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El Concepto de Teatralidad en el Teatro Medieval Castellano - LAS COPLAS DE PUERTOCARRERO: ¿OBRA POÉTICA O TEATRAL?

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CopyLeft Monografía de Mónica Poza Diéguez - 29 de Septiembre de 2006
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10. LAS COPLAS DE PUERTOCARRERO: ¿OBRA POÉTICA O TEATRAL?

La segunda parte de este trabajo consiste en el análisis de un texto concreto a partir del que se procurará deducir si el texto analizado puede considerarse como obra teatral o no. Para ello tendremos en cuenta varios aspectos, algunos de ellos propuestos por Alan Deyermond.

El texto escogido para tal propósito es el titulado “Coplas de Puertocarrero”, incluído en el Cancionero General. Pertenece al curioso género de cancionero poéticos del siglo XV, en forma de debate, y cuyo hibridismo ya resalta Fernando Lázaro Carreter26. Debido a esto, la crítica, por lo general, y salvo algunas llamativas excepciones, ha considerado Las Coplas de Puertocarrero como un texto cuyos elementos dramáticos la hacen merecedora de ser tenida por obrita teatral. Intentaremos ver, a lo largo de estas líneas sí realmente puede y debe ser así.

Comenzamos por los elementos que Deyermond27 considera fundamentales a la hora de calificar a una obra como “teatral”, y ya mencionados en la primera parte de este trabajo.

Los elementos en cuestión son: Diálogo, texto, argumento, tensión dramática, mimesis, representación escénica ante un público, música e icono.

En las Coplas de Puertocarrero no falta el diálogo, primero de los elementos imprescindibles señalados por Deyermond. De hecho, se trata de poesía dialogada en la línea de los debates amorosos, muy frecuentes en la poesía cortesana de la época. Puede decirse que este diálogo es rápido y ágil, con un estilo ligero que el propio Lázaro Carreter compara al del Arcipreste de Hita; ingenioso y dotado de cierto conceptismo.

El texto: también se ha conservado. Está recogido, como se dijo más arriba, en el Cancionero General, aunque Carreter sospecha que puede hallarse muy deturpado debido a ciertas incoherencias, como el hecho de mencionar algunos personajes que no llegan a aparecer en la obrita, etc.

Argumento: Lo hay, pero resulta tan mínimo que Lázaro Carreter se sirve de este inconveniente para considerar las Coplas como una obra de menor importancia. Realmente, hay que decir que el desarrollo argumental queda constreñido debido a la fuerza del diálogo que busca constantemente la forma del debate amoroso cortesano. Así, aunque hay una historia, de cierto es mínima pues lo que se pretende destacar es el lance verbal.

Tensión dramática: Obviamente, este aspecto tiene especial relación con el anterior. Si el desarrollo argumental tiene una importancia no tan decisiva como lo puede ser la del diálogo, la tensión dramática o la solución de un conflicto, también se ve mermada por la misma razón.

Mimesis: Podemos decir que ciertas acotaciones parecen indicar que la obra exigiría unos intérpretes. Este apartado lo desarrollaremos por extenso más adelante.

Representación escénica ante un público: No nos consta que se haya sido representada, pero sí parece susceptible de haber podido ser representada, por lo que cumpliría esta premisa según la cual una obra no sería teatral si sólo es destinada a la lectura privada. El carácter representable parece confirmarse por ciertas acotaciones o indicaciones de movimiento en el diálogo, que parecen exigir la sumisión de unos intérpretes a ellas. A su vez, esto confirmaría la existencia de mimesis.

En nuestra descripción de la obra proponemos otros elementos que pueden ser de interés:

La obra consta de dos personajes, fundamentalmente: la dama, a quien se la menciona como ELLA y Puertocarrero, el pretendiente. Una dama de compañía custodia a la dueña, y otra se menciona a lo largo del texto, sin que podamos asistir a su presencia en escena. Asimismo, aparece mencionado Lope Osorio en dos ocasiones, pero, inexplicablemente, no aparece.

La función de los personajes se halla muy delimitada: los protagonistas realizan un papel antagónico el uno con respecto al otro, dentro de la relación que supone el amor cortés. La dama que acompaña a la dueña es cómplice de ésta, pero su papel en escena resulta mínimo.

La obra se presenta en una unidad en la que alternan diálogo y monólogos de los protagonistas. Podríamos decir que por su desarrollo y extensión tenemos ante nuestros ojos una escenita breve de debate amoroso.

En cuanto a la lengua empleada por los personajes habría que decir que sí hay una cierta caracterización psicológica a partir de cómo hablan. Encontramos un pretendiente zalamero que se duele de los desdenes de su señora y ésta, a su vez, no sólo lo rechaza, sino que desde el comienzo pretende una burla. Ahora bien, los dos personajes desarrollan los términos del debate siguiendo las directrices del género cortesano, lo que no impide ciertas expresiones “castizas”, más propias de quien, como se plantea al inicio de la obra, se encuentra fuera del recinto de la corte. Un episodio irónico y ciertamente gracioso es el que resulta de la mención de frutas a propósito de la merienda que la dama pide que le sirva, lo que no es otra cosa que tratar el mismo tema que hasta este punto se ha dado, pero con un tinte erótico más manifiesto y con una intención bien clara por divertir al espectador.

