El enigma de Melquisedec - MELQUISEDEC

Uno de los puntos esenciales que hacen a la SagradaTradición Primordial es el enigma referente a MELQUISEDEC, mencionado por la Biblia como Sumo Sacerdote del Dios Altísimo. Nos proponemos hoy en este estudio encarar este gran Misterio vinculándolo con otro aún mayor, como lo es todo lo relativo al Rey del Mundo.
Veremos como se vinculan y unifican en torno a este Misterio las Tradiciones Esotéricas de Oriente y Occidente.
Naturalmente basta tan solo mencionar al Rey del Mundo para que las mentalidades fanáticas e ignorantes piensen que se trata en realidad del Princeps hujus mundi (Príncipe de este mundo) del que hablan los evangelios como personificación del mal. Por supuesto no podría cometerse error más torpe y grosero pues, como veremos, el Rey del Mundo es en realidad, de acuerdo a la Tradición Esotérica, el Logos Planetario, es decir el más alto y puro principio espiritual que actúa a nivel terrestre.
Con René Guénon es menester señalar que este tipo de errores (que se repiten una y otra vez, especialmente en sectores dogmáticos y fanatizados) revelan precisamente una mentalidad "satanista" que lleva a la inversión de los valores en forma completa, confundiendo al Sumo Bien con el Sumo Mal (ver Guénon "Le Roi du Monde", Cap.III). Bien entendido, nadie en sus cabales puede hoy admitir seriamente la existencia de Satán o de entidades demoníacas más que en sentido simbólico y figurado. Lo que se trata aquí es simplemente de marcar a fuego a ciertas mentalidades cegadas irremediablemente por la venda fatal de los errores de la ignorancia, el fanatismo y la superstición.
Estamos frente hoy a lo que Ferdinand Ossendowski designó adecuadamente como el "Misterio de los Misterios". Queremos encararlo desde el punto de vista de las tradiciones cristiana, musulmana, hebrea y, principalmente, hinduista.
Presentaremos múltiples testimonios sin privilegiar ningún punto de vista en particular. Cada uno será entonces dueño de aceptar o rechazar el material expuesto o, mejor aún, de profundizarlo ahondando en estas investigaciones. Esta actitud nuestra se debe a que entendemos que todo dogma y todo sectarismo constituyen obstáculos muy graves en la marcha hacia la verdad, penosa ya de por sí. Tales cosas resultan, en último análisis, muestras de ignorancia fanática. Quien en realidad sabe algo no necesita creerlo y es por ello, precisamente, que la creencia y la ignorancia son hermanas inseparables. Tan pronto adoptamos un dogma y lo tornamos idea fija estamos ya confesando que no sabemos en realidad gran cosa respecto de su contenido. Desde el punto de vista iniciático, que es el que nos interesa aquí, la creencia sólo es útil en la medida en que genere devoción en el aspirante hacia un aspecto de la Divinidad o hacia un Maestro espiritual. Es por todo esto que mantener con celo la libertad de conciencia y de pensamiento es uno de los sellos inconfundibles de los auténticos buscadores de la Verdad. Además esta actitud resulta ser una insoslayable necesidad ética pues no hay salvaguardia más eficaz para evitar caer en la vorágine del fanatismo. Bien entendido cómo pueden hablar de Fraternidad, de Unidad o siquiera de convivencia los sectarios que pretenden ser depositarios y dueños de la más alta y única verdad, convencidos de que todos los que no piensan como ellos se hallan en el error?
Naturalmente las posiciones espirituales de tales personas en realidad no son más que tristes caricaturas de lo que es verdadera elevación interior cuando no simulaciones siniestras que encubren la intolerancia más extrema. Si hoy en día, felizmente, ya no existen tantas hogueras para quemar a los heterodoxos es porque el mundo progresa y las religiones van perdiendo poder temporal. De lo contrario nada habría cambiado...
