El artista, la crítica impresionista y la investigación sobre la producción artística - Sobre la acusación de escribir sin saber escribir y sobre "la a
En “Nota sobre Felisberto Hernández” Rodríguez Monegal enumera los “errores” estilísticos y de sintaxis que, en su opinión, tienen algunos textos de FH [5] y señala que su estilo se caracteriza por “las ambigüedades en la exposición lógica y la imprecisión en la sintaxis -un estilo pleno de incorrecciones y coloquialismos” (Rodríguez Monegal, 1945 citado por Paolini, 2005). A propósito de Nadie encendía las lámparas, Rodríguez Monegal, escribe: “Inagotable cháchara, cruzada (a ratos) por alguna impresión feliz, pero imprecisa siempre, fláccida siempre, abrumada de vulgaridades, pleonasmos, incorrecciones”. (Rodríguez Monegal, 1948 citado por Paolini, 2005).
Refiriéndose a uno de sus libros de cuentos, Rodríguez Monegal afirma que “una nueva generación de lectores podía sentirse atraída por él pero nunca entusiasmada, como ante Espínola, ante Morosoli, ante Onetti, escritores que realmente tocan la sustancia humana más general” (Rodríguez Monegal citado por Paolini). Al menos en este caso, Rodríguez Monegal entiende condición sine qua non para una obra de arte la de ser mimética y valora una lógica narrativa más próxima al realismo. Asimismo, parece estar dispuesto a admitir a FH dentro del canon de la literatura uruguaya, sólo si es considerado un autor marginal:
Al morir, aliviado del desdén de las masas lectoras y del incienso de la capillita. Hernández puede ingresar en la literatura uruguaya junto a un Isidoro de María, un Daniel Muñoz, un Roberto de las Carreras, es decir: junto a esos escritores que no están en la gran corriente creadora nacional pero alimentan zonas marginales y fecundan tierras desconocidas (Rodríguez Monegal, 1964: 8 Citado por Paolini, 2005).(Destacado nuestro).
En esta reseña el crítico confunde con una “capillita de adulones” a un grupo integrado por Carlos Vaz Ferreira, Esther de Cáceres, Alfredo Cáceres, Carlos Mastronardi, Mercedes Pinto y Antonio Soto, que le auxilian en su primera edición en forma de libro y con mejor difusión -Por los tiempos de Clemente Colling. Rodríguez Monegal señala que, aunque contaba con pocos lectores, “siempre pensé que había en Hernández un escritor de grandes dotes pero malogrado por la adulación de los amigos”. (Rodríguez Monegal, 1964 citado por Paolini, 2005).
No existe acuerdo respecto a las “incorrecciones” sintácticas atribuidas a FH. Por ejemplo, Paulina Medeiros y Esther de Cáceres destacan su perseverante preocupación por releer y corregir sus textos [6]. Como señala Verani, en 1929 Carlos Vaz Ferreira afirma que “tal vez no habrá más de diez personas en el mundo a las cuales [Fulano de tal de FH] le resultará interesante, y yo me considero una de los diez. Está lleno de locuras inteligentes, por las cuales tengo debilidad” (Verani, 1996:51).
Destacando su originalidad, Italo Calvino afirma “Felisberto Hernández es un escritor que no se parece a nadie: a ninguno de los europeos y a ninguno de los latinoamericanos, es un “francotirador” que desafía toda clasificación y todo marco, pero se presenta como inconfundible al abrir sus páginas”. (Calvino, 1974:6). Según Cortázar, FH “no responde a influencias perceptibles y vive toda su vida como replegado sobre sí mismo, solamente atento a interrogaciones interiores que lo arrancan a la indiferencia y al descuido de lo cotidiano” y también destaca “la llaneza, la falta total del empaque que tanto almidonó la literatura de su tiempo”. (Cortázar, 1975:8).
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