1 - El jolgorio efímero

Monografía creado por Fernando Sánchez Alonso. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/jolgor27.html
30 de Agosto de 2006

Hacia 1920 el modernismo literario ha muerto. Sólo algunos recalcitrantes como Francisco Villaespesa o Emilio Carrere, entre otros, le guardan una candorosa fidelidad de Penélopes. Tras la primera guerra mundial (1918), en Europa corre un vientecillo optimista que el crack de la Bolsa de Nueva York del 29 no tarda en convertir en ciclón, dejando a su paso un reguero de funestos augurios que preparan el estallido de la segunda guerra mundial, y en España el de la guerra civil. Es, con todo, en esos happy twenties cuando Stalin y Mussolini suben al poder. Nuestro país, en la década de los veinte y primeros de los treinta, repite en Annual (Marruecos) el desastre de Cuba y Filipinas, conoce la dictadura de Primo de Rivera, la falda de plátanos de Josefina Baker, la febril actividad de los estudiantes izquierdistas de la F.U.E. (Federación Universitaria Escolar), el alivio de la Segunda República, el desnudo de Hedy Lamarr en las pantallas jadeantes del cine, el yugo y las flechas falangistas y, finalmente, el 18 de julio de 1936, la guerra.

Pero volvamos al pelo a lo garçon de las señoritas y a los prósperos automóviles de los años veinte. Con la irrupción de las vanguardias en esta década (el cubismo y el futurismo son anteriores) se produce un cambio, una ruptura mucho más profunda y drástica de la que supuso el modernismo con respecto a la literatura de la Restauración. Ambos movimientos, no obstante, tienen algo en común. Efectivamente, lo mismo que el modernismo contó con un profeta, Salvador Rueda, así también las vanguardias en España tuvieron en la genial y oronda figura de Ramón Gómez de la Serna su heraldo y en la Revista de Occidente uno de sus principales órganos de difusión, donde publicarían los poetas del 27.

Toda esta balumba de movimientos artísticos de los años veinte (imaginismo, creacionismo, ramonismo, ultraísmo, surrealismo, dadaísmo, expresionismo, adanismo, etc.) comparte idéntica exaltación de lo lúdico, un afán de originalidad y un deseo de proscribir el arte de la vida.

De la epidemia de "ismos" señalados en el párrafo anterior los más influyentes en la poesía del grupo del 27 fueron el ramonismo (Cernuda notó greguerías en Lorca), el ultraísmo, el creacionismo y, sobre todo, el surrealismo. Así lo manifestaba Jorge Guillén: "‘Ismos’ no hubo más que dos, después del ultraísmo preliminar: El creacionismo, cuyo Alá era Vicente Huidobro, eminente poeta de Chile, y cuyos Mahomas eran Juan Larrea y Gerardo Diego, y el superrealismo, que no llegó a cuajar en capilla, y fue más bien una invitación a la libertad de las imaginaciones". Por razones de espacio no podemos detenernos en el examen de estos movimientos, pero sí hemos de señalar que sin todos ellos, sin el clima de apertura y modernidad que supusieron, ya insinuado en la literatura "novecentista", difícilmente podría haberse dado ese puñado de excelentes poetas, los del 27, que bastan para justificar toda la poesía del XX, hasta el punto de que al aludir a ellos se ha hablado de "un nuevo siglo de oro".

Al igual que la inexactamente nominada e inexistente "generación del 98" debe su título al desastre colonial de aquel año, la igualmente mal llamada "generación del 27" adeuda tal marbete, como es sabido, a las conmemoraciones que llevó a cabo el grupo con motivo del tercer centenario de la muerte de Luis de Góngora, ante el desprecio de la intelectualidad, en dos lugares: el primero, en la madrileña iglesia de Santa Bárbara, donde se celebró un funeral en honor del "Príncipe de las Tinieblas" (Cascales); el segundo, en el Ateneo de Sevilla, donde estos amigos viajan invitados por dicha institución y por Ignacio Sánchez Mejías, el torero que manejaba con igual destreza el capote y la cultura. Años después Jorge Guillén evocaría así aquellos días: "Sin postura de escuela o teoría. / Sin presunción de juventud que irrumpe. / Redentora entre añicos. / Visible el entusiasmo. // Nos fuimos a Sevilla. / ¿Quiénes? Unos amigos / Por contactos casuales, / Un buen azar que resultó destino".

Ahora bien, hay que precisar que la curiosidad por la figura de Góngora no es original del grupo del 27. Esta curiosidad viene de los simbolistas franceses, de donde se trasplanta al modernismo. Rubén Darío no sólo se inspira en el poeta español para crear los sonetos de "Trébol", sino que rememora que Jean Moréas le saludaba exclamando: "¡Viva don Luis de Góngora y Argote!" Hemos de recordar igualmente que en 1903 la revista Helios, dirigida por Juan Ramón Jiménez, Martínez Sierra y Pérez de Ayala, le concede un número monográfico en que interviene el grupo del 98, y que en 1921 se publica una edición de la poesía completa del cordobés.

