El Franquismo - Oposición y represión bajo el Franquismo

4 - Oposición y represión bajo el Franquismo

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Monografía creado por Jesús Sánchez Rodríguez . Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
18 de Enero de 2006
En este apartado queremos dar una visión general del significado de la oposición a lo largo de la dictadura y de la represión empleada por ésta de manera continua aunque con diferente intensidad durante toda su existencia. El interés de esta parte radica en intentar explicar las razones por las cuales el franquismo perduró hasta la muerte física del dictador, sin que los esfuerzos de la oposición fuesen capaces de acabar con él. En los epígrafes anteriores se han mencionado algunas de las causas de su pervivencia, como la ruptura del aislamiento internacional y su aceptación en la sociedad internacional, la cobertura ideológica brindada por la Iglesia, o una ideología desarrollista desplegada a partir de los años 60 para religitimarse ante amplias capas y mantenerlas en una actitud de resignación pasiva. Pero la represión será un factor decisivo en su permanencia, represión latente en cuanto continuo recordatorio de la guerra civil, y represión activa en fusilamientos, encarcelamientos, despidos, estados de excepción, etc.

Tusell divide a la oposición en tres tipos según la actitud de la dictadura ante ellas y las califica como oposición intrarregimén, oposición tolerada y oposición reprimida.

La primera no era tal oposición sino el conjunto de familias políticas que existían en el interior del régimen, las otras dos sí expresan una diferente forma de oponerse a la dictadura de Franco. La oposición tolerada va a coincidir a grandes rasgos con la oposición monárquica en sus diversas expresiones. Se pueden distinguir tres categorías de monárquicos en los primeros tiempos de la dictadura, los que se sintieron defraudados en una pronta restauración monárquica al ver la rápida consolidación del poder de Franco, los que detestaban el poder que estaba adquiriendo la Falange, y por último, los personajes que ocupaban importantes posiciones políticas y económicas.

Los dos primeros sectores eran muy minoritarios frente al tercero, que sin embargo se mostró muy prudente en la oposición al franquismo18. La oposición monárquica osciló, hasta la pérdida de las esperanzas en un rápido fin del régimen después de la segunda guerra mundial, entre las peticiones rogatorias a Franco, los gestos de distanciamiento de D. Juan y las conversaciones con el sector de la oposición de izquierdas representada en la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas. Sin embargo, una vez despejadas las dudas sobre la pervivencia del régimen, el pretendiente adoptó una política de acomodamiento a la situación con la esperanza de recuperar la Monarquía a través de una estrategia más a largo plazo basada en la necesidad del entendimiento con Franco. El punto de inflexión lo representa la entrevista de D. Juan con Franco y la ruptura del acuerdo de San Juan de Luz firmado con los socialistas en agosto de 1948, a partir de lo cual D. Juan se inclinó por la posición del sector colaboracionista de sus partidarios.

Lo que Tusell denomina oposición reprimida es lo que verdaderamente puede entenderse como oposición al franquismo y estuvo formada en los primeros años de la dictadura por las organizaciones que sostuvieron la causa republicana, especialmente las de izquierdas, y, a partir de los años 60 por una nueva oposición dotada de unas características diferentes. Esta diferencia se debe a los tres períodos por los que pasó la resistencia antifranquista en su lucha contra la dictadura.

El primer período se extiende desde el final de la guerra civil hasta finales de los años 40, cuando se hunden las expectativas de un final rápido del franquismo nacidas al calor de la victoria aliada en la segunda guerra mundial. En esta etapa se reorganizan, en condiciones extraordinariamente difíciles, las organizaciones políticas y sindicales de izquierda y mantienen una difícil lucha en el interior, especialmente a través de guerrillas. La brutal represión de la dictadura diezma continuamente estas organizaciones que, sin embargo, mantienen su actividad impulsadas por las esperanzas que suscitan el desarrollo de la segunda guerra mundial en la que van siendo derrotadas las potencias fascistas. A pesar del difícil entendimiento entre estas fuerzas, como consecuencia del enfrentamiento con los comunistas al final de la guerra civil, sin embargo, logran recomponer su unidad en torno al Gobierno republicano en el exilio al calor de la ilusión de derrocamiento de la dictadura con el final de la guerra mundial.

