El debate sobre la lengua vasca en los periódicos madrileños a comienzos del siglo XIX - La polémica sobre el vascoiberismo
3 - La polémica sobre el vascoiberismo
La polémica sobre el vascoiberismo comienza a consecuencia de la publicación de dos libros. Uno es el Alfabeto de la lengua primitiva en España y explicación de sus más antiguos momentos de inscripciones y medallas de Juan Bautista de Erro y Aspiroz, cuya reseña aparece en la Gaceta de Madrid del 4 de febrero de 1806.
En este libro Erro pretende demostrar que las inscripciones que hay en los fragmentos más antiguos de lápidas y medallas que se encuentran diseminados por toda España:
manifiestan en sus diferentes inscripciones una incontestable prueba de que la lengua vascongada fué algun tiempo la universal de España, y el idioma en que están escritos estos antiquísimos monumentos.
Erro y Aspiroz había seguido para escribir su libro los pasos de Pedro Pablo de Astarloa quien había publicado tres años antes, en 1803, su Apología de la lengua bascongada o ensayo crítico filosófico de su perfección y antigüedad sobre todas las que se conocen.
Astarloa era un apologista del vascuence en lengua castellana. En su libro sostenía que el euskera fue la primera lengua de la humanidad y trató de demostrar su perfección y antigüedad.
En el Plan de la Apología de la lengua bascongada Astarloa pretende corroborar los argumentos de todos aquellos escritores que hasta ese momento habían intentado demostrar que el euskera fue la primera lengua que se habló en España, escritores como Ohienart, Garibay, Larramendi... Pero él va más allá, y pretende demostrar que la lengua vascongada fue formada por el mismo Dios en la confusión de la Torre de Babilonia. Este será uno de los puntos más utilizados por los detractores de esta teoría para atacar el vascoiberismo, como veremos más adelante.
Astarloa también pretende corroborar, utilizando para ello las voces del idioma, su antigüedad:
"se hará ver por la extraordinaria perfección del Bascuence ser la única lengua digna de ser comunicada por Dios al primer hombre."
Julio Caro Baroja encuentra la diferencia fundamental entre Erro y Astarloa en que "si en Astarloa hay misticismo y espíritu piadoso, mezclado con argumentos científicos más o menos sólidos, en Erro parece faltar casi en absoluto la idea del método en las investigaciones, suponiendo sus obras un retroceso con respecto a los intentos de lectura anteriores, en lo que cabe hallar ya la identificación de algunos caracteres del alfabeto monumental más conocido" (1982, 20).
A estos dos libros se une otro cuyo anuncio había aparecido en la Gaceta de Madrid el 19 de julio de 1805, Triunfo de la Semana-HispanoVascongada y del vascuence contra varios censores filosóficos enmascarados, en tres cartas dirigidas á los literatos Españoles de Tomás de Sorreguieta.
No hemos de olvidar, para poder entender la postura de los apologistas, el estado de los estudios sobre la historia de la lengua que había en este momento. Entre los siglos XVI y XVIII se concebió la idea de que había existido un idioma único que en sucesivas disgregaciones había producido las lenguas modernas, esta idea sólo se pudo afrontar desde el punto de vista cristiano. La Biblia exigía un idioma generador y su búsqueda supuso el estudio por parte de muchos eruditos que querían "investir de abolengo divino a la lengua por la cual la palabra de Dios se comunicó a los hombres" (Lázaro Carreter, 1985: 110).
Teniendo pues un idioma único engendrador del resto había que explicar la diversidad de lenguas y se hacía echando mano a la Torre de Babel, sobre ella los escritores de los siglos citados concentraron también su imaginación desbordada, dispuestos a darle una interpretación, en su criterio verosimil y hasta científica" (Lázaro Carreter, 1985: 11 l).
Es aquí precisamente donde aparecen los apologistas vascos, no sólo Erro, Astarloa o Sorreguieta sino también el Padre Larramendi, anterior a ellos, que dotó al vascuence de todas las perfecciones en El imposible vencido. Arte de la lengua vascongada (1729):
En el Diccionario Trilingüe vuelve a afirmarse en estas convicciones y busca el origen del vasco en la Torre de Babel
y si no fue lengua del Paraíso, no perdió esta prerrogativa por falta de mérito, pues no cede a la hebrea en la energía, en la viveza, en la fecundidad y en otras prendas propias del más calificado lenguaje.
Entre los detractores de las obras de los apologistas vascos nos encontramos con el Cura de Montuenga que en 1806 escribe el libro titulado Censura crítica del alfabeto primitivo de España, y pretendidos monumentos literarios del vascuence y cuya reseña aparece en La Minerva.
Por lo tanto podemos apreciar que a comienzos de 1806 nos encontramos con un gran número de libros donde los apologistas vascos pretendían demostrar que su lengua fue la que hablaron Adán y Eva y que supervivió a la mezcla de lenguas de Babel y que por ello "fueron objeto de ataques vigorosos por parte de algunos de otras regiones de España, que ante todo se sentían ofendidos en su amor propio, y lo que debía ser discusión científica y académica se convirtió en pleito de campanarios" (Caro Baroja, 1982:16).
Y no sólo de campanarios sino también de periódicos y diarios.
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