Por lo que respecta al vestuario, no parece que se de ninguna descripción al respecto, tanto de manera explícita como implícita.

Muy probablemente, esta obrita se representaría en el ámbito de la corte. Quizás se dispusiese un mínimo decorado para situar el lugar escénico en el que discurre la acción y que se divide en dos: La calle por la que pasea Puertocarrero y la ventana desde la que llama la dama y la casa de ésta donde transcurre todo el debate. Existe un elemento que, implícitamente se sugiere: una escalera.

Para las didascalias nos hemos basado e el artículo de Alfredo Hermenegildo28. Distinguimos, por tanto, entre didascalias explícitas e implícitas:

De una manera clara se da en el texto la identificación de los personajes al frente de los parlamentos. Así, tenemos que en el caso de cada cual se indica explícitamente a quién de los personajes le corresponde hablar. En el caso de Puertocarrero aparece el nombre del mismo, para la dama, como ya se dijo, aparece el referente de ELLA, mientras que para la dama de compañía, Jerez: Xerez.

También hay una identificación y clasificación de los personajes en la nómina inicial en un título que, a modo de prólogo, nos adelanta la acción así como los personajes que en ella van a tomar parte, de manera breve, muy al estilo de las obras de la época.

Con respecto al introito o argumento: tenemos a un hombre, Puertocarrero, que al ser llamado por la dama a la que pretende, sube a la casa de ésta donde tiene lugar un diálogo entre ambos en el que él intenta seducirla sin conseguirlo y del que sale malparado y, en cierto modo, burlado, ya que su condición de casado le da pie a la dama para tal cosa.

En lo que se refiere a las acotaciones escénicas, no nos ha parecido encontrar ninguna, con la salvedad de algunas motrices, al comienzo de la obra, en la que se indica que la dama habla a su acompañante, así como que se dirige a Puertocarrero y que él lanza al aire una reflexión mientras sube a la casa de la dama. Más allá de esto, acaban las acotaciones escénicas de una manera explícita.

Las didascalias implícitas se dividen en dos clases: abiertas y cerradas. Nos ocupamos de las cerradas.

No sólo de manera explícita se da la identificación del personaje con el parlamento que le corresponde, también de manera implícita puede verse esta identificación, así, desde el principio, en el que Puertocarrero es llamado por su dama, podemos observar cómo éste responde al ser llamado: “ELLA: ¡Puertocarrero! Puertocarrero: ¡Señora!”.

También tenemos una mínima referencia para saber quién de los dos habla, pues el juego dialéctico nos lo va marcando de continuo, como corresponde.

Las didascalias motrices nos sirven para conocer las entradas y salidas de los personajes, así como los desplazamientos por la escena y los gestos, tanto deícticos como ejecutivos. No tanto las entradas, como la salida de Puertocarrero, queda registrada de manera implícita en el “Cabo” que da pie para el final: “Ya me voy de donde quedo…”. Las formas verbales como “voy, vengo, etc, sirven para ver los desplazamientos que los personajes realizan por la escena a lo largo de la obra. Concretamente, al comienzo, la dama le pregunta a Puertocarrero (quien anda por la calle) hacia dónde se dirige. Más tarde, le pide que suba y él sube. Todo ello indica, mínimamente, movimientos por la escena. En cuanto a los gestos: los pronombres personales, sobre todo, sirven para señalar. Encontramos, por ejemplo: “Hermana, ¿vos no le oís?” Ciertas formas verbales pueden adelantarnos gestos, como los imperativos: “¡Oh, callá, que m´enojais!”. Así como los signos mismos de interrogación o de exclamación. Algunas reflexiones que los personajes hacen para sí también hacen pensar en una cierta gesticulación, sobre todo respecto al público: “(¡Qué digo y qué me responde!)”, que se dice la dama asombrada ante una respuesta de Puertocarrero.

No parece, sin embargo, que el apartado de didascalias icónicas esté lo suficientemente desarrollado, pues no nos ha parecido ver ningún señalamiento implícito a objeto alguno, ni referencia alguna al vestuario, aunque sí se determina el lugar a través de adverbios de lugar como “acá”, empleado para conminar a Puertocarrero para que suba a la casa.

En definitiva, por todo lo visto, puede decirse que Las Coplas de Puertocarrero es un texto poético susceptible de ser representado o que, en definitiva, que, como otros cancioneros poéticos del XV contiene los suficientes elementos dramáticos como para ser considerada teatral, si bien, también resulta cierto, que no se trata de una obra de envergadura, sino que, precisamente por ese carácter híbrido que Lázaro Carreter ha sabido resaltar bien, así como porque la propia obrita no fue concebida, probablemente, al modo de otras o con determinadas aspiraciones, tenemos aquí lo que Pérez Priego ha dado en llamar “experimento teatral”29, lo cual no parece justificar, en modo alguno, su ausencia de las antologías del teatro medieval.

Autor y licencia de 'El Concepto de Teatralidad en el Teatro Medieval Castellano - LAS COPLAS DE PUERTOCARRERO: ¿OBRA POÉTICA O TEATRAL?'
Mónica Poza Diéguez Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/teamedie.html CopyLeft
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