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El currículo, una construcción como proyecto de vida - MUNDO INDIVIDUAL

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Creative Commons Monografía de Giraldo Javier Gómez - 05 de Noviembre de 2006
Temas Relacionados: Ciencias socialesPedagogía
1. MUNDO INDIVIDUAL

1.1 Una mirada desde lo Individual

En la infancia recorría las calles polvorientas de mi pueblo, buscando con quien jugar, el correr con un aro de llanta quizá se convertía en la competencia a ganar, ser el más fuerte y el veloz, pero no podía con mis hermanos descuidar las labores propias del trabajo en el campo, mi Padre un campesino que al sol y al agua en terrenos propios o en ajenos trabaja la tierra con la esperanza que más tarde rinda frutos y poder mantener a su familia, entre el campo y el pueblo discurre mi niñez, el café, la caña de azúcar y los tejidos en paja toquilla de mi Madre como artesanías y medio de sobrevivencia son importantes, el barrio, los amigos, la calle, el juego y mis travesuras son la vida, inocencia y libertad.

Al cumplir los cinco años de edad y junto a mi hermano mayor para que me cuide, mi Madre nos acompaña al primer día de escuela, el temor, los nervios y el llanto se apoderan de mi, nunca había estado encerrado ni menos obligado a realizar cosas, como formar en filas, estarse quieto en la silla, defenderse de los más grandes, someterme a los castigos por no presentar tareas, el llanto cada día se apoderaba de mi como única forma de rechazo a la escuela. El carácter obligatorio a la asistencia manifestado por la profesora y recordado por mi familia en casa acentuaba el disgusto de ir a un lugar donde le exigían a realizar cosas que como niño no le encontraba rumbo.

La imagen de la escuela como tortura y encierro “un atar de manos” es el recuerdo de una niñez juguetona y llena de travesuras porque eso sí me gustaba, desbaratar, desarmar, dañar, armar, quebrar, pegar, saber por qué y cómo funcionaban los carros de cuerdas y qué tenían por dentro los relojes, los radios, los juguetes, la curiosidad y la pregunta dos herramientas mías que me las robó la escuela.

Lo que la escuela tradicional olvidó, es que el niño, ya consigo, trae sus propias herramientas para ser usadas en el aula y fuera de ella. Al respecto Rousseau ya había mencionado que cada niño según su edad tiene sus propios recursos “el niño tiene sus formas propias de ver, pensar y sentir”1, el estudiante prefiere poner en escena su potencial, la actividad le permite generar motivaciones de conquista, logros que lo hacen sentir que está allí presente, que puede, que quiere, que lo va ha intentar, que es una persona que piensa, es en esa sociabilidad que él se va construyendo como bien lo considera Pestalozzi en la enseñanza mutua donde el aprendizaje cooperativo contribuye a los proceso de investigación y aprendizaje

EL MUNDO INDIVIDUAL se establece o configura desde lo que se ES, pero eso que se ES está mediado por el Otro. ¿Qué es eso del ES? Parece que siempre estamos buscando identificarnos, hay algo en cada uno de nosotros que nos hace distintos, mantenemos diferencias, perduramos en lo particular y convivimos en la singularidad. El ES está referido a la personalidad para convertirse en el SOY, un carácter, una característica, una identidad, un demostrativo de existencia.

Es en la existencia que se encuentra la vida como unidad, por tanto la escuela tiene en su desempeño un reto primordial el cual se enmarca en la proyección de la vida, por consiguiente en búsqueda.

Hemos pasado por generaciones escolares que se han encochado en una tradición, mirando la escuela como el centro donde se ratifican los universales, una escuela que leída desde el funcionalismo solo se detiene a preguntarse sobre los medios y los fines para producir y al mismo tiempo conseguir un resultado, el cual conlleva a un cierto tipo de persona útil por lo que es y por lo que hace, que en palabras de Ralph Tyler2 se estaría consiguiendo desde los objetivos propuestos y evaluados para mirar su efectividad.

La persona lo es por lo que consigue, en el caso de la educación por lo que alcanza, algo que en nuestra sociedad aún está presente, pareciera que tanto Tyler como Johnson estuviesen vivos porque ellos estaban convencidos que la escuela tenía que posibilitar resultados de aprendizaje ya esperados con base en unos contenidos planificados.

