El hombre de la bandera, un cuento de López Albújar - Aspectos discursivos de El hombre de la bandera (I)
4 - Aspectos discursivos de El hombre de la bandera (I)
"El hombre de la bandera" es el relato que aparece en cuarto lugar en el libro de López Albújar titulado Cuentos andinos. La ordenación de los cuentos y, por tanto, la situación de este relato en la estructura general del libro no es arbitraria, sino que responde a una intención premeditada: después del cuento Los tres Jircas en el que se presentan dos mundos contrapuestos y separados, el grupo intermedio de relatos, al que pertenece El hombre de la bandera, supone un intento de conciliación de esos dos mundos antagónicos, blancos e indios, en un conjunto que representa la unidad nacional.
El relato se presenta dividido en cinco episodios o breves capítulos:
I: Presentación de la situación.
II: Inicio de la acción. Presentación del protagonista.
III: Cuerpo ideológico del relato.
IV: Combate y victoria de los indios.
V: Muerte del protagonista.
Por tanto este relato responde a un planteamiento de tipo tradicional. Se estructura según una fórmula bastante esquemática formada por tres secuencias de tipo narrativo o de acontecimiento:
I:Introducción. Presentación de tiempo , espacio y protagonista (capítulos I y II).
II:Nudo. Formado por el cuerpo ideológico del relato, el combate y la consecuente victoria, (capítulos III y IV).
III: Desenlace: Muerte del protagonista.
No aparece ninguna secuencia no narrativa, de modo que se puede hablar de una narración ágil que atiende sólo al suceso y a la doctrina o mensaje que le interesa al autor. En todo caso, se puede decir que el capítulo tercero es en parte no narrativo. Se trata de una discusión entre los indios y el protagonista sobre la conveniencia de defenderse ante los chilenos y detalla toda la ideología que se sobrepone a la acción misma del relato.
La acción transcurre en el año 1883, en torno a uno de los hechos más importantes de la historia peruana: la Guerra del Pacífico. La historia se inicia con la reunión que tienen los principales jefes indígenas con un miembro de la comunidad, ausente durante bastantes años, llamado Aparicio Pomares de Chupán, que les pone al tanto de la invasión que se ha producido en parte del territorio peruano por las tropas chilenas. Aparicio Pomares intenta convencerles de que deben tomar partido en favor del gobierno peruano, porque el Perú está formado por los mistis, dirigentes de las élites peruanas, y por ellos mismos, indígenas pobres que viven en la zona andina. Al principio, Aparicio Pomares encuentra ciertas reticencias por parte de los indios, pero les dice que él también es indio y que es necesaria la unión de todos los peruanos para luchar contra el invasor, pues, si bien los mistis les han oprimido, peor será la opresión de los chilenos. Al final Aparicio Pomares logra convencerles y todos se dirigen bajo su mando a la batalla definitiva que se resuelve tras un duro combate a su favor. En la batalla es herido el protagonista, el hombre de la bandera, que se retira a las montañas a esperar el descanso definitivo, alejándose de todos los honores que le corresponden como héroe de guerra.
La intriga se presenta "ab initio", es decir los hechos se narran desde el comienzo de la historia con la llegada del hombre de la bandera hasta su final (la muerte del protagonista). Este hecho implica que la estructura temporal sea lineal. El narrador no interrumpe la acción y cada suceso aparece encadenado, uno detrás de otro, a la manera tradicional, siguiendo las pautas de la narrativa decimonónica.
Según la conocida división, planteada por J.L. Borges en el prólogo a La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares, la intriga de este relato responde al modelo de causalidad mimética, propia de la narrativa realista, pues imita la causalidad del mundo real, tal como la presenta la ciencia. La obra pretende, por tanto, ser informe, puesto que el realismo hace de todo precisión.
Por el contenido podemos hablar de una intriga de aventuras. Los contenidos se relacionan con una situación externa al personaje: componentes geográficos, sociales y ambientales se identifican con la situación de Perú a finales del S.XIX.
La intriga sigue el esquema antes propuesto:
I:Introducción. Presentación de tiempo , espacio y protagonista (capítulos I y II).
II:Nudo. Formado por el cuerpo ideológico del relato, el combate y la consecuente victoria, (capítulos III y IV).
III: Desenlace: Muerte del protagonista.
El momento de máxima tensión en la historia coincide con la batalla que enfrenta a los indígenas con el ejército chileno. Por otra parte, el desenlace del relato resulta anticlimático, pues cuando se llega a él, ya ha sucedido lo más importante del relato. En el desenlace únicamente se narra la marcha de Aparicio Pomares a las montañas.
