Inicio / Wikis / Monografías / El juego de apariencias y realidades en la estructuración de la leyenda de los siete infantes de Lara - Las veras definitivas: Liturgia y justicia

El juego de apariencias y realidades en la estructuración de la leyenda de los siete infantes de Lara - Las veras definitivas: Liturgia y justicia

(1 opiniones)
Monografía creado por Mª de los Reyes Nieto Pérez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/pepinos.html
07 de Septiembre de 2006
HistoriaHistoria de la literatura

6 - Las veras definitivas: Liturgia y justicia

El episodio en que se desarrolla el desenlace de la leyenda nos habla de la decrepitud en que ha caído la casa de Lara, al ser privada de los siete hijos que sostenían su pujanza. Los dos ancianos malviven en unas posesiones que se despueblan, permanentemente acosados por la malquerencia del poderoso Ruy Blásquez que se ha convertido en el terror de la comarca. Queda aún, sin embargo, lugar para la esperanza pues don Gonzalo Gústioz durante su prisión cordobesa ha engendrado en la dama mora que lo servía un hijo llamado Mudarra. Al ser mayor, Mudarra, instigado por los rumores cortesanos de la corte de Almanzor, que lo tachan de no tener padre, pregunta dolido a su madre y a Almanzor por la identidad de éste, y, una vez enterado de quién es viene a Castilla para conocerlo y servirlo. Al llegar alfoz de Lara se informa de quién es su padre y apesadumbrado por la desvalida situación en que Gonzalo Gústioz se encuentra, se presenta ante él como su hijo, y como tal venga a sus hermanos dando caza y matando al traidor Ruy Blásquez.

La información que de los hechos nos ofrecen la 1ª C.G. y la C. 1344, que desde el episodio de la muerte de los infantes dista mucho de ser tan homogénea como solía, vuelve a distanciarse en las escenas culminativas del final de la leyenda, pues mientras la primera nos da, más o menos, la escueta relación que hemos resumido, la segunda se demora en su relato dotando al remate de la leyenda de la extraordinaria y patética grandeza que un relato de tan altos vuelos poéticos merece.

Es sobre todo en la llegada de Mudarra y los conflictos y soluciones a que da lugar donde la C. 1344 se llena de patéticos perfiles, por los que venimos a saber que un apocado Gonzalo Gústioz, medio ciego, se asusta de tal modo cuando su hijo espurio se presenta ante él que no quiere reconocerlo como tal porque teme que su mujer, irritada por su infidelidad, lo abandone y lo deje solo y desprotegido en su vejez. Mudarra se enfurece y ofusca al verse despreciado de esa forma por el padre que vino a buscar, pero la perspicaz doña Sancha, que ve en Mudarra un fiel reflejo de su hijo menor, Gonzalo de Lara, reprocha a su marido su pusilánime conducta:

e vós -le dice al atribulado Gonzalo Gústioz que reniega de Mudarra temeroso por la reacción que su esposa pueda tener ante la prueba evidente de su infidelidad- con miedo de mí non neguedes este fijo, ca, çertas, él lo es derecha miente; e vós non errastes nada en lo faser, ca quien yase en prisión o en cativo non pude tener ley [...] e por vergüença de mí non neguedes vuestra sangre que pecaríades mortal miente e a mí feríades grand enojo, ca vos tomaríades penitençia e yo tomaría la meetad; e ¡tales pecados como éste toviésedes vós oy fechos siete o más.

Y agradecida al cielo por haberles mandado en su débil edad ese hijo nuevo se determina a prohijarlo:

e reçibiólo por fijo como manda el fuero de Castiella; entonce tomólo, e metiólo por una manga de una falifa de çicatrón que tenía vestida, e tirólo por la otra, e don Mudarra ovo nombre de allí en adelante don Mudarra Gonçales, ca él non quiso que le cameasen su nombre.