La racionalidad técnica expuesta en la escuela desde la planificación y consecución de metas ratifican su finalidad, por tanto el SOY pudiera ser un resultado de la escuela y desde aquí hacemos una reflexión frente a los resultados, nunca me dejaron preguntar, ni participar, el castigo por la no presentación de tareas fue ratificando la rabia que sentía al asistir, lo que el profesor decía y hacía era la ultima palabra, teníamos que repetir de memoria su discurso, bajo la consigna de que “hay que estudiar para llegar a ser alguien en la vida” como si ya no lo fuésemos desde antes de entrar a la escuela. Es por eso que me pregunto ¿en mí cual fue el resultado? Aún llevo conmigo algunos de ellos, el principal y más sobresaliente el temor.

Bajo el surco de la escuela tradicional mantenemos y ratificamos comportamientos y acciones que han penetrado la construcción de la persona, desde aquí se ha realizado uno de los propósitos de ésta, como es el de considerar el comportamiento como alternativa de presión en el actuar humano y aquí un interrogante ¿cuál actuar? La escuela se convierte en la frontera que establece límites entre el YO y el entorno, en consecuencia, surge la disciplina centrada en el buen comportamiento, la moral, la buena postura, enmarcan la docencia como rigor policial y como ejemplo a imitar.

A qué decir de la relación de la escuela con lo social, una aparente respuesta, pero sin embargo no todo lo dicho por la escuela hace de la persona un ideal como propósito de inclusión social, no es válida el acercamiento a otros ámbitos y ambientes, la vida en el barrio, en la vereda, en la familia y con los amigos marcan una huella muy grande, huella que no se puede descifrar con la simple obligación de asistencia a la escuela.

Es entonces que la actuación tiene que ver con la acción, como un principio de estar presente, o sea, que el actuar es presencia y la presencia es personalidad, no en vano existe el espejo, como instancia de mirada y reflejo de la acción, para ir más allá de un simple supuesto, en tal sentido la escuela como campo administrativo y político no se debe configurar desde una sola actividad sino de múltiples actividades en tanto son múltiples las personas actuantes en un devenir compartido. Yo me construyo en el espejo, en la mirada y en la actuación teniendo como hilo de entramaje el lenguaje, para el caso de la escuela tradicional desde los contenidos como único lenguaje.

El lenguaje en la escuela es poder, ya Bruner3 lo decía en la teoría de la instrucción, porque prescribe reglas con respecto al modo más eficaz de lograr conocimientos y destrezas. Es asunto notorio como resultante de la vivencia en la escuela tradicional, una palabra es una orden y por su puesta se debe cumplir “para mañana traen tres planas de...” “quieto no se mueva de...” órdenes, entonces la actuación se limita a la orden ¿y quien da las ordenes?, parece que se niega la persona al establecer órdenes que sólo permiten colocar barreras entre el Yo y lo demás, se niega porque ya no Soy libre, Soy en la obligatoriedad. Más aún cuando el niño, en medio de la imaginación y fantasía, se constituye como ser válido y autónomo, el profesor ordena el estudiante obedece, el patrón ordena el empleado obedece, el medico ordena el paciente obedece, el papá ordena el hijo obedece, no parecen ser casualidades.

La escuela como institución se hace en razón del poder no en razón de los intereses de sus estudiantes. Cuando mi padre me decía “tiene que ir a la escuela” no quedaba más respuesta que asistir, pero ¿que tiene la escuela como único sitio? Una pregunta que intenta explicar el por qué de la escuela y al mismo tiempo polémica porque detrás pareciera que se preguntara sobre ¿y la escuela, para que? En la construcción de la persona la escuela tradicional sí que tuvo que ver, porque, siempre tenemos un algo en la añoranza que nos recuerda lo que la escuela o en suma el profesor no hizo para con nosotros, “si me hubiesen enseñado así entonces sería otro”. Al parecer tenemos muchos reclamos que hacerle a la escuela de lo que hizo, de lo que no hizo y de lo que pudo hacer.

La alianza entre padres y docentes para desplegar todo su poder y aplicar la autoridad se constituye en cimiento de la jerarquía en el mando, en tal sentido los padres autorizan al docente corregir, castigar e imponer sus criterios.

Entonces la formación, desde esta perspectiva, está suscrita a la escuela como inercia de la asistencia, el cumplimiento de tareas, los buenos modales y la presentación personal, dar forma dentro del poder surgido en las relaciones docente – estudiante, que en suma se gestaba en el cumplimiento de contenidos.

Es así que la formación se da mientras haya cumplimiento de órdenes, pero como la escuela tradicional demanda una función social se crea un perfil, para egresar, es así como hablamos de perfil personal, perfil ocupacional o laboral, caracterización de la persona para el vínculo de la escuela con el trabajo.

