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El determinismo ambiental en Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós - Doña Perfecta

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CopyLeft Monografía de Mª Ángeles Santiago y Miras - 14 de Septiembre de 2006
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2. Doña Perfecta

* Es la tía de Pepe Rey y la madre de Rosario. Representa el inmovilismo de una sociedad que se empecina en vivir de espaldas al mundo real, al progreso, y que prefiere seguir anclada en el pasado. Paulatinamente descubrimos que no hace ningún honor a su nombre. Es una mujer testaruda y plagada de defectos, los cuales se niega a reconocer rotundamente. Su voluntad ha de ser la voluntad de todos los que la rodean, sin tener en cuenta los sentimientos de los demás, ni tan sólo los de su propia hija, Rosario, pues el hecho de encerrarla para que no vea a su primo y hacer creer a todos que no sale de su habitación porque está enferma es un símbolo claro de su cerrazón mental y de su afán de dominio sobre los demás.

Su vileza llega incluso al extremo de dar la orden de asesinar a su sobrino delante de ella en la huerta, la noche en que el joven fue a salvar a Rosario de la prisión a la que su madre la tenía sometida, a liberar a su prima de la locura a la que la estaban abocando.

En la descripción que de ella nos hace Galdós al final de la obra queda patente también que su carácter es antitético, puesto que se muestra abierta, cuando su carácter es áspero. Es sorprendente ver cómo se muestra ante los demás y cómo es en realidad:

(...) Doña Perfecta era hermosa, mejor dicho, era todavía hermosa, conservando en su semblante rasgos de acabada belleza. La vida del campo, la falta absoluta de presunción, el no vestirse, el no acicalarse, el odio a las modas, el desprecio de las vanidades cortesanas, eran causa de que su nativa hermosura no brillase o brillase muy poco. También la desmejoraba la intensa amarillez de su rostro, indicando una fuerte constitución biliosa.

Negros y rasgados los ojos, fina y delicada la nariz, ancha y delicada la frente, todo observador la consideraba como acabado tipo de la humana figura; pero había en aquellas facciones una cierta expresión de dureza y soberbia que era causa de antipatías, Así como otras personas, aun siendo feas, llaman, doña Perfecta despedía. Su mirar, aún acompañado de bondadosas palabras, ponía entre ella y las personas extrañas la franqueable distancia de un respeto receloso; Mas para los de casa, es decir, para sus deudos, parciales y allegados, tenía una singular atracción. Era maestra en dominar, y nadie la igualó en el arte de hablar el lenguaje que mejor cuadraba a cada oreja.

Su hechura biliosa, y el comercio excesivo con personas y cosas devotas, que exaltaban sin fruto ni objeto su imaginación, habíanla envejecido prematuramente, y siendo joven, no lo parecía. Podría decirse de ella que con sus hábitos y su sistema de vida se había labrado una corteza, un forro pétreo, insensible, encerrándose dentro, como el caracol en su casa portátil. Doña Perfecta salía pocas veces de su concha. Sus costumbres intachables y la bondad pública que hemos observado en ella desde el momento de su aparición en nuestro relato, eran causa de su gran prestigio en Orbajosa. Sostenía además relaciones con excelentes damas de Madrid, y por este medio consiguió la destitución de su sobrino. (pp. 281-282).

En este fragmento se resume la manera de ser de esta mujer. Los rasgos con que Galdós nos la presenta abocan a encuadrarla rápidamente en un plano negativo. Podemos así comprender su complicada personalidad, hasta el punto de ver que incluso llega a interferir en el trabajo de su sobrino por un simple capricho: porque sus ideas eran opuestas.

Su hermano Juan, el padre de Pepe Rey, la considera un dechado de virtudes, y así se lo expresa continuamente a su hijo: (...) esa santa y ejemplar mujer, mi querida hermana (...) (pág. 87).

El objetivo que se ha propuesto es casar a su hija con su sobrino Pepe, quien reside en Madrid, para que su única heredera, Rosario, y su fortuna, queden en buenas manos.

En principio éste parece un fin noble, pues es consciente de que en Orbajosa ningún joven es digno de su hija. Solo Jacinto, el sobrino de don Inocencio, tiene una remota posibilidad, pero es de una clase social diferente y, a pesar de ser Doctor en Leyes, aún no tiene labrado un porvenir como el que tiene su sobrino dentro del mundo de la ingeniería.

