a Adán (el hombre) en el paraíso terrenal; y la relación con ella (y con el Arbol de Vida) le permitirá mantener esa conciencia de unidad trascendente, que a su vez el hombre pierde en razón de su propia caída (semejante a la de Lucifer) y recupera en virtud de la Redención que le hace retornar a la eterna morada celeste; a la conciencia de unidad que promueve el proceso iniciático y que sólo se alcanza mediante una total regeneración y transmutación interior.
Al igual que esta copa pétrea hay ciertas piedras, en todas las tradiciones, que han sido particularmente veneradas, ya que los antiguos consideraron que poseían una significación especial, pues las tomaron como representación en la tierra de fuerzas sobrenaturales.
En primer lugar, destacan aquéllas que (como el mismo Grial) se consideran moradas de la deidad; las llamadas "betilos", símbolos del Centro primordial que después de la caída se ocultó en el interior de la tierra (y de la piedra), y cuyo poder y resplandor se restablece al fin del ciclo. Este Centro, que está también representado en el símbolo de la Montaña Sagrada,3 considerada por muchos pueblos como residencia de los dioses, brilla en todo su esplendor durante la fase ascendente del ciclo cósmico, pero se oculta en el mundo subterráneo (en la caverna y en la piedra) en su fase descendente. Es quizá por eso que estas piedras hayan sido vistas como miniaturas de la montaña; y en todo caso ambas (piedra y montaña) representan al mismo Centro o Eje, que se mantiene invariable e inmóvil en el curso de todo ciclo.
Una de estas piedras llamada "betilo" es aquélla que puso Jacob de cabecera cuando tuvo el sueño de la escala.4 Al despertar del sueño dijo: "Ciertamente está Yavéh en este lugar y yo no lo sabía"; añadiendo: "¡Qué terrible es este lugar! No es sino la casa de Dios y la puerta de los
cielos". Esa piedra, en forma de pilar, que alzó como memoria de ese acontecimiento, será considerada por el mismo Jacob como residencia divina. Y posteriormente5 allí alzará un altar al Dios único, arrojando a todos los dioses extraños que había en su familia. Igual significado de "habitáculo divino" tiene la piedra negra que representa a la diosa de la tierra, los montes, los valles y las selvas, la Diosa Madre Cibeles, hija —como Saturno, de quien es hermana y esposa— de Urano y Gea, Madre Mayor de los dioses y los hombres. Esta "Gran Madre" es considerada como la energía de los cielos encerrada en la tierra;6 y la piedra con la cual se la representaba en los orígenes, de forma cónica, era vista como un símbolo polar y axial, idéntico al de la montaña sagrada.7 El Omphalos del oráculo de Delfos (para mencionar sólo alguno de los ejemplos más conocidos) era representado por una piedra, símbolo de ese Centro y morada de los dioses. Esta piedra representaba el punto de comunicación entre el cielo, la tierra y el mundo subterráneo.8 Algunos de esos betilos son aerolitos, es decir, literalmente, piedras caídas del cielo, como es el caso de las "piedras negras" que figuran en múltiples tradiciones, tal cual la piedra negra engastada en una de las paredes de la Ka’ba en la Meca y la propia piedra negra de la Cibeles; y aunque no todos los betilos son propiamente aerolitos, sí podría asignársele a cada uno de ellos, de alguna manera, un origen celeste, pues el Centro que ellos representan es en verdad un eje que sirve como camino de descenso de las energías celestes a la tierra y de reascenso de la tierra al cielo.
Al fin de los tiempos Lucifer recupera la piedra caída y todo retorna a la unidad del Principio.
Ciertas de estas piedras que hemos mencionado y muchas otras que algunos podrían considerar ordinarias han sido utilizadas como oráculos, y se encuentran por doquier piedras que han sido utilizadas como puntos de referencia y hasta como representación en la tierra de constelaciones estelares, lo que confirma lo ya apuntado en el sentido de que los antiguos concedieron a algunas de ellas la condición de ser la manifestación terrestre de energías celestes. (Viridarium Chymicum, Daniel Stolcius, 1624 Generatio )  

Existen algunas piedras de poder que a lo largo de los tiempos los magos las han usado como protectores. Efectivamente cada hechicero puso su energia,y dio su carga y con el tiempo se han convertido en símbolos poderosos para magia como protectores y repelentes de desgracias.

Quisiera hacer una anotación particular que no me canso de repetirla. Las piedras de poder o no poder ya contienen en si mismas unas vibraciones determinadas. Son seres vivos y por tanto susceptibles de tomar afecto o desafecto sobre una persona en sus niveles anímicos, pero de ahí a que pensemos que una piedra quita desencarnados, da dinero, y aleja a la muerte, limpia auras y nos concede un novi@, hay mucha distancia.

Una piedra de poder actúa a través de la magia simpática potenciando sus cualidades en el poseedor, para que el gané seguridad y le resulte fácil así resolver los problemas. Es una transmisión energética, de la misma forma que la imposición de manos, reiki, o las bendiciones, lo son en niveles sutiles. El dueño pone su voluntad y su deseo en absorber esa energia propia de la piedra. La trata, la cuida la carga, la mima y la limpia como algo propio y de esta forma recibe la vibración que emana de la piedra.

Ahora hablaremos de algunas de esas piedras poderosas.

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