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La depresión del sistema y su esquema rígido se representan mediante la “sintaxis” del lenguaje y de esa manera se forma el orden de las cosas; o sea, la realidad visible y superficial.6 Peri Rossi observa el problema del lenguaje con atención y el choque entre el deseo individual y la estrategia del sistema en términos del lenguaje. El sistema y el poder empujan a la gente al uso de la lengua oficial, y los protagonistas se rebelan o se rinden frente a la infinitud de la realidad que no pueden capturar con la lengua.
En “Las avenidas de la lengua”(MEI: 92) se representa el carácter de la lengua para capturar la realidad, intrínsecamente infinita y simultánea. En toda lengua no existe una sintaxis inocente porque la gramática del habla siempre tiene la intención del hablante; es decir, el poder. Un compañero de la progatonista siempre habla de manera muy específica porque no soporta lo infinito de la palabra. Él habla siempre usando tiempos compuestos. Por ejemplo, cuando él dice, “he subido arriba y no te encontré”, la protagonista, por su parte, simplemente piensa que pudo haber dicho, “subí arriba y no te encontré”(idem). Ella interpreta ese juego como un tipo de castigo por lo prolongado de la expresión para decir solamente que ella no estaba allá. La protagonista se siente más segura en el caos previo a la palabra -en el hablar/interior de las palabras- que en la expresión concreta, porque aquél está más cerca de la realidad misma para ella. También, ella prefiere la frase simple, como un solo verbo, y compara dos expresiones en su pensamiento:
Caminaba. Me sentía bien con el lenguaje. Caminaba; iba y venía sin rumbo fijo por las avenidas que se encendían lentamente y, si bien supuse que todo andar parte, el mío sólo me conducía al interior de las palabras, donde me siento segura.(MEI: 95)
La sintaxis de la lengua oficial se describe más claramente en la situación del cuento “La grieta.”(MEI: 56). Un hombre fue detenido porque vaciló en la escalera del metro. El habla del momento en que tuvo una sospecha sobre la realidad, causa de su vacilación, pero el investigador siempre repite la pregunta sin atender a su respuesta:
¿Usted, iba o venía? (MEI: 58)
El hombre ve una grieta en la pared que se hace más grande con el paso del tiempo. Esa grieta simboliza su sospecha sobre la realidad y en ella se ve solamente a los que quieren parar y sospechan igualmente. Pronto, la grieta le hace pensar en el vacío que veía en la escalera del metro y ese pensamiento continúa hasta la negación de la totalidad y la continuidad de la realidad. Con la pregunta repetida del investigador, el hombre confiesa que su pensamiento puede categorizarse como peligroso. Lo más terrible es que el investigador castiga el solo pensamiento del hombre sin haber hecho ningún daño a otro. Peri Rossi dice que nadie tiene derecho de castigar el pensamiento puro de nuestro cerebro: “El pensamiento debe ser más libre y puede aportar alguna parte a la ilusión. Los hombres no pueden vivir haciendo solamente los deberes, sin correr el riesgo de enfermarse.”7
También se critica el carácter conservador del lenguaje del psicoánalisis. El psicoánalisis no habla del sistema que deprime, sino que atribuye el problema individual al triángulo mítico de Edipo, padre-madre-hijo. Aunque la gente quiere saber una respuesta exacta con el psicoanálisis, se aleja cada vez más de la esencia del problema pagando dinero con el principio del intercambio del capitalismo. En “Lovelys”(CA: 125), el psicoanálisis es un absurdo. El protagonista sufre de neurosis y está obsesionado por ciertos actos repetitivos desde hace un tiempo. Siempre procura controlarse a sí mismo y tiene consultas médicas regulares. Mientras que él confiesa su problema al doctor, éste simplemete repite la última palabra del paciente.
-Son cuarenta y dos pasos desde la acera donde estaciono el auto hasta la puerta del consultorio; los he contado bien -agregó el hombre. Si la cuenta no me sale, me pongo nervioso.
-¿Nervioso?-inquirió el otro.
Tuvo deseos de decirle que no le pagaba para que repitiera la última palabra de sus frases, como solía hacer. (CA:127-128)
El sistema del psicoanálisis es muy débil como para dar respuesta al paciente y éste diagnostica por sí mismo al encontrar el mismo nombre de su vecino en la pluma del consultor. La verdad -raíz de su problema- es que él vio a la familia vecina cuando era detenida por los militares, y desde entonces sufre de neurosis y depresión. Después, él vivió en profundo silencio y visitaba el consultorio regularmente para disminuir su complejo de culpabilidad por no haber podido hacer algo por el vecino.
En otro cuento, “Sesión” (MEI: 41), se cambian los roles entre paciente y psicoanalista. Un psicoanalista consulta su propio problema al paciente y le paga la consulta. Aquí se cuestiona la autoridad y el mecanismo del psicoanálisis. El psicoanálisis reproduce el lenguaje y la estrategia del sistema y encarcela al individuo dentro de él. Guattari critica ese aspecto del psicoanálisis y propone el esquizoanálisis como la manera de romper la regla del capitalismo.8 De igual manera, con ese carácter del psicoanálisis se critica el aspecto superficial de la sociedad contemporánea en la que se trata de solucionar los problemas sistemáticamente, en vez de enfocarlos de manera particular y específica.