En la correspondencia con su hermano, Doña Perfecta se muestra como un ser encantador y merecedor todas las alabanzas y confianzas posibles, por el trato correcto que siempre revela en ella. Esto se nos constata en las palabras de Juan Rey cuando recibe una carta de su hermana y la comenta con su hijo:

(...) Perfecta acoge con júbilo mi plan; dice que también había pensado en lo mismo, pero que no se atrevía a manifestármelo, por ser tú... ¿No ves lo que dice? “por ser tú un joven de singularísimo mérito, y su hija una joven aldeana, educada sin brillantez, ni mundanales atractivos...”Así mismo lo dice... ¡Pobre hermana mía! ¡Qué buena es! (pág. 85).

El recibimiento que hace doña Perfecta a Pepe Rey es del agrado del recién llegado, pues se presenta ante él con la misma imagen que tantas veces le ha descrito su padre de mujer afable, bondadosa y de trato cordial, y así nos lo describe Galdós:

En tanto, Pepe bajaba de la jaca, y en el mismo portal le recibía en sus amantes brazos doña Perfecta, anegado en lágrimas el rostro, y sin poder pronunciar sino palabras breves y balbucientes, expresión sincera de cariño.

- ¡Pepe... pero qué grande estás! ... ¡Y con barbas! que parece que fue ayer cuando te ponía sobre mis rodillas... Estás hecho un hombre, todo un hombre... ¡Cómo pasan los años!... ¡Jesús! Aquí tienes a mi hija Rosario. (pág. 92).

Pero no lo puede evitar. Inmediatamente nuestra su carácter firme y comienza a imponer su voluntad, teniendo en este momento como excusa que es el ama de la casa. Se ve aquí que está acostumbrada a mandar y a ser obedecida sin que nadie ponga objeciones a sus mandatos: Despáchate pronto, sobrino. Voy a dar mis órdenes. -le dice- (pág. 93).

Durante el desarrollo de la obra vemos que, en realidad, es una mujer sin escrúpulos, capaz de cualquier acto con tal de no perder su autoridad ni su nivel social. Ceder a las ideas progresistas de su sobrino hubiese sido dar un paso atrás en sus ideales y presentarse ante el pueblo como una mujer débil de carácter a la que dejarían de respetar, lo que tendría como resultado perder su prestigio ante los orbajosenses.

Cuando Pepe Rey acaba conociéndola exclamará: (...) era tan viva (...), posiblemente refiriéndose a su sagacidad y a su falsedad.

Falsa cristiana y egoísta, es totalmente partidaria del anquilosamiento de su ciudad y de luchar contra todo atisbo de progreso, venga de la mano que venga, aunque sea de su propia sangre, escudándose siempre en el conservadurismo que cree lleva consigo el ser cristiano, a la manera por ella entendido y el guardar las buenas formas. Ello lo expresa muy claramente a su sobrino cuando le dice:

(...) -Cuidado, Pepito; te advierto que si hablas mal de nuestra santa Iglesia perderemos las amistades. Tú sabes mucho y eres un hombre eminente que de todo entiendes; pero si has de descubrir que esta gran fábrica no es la octava, maravilla, guárdate en buen hora tu sabiduría y no nos saques de bobos (...) (pág. 103).

Vemos, pues, que con tal de conservar las normas consuetudinarias de su ciudad es capaz de dejarla en la más absoluta ignorancia y repitiendo sus errores, sean del tipo que sean.

Las habladurías de la gente de Orbajosa llegan enseguida a sus oídos. Una de las quejas que tienen de él es que ha entrado a la catedral mientras decían Misa sin respetar el momento de la elevación de la Eucaristía y sin quitarse el sombrero. Por ello su tía le reprende en público, humillándolo, con lo que muestra abiertamente su falsa bondad hacia él:

(...) Mira, sobrino, tengo que advertirte una cosa -dijo doña Perfecta, con aquella expresión de bondad que emanaba de su alma como de la flor el aroma-. Pero no vayas a creer que te reprendo, ni que te doy lecciones; tú no eres niño, y fácilmente comprenderás mis ideas.

(...) No, no es más que una advertencia, Estos señores verán cómo tengo razón.

(...) -Pues no es más -añadió la señora-, sino que cuando vuelvas a visitar nuestra hermosa catedral, procures estar en ella con un poco más de recogimiento.

-Pero ¿qué he hecho yo?

-No es extraño que tú mismo no reconozcas tu falta -indicó la señora, con aparente jovialidad-. Es natural; acostumbrado a entrar con la mayor desenvoltura en los Ateneos, clubs, academias y Congresos, crees que de la misma manera se puede entrar en un templo donde está la Divina Majestad.

-Pero, señora, dispénseme usted -dijo Pepe con gravedad-. Yo he entrado en la catedral con la mayor compostura.

