El señor Stallman llega con un ligero retraso sobre la hora prevista de comienzo de su charla y se dirige a un público callado y respetuoso. Habla con gran precisión y sin apenas dudas con un marcado acento de Boston.
RMS (Richard M. Stallman): Esto está hecho para alguien que lleva una horca portátil.
[señala al micrófono corbatero del sistema de megafonía de la sala de conferencias]
No llevo dispositivos de ahorcamiento, así que no tengo donde ponerlo.
[se la engancha a la camiseta]
Yo: ¿Todo bien si lo grabo?
RMS: ¡Sí! [molesto] ¿Cuánta gente tiene que preguntármelo?
Bueno. Se supone que hoy tengo que hablar
[larga pausa]
sobre el copyright contra la comunidad. Esto está demasiado alto.
[señala al micrófono]
¿Qué puedo hacer?
Veamos... no hay control de volumen...
[encuentra el control de volumen en la caja del emisor de radio]
mejor así
OK. Copyright contra la comunidad en la era de las redes informáticas. Los principios éticos no cambian. Son los mismos para todas las situaciones, pero para aplicarlos a una cuestión o situación hay que examinar los hechos de la situación para comparar posibles alternativas, hay que ver cuáles son sus consecuencias, un cambio en la tecnología nunca cambia los principios éticos, pero un cambio en la tecnología puede alterar las consecuencias de las mismas acciones, así que puede alterar los resultados de la cuestión, y esto mismo es lo que ha pasado en el área de la legislación de copyright. Tenemos una situación en la cual cambios en la tecnología han afectado los factores éticos que informan las decisiones sobre legislación de copyright y cambian la política adecuada para la sociedad.
Las leyes que podrían haber sido una buena idea en el pasado son ahora perjudiciales, porque están en un contexto distinto. Pero para explicar esto, debería retrotraerme hasta el principio, al mundo antiguo en el que los libros se hacían escribiéndolos a mano. Era la única forma de hacerlos, y cualquiera que sabía leero también podía escribir una copia de un libro. Claro que un esclavo que se pasaba todo el día escribiendo copias probablemente lo haría mejor que alguien que no lo hacía, pero esto no importa demasiado. Esencialmente, cualquier persona que supiera leer podía copiar libros, todo lo bien que se podían copiar.
En el mundo antiguo no había la tajante distinción entre autoría y copia que tiende a existir hoy.
Había un continuum. Por un lado había alguien, digamos, escribiendo una obra teatral. En el otro extremo podríamos tener a alguien haciendo simplemente copias de libros, pero entre medias habría alguien que, por ejemplo, copia parte de un libro, pero escribe algunas palabras de su cosecha, o escribe un comentario, y esto era algo muy común, y que definitivamente se respetaba. Otra gente podía copiar unos trozos de un libro, y otros trozos de otro libro, y escribir algo por su cuenta, y luego copiar de otro libro, citando párrafos de diversa longitud de muchas obras distintas, y luego escribir otras obras para hablar más sobre ellas, o relacionarlas. Y hay muchas obras antiguas --ahora perdidas-- de las que sobreviven partes en esas citas en otros libros que se hicieron más populares que el libro del que provenía la cita original.
Había un espectro entre escribir una obra original, y copiar. Había muchos libros que estaban copiados en parte, pero mezclados con escritura original. No creo que existiera el concepto de copyright en el mundo antiguo y habría sido muy difícil hacerlo cumplir, porque los libros se podían copiar por cualquier persona que pudiera leer en cualquier parte, cualquiera que pudiera conseguir material de escribir, y una pluma con la que hacerlo. Era, pues, una situación bastante clara y sencilla.
Más adelante se desarrolló la imprenta y la impresión cambió enormemente la situación. Era una forma mucho más eficiente de hacer copias de libros, dando por hecho que todas [las copias] eran idénticas. Y requería equipo especializado y bastante caro, que un lector ordinario normalmente no tenía. Así que, de hecho, creó una situación en la que las copias sólo se podían hacer por negocios especializados, de los que no había un número muy grande. Puede que hubiera cientos de imprentas en un país, y cientos de miles, o incluso millones de gente que supiera leer. Así que la disminución en el número de lugares en los que se podían hacer copias fue tremenda.