Por una elemental razón de orden comenzaremos nuestro arduo tema de hoy trayendo a colación las citas bíblicas pertinentes. En el Antiguo Testamento hay dos pasajes y uno en el Nuevo Testamento que aluden a Melquisedec, a saber Génesis 14:18-24, Salmo 110 y la Epístola a los Hebreos de San Pablo 7:1-4. Estas son las fuentes que podríamos llamar canónicas dentro de la tradición judeo-cristiana.
Comencemos pues por el Génesis: "Abraham retorna tras vencer a Kedorlaomer y a los reyes aliados de éste. Entonces Melquisedec, rey de Salem (Paz, la aclaración es de San Pablo) ofrendó pan y vino pues era sacerdote del Dios Altísimo (El-Elyon) y le bendijo diciendo:
“Bendito sea Abraham por el Dios Altísimo,
Creador de Cielos y Tierra y bendito sea el Dios Altísimo
que entregó a tus enemigos en tus manos.
Y dióle Abraham el diezmo de todo".
Precisamente, en este entregar el diezmo se reconoce una actitud de obediencia y sumisión de parte de Abraham hacia Melquisedec. Como señalan René Guénon y Jean Tourniac (en sus grandes obras sobre el tema que nos ocupa) esto es evidente de acuerdo al texto mismo y permite rechazar de plano la opinión contraria de algún exégeta hebreo como ser M. Cassuto (citado por Tourniac). Pero esto no es todo. Aquí hay otros aspectos aún más importantes. En primer lugar Abraham reconoce, como adorador del Dios Todopoderoso (El-Schaddai o Emmanuel) que Melquisedec adora a un aspecto más elevado del Dios único como es el Dios Altísimo (El-Elyon).
Vemos además que Melquisedec es a la vez sacerdote y rey de Salem. Pero Salem no es un lugar físico ni era, como a veces se cree, el nombre primitivo de Jerusalem (Ese nombre era Jébus). Salem es un lugar ideal, un arquetipo celeste de la Jerusalem terrestre. Esto equivale a decir con Guénon que, según la terminología tradicional usual, Salem era el "Centro del Mundo" a nivel espiritual o, al menos, un centro secundario y subordinado a aquel.
Esta hipótesis se robustece cuando, por converger en Melquisedec el poder temporal y la autoridad espiritual, se lo sindica como Alto Iniciado en los Misterios. Abraham, cuya autoridad no rebasa el marco de lo meramente religioso y exotérico se subordina al Sumo Sacerdote y Rey y es iniciado a su vez. Esta hipótesis se va a robustecer cada vez más a la luz de las consideraciones que siguen. Pasemos ahora al Salmo 110, del cual la cita es muy breve.
Hela aquí: "Tú eres por siempre sacerdote según la Orden de Melquisedec".
Aquí hemos corregido deliberadamente el artículo "el" que figura deliberadamente en las Biblias sectarias, sustituyéndolo por "la Orden de Melquisedec". También las razones de esto se harán evidentes luego.
Por último hallamos en la Biblia el pasaje de San Pablo el que resulta, si se nos admite la expresión, el más sensacional a este respecto. Dice allí: "y que penetra más allá del velo, adonde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho a semejanza de Melquisedec, Sumo Sacerdote para siempre". Continúa luego San Pablo: "En efecto, este Melquisedec, rey de Salem... sacerdote del Dios Altísimo, que salió al encuentro de Abraham cuando regresaba de derrotar a los reyes y le bendijo, al cual dio Abraham el diezmo de todo entre lo mejor del botín".
Luego se refiere el Apóstol a Levi, indicando que este ya se encontraba en las entrañas de Abraham cuando se pagó ese diezmo y concluye al respecto señalando que "el nuevo sacerdocio (el cristiano) surge a semejanza del de Melquisedec y no del de Aaron", lo que equivale claramente a considerarlo de rango más elevado.