-Si no te riño, hombre, si no te riño. No lo tomes así, porque tendré que callarme.

Señores, disculpen ustedes a mi sobrino. No es de extrañar un descuidillo, una distracción... ¿Cuántos años hace que no pones los pies en lugar sagrado?

-Señora, yo le juro a usted... Pero en fin, mis ideas religiosas podrán ser lo que quieran, pero acostumbro a guardar compostura, dentro de la iglesia.

-Lo que yo aseguro..., vamos, si te has de ofender no sigo... Lo que aseguro es que muchas personas lo advirtieron esta mañana. Notáronlo los señores de González, doña Robustiana, Serafinita, en fin... con decirte que llamaste la atención del señor obispo... Su Ilustrísima me dio quejas esta tarde en casa de mis primas. Díjome que no te mandó plantar en la calle porque le dijeron que eras mi sobrino. (pp. 125-126).

Muchos más ejemplos podrían encontrarse para observar la progresión de los acontecimientos desde el punto de vista de doña Perfecta, como es el caso de negarse a celebrar la boda de su sobrino con su hija, porque los orbajosenses dicen que Pepe es ateo. Pero ella, no solo es la inductora de la idea de dicho matrimonio y, por lo tanto, de la presencias de Rey en Orbajosa, sino también la culpable de que se extienda por el pueblo la falsa idea del ateísmo de su sobrino. Otra muestra de la intención de hacerle la vida imposible a su sobrino hasta el punto de aburrirlo y, por lo tanto, de que abandone Orbajosa voluntariamente, es el hecho de albergar en su habitación a un militar que ha venido con la tropa, para así incomodarlo aún más y obligarle a marcharse voluntariamente.

El culmen de su actuación tiene lugar la noche en que muere Pepe Rey:

(...) Exploró doña Perfecta la oscuridad con sus ojos llenos de ira. El rencor les daba la singular videncia de la raza felina.

- Allí veo un bulto -dijo-. Va hacia las adelfas.

- Es él - gritó Remedios-. Pero allá aparece Ramos... ¡Ramos!

Distinguieron perfectamente la colosal figura del Centauro.

-¡Hacia las adelfas! ¡Ramos, hacia las adelfas!... Doña Perfecta adelantó algunos pasos. Su voz ronca, que vibraba con acento terrible disparó estas palabras:

- Cristóbal, Cristóbal... ¡mátale!

Oyóse un tiro. Después otro (...) (Pág. 287).

Vemos aquí cómo se nos presenta el estruendo del disparo con una connotación, al unir el adjetivo terrible, con la forma del verbo disparar, lo que oscurece el pasaje en el mismo momento en que culmina el hecho que se nos ha ido anunciando durante toda la narración y entorno al cual ha girado toda la novela: el disparo de palabras, la orden de asesinar a Pepe Rey.

La versión “oficial” es que Pepe se ha suicidado en la huerta de su casa y así lo hace creer a todos doña Perfecta, incluso a su cuñado, quien siempre se halla al margen de todos los asuntos. Los acontecimientos acaecidos en Orbajosa los resume así don Cayetano:

(...) No quiero levantar la mano de esta carta sin participar a usted un suceso desagradable: la desastrosa muerte de un estimable joven, muy conocido en Madrid, el ingeniero de caminos don José Rey, sobrino de mi cuñada. Acaeció este triste suceso anoche en la huerta de nuestra casa, y aún no he tomado juicio exacto sobre las causas que pudieron arrastrar al desgraciado Rey a esta horrible y criminal determinación. Según me ha referido Perfecta esta mañana cuando volvió de Mundogrande, Pepe Rey, a eso de las doce de la noche, penetró en la huerta de esta casa, y se pegó un tiro en la sien derecha, quedando muerto en el acto. Figúrese usted la consternación y alarma que se produciría en esta pacífica y honrada mansión. La pobre Perfecta se impresionó tan vivamente, que nos dio un susto; pero ya está mejor, y esta tarde hemos logrado que tome un sopicaldo. (...) (Pág. 289).

En este fragmento queda de manifiesto que don Cayetano ha sido la única persona del pueblo que ha tenido un buen concepto de él y ha sabido apreciar su verdadera personalidad, sin dejarse influenciar ni por su cuñada ni por el Penitenciario, entre otros motivos, porque acostumbran dejarlo siempre al margen de los acontecimientos.

Autor y licencia de 'El determinismo ambiental en Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós - Doña Perfecta'
Mª Ángeles Santiago y Miras Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero22/perfect.html CopyLeft
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