Los miembros del grupo del 27 tenían, por tanto, el santo de cara. No obstante, la defensa de Góngora tuvo mucho de defensa de sí mismos. Atacar a Góngora era de algún modo atacar la estética que ellos profesaban, porque aquél venía a encarnar el arte antirrealista, la escrupulosa maestría técnica, el fervor por la imagen y la síntesis entre el sentimiento y la inteligencia que los jóvenes del 27 abanderaban. Lorca distinguió en Góngora al poeta que recusa el sentimentalismo y aspira a construir un mundo apoyado exclusivamente en el idioma, "sin sentido de la realidad real, pero dueño absoluto de la realidad poética". Dámaso Alonso escribió: "Todos los poetas del grupo, en nuestras reuniones en cafés o en casa de algún amigo, hablábamos de Góngora, discutíamos pasajes. Queríamos también preparar la defensa contra feroces enemigos: estábamos indignados porque la Academia no había querido celebrar el centenario del poeta".

Si el acto del Ateneo fue serio, con cierto carácter de oficialidad, hubo otro que estuvo marcado por la provocación juvenil, más en honor de his majesty the Baby que de Góngora. Alberti lo ha contado en La arboleda perdida: "Citaré [...] el auto de fe en que se condenaron a la hoguera algunas obras de los más conspicuos enemigos de Góngora, antiguos y contemporáneos: Lope de Vega, Quevedo, Luzán, Hermosilla, Moratín, Campoamor, Cejador, Hurtado y Placencia, Valle-Inclán, etc. Por la noche —día 23 de mayo— hubo juegos de agua contra las paredes de la Real Academia. Indelebles guirnaldas de ácido úrico las decoraron de amarillo. Yo, que me había estado aguantando todo el día, llegué a escribir con pis el nombre de Alemany —autor de El vocabulario de Góngora— en una de las aceras. El señor Astrana Marín, crítico que diariamente atacaba a Don Luis, descargando de paso toda su furia contra nosotros, recibió su merecido, mandándole a su casa en la mañana de la fecha, una hermosa corona de alfalfa entretejida de cuatro herraduras, acompañándola, por si era poco, con una décima de Dámaso Alonso, de la que sólo recuerdo su comienzo: "Mi señor Don Luis Astrana, / miserable criticastro, / tú que comienzas en astro / para terminar en rana..."

Un alegato en favor de Góngora puede leerse asimismo en el poema homónimo de Cernuda: "Viva pues Góngora, puesto que así los otros / Con desdén le ignoraron, menosprecio / Tras el cual aparece su palabra encendida / Como estrella perdida en lo hondo de la noche, / Como metal insomne en las entrañas de la tierra". No hay que olvidar tampoco la Antología poética en honor de Góngora de Gerardo Diego, ni los imprescindibles estudios sobre la lengua poética del poeta cordobés que hizo Dámaso Alonso.

Pero lo que consolidó definitivamente a este grupo —amén de los anteriores actos y de la coincidencia en revistas como la ya citada de Ortega y Gasset, La Gaceta literaria, Litoral, Carmen, etc.— fue la Antología de la poesía española.1915-1931 de Gerardo Diego, donde al lado de Unamuno, los Machado o Juan Ramón (quizá el más influyente, junto a Gómez de la Serna, en estos jóvenes poetas) encontramos los nombres de Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Rafael Alberti, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre y Fernando Villalón (en este artículo trazamos las semblanzas de Salinas, Aleixandre, Gerardo Diego, Lorca y Cernuda, acaso los poetas más importantes).

A todos ellos Juan Ramón Jiménez los retrató entre la inteligencia y el escarnio. De Lorca nos dice que era una continuación de Zorrilla y Villaespesa; de Dámaso Alonso asegura que es "un tardo poeta, filólogo considerable y gran trabajador del grupo"; y de Alberti que "sucesivamente ha ido haciendo lo que estaba de moda", todo lo cual es cierto. A Salinas, a Guillén y a Gerardo Diego los engloba en el grupo de los "Físicos y los químicos", y a Cernuda, Prados, Altolaguirre y Aleixandre en el de la "Constelación rosicler". Alguno de ellos no se deja acoquinar por las frases del antiguo maestro y Alberti da en la costumbre de telefonear a Juan Ramón a deshoras para decirle que "Platero es un burro maricón".

Burlas y veras al margen, cada uno de los miembros de la "generación de la amistad" poseyó voz propia, lo que no impide que los vincularan simpatías y comunes parentescos literarios: su sincero afecto tanto por la tradición como por la vanguardia.

En cuanto a la evolución del grupo, Cernuda diferencia cuatro etapas: 1) entusiasmo por la poesía pura y la metáfora; 2) influjo clasicista; 3) devoción gongorina y 4) descubrimiento del surrealismo, que marca la disgregación del grupo. Dámaso Alonso, en cambio, reduce a dos las fases evolutivas: la primera abarcaría hasta 1927 y se caracterizaría por el afán de perfección técnica, el acendramiento y la pureza; desde 1927 hasta 1936, en cambio, se agota ya el ardor por los ideales esteticistas, a lo que hay que agregar la irrupción del surrealismo (contrario a la "poesía pura"), que con su torrentera de vigor romántico pasado por Freud y Breton arrasó las últimas chabolas formalistas e impuso la vida como tema poético. Unamuno ya había repudiado las gárgaras del gongorismo y arremetido contra los "jóvenes culteranos y cultos de la castrada intelectualidad española". ¡Diga usted que sí, don Miguel, que lo que hay que poetizar es la intrahistoria de las abarcas de los lugareños de Arrancudiaga!