La respuesta corriente que la escuela brinda está dada por el hacer, entonces en la tecnología encuentra eco, como instancia para la consecución de resultados y poder satisfacer la demanda. El SOY UTIL como instrumento de válido de existencia, para lo cual se hace necesario que los planificadores del currículo le planteen a la escuela su quehacer. Se mira la escuela como empresa sometida a control y requisitos, en tanto, la misma mirada se traslada al estudiante control y requisitos para poder cumplir con los requerimientos exigidos. Qué sabe y cómo lo puede aplicar; Dewey para el contexto de la escuela se constituye en elemento fundamental para sustentar el pragmatismo, como un instrumento de la acción, entonces el reconocimiento de la persona se lo configura desde su hacer en la práctica. Estamos en el marco de la escuela activa, bajo la consigna del “aprender haciendo” con el fin de mejorar el desempeño dentro de una racionalidad científica, económicamente útil y socialmente colaboradora en el trabajo.

La infancia es la excusa irrefutable de acción en la escuela, como también es el pasaporte a su merecida inclusión a un futuro posible, futuro que ha sido efectuado antes en el tiempo y en momentos precisos en consecuencia en la educación, por tanto, se debe adaptar la escuela a los requerimientos sociales, para tener oportunidad de inclusión.

Es bueno o se es malo según el desempeño. No es gratuito que se le dé prioridad a las manualidades en la escuela. Se creía que desde las manos se ejercitaba el cerebro, ero también, al mismo tiempo se privilegiaba la copia, nos colocaban las muestras y los modelos.

Es entonces que para la modernización del País en la segunda mitad del siglo XIX y Siglo XX se requieren de personas que produzcan los contenidos los cuales se deben ajustar a las necesidades en relación con las habilidades; el Arte no se deja escapar, bajo el florecimiento de las Escuelas de Artes y Oficios, se concibe la actividad como un agregado más para el aporte productivo del País, Arte – Oficio – Técnica, son los elementos que se manejan dentro de un concepto de industrialización naciente, la técnica sobrepasa la concepción de arte entonces hay que tener habilidad para aplicar una técnica, por tanto se lo asocia como un oficio.

En consecuencia el currículo es visto como un plan de “materias o asignaturas” con el fin de buscar un desempeño u oficio, para el caso de la educación artística quien aprende la técnica para pintar la puede enseñar, quien aprende a dibujar puede enseñar a dibujar, quien aprende a cantar puede enseñar canto, como cualquier disciplina me refiero a la matemática, ciencias naturales entre otras, en este mismo orden, la docencia se la concibe como oficio.

1.2 Otra mirada de lo individual

El recorrido anterior nos pone en cuestionamiento sobre los aportes de la escuela tradicional y el activismo, sin embargo, el surgimiento de la personalidad en la escuela o sea el Yo o el SOY, se puede analizar desde algunos posicionamientos centrados en el significado de la existencia no como consecuencia sino como persona interrelacionada y pensante que quiere encontrar sentido, para ello nos preguntaremos sobre la no-razón como lo menciona el profesor Darío Botero o como lo manifiesta Henry Giroux la pre-razón, concebida como elementos que el ser humano contiene fuera de la razón, como, los sueños, fantasías, emociones, sentimientos, alegrías, entre otros.

La escuela es el mínimo gesto como lo diría el Doctor Armando Zambrano “para colectivizar las más bellas experiencias sobre los saberes”4 pero también puede ser el epicentro de la comprensión humana. Por consiguiente debe ser preocupación de la formación de maestros y de la consciencia del maestro el estudio sobre la formación del ser humano y su acercamiento al conocimiento.

Uno de los trabajos para la escuela es de preparar en la contingencia y la transformación, educar: para el riesgo, para el cambio, para el no temor, para el ser auténtico, desde esta perspectiva vamos más allá de la democracia propuesta por Dewey además de la democracia como acción pedagógica; ésta sirve para generar planteamientos políticos y sociales.

Para ello es necesario leer la conexión escuela - sociedad - persona, desde las interacciones o el interaccionismo que busca los significados y explicaciones del Yo y el Otro en su complejidad, por consiguiente, el entorno, el contexto y el texto vivido se convierte en algo fundamental para la realización humana. Porque la vivencia es una parte de la vida, es un momento del infinito.

En tal sentido Guidoni (1985) citado por Porlán plantea que “al descubrir el pensamiento natural, lo diferencia claramente del pensamiento científico. Para él, consiste en un proceso individual cuyo objeto no es formalizar teorías acerca del mundo, sino, dirigir el comportamiento dentro de un contexto y de acuerdo a un propósito...”5, esto permite considerar que el ser humano realiza prototipos o esquemas de la realidad más próxima cognitivamente, con ello intenta comprender la ambigüedad en el comportamiento y el contexto, claro está, que son elementos que van mejorando o evolucionando continuamente.