Los que no poseen la lengua oficial del poder son rechazados fuera del sistema, y se les considera como locos que no respetan el plan del sistema en cuanto que violan la regla de la lengua: la sintaxis. Por eso, todos se entienden al estar en el mismo contexto, los extranjeros con acento diferente o con otro idioma, los locos que no hablan respetando la gramática, los niños que bautizan las cosas arbitrariamente, y los viejos y los vagabundos que no contribuyen a la productividad del capitalismo.
En “Las estatuas o la condición del extranjero” (MEI: 131) se observa la condición de los extranjeros y su absurdidad al mismo tiempo.9 Mientras que las estatuas están en la plaza ensimismadas, un extranjero las ve. Pero ellas no miran fuera de su círculo, haciendo y hablando de sus propias cosas. Son estatuas sin ánima que alienan al extranjero y ello destaca más la alineación del hombre. La condición de los extranjeros es “el vacío”, la sensación de que no se ven pero están en todas partes, y se convierten en transparentes en tanto que no los queremos ver. También los viejos y los vagabundos son alineados por su incapacidad de trabajar. Hay dos viejas y un vagabundo en el cuento “Miércoles” (MEI: 135). Se encuentran en la calle casualmente y se dan cuenta de que todos han sido expulsados por la ciudad de pesadilla. Dos viejas escapan de la casa por causa del descuido de la familia y un vagabundo vive en la calle voluntariamente. Cuando el vagabundo dice que “este mundo no es bueno para nadie”, entonces les agobia la pregunta, “para qué existe este sistema si sufren todos.” Un vagabundo del cuento “Cartas”(MEI: 84) transgrede la regla del mundo y busca más allá la experiencia vital que pudiera anularla. El cartero lo ridiculiza cuando el vagabundo le pide cartas destinadas a él aunque no tiene dirección ni domicilio fijo. Pronto, el vagabundo responde que recibe muchas cartas;
las mejores cartas del mundo han sido escritas sin enviarse nunca, aunque el destinario tuviera domicilio fijo y hasta un buzón propio”[...] De todos modos, es muy frecuente que las cartas no me lleguen, pero yo sé que hay gente que las escribe y siempre es posible leerlas en las alas de los pájaros, o en el fondo de una botella, o en la arena húmeda del mar. (MEI: 84-87)
Toda la gente tiene miedo de desviarse del sistema social y hacerse vagabundo. No obstante, si ese sistema siempre sustituye a un individuo con otro para preservar la eficacia del sistema, la experiencia que busca el vagabundo podría interpretarse como que él no quiere ser un artículo consumible sino anular el orden de las cosas optando por el fuera del orden y del sistema.
Por otra parte, los niños son los más expuestos a la depresión social. El hogar y la escuela los educa para ser componentes de la sociedad y, finalmente, individuos que se encargarían de la producción capitalista. Según Guattari, el hogar y la escuela son los lugares para disciplinar a los niños y oprimen su deseo propio y su expresión diversa. Todo se les corrige para que consigan la oración sin error.10 En los cuentos, los niños rechazan ser incluidos en el mundo adulto adhiriéndose a su escondrijo o hablando con imaginación y asociación negando la gramática propuesta por la escuela. Al fin, ellos aceptan la disciplina sin gana y se hacen observadores críticos de los adultos que admiten el orden de las cosas del mundo.
Julio Cortázar habla sobre el rol de los niños en las obras de Peri Rossi: “En esta nueva vieja casa, en esta recurrencia de la interminable ceremonia, los niños son testigos, víctimas y jueces de quien los inmolan al engendrarlos, educarlos, amarlos, vestirlos, delegarlos.”11
En “La índole del lenguaje”(CA: 83) el niño no entiende que la lengua y las cosas no coinciden sino que son determinados por la costumbre social. En la clase hay muchas prohibiciones inútiles como no usar gomas o no pintar un círculo en el cuaderno. Su tío está encarcelado por causa de su rebeldía y los militares se encargan de la escuela. Pero él siente entender el mundo a su propia manera haciendo coincidir la palabra y la cosa sin saber ortografía.
Al primero intento, nunca sabía bien si hoja se escribía con jota y con hache y ojo con jota pero sin hache. [...] Con las hojas tuvo un poco más de éxito, porque cada vez que encontraba una en el suelo, color ocre, imaginaba una hache espectacular desarrollándose desde el cabo hasta la entremidad (CA: 88)
Un día, un maestro-militar le quitó su hoja del cuaderno en la que el niño había borrado una “h” porque no se pronunciaba ya que era inútil para el niño que no respetaba la gramática. Pronto el militar la desgarró y al momento el niño entendió la relación entre la lengua y el poder. El militar gritó: “el lenguaje es de los que mandan”(CA: 92). Con el acto del militar el niño entendió que su poema o juego de palabras con su hermana menor eran muy débiles y se quebró su mundo de concordancia entre la palabra y la cosa.12
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