El discurso de Cela - Las explicaciones de Cela
8 - Las explicaciones de Cela
Tras el surgimiento del escándalo Camilo José Cela envió un comunicado a los medios de comunicación que se publicó el día 20 de octubre de 2001. En él explicaba las razones por las que había repetido su discurso, apoyándose en las palabras del premio Nobel de 1947 André Gide: “todo está ya dicho pero, como nadie atiende, hay que repetir todo cada mañana...”. El comunicado fue publicado prácticamente igual que fue recibido y no se añadió ningún dato nuevo. Pero la posición del artículo en cada medio puede explicar la relevancia y las intenciones que los distintos periódicos concedieron a dichas explicaciones.
ABC situó la noticia en página par y en la parte inferior izquierda, parte en la que menos fija su atención el lector. Con esta disposición ABC, al no destacar la noticia, posiblemente pretendía que se olvidara la polémica para que no se desprestigiara la imagen del Nobel. Además las palabras de Cela vienen acompañadas del discurso íntegro de Miguel Delibes, escritor unánimemente reconocido por sus valores literarios y humanos y su discurso se ve reforzado por una foto del propio escritor. Esta noticia connotaría positivamente a la de Cela a causa de la buena imagen pública del escritor vallisoletano. Estos valores positivos pasarían a unirse a la posible significación de las palabras de Cela por metonimia por contigüidad. Por tanto el tratamiento de ABC fue positivo para Cela.
Por su parte, El País introdujo el comunicado dentro de la noticia de la clausura del II Congreso de la Lengua Española, por lo cual también le intenta restar importancia. Sin embargo, al referirse a la polémica para enlazarlo con la publicación del comunicado del escritor, este medio señala: “...por la polémica del muy recurrente discurso en defensa del español pronunciado por CJC desde Sevilla hasta Valladolid.” El País se encarga de recordarnos la polémica de su discurso, pero sólo destaca la parte del comunicado en la que Cela dice que como nadie atiende hay que repetirlo todo cada mañana. Este diario no destaca que Cela se apoya en las palabras de otro premio Nobel, por lo que, mediante dicha omisión, su comunicado aparece en cierto modo vacío de contenido, sin revestirse del prestigio del escritor francés.
En El Mundo aparece la nota tal y como CJC la envió, sin destacar unas palabras u otras por lo que es en este sentido más objetivo. Pero el comunicado aparece remarcado, a modo de despiece de la noticia a la que acompaña, lo cual destaca las explicaciones de Cela por encima del resto. También se destacan las palabras de Delibes en la clausura del congreso que se califican de “humildes”. Por tanto, se puede establecer un contraste entre las palabras de Cela, polémicas primero por la denominación del idioma y polémicas después por ser la tercera vez que se podían escuchar en congresos diferentes, frente a las de Delibes, sencillas, en las que no critica, sino que trata de contar su experiencia literaria y su uso del idioma. El periódico no valora los hechos, pero al situar a Cela frente a Delibes establece ese contraste.
El periódico Levante no le da importancia a las palabras con las que Cela se defendió de las críticas que estaba recibiendo por numerosos medios de comunicación.
Todos los diarios, a excepción de El País, dejaron de seguir recordando la polémica para no perjudicar más la figura de nuestro último premio Nobel, ya que si hubieran querido, al igual que hicieron ABC y El Mundo, hubieran pedido opinión a diferentes escritores sobre la denominación del idioma y sobre que un premio Nobel repita tres veces el mismo discurso. Pero tal vez la figura del escritor hubiera salido demasiado desfavorecida por lo que mediante este tratamiento informativo se nos muestra el distinto punto de vista que manifestó cada medio. ABC y El Mundo intentaron que la imagen del escritor no se viera tan perjudicada, uno de forma más directa que el otro. El País es el único que ha manifestado sus reparos a la actitud del Nobel, lo cual puede justificarse mediante los repetidos rechazos a cualquier colaboración en el medio por parte del escritor gallego.
En general hemos podido ver mediante la consideración de la noticia como una metáfora orientacional la importancia que cada periódico concedía a los hechos. Se puede comprobar que aquellos periódicos con menor afinidad a Cela, El País y Levante se encargaban de destacar, incluso en portada, la repetición de su discurso. Por el contrario, aquellos diarios con los que Cela tenía buena relación, ABC y El Mundo, se encargaban más o menos evidentemente de defender al escritor, colocando la noticia el lugares donde el lector no centra su atención o aminorando su espacio. Por tanto, el periódico que defendió al escritor por encima de las dos polémicas fue ABC, el cual llegó a silenciar datos de la repetición del discurso, pues señalaba que era la segunda vez y no la tercera. En el lado opuesto se encuentran El País y Levante que destacan los datos más negativos para el escritor y otras polémicas en las que se había visto envuelto anteriormente.
Dicho tratamiento se repite en días sucesivos, incluso cuando ya la noticia no era la repetición del discurso, sino las explicaciones del escritor gallego. Por tanto, podemos ver cómo los distintos medios no pueden evitar manifestar su propio punto de vista a pesar de que todos ellos intenten presumir del mito de la imparcialidad. De este modo, se puede observar que la elección de las figuras y los fondos en el mensaje periodístico resulta de capital importancia a la hora de interpretar la información.
Indudablemente, como se señala en el Código de la UNESCO, “el primer compromiso del periodista es el respeto a la verdad” y “la adhesión del periodista a la realidad objetiva”. Ello implica plantear el problema en los términos que afectan al concepto de verdad16. Según la teoría de la correspondencia, iniciada ya en Aristóteles, la verdad es una característica de las proposiciones o enunciados. Si el estado de cosas descrito en una proposición se corresponde con el estado de cosas que se da en el mundo, la proposición es verdadera. Por ello, el informador deberá suministrar los hechos al público sin distorsión subjetiva. Pero dicha transmisión es imposible que se realice sin cierta interpretación, tal como señalan los estudios clásicos de la teoría de la Gestalt. Como precisa Jeffrey Ölen, es difícil que el periodista pueda explicar un conflicto absteniéndose de explicar el significado contextual que el lector desconoce17. Ante estos hechos, los artículos comentados intentan respetar la veracidad en la medida de lo posible. Pero el problema al que nos enfrentamos no es un problema de enunciados, sino un problema de enunciación. La colocación en una página de una noticia concreta no es un hecho casual, sino un acto deliberado y meditado durante bastante tiempo. Por ello el mito de la imparcialidad se destruye cuando un determinado medio publica el escándalo de la repetición del discurso de Cela en una posición preferente, mientras que las explicaciones del escritor, días después, aparecen en un lugar secundario. También se atentó contra la veracidad de los hechos al informar de manera tendenciosa, puesto que no se explicó un hecho tan simple como el que este tipo de repeticiones se da entre políticos, conferenciantes, escritores, profesores, etc. Y todo ello respondió a un fin: la creación de la noticia y la conversión de esta en un espectáculo público con el fin de atender a la captación de la audiencia, lo cual pone en tela de juicio la ética de algunos periódicos y la de sus informadores.
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