A partir de la década de los 60, cuando la crisis ambiental empieza a manifestarse con claridad, la preocupación por integrar la variable ecológica en la economía da lugar al desarrollo de nuevos conceptos, entre ellos: ecodesarrollo, desarrollo integrado, crecimiento orgánico y múltiples acepciones del término “desarrollo sostenible”. Este debate se mantiene circunscrito, casi exclusivamente, al mundo académico hasta la publicación, en 1987, de “Nuestro futuro común”, documento elaborado por la Comisión Mundial para el Desarrollo y el Medio Ambiente. El Informe Brundtland, como se conoce también, populariza el concepto y la interpretación concreta que hace de él:
“Desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.”
El concepto tiene el acierto de esbozar una filosofía, de apuntar una dirección general de actuación que puede ser útil. Éstos son sus rasgos básicos:
· Deja clara la necesidad de conservar los recursos naturales.
· Asume la existencia de límites físicos que hacen imposible el crecimiento sin fin.
· Enfatiza la necesidad de alcanzar objetivos sociales (satisfacer las necesidades de la generación actual y de las futuras), en lugar de objetivos individuales.
· Está inspirada en la solidaridad intra e intergeneracional.
a) Medio ambiente y actividad agraria
Desde la deforestación hasta la plena utilización agraria de un terreno, la preparación de la tierra para la agricultura ocasiona un importante impacto medioambiental, que es cada vez mayor a medida que aumenta la superficie a cultivar.
- Deforestación: aumenta la acción erosiva de los suelos, influyendo en las características de la cuenca hidrográfica.
- Roturación: provoca alteraciones en la estructura originaria del suelo, con diversas consecuencias (falta de aireación, decrecimiento de la fertilidad). Asimismo provoca el deterioro de la calidad del agua al modificarse los minerales y sedimentos en suspensión.
- Regadío: la extracción masiva de agua de los acuíferos puede provocar la desertización de la zona; en la construcción de pantanos o canalizaciones se modifican los lechos fluviales y el paisaje, creándose además un microclima al aumentar la humedad de la zona. También influye en la calidad de las aguas al modificar el contenido de sales solubles.
- Cuidado de la tierra y de las plantas: aporta elementos contaminantes por la nutrición (abonado) y protección (fungicidas, fumigantes, etc.).
El problema más grave que se presenta es el de la contaminación de los suelos, ya que los contaminantes pueden trasladarse a las aguas de ríos, pantanos, lagos y mares. El abuso de los fitosanitarios destruyen las defensas naturales de las plantas y los equilibrios ecológicos, aparte de quedar éstos depositados en los suelos. La utilización indiscriminada e incontrolada de productos químicos provocan perturbaciones y mortalidad de determinadas especies, con lo que se provoca un desequilibrio ecológico.
La actividad ganadera también da lugar a contaminaciones diversas a través de sus vertidos y excretas; estas últimas pueden provocar serios problemas a partir de la lixiviación de sustancias procedentes de su acumulación, afectando a las aguas subterráneas.
b) Medio ambiente y actividad industrial
En una primera etapa, la industria se enfocó como medio imprescindible para aumentar la productividad, los beneficios económicos y el nivel de vida. Pero en la época postindustrial el hombre toma conciencia de los resultados consecuencia de su indiferencia al medio: desastres ecológicos, atmósfera irrespirable, lagos y ríos sin vida, etc.
Hay dos tipos de contaminación industrial: a) clásica, debida a emanaciones de industrias químicas y metalúrgicas y de la combustión del carbón. Típica de la Revolución Industrial, aún se da hoy en día y b) mderna: muchísimo más grave que la anterior, se debe sobre todo a los hidrocarburos.
La actividad industrial es responsable del vertido de numerosos contaminantes: partículas en suspensión, ya sea debido a tratamientos industriales o por combustión incompleta; gases, debidos a reacciones químicas con o sin combustión; vertidos sólidos y líquidos, cuya filtración o vertido directo en las aguas provoca enormes problemas ambientales.
La acción contaminante de la industria puede ser directa o indirecta. En el primer caso se produce debido a los procesos de fabricación, mientras que en el segundo las emisiones contaminantes son responsables de las lluvias ácidas. Las industrias más contaminantes son, según Ehrlich, las plantas de celulosa y pasta de papel, las plantas siderúrgicas, las refinerías petrolíferas, los talleres de fundición y las industrias químicas. Aparte de las emisiones normalmente previstas, hay hechos casuales que pueden desencadenrar gravísimos problemas (Chernóbil, Seveso), cuyas dimensiones no han podido ser evaluadas aún de forma definitiva.