La desaparición de las esperanzas en un rápido fin de la dictadura hace que todas estas organizaciones entren en un período de desconcierto y postración que durará hasta finales de la década de los 50. En este período se hace una criba de la anterior oposición, solamente el PCE volverá a mantener una actividad digna de tal nombre, el resto de las organizaciones de izquierda apenas harán poco más que mantener las siglas.

El tercer período, que abarca desde finales de los 50 hasta el final del franquismo, se caracteriza por la aparición de una resistencia a la dictadura de nuevo tipo que actuará junto a un PCE que ha cambiado totalmente la estrategia y métodos de lucha. La forman un movimiento estudiantil que se ha levantado contra el régimen en 1956 y un nuevo movimiento obrero que ya no está encuadrado en los sindicatos históricos españoles sino en una organización de nuevo cuño, CC.OO; paralelamente aparecerán nuevas organizaciones de extrema izquierda y el auge de la contestación nacionalista, especialmente virulenta en el País Vasco con el nacimiento de ETA. Solo en los últimos años del franquismo empiezan a aparecer más activas las distintas organizaciones socialistas o los nuevos grupos democristianos. En este tercer período se pueden distinguir varias etapas de una oposición en continuo crecimiento19. La primera se extiende entre 1958-61 y se caracteriza por la promulgación de la Ley de Convenios Colectivos que serviría de marco para el despegue del nuevo movimiento obrero, pues la dinámica de la negociación colectiva potenciaría a las nuevas organizaciones sindicales como USO y CC.OO. La segunda etapa abarca los años que van de 1961 a 1966 en la que se hace claramente presente el nuevo movimiento obrero con las huelgas de Asturias como referencia, se celebra la reunión de Munich y se cierra con la “capuchinada”. En la tercera etapa, entre 1966-70, continua la imparable expansión del movimiento obrero con conflictos tan sintomáticos como el de Laminados de Bandas y se cierra con el juicio de Burgos. La cuarta y última etapa, desde 1970, se caracteriza no solo por la continuación de la expansión de la oposición, sino sobre todo por el establecimiento de plataformas unitarias que indican el grado de madurez de aquella.

El ascenso de las luchas antifranquistas en estos años va a tener una respuesta cada vez más represiva del régimen, aunque no alcanza, por las propias condiciones históricas del momento, la intensidad de sus orígenes. A partir de estos datos se pueden destacar tres características de la oposición antifranquista:

1) A pesar de la amplitud que cobra la contestación, especialmente en los últimos años, sin embargo, lo fundamental es que no llega a conseguir convertirse en un movimiento de masas capaz de poner en peligro real la supervivencia de la dictadura. Tampoco fue homogénea en todo el Estado, pues aunque se expresó de manera mayoritaria en el País Vasco, Cataluña y Asturias y se extendió a algunas otras zonas industriales del país como Madrid, Sevilla, etc., en el resto fue esporádica o inexistente. En realidad se puede hablar mejor de la movilización de amplios sectores concienciados que no terminaron de desembocar en un gran movimiento de masas de cierta permanencia. Ahora bien, si la movilización antifranquista no acabó directamente con el régimen, lo cierto es que jugó un importante papel en cuanto contribuyó a erosionar la legitimidad del franquismo, generalizando la opinión de que éste tendría que desaparecer a la muerte del dictador.

2) El problema de la unidad de la oposición, como un elemento fundamental en la lucha antifranquista y de las posibilidades de acabar con la dictadura, estuvo obstaculizado por el problema comunista, fruto de dos factores complementarios: el hecho de que el PCE se convirtiese en la fuerza principal de la oposición y de que el resto de las fuerzas no comunistas mantuviesen continuamente una política de reservas hacia ese partido como socio de una posible alianza. Esta incapacidad para alcanzar una unidad operativa solo fue superada en Cataluña a finales de los 60 y después de la muerte de Franco para el conjunto del Estado.