Pero una vez reconocido como un Lara, a lo primero que se aplicará Mudarra en su ejercicio de hijo ejemplar será a vengar a sus hermanos. Para ello, se dispondrá a dar caza al traidor Ruy Blásquez. Después de una larga y compleja batida, al fin consigue enfrentarse a él, apresarlo y depositarlo a los pies de su nueva madre doña Sancha para que ella decida qué hay que hacer con él:

Entonçe dixo Mudarra a doña Sancha: “Señora, vedes aquí el traidor, agora lo mandat justiciar como vos ploguier”. E el traidor çerró los ojos e la non quiso mirar, e cató doña Sancha dónde yasía, e vio correr d’él sangre e dixo: “Loado sea Dios, e grado e gracia aya por la mercet que me fiso, ca agora será suelto el mi sueño, que soñé que bevía la sangre d’este traidor”. Entonçe fincó los inojos a par d’él para bever de su sangre, mas don Mudarra Gonçales -pensamos nosotros que bastante espantado por esa ferocidad castellana- la tomó por el braço, e levantóla e dixo: “Madre señora, non quiera Dios que tal cosa pase, que sangre de ome traidor entre en cuerpo atan leal e bueno como el vuestro; afelo en vuestras manos, mandatlo ajustiçiar”.

La terrible doña Sancha, investida de la autoridad de impartir justicia no encontrará en los modos de ejecución arbitrados en los diferentes fueros, formas de morir lo suficientemente crueles como para saciar su venganza en las bodas con la muerte que ha de preparar para su hermano, bodas que quiere que le hagan sentir lo que sus hijos experimentaron al morir en las que él concitara para ellos. Las bodas con la muerte, que son un tema obsesivo en la leyenda, darán cauce rememorativo a la venganza que la madre considere digna del suplicio que el traidor merece. Recordando que los tablados para bohordar fueron el origen remoto en que la tragedia se gestó, en ese golpe de gracia maestro que los castellanos tienen para transformar en realidad las apariencias cortesanas, dispondrá una ejecución que trasforme el simbólico juego del alanceo en la cierta realidad que en que tiene origen: abatir al enemigo.

Los juegos de quebrar tablas son un modo de ejercitarse en el tiro con la lanza que después permitirá a los buenos bohordadores ser buenos guerreros. Pues bien, estos juegos van a encontrar por mano de la madre de Lara unas veras inusitadas. El traidor, el enemigo, su hermano, será ahora el tablado real, de carne y hueso, sobre el que los innúmeros caballeros a los que ha traicionado, ofendido, robado o degradado, puedan emplear sus lanzas sobre él hasta dejarlo deshecho. El baño de realidad con que los sañudos infantes inundaron el ceremonial palaciego y cortesano de su tía, tiñéndolo de la realidad de la sangre y de la muerte, se queda muy pequeño al lado de éste definitivo, con el que su madre va a inundar de realidad la apariencia de los tablados cortesanos, cerrando con magnífica ejecutoria esta última y fúnebre parte de la leyenda que se corona con el papel de la mujer épica como juez implacable que no sólo imparte justicia ordenando y mandando, sino que, como el ejemplo de la justicia fundacional castellana, inventa los castigos más adecuados a la falta, para no sólo resarcirse ella, sino para que, con ella, se resarzan ejecutándola todos y cada uno de los agraviados. En este papel la heroína castellana no desmerece de los héroes masculinos pues, al igual que ellos, su mano ejecutora no se fija sólo en sus agravios sino en los agravios de la colectividad. Su justicia asiste a todos, todos pueden y deben llevarla a cabo:

E los unos desían que los miembros le cortasen, e los otros desían que lo quemasen, e los otros que lo apedreasen; e doña Sancha dixo que lo agradesçía mucho a todos aquello que desían, “mas pero esta justiçía yo quiero faser a toda mi voluntad, e queriendo Dios e don Mudarra, yo quiero agora ser alcale d’este fecho; e quiero en estas bodas faser armar un tablado, porque la traiçión que él fiso fue començada sobre alançar a tablado en Burgos, quando él casó con doña Llanbra, e sobre esto se levantó la traición por que después fue mío marido metido en cautivo e mios fijos muertos”. Entonçe mandó poner dos vigas juntas, alçadas en medio de un campo, e mandó allí colgar el traidor por so los braços e por los pies, e mandó que los que eran parientes de aquellos que murieran en la batalla con sus fijos, e otros quales quier que a qui él mal meresçiese, que viniesen lançar con dardos o con asconas o con varas de lançar, o con otras armas cuales quier, en tal manera que las carnes del traidor fuesen todas partidas en pedaços, e desque cayere en tierra, que entonçe lo apedreasen todos. Así como doña Sancha mandó fue fecho.

