5 - Gerardo Diego, el esquizoide del 27

Monografía creado por Fernando Sánchez Alonso. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/jolgor27.html
30 de Agosto de 2006

"¿Cómo dice usted que se llama ese poeta? ¿Diego o Gerardo?", se cuenta que preguntó Borges en cierta ocasión.

Gerardo Diego nace el 3 de octubre de 1896 en Santander. Sus padres, que no fueron muy considerados con el cieguito bonaerense, las cosas como son, no se complican la vida y le asignan el nombre del santo que figura debajo de la fecha del calendario al niño que habría de ser: a) catedrático de Literatura en diversos institutos (lo cual no es mucho); b) académico de la Lengua (lo que al menos le autoriza a figurar en la historia de la Docta Casa que ha escrito Zamora Vicente, sin ser esto tampoco demasiado); y c) uno de los mejores sonetistas de nuestra lengua (lo cual es mejor que todo lo anterior).

Gerardo Diego, católico y silencioso, tuvo siempre una cara afligida de trompetista de pueblo al que se le ha olvidado la trompeta en un banco de la iglesia y sobrelleva el disgusto distribuyendo sus lamentos entre oraciones a San Antonio, una disculpa al alcalde y unas lentejas con sofrito de endecasílabos y pimentón creacionista que se cocina él solo y se come como si tocara al piano, es decir, de espaldas al mundo.

Gerardo es un Dr. Jekyll de las formas estróficas tradicionales y Diego es un Mr. Hyde del creacionismo. Sólo los dos se unen para formar a Gerardo Diego en Fábula de Equis y Zeda, un poema que armoniza vanguardia y clasicismo.

Gerardo Diego —que además fue un pianista respetable— se afilió en su juventud al creacionismo de Vicente Huidobro como podía haberse afiliado a la peña taurina de Béjar: sin demasiada convicción al principio. Pero ya se sabe que todo es cogerle gusto y maña a las cosas. Y así, entre 1918 y 1932, Gerardo o Diego (uno de los dos) escribe notables libros en los que impera la tendencia irracionalista y experimental de las vanguardias, aunque sin excluir la composición de poemas de estirpe clásica. Por aquellos años dirigió revistas con nombres de mujer ardiente y gitana, como Carmen y Lola. También por entonces habla con una editorial, cuenta a sus amigos, selecciona algunos poemas de cada uno y hace una especie de foto de familia del 27 a la que titula Antología de la poesía española.1915-1931, publicada en 1932, y en la que acepta a los poetas del 98, a Juan Ramón y a unos jóvenes muy poco conocidos: Guillén, Salinas, Dámaso, Lorca, Alberti, Aleixandre, Villalón, Prados, Altolaguirre, Larrea y él mismo.

En la que viene considerándose su segunda época —la que arranca tras la guerra civil—, Gerardo Diego vuelve al redil de la poesía tradicional y nos entrega la que tal vez sea su mejor obra, Alondra de verdad (1941). Es la época en que lo mismo dilucida a "El Cordobés" que glosa a Villamediana, que escribe un soneto al ciprés de Silos, un romance al Duero, una canción a Violante, un epitafio a Falla o una letrilla a la Virgen.

Dotado de una asombrosa capacidad para el ritmo y para el feliz hallazgo verbal, a Gerardo Diego le cuadra bien aquello que Unamuno predicó de Manuel Machado: "No es un ‘virtuoso’ de la versificación, sino un poeta". Lástima que a Unamuno no siempre se le haya tenido en cuenta.

Gerardo Diego, por lo demás, es un escritor de medios premios. Gerardo va a recoger el Premio Nacional de Literatura de 1925, que comparte con Alberti, y Diego el Cervantes de 1979, que comparte con Borges. A Gerardo Diego nunca le dieron ningún premio entero.

En fin, de la misma manera que Oliveretto de Fermo "dejó un cuadro, un puñal y un soneto", Gerardo Diego dejó casi cincuenta libros y una frase célebre (que parece pronunciada por uno de esos personajes de las sagas escandinavas justo antes de morir): "La poesía contemporánea tiene un abuelo, Unamuno; un padre, Antonio Machado; y una madre, Juan Ramón Jiménez".

Luego, en efecto, se murió.

4 opiniones

vale tronko

Ni soy lorquista -ni loquista-, me entioendo bien con ironía y lamento que usted no hay leído a Lorca, no sepa de su alcance, ni intuya su profundidad. Es su problema, como sus juanetes o su hipoteca. Lorca es un poeta prodigioso. No lo digo por ser andaluz (Hölderlin y Nerval no son andaluces y son a su vez prodigiosos), sino por ser uno de los poetas más irremplazables de nuestra lengua con San Juan, Garcilaso; Machado y acaso Vallejo y JRJ.Ah, y no escribió, que yo sepa, sólo "andaluuzadas". En fin, acierte usted más en la próxima: ¿qué le parece Borges?
Soberbio y nuevo.

Un comentario novedoso y desenfadado de un gran poeta. Hilarante y muy interesante.
Certero.

Muy bueno. Un artículo distinto sobre la figura de cernuda, atractivo, irreverente, sugerente.
Certero.

Muy bueno. Un artículo distinto sobre la figura de cernuda, atractivo, irreverente, sugerente.

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Monografía de Fernando Sánchez Alonso. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero14/jolgor27.html CopyLeft
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