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Esta nota quiere plantear el problema sobre el curioso concepto de “cero” y la curiosa manera de contar los días a partir del número “cero” que existió y existe todavía en el mundo andino y mesoamericano y cuál puede ser la lógica que rige estos conceptos ilógicos para nuestra manera de pensar. Desde este búsqueda resulta que, en el ámbito de los cálculos de los Incas, parecen existir dos tipos de lógica: una lineal y deductiva utilizada en el cálculo cotidiano y en los quipu de número, la otra holística para los cálculos sacros y los capacquipu: ambas basadas sobre conceptos, números y cálculos concretos. La primera, utilizada para los cálculos cotidianos, cuenta a partir de 1, como esta evidenciado en las varias clases de quipu aquí examinados. En cambio el razonamiento holístico utilizado para “llamar” y contar los dioses-números cuenta a partir de la hebra sin nudo que hemos llamado “cero”. Esta curiosidad en la lógica que rige los números sacros incas parece relacionada al hecho que trata de números que son dioses, al igual que los números dioses que llevan los días del calendario sacro mesoamericano dicho tonalpohualli: sin embargo el estudio que estoy efectuando sobre el tonalpohualli del codex Cospi evidencia que los 20 dioses-números del calendario sagrado resultan tan dinámicos que no sólo engloban ya en sí mismos, gracias al sistema del calendario de los 260 dias, los dioses de los puntos cardinales y los 13 dioses de las trecenas, sino que también parecen ser capaces de asumir, cada uno de ellos en modo diferente (pero tal vez ligado a las necesidades religiosas del templo en el cual el tlacuilo redactaba su Codex) a otros dioses a través de micro-símbolos que los representarían (Laurencich-Minelli 2003c, 2002c). Dinamicidad que Lopez-Austin (1989-90 I:268) ya habia evidenciado ser presente en los dioses del olimpo nahua, capaces de cambiar atributo y de fundirse entre ellos. En otras palabras, en el tonalpohualli utilizado más que todo para predicciones y auspicios, es decir para cálculos sagrados, cada uno de los 20 dioses-números parece capaz, aunque en modo diverso, de generar holísticamente una clase de dioses multiformes diferentes de los originales de acuerdo a la lógica que rige los dioses mesoamericanos (Laurencich-Minelli 2003b, 2002e). Lo que parece, como concepto, análogo a los curiosos cálculos holísticos de la matemática sacra inca colonial evidenciados en EI pero a sabienda que, en el caso de Mesoamérica, la dinamicidad de sus dioses es expresada a través de los micro-símbolos de los mismos dioses que se unen entre ellos y, en el caso de los Andes, bajo forma de dioses números que se unen mediante aquella curiosa forma de cálculo que he llamado holística. Este último, utilizado en el ámbito de los números sacros incas para ligar y activar a los dioses, expresa una lógica que no es la lógica occidental lineal, deductiva sino la lógica holística andina cuyos conceptos son siempre concretos (Arnold y Yapita 2000): lógica que se observa también en el hecho que ampliando o reduciendo el número, éste puede asumir en sí mismo más o menos dioses. Es una lógica que expresa un continuo devenir ya sea expansivo ya sea reductivo que procede circularmente como un tornillo sin fin: es decir es un movimiento, un devenir y una interactuación de los dioses que plantea la posibilidad que esta sea la lógica que caracteriza la era cosmogónica en la cual los Aztecas decían vivir, la era ollin, la era movimiento.
En otras palabras Valera en EI, a través de la numerología y de los cantos que transcribe mediante el capacquipu, nos presenta fuerzas sagradas que son como diosas y dioses que no son seres bien definidos incapaces de salir de su personalidad, como los dioses de el Olimpo griego y romano, pero dioses proteiformes, capaces de interactuar y asumir a otros dioses y a otras fuerzas sagradas, cosa que pudo haber favorecido a los Incas al asumir nuevos dioses, como Viracocha, Pachacamac y Pariacaca en su Olimpo. Lógica que permitiría a los dioses y a las fuerzas sagradas de constituir un unicum sacro: el kamaq (que el vocabulario quechua-español estampado por Antonio Ricardo en 1568, traduce como “creador”, es decir el soplo vital): un unicum en contínuo fluir con movimiento circular entre el mundo del los dioses y el de los hombres pero que es diverso de sus componentes simples. Era en efecto un todo, tal vez personificado por el fluir continuo del agua que corre en la tierra y luego sube al cielo bajo la forma de vapor para luego bajar de nuevo a la tierra bajo la forma de lluvia que los sacerdotes intentaban gobernar en su fluir a fin de que no encuentre obstáculos, porque de haber sucedido hubieran ocurrido grandes catástrofes (Earls and Silverblatt 1978).
¿Se trata de una lógica contectada a la cuenta de números que son divinos, como eran también los dias del calendario sagrado o tonalpohualli y que, por lo tanto, era efectuada en el ámbito del razonamiento holístico al igual que la religión mesoamericana y andina?
¿Es este continuo devenir-movimiento de los dioses nahua la base filosófíca de la era ollin, la era que caracteriza el postclásico de Mesoamérica?