Los personajes aparecen descritos con extrema sencillez. Son personajes planos, aunque huyen del habitual maniqueismo que es corriente en este género. Se suele decir que López Albújar pretendió realizar un retrato de los hombres de Perú tal y como eran, sin entrar en un debate de buenos y malos, considerando que buenos y malos los hay en todas las naciones. En este sentido López Albújar ve la solución, al igual que los novecentistas peruanos, en un proyecto educativo que saque a los indios de la ignorancia. Para ello siempre será necesaria la existencia de alguien que los dirija. Este papel de dirigente es el que cumple el protagonista del relato, Aparicio Pomares de Chupan, pues es presentado como la personalidad que llena un hueco necesario en ese microcosmos del mundo andino, donde sucede la acción:
Pero en esos momentos faltaba un corazón que sintiera por todos, un pensamiento que unificase a las almas, una voluntad que arrastrase a la acción [ 6 ]
En este sentido, el protagonista viene a ser un punto de unión entre los indios y el mundo blanco, el resto de la nación peruana; es el punto de unión que avala la tesis mesticista que subyace en todo el relato y que pone en relación este texto con el pensamiento de Basadre.
El protagonista es presentado en primera persona por medio de su propia voz:
—Quizá ninguno de ustedes se acuerde ya de mí. Soy Aparicio Pomares de Chupán, indio como ustedes, pero con el corazón muy peruano [ 7 ].
Aparicio Pomares se presenta como indio, pero dice que tiene "el corazón muy peruano". Aquí se puede ver la división existente entre los dos mundos del Perú: en un primer lugar, el mundo costeño de la élite blanca, que habita la costa y las grandes ciudades, y luego el mundo andino habitado por indígenas que se dedican a la agricultura y poseen una situación económica mucho más débil. Aparicio Pomares parece participar de ambas condiciones. Es el símbolo que puede aunar ambas tradiciones culturales, pues es indio, pero participa de la condición de peruano, de lo cual se deduce que la tesis mesticista propuesta por López Albújar aboga por la civilización de los indios mediante la desaparición de su cultura y su conversión al mundo blanco.
En voz de Aparicio Pomares surge la tesis de que es necesaria la unión de todos, indios, mestizos y blancos para la construcción de un Perú justo y libre. Los indios no tenían noción de lo que era un estado. Eran pueblos dispersos a lo largo de toda la cordillera andina, sin una organización social que superara el concepto de tribu. Este aspecto queda muy bien reflejado en el diálogo que mantiene Pomares con uno de los dirigentes indígenas:
—Pero las tierras del sur son de los mistis, son tierras con las que nada tenemos que hacer nosotros —arguyó nuevamente el ovasino—. ¿Qué tienen que hacer las tierras de Pisagua, como dices tú, con las de Obas, Cupán, Chavinillo, Pachas y las demás?
—Mucho. Ustedes olvidan que en esas tierras está el Cuzco, la ciudad sagrada de nuestros abuelos. Y decir que el misti chileno nada tiene que hacer con nosotros es como decir que si mañana, por ejemplo, unos bandoleros atacaran Obas y quemaran unas cuantas casas, los moradores de las otras, a quienes no se les hubiera hecho daño, dijeran que no tenían por qué meterse con los bandoleros ni por qué perseguirlos. ¿Así piensan ustedes desde que yo falto de aquí?
Y el abisinio, casi convencido, añadió:
—El que daña a uno de nuestra comunidad daña a todos [ 8 ].
Pomares es a su vez el que define lo que debe ser el estado, la nación de todos los peruanos, tanto del mundo andino como del mundo costeño:
—Así es. ¿Y el Perú no es una comunidad?—gritó Pomares—. ¿Qué cosa creen ustedes que es el Perú? Perú es muy grande. Las tierras que están al otro lado de la cordillera son Perú; las que caen a este lado también son Perú. Y Perú también es Pachas, Obas, Chupán, Chavinillo, Margos, Chaulán... y Panao, y Llata, y Ambo, y Huánuco [ 9 ].
A esta conclusión Aparicio Pomares no llega por casualidad. Ésta es el reflejo de su propia historia que él mismo cuenta:
—(...)Hace cuatro años que me tomaron en Huánuco y me metieron al ejército y me mandaron a pelear al sur con los chilenos. Y fui a pelear llevando a mi mujer y a mis hijos colgados del corazón. ¿Qué iba a ser de ellos sin mí? Todos los días pensaba lo mismo y todos los días intentaba desertarme. Pero se nos vigilaba mucho. Ya en el sur, una vez que supe por el sargento de mi batallón por qué peleábamos, y vi que otros compañeros, que no eran indios como yo, pero seguramente de mi misma condición, cantaban, bailaban y reían en el mismo cuartel, y en el combate se batían como leones, gritando ¡Viva el Perú! y retando al enemigo, tuve vergüenza de mi pena y me resolví a pelear como ellos. ¿Acaso ellos no tendrían mujer y guaguas como yo? Y como oí que todos se llamaban peruanos, yo también me llamé peruano. Unos peruanos de Lima; otros peruanos de Trujillo; otros peruanos de Arequipa; otros peruanos de Tacna. Yo era peruano de Chupán... de Huánuco [ 10 ].
