



(2 opiniones)
Podríamos comenzar este trabajo con un interrogante que propicie, además, una explicación que de cuenta del estado de la cuestión: ¿Por qué hablamos de teatralidad al referirnos al teatro medieval?
La respuesta es clara y contundente: en el caso del teatro castellano, tenemos una precariedad casi absoluta de textos que hayan logrado conservarse. Por otra parte, los que han llegado hasta nuestros días lo han hecho casi fortuitamente, como ocurre en el caso del Auto de los Reyes Magos. Varios son, a partir de aquí, los interrogantes que asaltan a los críticos desde los primeros estudios realizados sobre el tema: ¿puede hablarse de una tradición teatral perdida en Castilla? ¿O estamos, por el contrario, ante una tradición inexistente?
Las opiniones de los críticos oscilan desde posiciones muy abiertas en las que se afirma la existencia de un teatro medieval castellano hasta argumentos muy cerrados que le niegan a Castilla cualquier vestigio teatral durante el Medievo.
Lo que, a primera vista, resulta cierto es que el caso castellano diferencia a esta región del resto en cuanto a la evolución teatral. Parece innegable la escasez de textos con la que se cuenta y es posible que a partir de este escollo y, tras varios intentos por salvarlo, la crítica haya optado por un cambio de perspectiva a la hora de tratar el problema. De ahí que se haya hecho hincapié en el concepto de teatralidad y que se haya mostrado un mayor interés por todo aquello que sin ser estrictamente teatro sí presenta un germen del mismo. A partir de este concepto se abren varias vías de investigación posibles y que dan cuenta de un panorama heterogéneo en el que el debate lejos de cerrarse presenta una pluralidad en cuanto a las opiniones. Obviamente, ante tal situación, parece necesario, aunque difícil, el aunamiento de criterios con respecto a lo que este concepto puede designar. Es decir, ¿qué entendemos por “teatral”? Lo que, sin duda, nos llevaría a un planteamiento sobre lo dramático y a una exigencia por establecer los límites que puedan ayudar a definir el género, con lo que tendríamos una mayor claridad a la hora de establecer qué textos pueden ser tenidos por teatrales y cuáles no.
La Edad Media no sólo nos ha legado el problema de la ausencia de vestigios teatrales en Castilla, sino que, además, y ello ya se desprende de lo dicho más arriba, nos muestra un teatro de características diferentes a las que definen el teatro moderno. Por lo tanto, nos parece obligado resaltar, para comenzar a adentrarnos en la época y en el objeto de estudio de este trabajo, las características propias de lo que a juicio de los críticos es el teatro medieval, una vez planteado de forma general el aspecto central del mismo.
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