Además de la ambición derivada del Poder existe también la ambición de hacer dinero. Podemos decir que en los dos tipos correspondientes a la categoría arriba expuesta el dinero no es probablemente el principal motivador. Pero si quiere pegar el salto incorporando tecnología – no solamente en los procesos administrativos y de ventas sino también en los procesos de producción y logística – y obtener los beneficios de la economía en escala, no le va a quedar más remedio que aprender de lo que sucede en el mundo “de las finanzas y de la economía”. Leer a Robert Kiyosaki (“Padre rico, Padre pobre”; Time and Money network editions - 2000) es muy bueno, aunque quizás no sea totalmente suficiente.
Ahora ha decidido que su empresa salga de la incubadora y está dispuesto a volar más alto de lo que lo hacen los aviones a hélice. Y aquí los peligros que lo acechan son totalmente desconocidos para él, en la mayoría de los casos. Así como por muchos años los aviones a hélice gobernaron los cielos, en sus primeras versiones hacia el modelo “jet” muchos aviones tuvieron accidentes fatales. La historia de los DC 7 hace cuenta de ellos.
La naturaleza del negocio es totalmente distinta y aquellos empresarios que no lo aprenden rápidamente, pueden comenzar a convivir con el fracaso. La historia está llena de ellos. El autónomo y la empresa con menos de 10 personas que realiza ciertas innovaciones en materia de tecnología y se orienta a considerar los aspectos de la economía de escala, va a aprender muy rápidamente que algunos que conocía como “aliados” pueden ser sus enemigos más temibles. Posiblemente ya ha decidido cambiar la personería jurídica bajo la cual opera y ha creado una sociedad de derecho (SA, SRL, más comúnmente) en lugar de una sociedad de hecho a la cual estaba habituado. Ante un volumen mayor de operaciones – ya que se orienta a la economía de escala y adopta innovaciones en materia de tecnología - los Bancos lo consideran más tentador y lo comienzan a obligar a pesar desde una posición financiera cuanto hasta esos momentos su visión, su misión y su forma de operar era mas bien desde una posición de servicio hacia sus Clientes. De aquí en más, son los números que mandan y los Bancos se lo han de hacer saber.
Va a contar también con otro “socio” que es el Estado quien posiblemente envía mensajes que no siempre son correctos y pueden jugarle en contra al empresario. Los políticos y economistas no han leído a John Maynard Keynes en su versión original pero siempre tienen cerca alguien que les resume lo que ellos pueden condensar en sus mentes, y uno de los principios de ambos oficios es el de “trabajar con las expectativas del futuro”. Hay que mencionar que “estamos en crecimiento”, y las estadísticas son suficientemente estrechas como para “hacer interpretar” lo que no es la realidad. Se habla de que el producto bruto del país está en crecimiento y parecería obvio que la gente tendría más dinero para gastar; pero resulta que el dinero no está en poder de la gente sino en los Bancos y las entidades financieras, además del Gobierno, por supuesto.
Aquí el empresario con más de 10 personas se va a dar cuenta que va a estar mucho más visible a los ojos de los recaudadores impositivos, quienes no le han de perder pisada y cualquier movimiento o giro que quiera realizar, como cuando tenía menos de 10 empleados, no le ha de resultar tan fácil. Alguno de sus clientes – que no quiere perder – pueden ser empresas grandes filiales de multinacionales, y el mundo corporativo lo que adora en sus proveedores – y en todo su entorno – es la previsibilidad. Hablan del cambio pero no quieren el cambio y es por ello que este tipo de corporaciones se esfuerza en operar de manera monopólica u oligopólica. Todo lo que se dice en el mundo corporativo respecto de la libre competencia no tiene mucho que ver con lo que ellos hacen; en cambio el empresario Pymes con más de 10 va a aprender muy rápidamente como la libre competencia lo puede llevar finalmente a una guerra de precios entre varias Pymes donde solamente ha de sobrevivir si tiene el suficiente respaldo financiero, y con suerte. Las obligaciones fiscales y como lidiar con ellas, es algo a que no está acostumbrado; además no tiene un experto impositivo como pueden tener las grandes corporaciones que auditan sus firmas con las “Big five” auditoras que además cuentan con servicios especializados de impuestos. Y tampoco tiene la posibilidad de hacer suficiente lobby como para modificar ésta situación. La casi completa desaparición de las distintas Cámaras por Industria y por tipo de empresa Comercial, habla a las claras que ya no tienen opción como interlocutores con los representantes del gobierno tanto a nivel nacional, provincial o municipal.
