El Diablo Cojuelo - Prólogo
04 de Abril de 2006
Historia de la literatura
A los mosqueteros de la comedia de Madrid
Gracias a Dios, mosqueteros míos, o vuestros, jueces de los aplausos cómicos por la costumbre y mal abuso, que una vez tomaré la pluma sin el miedo a vuestros silbos, pues este discurso del Diablo Cojuelo nace a luz concebido sin teatro original fuera de vuestra jurisdicción; que aun del riesgo de la censura del leerlo está privilegiado por vuestra naturaleza, pues casi ninguno de vosotros sabe deletrear; que nacistéis para número de los demás, y para pescados de los estanques de los corrales, esperando, las bocas abiertas, el golpe del concepto por el oído y por la manotada del cómico, y no por el ingenio. Allá os lo habéis con vosotros mismos, que sois corchetes de la Fortuna, dando las más veces premio a lo que aún no merece oídos, y abatís lo que merece estar sobre las estrellas; pero no se me da de vosotros dos caracoles: hágame Dios bien con mi prosa, entretanto que otros fluctúan por las maretas de vuestros aplausos, de quien nos libre Dios por su infinita misericordia, Amén, Jesús.
Carta de recomendación
(Al cándido o moreno lector)
Lector amigo: Yo he escrito este discurso, que no me he atrevido a llamarle libro, pasándome de la jineta de los consonantes a la brida de la prosa, en las vacantes que me han dado las despensas de mi familia y los autores de las comedias por su Majestad; y como es El Diablo Cojuelo, no lo reparto en capítulos, sino en trancos. Suplícote que los des en su leyenda, porque tendrás menos que censurarme, y yo que agradecerte. Y, por no ser para más, ceso, y no de rogar a Dios que me conserve en tu gracia.
De Madrid, a los que fueron entonces del mes y año, y tal y tal y tal.
Gracias a Dios, mosqueteros míos, o vuestros, jueces de los aplausos cómicos por la costumbre y mal abuso, que una vez tomaré la pluma sin el miedo a vuestros silbos, pues este discurso del Diablo Cojuelo nace a luz concebido sin teatro original fuera de vuestra jurisdicción; que aun del riesgo de la censura del leerlo está privilegiado por vuestra naturaleza, pues casi ninguno de vosotros sabe deletrear; que nacistéis para número de los demás, y para pescados de los estanques de los corrales, esperando, las bocas abiertas, el golpe del concepto por el oído y por la manotada del cómico, y no por el ingenio. Allá os lo habéis con vosotros mismos, que sois corchetes de la Fortuna, dando las más veces premio a lo que aún no merece oídos, y abatís lo que merece estar sobre las estrellas; pero no se me da de vosotros dos caracoles: hágame Dios bien con mi prosa, entretanto que otros fluctúan por las maretas de vuestros aplausos, de quien nos libre Dios por su infinita misericordia, Amén, Jesús.
Carta de recomendación
(Al cándido o moreno lector)
Lector amigo: Yo he escrito este discurso, que no me he atrevido a llamarle libro, pasándome de la jineta de los consonantes a la brida de la prosa, en las vacantes que me han dado las despensas de mi familia y los autores de las comedias por su Majestad; y como es El Diablo Cojuelo, no lo reparto en capítulos, sino en trancos. Suplícote que los des en su leyenda, porque tendrás menos que censurarme, y yo que agradecerte. Y, por no ser para más, ceso, y no de rogar a Dios que me conserve en tu gracia.
De Madrid, a los que fueron entonces del mes y año, y tal y tal y tal.
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