Resulta claro en primer lugar que Pablo se empeña a poner a Cristo a la altura de Melquisedec y no a la inversa como sería dable esperar. Desde luego este hecho merece especialísima atención. Pero, además, en las citas anteriores he omitido algo importantísimo que ahora menciono: San Pablo dice textual y explícitamente al respecto de Melquisedec: "Su nombre significa, en primer lugar, "rey de justicia" y, además, "rey de Salem" es decir "rey de paz", sin padre ni madre, ni genealogía conocida, sin comienzo de días ní fin de vida, asemejado al Hijo de Dios, permanece Sacerdote para siempre".
He aquí elementos nuevos y notables que corresponden o proceden de una tradición extra-bíblica, pues ellos no se encuentran en los pasajes que ya hemos citado antes. El no tener padre ní madre ní genealogía supone para Melquisedec un origen suprahumano, angélico. Estamos pues ante el portal de un gran misterio pues ni siquiera de Jesús podía decir Pablo algo semejante.
Veremos enseguida de esclarecer esto a la luz de numerosos textos provenientes de diversas tradiciones.
Con René Guénon es menester sostener que el esoterismo es la dimensión interna, el corazón y la médula vivificante, en suma el principio legitimador de todo exoterismo (incluyendo en esto último a las co rrientes religiosas convencionales). Lamentablemente ni el autor citado, iniciado en el sufismo y ya antes en corrientes esotéricas occidentales, ni tampoco Jean Tourniac, también iniciado en diversas formas tradicionales, lo fueron en el esoterismo hindú.
Por esta causa les resultó a las claras imposible un planteo integral del problema que nos ocupa, en el sentido de contar con más amplia y profunda información doctrinal al respecto. Este hubiera sido un paso muy grande y deseable en cuanto a perfilar más y más nítidamente la unidad de base de la Tradición Primordial en base a una mejor comprensión del enigma de Melquisedec. Es más, a la "ecuación" que plantea Tourniac:
MELQUISEDEC = TRADICION PRIMORDIAL ,
entendemos se le puede y debe añadir una igualdad más (a partir de la cual se puede juzgar en qué medida eran realmente legítimas las pretensiones de San Pablo):
MELQUISEDEC = NARAYANA (Logos Terrestre).
Obviamente nosotros aquí, por razones de espacio, nos debemos limitar a lo esencial, remitiendo a "Le Roi du Monde" de Guénon y a "Melkitsedeq" de Tourniac para hallar abundancia de citas en lo tocante a la tradición judeo-cristiana.
Aquí resumiremos esa información para detenernos en cambio con gran detalle en la tradición hindú que ellos omitieron por completo. Existe además una fuente siria importantísima que se remonta a los primeros siglos de la era cristiana y que estos autores eminentes también omiten mencionar. De este texto existen también versiones árabes y una versión alemana, debida a Carl Bezold, fue publicada en Munich en 1883 y posteriormente vertida al castellano por Andreas Faber-Kaiser. Se trata de "La Caverna de los Tesoros" (Ed. Obelisco, 1984). Aquí aparece una nueva clave que veremos repetirse una y otra vez. Cito al texto: "Y le dijo Sem a Melquisedec: Tú eres el servidor del Altísimo Dios, porqué a tí solo Dios te eligió para que sirvieras ante El en este lugar".
En esto no hay nada nuevo respecto del texto bíblico salvo la aparición de Sem, hijo mítico de Adán y Eva. Esto es una forma de resaltar el origen atemporal y extra-histórico del sacerdocio de Melquisedec. Pero luego se agrega el hecho anunciado que sera un leitmotiv constante del tema en las más diversas fuentes y tradiciones: Melquisedec en su apariencia externa es un muchacho joven y por siempre conservará tal aspecto y mantendrá su función sacerdotal y real. Desde luego esto evoca de inmediato al Rey del Mundo en la Tradición hindú. Allí se lo venera con el nombre de SANAT-KUMARA,
literalmente "El Eterno Muchacho", así denominado en su aspecto de Maha-Brahma por los más sagrados textos del esoterismo de la India. Luego veremos que la gran vidente alemana Anna Catherina Emmerich se refiere a Melquisedec haciendo exactamente las mismas apreciaciones, como también el gran místico Jakob Lorber.
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