Sin embargo, Habermas6 aporta que las imágenes del mundo lingüísticamente hablando están articuladas con formas de vida, esto es, en la práctica cotidiana como sujetos socializados que juegan con una variada gama de intereses y relaciones, permite mirar el compromiso exigente de vivir en comunidad, porque los actos no sólo involucran la vida de quien actúa sino la vida de los demás, lo que podemos aprender de los otros no es cómo hacer las cosas o el aspecto técnico sino aprender las diferentes formas de dar sentido a la vida humana. “Los actos de habla antes de constatar verdades nos sirven para construir sentidos”7 puesto que en la comunicación reconocemos al Otro.

Es preciso aquí considerar a la escuela como constructora del Yo desde una situación en intención y transformación, para lo cual la fenomenología aporta a la comprensión de la consciencia donde la intencionalidad construye simbólicamente imágenes hacia algo externo a sí mismo, para ello es necesario considerar la experiencia.

Una situación simbolista le permite al Yo, crear contextos y textos para describir una parte de la realidad y que en virtud de ésta sea posible percibir, desear, recordar, etc., es mostrar las cosas en sí mismas. Es así como podemos representar de diferentes maneras una situación.

Desde el Yo puedo generar mi propio Yo, no como prioridad sino como convencimiento que permite aceptarse y aceptar al Otro, en su especificidad y diversidad, es entonces buscar la complementariedad en la proximidad, como el roce más mediato y desde aquí conseguir interpretaciones, entonces la escuela se convierte en un ambiente que genera búsquedas, y desde ella la formación se concibe como: EXPERIENCIA – APRENDIZAJE Y APROPIACIÓN.

  • Experiencia, es un acto del recuerdo, un pasado, está en el tiempo, por tanto la experiencia es una marca, un sentir, una memoria; la escuela, con afán de cambio, puede generar expectativas y poder consolidar personas, una experiencia me toca, me estremece, me pellizca, entonces me debe conducir a la reflexión, en consecuencia, no se puede quedar en un simple acto que pasa, sino, que empuja al pensamiento como situación a posteriori, ella da, para construirme en acercamientos y distancias con el Otro y en cuestionamiento con el conocimiento el cual permite como resultado la interacción e interlocución.

    La unión entre la experiencia y la deducción según Piaget contribuyen al enriquecimiento del conocimiento, en otras palabras la acción del niño que permite un acto intelectual activo puede estar determinado por un marco lógico de operaciones cognitivas que lo conducen a la comprensión del acto y al aprendizaje reflexivo, ésta posición es fruto de la concepción de que todo proceso educativo, a lo largo de la historia se asienta básicamente en una teoría cognoscitiva determinada que da el fundamento definitivo o, al menos, esencial para organizar la actividad de los estudiantes en su proceso de aprendizaje.

  • Aprendizaje, Bruner8 lo establece como la predisposición, lo cual no puede ser tan plausible porque queda reducido a la voluntad, entonces ¿dónde quedan las capacidades y los talentos?, me parece que el aprender es “quedarse con”, lo importante, lo interesante, lo necesario, lo justo, lo práctico, lo teórico es al mismo tiempo concentración, memoria, reflexión. Tiene que ver con lo individual, en tal sentido el aprendizaje es interés, se relaciona más con lo cognoscitivo, es un proceso que se da con el tiempo, en el espacio o momento adecuado y en un impulso interior de gusto y vida.

    Aquí comprendemos un aporte de Lauren B. Resnick donde dice que “ todo aprendizaje verdadero implica pensamiento, que la capacidad de pensar puede nutrirse y cultivarse en cada uno de nosotros y que todo el proyecto educativo debe ser reconcebido y revitalizado para que el pensamiento invada las vidas de los alumnos”9.

    En el mismo sentido Vigotsky10, comparte, que el aprendizaje es mucho más que un “espejo” que refleja el mundo que observamos, involucra el ser pensante que aporta desde la información que recibe, en este aspecto hay similitudes con la obra de Jean Piaget, donde manifiesta que la interacción es primero con el mundo físico, sin querer decir con esto que la construcción del conocimiento está del lado de las sensaciones, estas, se consideran en parte constitutivas y unificadoras para la percepción, de donde resulta la contribución a la configuración cognitiva de representaciones.

  • Apropiación, lo puedo estar relacionando con el aprehender, agarrar, toma de, esto es lo que me sirve, esto es lo más importante, con esto me desenvuelvo, es la síntesis y al mismo tiempo el argumento, es el desde donde, se relaciona más con lo cognitivo.