No solamente el fisco ha de tener su mirada en él. Ahora ha aprendido que con más de 10 personas su empresa cuenta con un delegado sindical que se ha de encargar de que el resto del personal tenga todo lo necesario como para que la empresa no pueda competir dentro de los mercados internacionales. El empresario ha hecho inversiones en tecnología buscando volúmenes mayores para – en base a la economía de escala – poder acceder a mercados internacionales. Pero a los mercados internacionales se accede en gran medida en base al precio, particularmente cuando se trata de países menos desarrollados que no tienen una “historia comercial seria”. Este empleado número 11 – con niveles de productividad que se acercan a cero – no puede tolerar producciones altas, puesto que de ese modo el resto del personal (a quien el supuestamente defiende y protege) se sentiría resentido. Por lo tanto ya los Gerentes y los Jefes a quienes el empresario les paga para alcanzar producciones competitivas, ya no mandan. Los niveles de productividad son establecidos por el grupo de trabajo y el grupo de trabajo los establece en gran medida por lo que decide el empleado número 11. ¿Quien dijo que en la Argentina los directivos y ejecutivos gerencian? En realidad la mayor parte de las veces lo que los ejecutivos y gerentes hacen es lo que ellos mismos denominan como “consensuar” que en un lenguaje claro significa hacer lo que los subordinados perciben que pueden hacer. Y liderar una organización sin gerenciamiento es como creer que uno es capitán de un barco sin timón, o con timón pero con la brújula equivocada.
Pero hay algo más que el empresario Pymes debe saber ahora que se ha atrevido a crecer. Ya no solamente debe saber de economía y finanzas (para aplicar los principios de economía de escala y no colocarse en una posición de desventaja en sus interacciones con los Bancos y las Entidades Financieras), no solamente deber saber de Contabilidad puesto que su Contador le hace sugerencias donde anticipa pagos de impuestos que le carcome el capital de trabajo que requiere de operar, tiene también que aprender de impuestos puesto en muchos casos – y después de muchos años de trabajo duro – se da cuenta que realmente más que un empresario era un agente recaudador del ente impositivo. Pero para mostrar la diferencia entre una empresa Pymes de menos de 10 y una de más de 10, debemos agregar que también va a tener que aprender todo lo que saben los abogados, y en particular los legistas especializados en juicios laborales. En muchas legislaciones, como es el caso de la Argentina, no existe un límite preciso en cuanto a los riesgos de trabajo, y como las empresas de ART (entidades financieras) han establecido límites de responsabilidad, un solo juicio puede echar por tierra la empresa a la que le había dedicado toda su vida el empresario. Y también va a aprender que aunque ha creado una sociedad jurídica dentro de la cual ha sido contratado el personal, este ha de venir contra sus bienes personales, es decir, su auto y su casa. Por lo tanto no solamente puede perder su empresa Pymes de más de 10 personas que el soñaba con hacer crecer, ha puesto a riesgo todos y cada uno de sus bienes, incluso su propio hogar.
Y por supuesto que no sea tan ingenuo como para creer que – si ocasionalmente “gana un juicio laboral” – no ha de tener costas. Aunque parezca increíble, incluso habiendo ganado un juicio, debe pagarle a su letrado y también al letrado del litigante (sí, el que perdió el juicio).
Después de estas experiencias el empresario aprende rápidamente lo que significa retroceder y además aprende que debe realmente estar asociado con los que hasta estos momentos eran sus enemigos mortales. La posibilidad de ser contratista del Estado aparece como una muy buena opción, y la otra consiste en hacer dentro de su país algo similar a lo que hacen las grandes corporaciones en sus filiales: instalarse como monopólicos u oligopólicos. Y aquí ha de aprender a “trabajar con los que hacen las normas y regulaciones en el país”. Si a estas alturas uno le pregunta a este “nuevo empresario” que es un empresario posiblemente lo mire consternado por hacerle ese tipo de pregunta.
Hemos comenzado en esta sección de “empresarios con más de 10 personas” haciendo mención respecto de la importancia del dinero, de aquí en más, a diferencia de lo que sucede con los “autónomos” y las “empresas con menos de 10 personas”. Sin embargo, es bueno tener en cuenta la afirmación de Jean Louis Servan Schreiber (“El oficio del empresario”; Emecé – 1990): “Desde ahora nos arriesgaremos a hacer esta afirmación: raramente se elige ser empresario para hacer fortuna, pero si se quiere hacer fortuna es necesario ser su propio jefe”.
Es posible que esto haya sido cierto en algún momento o por lo menos parcialmente cierto. Como estamos interesados particularmente con el desarrollo de empresario en las distintas culturas latinoamericanas vamos a tratar de ceñirnos a ellos, y las estadísticas no muestran que sean los empresarios y emprendedores pertenecientes a las tres categorías ya vistas quienes han hecho más dinero. En los países latinoamericanos están a la cúspide los contratistas del Estado, los gobernantes, los financistas, algunos sindicalistas (lo que prueba la validez de la “ley de hierro” de Robert Michels: “Political Parties”; Dover Publications - 1959) quienes han desplazado a los empresarios y emprendedores en las tres categorías mencionadas.