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Nada más esencial y mágico en la vida de los seres humanos que un caldero.
Dicho así esto parecerá una tontería, pero a continuación veremos como este instrumento forma parte de nuestra vida con carácter prioritario desde tiempos inmemoriales.
El primer utensilio no reflactable que el hombre primitivo consiguió poner en las brasas de fuego, a fin de cocer los productos del campo o de la caza, para alimentarse, marco un hito en la historia de la civilización. Casi se podría decir que ese hombre se convirtió en el primer sibarita de la humanidad. Descubrió la comida caliente.
A partir de ahí, la alimentación fue ritual y el ritual se convirtió en fiesta y la tribu se reunió en torno a su caldero para celebrar los acontecimientos naturales de las estaciones. El fuego, la madera, el viento pasaron a ser elementos creadores del mago y la vida cobró un nuevo brillo.
No sabemos como ocurriría antes de la llegada de nuestros queridos celtas, pero a partir de ahí sabemos porque nos lo cuentan los libros, que esta tribu era una gran aficionada a largas y copiosas comidas, con abundantes manjares cuyos rituales festivos duraban hasta el anochecer, servidos de buen vino, y armonizados por danzas, cánticos, y relatos bélicos sobre las hazañas de la tribu que era trasmitida oralmente de padres a hijos y así nos ha llegado a nosotros.
Esto me hace pensar en nuestras fiestas navideñas, otro momento en que a pesar de haber cambiado el caldero por la olla a presión, el fuego por el horno eléctrico y las pócimas por las bebidas embotelladas, no parecer tener muchas diferencias con nuestras antiguas generaciones,¿no?. Y eso es universal; de uno a otro confín del planeta, y desde los tiempos mas ancestrales, los rituales mágicos se celebran comiendo, pero si además reducimos el ritmo acelerado de nuestras vidas, y por un momento reflexionamos, veremos que en toda celebración colectiva, aun en nuestros días, conservamos la misma estrategia, y en lo esencial no ha habido cambios. Nos seguimos reuniendo en torno al caldero más o menos mágico para celebrar juntos nuestros ritos y nutrirnos de su vibración.
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