En fin, el grupo del 27 estaba a punto de disolverse. Había recorrido el trayecto de las vanguardias a la rehumanización. El mismo Dámaso Alonso, al reseñar Espadas como labios (1932) de Aleixandre, consignó en la Revista de Occidente que en los últimos tres o cuatro años había venido notando un curioso fenómeno: "muchos de estos mismos poetas tachados de ‘poco humanos’ (Alberti, Aleixandre, Altolaguirre, Cernuda, García Lorca, Salinas, etc.) por los caminos más distintos, y probablemente obedeciendo a una causa general (sin que por ello niegue la posibilidad de algunos influjos mutuos), vuelven los ojos a la profunda raíz de la inspiración poética, y no eluden el tema directamente personal ni el tono apasionado; más aún: en algunos el tono de voz se eleva hasta el énfasis profético". En 1930 el novelista José Díaz Fernández ya había propuesto en El nuevo romanticismo el regreso a un arte humanizado: "Saludemos al nuevo romanticismo del hombre y la máquina que harán un arte para la vida, no una vida para el arte".

En 1936 se celebra el centenario del nacimiento de Bécquer, y en octubre del año anterior Neruda funda la revista Caballo verde para la poesía, en cuyo primer número aparecía el célebre "Manifiesto" en defensa de la "poesía impura". Se preparaba así el camino a una nueva promoción poética (Germán Bleiberg, Ildefonso-Manuel Gil, Ridruejo, Ángela Figuera, Miguel Hernández, Luis Rosales, Panero, Vivanco, Gil-Albert, Serrano Plaja, Carmen Conde...), singularizada por el neorromanticismo y la vuelta no ya sólo a los chiqueros del corazón, sino también a las formas métricas tradicionales. Alberti decía que cuando no podían escribirse poemas a la novia, Rosales había publicado un libro en que precisamente se cantaba a la novia.

Pero por aquellos años también se gestaba la guerra civil. Por ejemplo, Dionisio Ridruejo había creado en 1935 el "Cara al sol", el himno falangista que tanto habría de oírse en los cuarenta años siguientes. No obstante, Ridruejo se arrepintió en seguida y fue uno de los más críticos del Régimen, acaso porque se avergonzó de la más que mediocre letrilla nacionalsindicalista o porque no halló analgésicos suficientemente eficaces para replicarle al dolor de articulaciones que contrajo de tanto extender el brazo. Quién sabe.

Los partidos políticos adoptaban el método de los pistoleros que se medio adivinaba ya en las últimas entregas de La Gaceta literaria de Giménez Caballero, una publicación que pasó de apoyar las vanguardias a favorecer la literatura política. Agustín de Foxá escribe en Madrid de corte a checa: "Los futuros comunistas y fascistas colaboraban juntos en La Gaceta Literaria, y el comunista [César María] Arconada era amigo del futuro fundador de las JONS, Ramiro Ledesma Ramos". Muy pronto el odio suplantaría a la amistad.

El 12 de julio de 1936, el teniente José Castillo, militar antifascista, era muerto a tiros en plena calle. Como represalia, aquella misma noche miembros de una patrulla de la guardia de asalto comandada por el capitán Condés sacaron de su casa a José Calvo Sotelo y lo asesinaron. Unos días después, tropas de la Comandancia de Melilla se alzaban contra el gobierno de la República. Empieza así la guerra civil en este hocico de Europa que pisamos y el segundo apartado de este artículo.

4 opiniones

vale tronko

Ni soy lorquista -ni loquista-, me entioendo bien con ironía y lamento que usted no hay leído a Lorca, no sepa de su alcance, ni intuya su profundidad. Es su problema, como sus juanetes o su hipoteca. Lorca es un poeta prodigioso. No lo digo por ser andaluz (Hölderlin y Nerval no son andaluces y son a su vez prodigiosos), sino por ser uno de los poetas más irremplazables de nuestra lengua con San Juan, Garcilaso; Machado y acaso Vallejo y JRJ.Ah, y no escribió, que yo sepa, sólo "andaluuzadas". En fin, acierte usted más en la próxima: ¿qué le parece Borges?
Soberbio y nuevo.

Un comentario novedoso y desenfadado de un gran poeta. Hilarante y muy interesante.
Certero.

Muy bueno. Un artículo distinto sobre la figura de cernuda, atractivo, irreverente, sugerente.
Certero.

Muy bueno. Un artículo distinto sobre la figura de cernuda, atractivo, irreverente, sugerente.

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Monografía de Fernando Sánchez Alonso. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/jolgor27.html CopyLeft
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