3) El peso de la lucha antifranquista recayó de manera fundamental sobre los trabajadores y las capas populares, incorporándose solo algunos sectores de las nuevas capas medias al final de la dictadura. Ahora bien, la actitud de la burguesía pasó como mucho de la clara colaboración a una tibia pasividad, pero nunca a la oposición, y éste es también un dato importante a la hora de explicar la incapacidad de la oposición para acabar con el franquismo. No puede dejar de mencionarse, por último, un factor clave en el mantenimiento durante tanto tiempo de un régimen dictatorial: la represión. Evidentemente, la etapa de represión más intensa y extensa del régimen se produjo en los primeros años, nada más acabada la guerra civil; más tarde la necesidad de sobrevivir en un medio internacional democrático le hizo adoptar una faz más moderada, pero cuando desde mediados de los 60 la oposición antifranquista volvió a cobrar auge la dictadura no dudo en recurrir a los métodos de sus orígenes aunque con una proporción mucho menor.

El estado de guerra declarado por la Junta de Defensa Nacional en julio de 1936 continuó en vigor hasta abril de 1948. Según el estudio de historiadores cercanos al régimen, como el de Ramón Salas Larrazábal, en los años inmediatamente posteriores al final de la guerra la dictadura practicó entre 23.000 y 28.000 ejecuciones, el 80% de las cuales tuvieron lugar entre 1939-4120. Harmut Heine, por su parte, basándose en otro tipo de fuentes, apunta la cifra de 150.000 ejecuciones21. La cifra de presos ascendía en 1939 a más de 270.000 personas y en 1950 aún alcanzaba la cifra de 30.000. Aunque las ejecuciones se volvieron más puntuales a partir de 1950 - como la del comunista Julián Grimau y la de los anarquistas Delgado y Granados en 1963, o ya al final del régimen el agarrotamiento del anarquista Puig Antich y las últimas 5 ejecuciones de miembros del FRAP y ETA -, debido especialmente al fuerte desgaste que suponía para la dictadura la ola de protestas internacionales, que le llevarían en 1975 al aislamiento internacional como en sus orígenes, sin embargo la militancia y actividad en organizaciones clandestinas se pagaron durante toda la existencia del franquismo con un elevado número de años de cárcel y con el sufrimiento de torturas y malos tratos.

Hasta diciembre de 1963, en que se creó el Tribunal de Orden Público, fueron tribunales militares los encargados de juzgar a los militantes de la oposición, pero su creación no supuso el paso de la jurisdicción militar a una civil ordinaria, sino a un tribunal especial creado expresamente para reprimir toda forma de oposición política o sindical, y cuyo número de causas aumentó conforme lo hacía la actividad opositora a la dictadura. A este tipo de represión hay que añadir la producida en forma de despidos, como consecuencia de las huelgas que se sucedían de manera cada vez más amplia al final del franquismo.

Por último, es necesario mencionar lo que podría denominarse la represión en la represión, es decir, la utilización de los denominados estados de excepción, un total de ocho desde 1956, unas veces con carácter general en todo el territorio y otras aplicado solamente a una parte del mismo, especialmente al País Vasco, y que suponían una mayor discrecionalidad aún en la actuación de las fuerzas represivas del régimen.

Para cerrar este apartado, y en relación con la naturaleza del franquismo, Tusell22 sostiene que no hay una correspondencia directa entre la condición más o menos totalitaria del régimen y el grado de represión empleado, argumentando sobre el carácter más totalitario que tuvo el fascismo italiano quién sin embargo fue menos represivo que el franquismo. La razón fundamental del carácter más represivo que tuvo el franquismo se encuentra en la naturaleza de su origen, fruto de una sangrienta guerra civil cuyo recuerdo el régimen se esforzó en mantener continuamente como elemento disuasorio hacia la oposición.



18 Harmut Heine, op. cit., pág. 252

19 Sergio Vilar, “La oposición a la dictadura franquista” en Juan Pablo Fusi, Sergio Vilar y Paul Preston, op., cit., págs. 61-4

20 Estos datos de Ramón Salas Larrazábal han sido recogidos de la obra de Stanley G. Payne, op., cit., pág. 236

21 Hartmut Heine, op. cit. pág. 44

22 Javier Tusell, op.cit., págs. 339-40
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3 opiniones

jenni

muy larga esta horrorosa una maz corta para la otra
monse

muy larga
boludo

fue horrible

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