Se nececitan ulteriores investigaciones para contestar a estas preguntas: por el momento me parece que hay que subrayar la analogía que hay sobre este tema entre el mundo andino y el mundo mesoamericano y sugerir que la manera de contar los días a partir de “cero” que existe todavia entre los Mayas y los Nahuas actuales puede ser debida al hecho que, en Mesoamérica precolombina los días eran considerados llevados por los dioses al igual que hoy en día son considerados llevados por los santos de nuestro calendario. Además el parecido entre los dioses dinámicos ya sea de Mesoamerica ya sea de los Andes y el concepto holístico que caracteriza los dioses mesoamericanos y los dioses-números incas coloniales nos deja suponer, en espera de ulteriores investigaciones, que la concepción de los números sacros inca coloniales de que refiere EI remonta a tiempos precolombinos.
El razonamiento holístico, al igual que la lógica que rige la manera de calcular los números-dioses, al primer impacto parece ilógico y extraño para nuestro modo de pensar. Sin embargo, desde un examen más detenido del cálculo sacro parece más bien pertenecer a la misma lógica que se diría empapar el modo de pensar lo sagrado, ya sea en Mesoamérica y en Perú, y que además en Bolivia es todavía observable en los pueblos actuales de Aymaras (Arnold y Yapita 2000).
Igualmente, aquel conjunto de operaciones “ilógicas” que hemos visto en el caso de la transformación del canto Sumac Ñusta en números, que parece haber tenido el objetivo de producir tantas cifras divinas que debían de cualquier manera expresar el n.5 ó sus múltiplos y los dioses conectados con este número, parecen un ejemplo de razonamiento holístico.
De cualquier modo parece que los cálculos de los Incas seguían el razonamiento lineal deductivo cuando se referían a objetos que se podían proyectar en el espacio geográfico visible y práctico de la vida cotidiana, es decir, cuando se trataba de cálculos que llamaremos cotidianos, mientras que cuando se enfocaban en los grandes espacios del tiempos sagrado, que habíamos visto considerarse proceder circularmente, venían efectuados según un razonamiento que producia el retorno, el cerrarse en círculo del pensamiento, la falta del infinito en la proyección de las cosas y del mundo pero al mismo tiempo la proliferación del razonamiento holístico multi-direccional que provocaba aquel absurdo, para nosotros, multiplicarse o reducirse de números sagrados y de dioses: aquellos números cuya totalidad no es igual a la suma de sus factores.
El “cero” concreto y la concreción de los números usados para contar cosas concretas, sean mercaderías, tributos, personas o divinidades, proyectándolas en el espacio real y concreto, podrían haber facilitado a los Incas o a sus predecesores el descubrimiento de la matemática de posición, que en los rangos de las unidades, decenas, centenas, miles, etc., recuerda la secuencia de los andenes a modo de graderías ascendentes, que recubrían las montañas. Bajo esta óptica no parece casual la afirmación de P. Valera en EI que el abaco o yupana represente la Tierra, es decir la diosa Pachamama (Laurencich-Minelli 2001a: 42-43).
Concluyendo se infiere que lo sagrado de los Mayas, Aztecas y Incas era regido por una lógica de molde holístico que, quizás, se puede relacionar con el hecho de que las lenguas americanas son aglutinantes, es decir, que los hablantes siguen inconscientemente una lógica holística en la cual gracias a infijos y sufijos, que son morfemas analíticos, el todo, o sea la palabra nueva completada por los afijos es diferente a la suma de sus partes.
De cualquier manera, estas son por ahora sólo hipótesis de trabajo que propongo a los estudiosos en espera de ulteriores investigaciones.
Es cierto que hasta ahora el cálculo de los Incas ha sido considerado en el ámbito de nuestras principales coordenadas: tiempo y lugar. Sin embargo, nos encontramos frente a culturas que realizen el cálculo en coordenadas diferentes a las nuestras, de las cuales la más evidente parece ser la de su espacio antropizado, como desde varios años va afirmando Zuidema.
Tampoco hemos tomado en cuenta que cada una de las partes de su cálculo se define a través de aquella particular relación que lo liga al todo divino, el kamaq.
Ni siquiera hemos considerado el hecho de que las poblaciones indígenas actuales de América, como los Mayas Quiché, y los Mayas Kaqchikel guatemaltecos y los grupos Aymaras bolivianos, que mantienen sus propias tradiciones, no viven (porque no conocen) las condiciones establecidas por la racionalidad occidental, como por ejemplo el principio de la no contradicción, las leyes de identidad, las inferencias deductivas, pero en cambio una lógica holística en la cual A puede ser cualquier cosa de parecido a A pero también distinto de A, residuo de procesos psicológicos e históricos que a nosotros se nos escapan la mayor parte de la veces (Levi-Strauss 1962): contradicciones con la racionalidad occidental que no hay que considerar anomalías en el ámbito de nuestra racionalidad occidental que erróneamente suponemos universal, sino como anomalías aparentes, pues causadas por nosotros mismos cuando intentamos aplicar nuestro pensamiento occidental, que ha desarrollado una fina lógica abstracta, lineal y deductiva al tonalpohualli, a la cosmogonía de la era ollin de los Aztecas, al cálculo sagrado Inca y el pensamiento de los Ayamaras de hoy que, en cambio, parecen haber usado y usar la lógica holística.
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