Ahora bien: el concepto de copyright se desarrolló junto con la imprenta. Creo que puede... Creo recordar haber leído que Venecia, que era un importante centro de impresión en el siglo XVI también tenía algún tipo de copyright pero no lo he podido encontrar: no he vuelto a localizar esa referencia. Pero el sistema del copyright encajaba naturalmente con la imprenta porque se hacía raro que los lectores ordinarios hicieran copias. Todavía pasa. La gente que era muy rica o muy pobre tenía libros hechos a mano. Los muy ricos lo hacían para ostentar su riqueza: tenían hermosos libros iluminados para mostrar que podían pagarlos. Y los pobres a veces se copiaban a mano sus propios libros porque no podían permitirse las copias impresas. Como dice la canción: "El tiempo no es oro cuando el tiempo es todo lo que tienes". Así que algunos pobres copiaban libros a pluma. Pero en su mayor parte los libros se hacían todos en imprentas mecánicas por parte de editores, y el copyright, como sistema, encajaba muy bien con el sistema técnico. Por una parte era indoloro para los lectores, porque los lectores no iban a hacer copias de todos modos, excepto los muy ricos que presumiblemente podían legitimar el hecho, o los muy pobres que hacían sólo copias individuales y nadie iba a perseguirlos con abogados. Y el sistema era fácil de hacer cumplir, porque había un número limitado de sitios dónde era necesario hacerlo cumplir: sólo las imprentas, y porque no requería, no ponía por medio, una lucha contra el público. No se encontraba uno con que casi todo el mundo intentaba copiar libros y había que amenazarlos con la cárcel por hacerlo.
De hecho, además de no restringir directamente a los lectores, no les causaba mucho problema, porque puede haber añadido una pequeña fracción al precio de los libros pero no duplicaba el precio, de modo que ese pequeño añadido al precio era una carga mínima para los lectores. Las acciones que el sistema de copyright restringía eran acciones que, como lector ordinario, uno no podía hacer, y por tanto no causaban un problema. Y por esto no había necesidad de duros castigos para convencer a los lectores que que lo toleraran y obedecieran.
Así que el copyright era, de forma efectiva, una regulación industrial. Restringía a los lectores y editores pero no restringía al público general. Es como cobrar una tarifa por cruzar en barco el Atlántico. Ya sabéis, es fácil cobrar la tarifa cuando la gente se va a estar en un barco meses o semanas.
Pues bien, según avanzó el tiempo, la impresión se hizo más eficiente. Al final ni siquiera los pobres se tenían que molestar en copiar los libros a mano y la idea se fue olvidando. Creo que es en el siglo XIX cuando la impresión se hizo lo bastante barata para que prácticamente cualquiera pudiera permitirse libros impresos, así que hasta cierto punto se olvidó la imagen de gente de menos recursos copiando libros a mano. Yo oí hablar de esto hace unos diez años, cuando empecé a hablar del tema con gente.
Originalmente, en Inglaterra el copyright se planteaba en parte como una forma de censura. La gente que quería editar libros tenía que pedir la aprobación del gobierno, pero la idea empezó a cambiar y un concepto distinto se expresó explícitamente en la constitución de los Estados Unidos de Norteamérica. Cuando se escribió la constitución se propuso que los autores tuvieran el derecho a un monopolio sobre las copias de sus libro. La idea se rechazó. En su lugar, una idea distinta de la filosofía del copyright se implantó en la constitución. La idea es que un sistema de copyright... bueno, la idea es que la gente tiene el derecho natural a copiar las cosas, pero el copyright como restricción artificial a la copia puede autorizarse con el fin de promover el progreso.
Así que el sistema de copyright habría sido más o menos el mismo de cualquier manera, pero aquí había una declaración del propósito que justifica el copyright. Se justifica explícitamente como una forma de promover el progreso, no como un derecho de los propietarios del copyright. Así que se supone que el sistema va a modificar el comportamiento de los propietarios del copyright para beneficiar al público. El beneficio consiste en que se escriben y publican más libros, y esto se supone que contribuye al progreso de la civilización, a extender las ideas, y como medio para este fin... en otras palabras, el copyright existe como medio para este fin. Así que también se puede pensar en él como en un trato entre el público y los autores; el público renuncia a su derecho natural a hacer copias de cualquier cosa a cambio del progreso que aporta indirectamente, al animar a más gente a escribir.
Ahora bien: parece que preguntarse "¿Cuál es el propósito del copyright?" es una pregunta enrevesada. Pero el propósito de cualquier actividad es lo más importante a la hora de decidir cuándo una actividad requiere modificarse y cómo. Si se olvida uno del propósito, seguro que se equivoca, y desde que se hizo la decisión los autores, y especialmente los editores, han intentado tergiversarla y barrerla debajo de la alfombra. Hay una campaña que durante décadas ha intentado extender la idea que se rechazó en la constitución de los EEUU. Y puedes verla expresada en prácticamente todo lo que se dice empezando y acabando con la palabra "pirata", que se usa para dar la impresión de que hacer una copia no autorizada es el equivalente moral de atacar un barco y raptar o matar a la gente que va a bordo.
Así que si se observan las declaraciones que hacen los editores, se encuentran montones de supuestos de este tipo implíctamente convertidos en hecho, los cuales hay que arrastrar a la luz y cuestionar.