    ¿Que hago con lo experimentado y lo aprendido? Lo hago mío, y como mío lo puedo aplicar en mi vida, en el trabajo, en mis relaciones con mis amigos, en otras palabras lo convierto en saber.

No podemos separar los tres elementos anteriores, se dan en la interacción y en la conjugación, porque la formación corresponde a la particularidad o sea depende de la persona y desde aquí se puede dar el pensamiento creativo, en la construcción de sentido en el mirar lo cotidiano con otra mirada.

Desde esta perspectiva Kemmis11 habla de un currículo crítico basado en las teorías de Habermas, donde se pretende formar un hombre no solo en la teoría y no solamente en la práctica, sino en la relación dialéctica entre ambas. Un hombre que construya y aplique teorías, que interprete el mundo de lo real, que comprenda lo ideológico dominante, lo comunicativo, la coerción social, su emancipación desde el trabajo en conjunto, la autorreflexión, la injusticia social y la construcción de vida en común, es a partir de estos elementos que se mira la relación directa entre escuela y el Yo persona.

La formación centrada en la experiencia, el aprendizaje y la apropiación se convierte en insumo de búsquedas, encuentros y desencuentros, entradas y salidas, adquisición y transformación de conocimientos, capacidades, hábitos, modelos culturales, estilos de vida, y valores determinados que pueden ser incorporados en el contexto cultural, en el cual se actúa, en otras palabraspensamiento creativo, puesto en verificación con la circulación de la producción de nuevos conocimientos, el uso de técnicas y tecnologías de distribución de la información, comprensión de la esfumada frontera de los saberes, adaptación a la ampliación del intercambio internacional y la democratización de las relaciones sociales, todo esto percibido en una microcultura asumida desde los establecimientos educativos y su intencionalidad.

La Educación Artística ha entendido que la reproducción es la vía contraria al presupuesto anterior, en tanto que, la posibilidad se encuentra en la interpretación de nuevas posibilidades y sentidos, para la comprensión del mundo individual y colectivo, que tomaría como eje central la sensibilidad, la percepción e intención como apoyo generador de cambio tanto en lo personal como en lo colectivo.

Como lo manifestamos anteriormente la formación en el arte estaba inmersa en la habilidad para la copia y su vínculo con la técnica, muy válida para el entonces, establecer una mirada, si esta vieja costumbre tradicional aún perdura en la formación de Licenciados, puede ser una salida, sin embargo, la construcción de teoría curricular permite hablar de posibilidades emergentes o cosmovisiones distintas que pueden partir de la experiencia en sí misma, el aprendizaje como reflexión y convencimiento y la apropiación como proceso encarnado de vivencia compartida.

¿Que es la sensibilidad, la percepción e intención dentro de la construcción del Yo? Una pregunta que nos permite hablar en un comienzo de la representación, la construcción de imaginarios posibles conscientes vinculados al encuentro de sentido, de tal forma que me hago a partir de mis representaciones y para lograrlo pongo en juego la sensibilidad como condición vinculante del Yo persona con el entorno, para que luego sea la percepción la encargada de asumir una posición, la cual genera una intención para poderlo brindar al Otro.

Soy Yo el que pienso, siento, percibo, es mi cuerpo, es mi acción, es un momento, una instancia y un instante, por eso se ama, se odia, se reciente, se distancia y se une, como lo diría el profesor Armando Zambrano en el Otro está el Yo, porque lo reconozco y me reconoce, entonces las representaciones son consciencia hacia el reconocimiento.

Bruner12 entiende las representaciones desde tres maneras distintas, Una primera denominada Preceptiva o promulgatoria que tiene que ver con la derivada de acuerdo a la acción. Una segunda denominada icónica, que se rige por la organización perceptiva, y una tercera que tiene una mirada desde el lenguaje con carácter simbólico particularmente las que son determinadas por palabras.

La experiencia en Bruner es la gestora de estas tres miradas hacia la representación, claro que el referente que toma es la niñez dentro de su forma de pensar y desarrollo intelectual. Creo que es prudente también mirar la influencia del entorno como puntada para armar el sentido y la incidencia en la motivación o emotividad en el pre – y en el - post. En la acción está el pre, la imagen y la palabra escrita u oral es el post, desde esta perspectiva en la representación hay un antes y un después.

Tabla de contenidos
Autor y licencia de 'El currículo, una construcción como proyecto de vida - MUNDO INDIVIDUAL'
Giraldo Javier Gómez Extraído de: http://revista.iered.org/v1n1/html/gjgomez.html

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