Es a través de su propia historia como Aparicio Pomares descubre que la identidad peruana está en cada uno de sus habitantes. Es a través del sufrimiento común ante una causa adversa como el protagonista rechaza la antigua división del Perú entre mistis e indios y como rechaza la identificación que hacen los indios entre blancos e indios.
Al final del relato el narrador descubre que, al igual que pensaba el protagonista, Perú no puede prescindir de los indios, pues ellos han sido los causantes de la victoria:
Esta pequeña victoria, humilde por sus proporciones y casi ignorada, pero grande por sus efectos morales, basto para que, horas después, al amparo de la noche, los hombres de la paz y los hombres del saqueo evacuaran furtivamente la ciudad. Huánuco, cuna de héroes e hidalgos, acababa de ser libertada por los humildes shucuyes del Dos de Mayo [ 11 ].
Antonio Pomares responde a los moldes clásicos del héroe: es valiente, responsable, con capacidad de mando. Además tiene experiencia en la guerra y se ve por encima de sus enemigos, aunque no los desprecia y sólo los considera inferiores en la batalla:
En varias partes me he batido con ellos... En Pisagua, en San Francisco, en Tacna, en Tarapacá, en Miraflores. Y he visto que como soldados valen menos que nosotros [ 12 ]
Antonio Pomares es presentado como el dirigente de la gesta actuando como gran militar durante la batalla, papel que resulta muy extraño en la literatura indigenista en el Perú:
Este, con agilidad y resistencia increíbles, recorría las filas, daba un vítor aquí, ordenaba otra cosa allá, salvaba de un salto formidable un obstáculo, retrocedía rápidamente y volvía a saltar, saludaba con el sombrero las descargas de la fusilería, se detenía un instante y disparaba su escopeta, y, enseguida, mientras un compañero se la volvía a cargar, empuñaba la honda y disparaba también [ 13 ].
En medio de la gesta le acompaña el símbolo de unión de todos los peruanos, el símbolo de la nación, la bandera que da título al relato y que él mismo les enseña a los indios:
(...) esta bandera es Perú; esta bandera ha estado en Miraflores. Véanla bien. Es blanca y roja, y en donde ustedes vean una bandera igual allí estará el Perú. Es la bandera de los mistis que viven allá en las ciudades y también de los que vivimos en estas tierras [ 14 ].
Con esta misma bandera será enterrado Aparicio Pomares a petición propia, como señal de admiración y respeto a su patria. Tendrá una enterramiento humilde, sin glorias ni honores, tan sólo un párrafo del narrador que suena a epitafio:
Y así fue enterrado el indio chupán Aparicio Pomares, el hombre de la bandera, que supo, en una hora de inspiración feliz, sacudir el alma adormecida de la raza.
De esto sólo queda allá, en un ruinoso cementerio, sobre una tumba, una pobre cruz de madera, desvencijada y cubierta de líquenes, que la costumbre o la piedad de algún deudo renueva todos los años en el día de difuntos [ 15 ].
El texto de López Albújar muestra una polarización entre dos grupos que constituyen dos personajes colectivos que, a su vez, representan los dos bandos de la batalla.
Por una parte, encontramos a los indios, a los cuales se les mira como un grupo separado del mundo moderno y que, según la visión del narrador, como hemos podido comprobar, considera que deben ser incorporados a la sociedad, para contribuir con toda su capacidad a la construcción de la nación peruana. Muestra de este aislamiento es su desconocimiento del mar, de la costa, del mundo moderno:
—¿Cómo es el mar, taita?—exclamó uno de los jefes.
—¿Cómo es el mar...? Una inmensa pampa de agua azul y verde, dos mil, tres mil veces más grande que la laguna de Tuctu-gocha, y en la que pueden caminarse días enteros sin tocar en ninguna parte, viéndose apenas tierra por un lado y por el otro no. Se viaja en buque, que es como una gran batea llena de pisos, y de cuartos y escaleras, movida por hornos de fierro que tragan mucho carbón. Y una vez adentro se siente uno mareado, como si hubiese uno tomado mucha chacta [ 16 ].
Este desconocimiento explica el hecho de que no sepan nada de la guerra, puesto que el dominio de la costa era la causa de la Guerra del Pacífico.
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