Podría decirse que el modelo tradicional del currículo basado en las disciplinas y centrado en la enseñanza ha permanecido vigente desde los orígenes mismos de las universidades hasta hoy. Claro se han producido modificaciones o adaptaciones de acuerdo a los paradigmas dominantes en cada estadio de desarrollo, pero la idea básica de un enseñante y un aprendiz, permanece, según Blank: “Hasta cierto punto, el movimiento basado en competencias es una forma de volver al mismo enfoque personalizado e individualizado para transmitir habilidades de un maestro a un principiante. A través de los últimos siglos hemos utilizado el mismo enfoque para enseñar -el maestro muestra a los aprendices como ejecutar habilidades...”29.
Miradas así las cosas, pareciera que no se han producido cambios y de hecho si se han dado. Un cierto desplazamiento del protagonismo del maestro al estudiante, como también una mayor insistencia de involucrar el entorno no simplemente como un referente sino como un objeto de trabajo curricular, eso ha llevado a formular tesis en relación con modelos centrados en el maestro, modelos centrados en el alumno y modelos centrados en la tarea, pero como bien lo sostenía Iván Íllich la institución escolar mantiene su función de socialización y preservación de la cultura.
La globalización con todas sus implicaciones sociales, culturales, políticas y económicas que tiene, ha generado nuevos escenarios para el mundo de la producción, la distribución y la comercialización de la vida, colocando en el centro de esos procesos al conocimiento y modificando las bases mismas de la producción. Por ello es que los diferentes estudiosos han decido denominar a la actual fase del desarrollo social: sociedad del conocimiento, lo que significa que el conocimiento se constituye en el ingrediente más importante del proceso de producción.
Este cambio cualitativo en la producción ha conllevado la modificación de todas las condiciones de existencia de la humanidad y ha generado retos nuevos para las instituciones encargadas de la formación de los talentos humanos. No sólo se ha afectado la vida cotidiana sino todos los procesos culturales y quizás hay un fenómeno que tiene un impacto fundamental en la vida de las universidades: el sector productivo ha tomado como base de su funcionamiento el conocimiento y el sistema de educación superior tiene como base de su quehacer el conocimiento. ¿Significa esto la integración de las universidades y el sector productivo, significa la desaparición de las universidades?, por supuesto que no. Significa eso que las universidades deberán hacer –y de hecho lo están haciendo- un replanteamiento a fondo de su misión y de sus responsabilidades.
Las Universidades frente a los procesos de globalización y desarrollo de la sociedad del conocimiento han reaccionado para tratar de comprender los procesos cambiantes y adecuar sus procesos de formación profesional a los nuevos retos. Las formas tradicionales de formación profesional centradas en las disciplinas, de carácter especializado, con un alto componente escolástico, sin fundamentación en los procesos investigativos entraron en crisis y el mundo globalizado colocó a la universidad y en general al sistema educativo frente a la necesidad de transformar no sólo sus métodos de enseñanza, sino las formas, procesos y contenidos curriculares, así como la organización institucional. Las reacciones han sido de diferente forma: internacionalización curricular, apropiación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, acercamientos con el sector productivo y estatal, desarrollo de ofertas académicas virtuales, modificación de las formas de contratación de docentes, replanteamiento de la investigación (investigación aplicada en vez de investigación académica) y especialmente una revisión a fondo de los currículos.
En este campo es posible observar la apropiación en las Universidades de los discursos sobre flexibilización curricular, Formación profesional Basada en Competencias (FPBC), sistemas modulares, enseñanza basada en la solución de problemas, transversalidad curricular, implementación de ciclos curriculares, y preeminencia del saber aplicado (usos del saber científico en el medio). Sin duda las universidades han reaccionado y buscan modernizarse para no quedarse del tren de la globalización.
Uno de los aspectos más sobresalientes se refiere a la vinculación con el sector productivo. En realidad este proceso aparece como el paradigma de la universidad moderna y podría decirse que de alguna manera las formas de adecuación de los currículos están orientadas en esa dirección.
La primera tendencia o perspectiva curricular que se ha venido imponiendo en el panorama del currículo universitario es la denominada Enseñanza basada en competencia o Educación basada en competencias30 o Formación profesional basada en competencias. Este tipo de perspectiva curricular se encuentra estrechamente ligada con los procesos emanados de la relación entre educación y trabajo, educación y empleo y educación y productividad, “Los enfoques basados en competencias, si bien no constituyen una innovación en sentido estricto, ya que algunos de sus rasgos de origen se ubican en la década de los cincuenta, se presentan como pertinentes... niveles y modalidades del sistema educativo”31.
