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Los procesos de vinculación universidad-sociedad involucran el proyecto curricular, esto es, la propuesta de formación, aunque no necesariamente, es decir, que no todos los procesos de vinculación suponen el involucramiento directo del currículo. Por ejemplo cuando un docente o un grupo de docentes como resultado de sus investigaciones deciden por cuenta propia o a través de una oficina en la universidad, comercializar de diversas maneras los conocimientos, implica que el currículo como tal no está directamente involucrado, estas acciones no son consideradas como parte de la formación, sino más bien como actividades para la obtención de beneficios económicos o reconocimientos para los individuos o los colectivos que intervienen.
Diferente es, cuando se realizan los internados empresariales, los semestres industriales, las prácticas de campo o incluso cuando dentro de la carrera se gestionan formas de cooperación con el entorno a través de proyectos empresariales para consolidar la formación en el propio terreno del desarrollo de proyectos productivos o sociales.
En cualquier caso y dependiendo en gran medida del concepto de currículo que se maneje en lo teórico, en lo metodológico y en lo operativo, es posible visualizar que tanto podemos hablar de pertinencia curricular o simplemente de pertinencia institucional. Por ello es importante abordar el análisis del currículo, desde lo histórico, lo teórico conceptual, lo metodológico y en su contextualización interna como externa.
El currículo se constituye en el puente que permite, fomenta y desarrolla la interactividad entre la universidad y el contexto y por supuesto también, entre la teoría y la práctica. Esta idea se desprende de Kemmis1, quien considera que la teoría curricular enfrenta una doble situación. Por un lado, la relación teoría-práctica en el proceso educativo y por otra, la relación entre educación y sociedad. En ese sentido implicaría que el currículo no solamente constituye una propuesta o es un vehículo que concreta la relación entre la sociedad y la educación, sino también, implica un quehacer, una práctica pedagógica. Este hecho, la doble situación del currículo, abriría campos de investigación en las dos direcciones: las prácticas pedagógicas como prácticas curriculares; y, las prácticas curriculares (teoría y práctica), como el puente, la correa de transmisión entre la sociedad y la escuela. De la forma (teórica y práctica) como la escuela (universidad) enfrente esa doble situación, es posible caracterizar la naturaleza del currículo.
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