A decir de Gonczi un buen número de países en todo el mundo han emprendido reformas a sus sistemas de educación superior que les permita una mayor interrelación entre la educación y el lugar de trabajo, entre el mundo de la producción social y el mundo de la producción y reproducción de la cultura por parte del sistema universitario.32
Sin duda la palabra competencia proviene del lenguaje empresarial, igual que la flexibilización (Díaz Barriga), pero su utilización por el sistema educativo para el “ajuste” de las propuestas educativas ha encontrado una gran aceptación y no sólo porque de alguna manera el discurso que subyace a su formulación se encuentra bastante cercano a la denominada pedagogía por objetivos o al análisis conductual de Gagné33 que fundamentó todos los procesos curriculares en las décadas de los sesentas y setentas y de la cual quedaron bases importantes, sino también porque la idea de una mayor racionalización, sistematización e Inter.-relación entre educación y trabajo va a favorecer el binomio educación-empleo, ecuación que ha “martirizado” durante décadas a los planificadores educativos.
La definición de competencia como lo afirma Gonczi34 es difícil por la diversidad de interpretaciones del término, dependiendo del marco en el cual se quiera explicar. De la misma forma como es posible encontrar discursos que relacionan directamente a las competencias con la formulación de objetivos conductuales, de igual forma es posible encontrar discursos que reivindican la EBC como la alternativa más viable en el campo curricular para responder a los retos de la formación en el presente milenio. Hay un aspecto que si llama poderosamente la atención y es que este tipo de propuesta curricular se encuentra muy ligada a sistemas educativos de corte técnico y tecnológico: Sistema de educación vocacional y capacitación de Australia35, Instituto Politécnico Nacional de México, quien a través de una reforma académica adoptó el sistema de competencias y de alguna forma también el Gobierno Colombiano a través de los decretos que reglamentan la creación de los programas de pregrado: Estándares mínimos de calidad para la creación y funcionamiento de programas universitarios de pregrado, aunque apenas aparece mencionado y falta ver si las distintas universidades adoptan el sistema en sus proyectos.
Es difícil sostener que la FPBC sea simplemente un refrito de los planes de instrucción de los años sesenta, en realidad el planteamiento actual del sistema de competencias, si bien mantiene algunas características del anterior sistema como la educación centrada en el aprendizaje, diversos estilos de aprendizaje, definición a priori de las conductas a lograr, apropia algunas nuevas como la participación activa del estudiante, determinación de los contenidos curriculares a partir del “quehacer” de los expertos en los lugares de trabajo, privilegia el uso del conocimiento a la producción del conocimiento, la alternancia (aulas académicas y lugares de trabajo)36, la formación polivalente (dispositivo pedagógico de los sistemas socialistas) y la capacidad de transferencia de las habilidades y destrezas adquiridas de un contexto a otro:
El enfoque de la educación basada en competencias se fundamenta en la capacidad para realizar determinado tipo de tareas o actividades con un alto nivel de calidad, el concepto incluye también la capacidad de transferir los conocimientos y habilidades a situaciones nuevas dentro del área laboral específica y más allá de ésta a profesiones y ocupaciones afines, que permitan la adaptación de los profesionistas a circunstancias cambiantes.37
Algunos estudiosos del tema citados anteriormente sistematizan el enfoque en tres tipos de competencias: técnica o del saber referencial, competencia metodológica o saber hacer y competencia social y participativa o saber ser y convivir, e incluso otras autoras como Cecília Braslavsky38 nos refiere que el perfil del ciudadano del futuro tendrá las siguientes competencias: comunicacionales para la utilización de los diferentes códigos de la comunicación; competencias sociohistóricas o de conciencia de la historia y una profunda formación ética; competencias matemáticas, como estrategia en los procesos de razonamiento; competencias científicas, con la finalidad de proporcionar métodos sistemáticos de investigación; competencias tecnológicas para el uso del conocimiento científico; competencias ecológicas, para desarrollar el sentido y la práctica del desarrollo humano sustentable; y, las competencias críticas y creativas para el análisis, interpretación y valoración de las diferentes situaciones.
No hay duda que en la formulación de Braslavsky encontramos una visión integral de la formación y evidencia que realmente el sistema curricular basado en competencias tiene diversas interpretaciones y diversos discursos, pero siempre hay una constante: la FPBC atiende a las necesidades del capital en el mundo actual: competitividad, productividad, eficacia, eficiencia, lucro permanente, utilidades inmediatas, inversión productiva, comercialización del conocimiento y capacidad de adaptación a las situaciones cambiantes, se encuentra “anclado” en el paradigma tecno-económico-educativo39 dominante en el marco de la globalización y que favorece el desarrollo y concreción del nuevo proyecto cultural y su reproducción.