Como vemos, la leyenda de los siete infantes de Lara clausura su perfecto discurrir poético en el mismo ámbito en que este diera comienzo: los salones y los torneos. También en este apoteósico episodio, la caza tiene su eco, la corte su momento, la venganza su cumplimiento y el ceremonial su consagración. Todo, sin embargo, en este epifonema temático que cierra la leyenda, está impregnado de la realidad con que la mentalidad castellana contempla la vida.

Los salones se destinarán también al desarrollo del ceremonial, pero no será ya el ceremonial vacuo del juego intrascendente y gratuito, sino una liturgia que asienta sus ritos en la misma vida. No hay nada banal o superfluo en su formalización dramática, sino que cada gesto y cada movimiento de este ceremonial castellano están entrañados en la vida social que les da cauce y sentido. No hay posibilidad de apariencias en este mundo donde todo conecta de inmediato con la realidad cruda. La ceremonia y el juego quedan desposeídos de su aparente envoltura para quedar reducidos a la desnudez pura y dura de su significado. Los salones son también escenarios de un ritual, pero no de un ritual gratuito, frívolo y lúdicro, sino de un ritual donde cada gesto ceremonioso adquiere la solemnidad de lo transcendente con que se reverencia a los valores supremos de Castilla: la maternidad y la justicia. El juego cortesano se transforma, al ser tocado por la mentalidad castellana, en ritual solemne, porque esa Castilla primitiva no entiende el ceremonial más que como liturgia. El salón es, ahora, en la interpretación con que Castilla lo contempla como escenario, un lugar donde han de representarse con rituales formalizados en los fueros, los valores supremos de la vida y la muerte. El salón como escenario castellano es templo y juzgado.

La figura de la mujer dama tenía su centro en los salones cortesanos primeros. La mujer matrona tiene su centro en estos definitivos salones. Aquella mimaba un juego aparatoso y liviano. Esta oficia una solemne liturgia.

Como sacerdotisa de este ceremonial en que Castilla celebra la consagración de la vida y de la muerte, doña Sancha, sujeto solemne y grandioso de este rito, preside las dos grandes liturgias que su universo primitivo considera dignas de ser representadas con aparato escénico: la prohijación y la impartición de justicia.

En estas definitivas bodas con la vida y con la muerte que coronan la leyenda, Castilla manifiesta de forma espectacular, de forma teatral, el valor supremo que su forma de pensar práctica concede a los esponsales: la maternidad. La finalidad exclusivamente procreadora que la mentalidad castellana atribuye a las bodas, se pone de manifiesto en esta ceremonia de la prohijación, contrapartida castellana de las bodas cortesanas con las que la leyenda se inaugura.

En este ritual de la prohijación la consideración de la figura femenina es de tal relevancia que para que el hijo espurio pueda adoptar los apellidos del padre, es decir, para que se le considere legalmente hijo, tiene que ser reconocido por la esposa de éste mediante un ceremonial solemne, pues solamente la mujer está capacitada para dotar de identidad filial a los hijos. Ahora bien, la vinculación entre liturgia y vida que esta ceremonia de la prohijación revela, es de una puntualidad extraordinaria, pues hace ritual de una realidad incontrovertible: la exclusiva potestad que la mujer tiene para convertir al hombre en padre dando a luz a sus hijos. Solo en virtud de la maternidad el hombre puede ser hijo, pero de igual modo, solo en virtud de la maternidad el hombre puede ser padre.

Todos estos extremos que tan estrechamente vinculan rito y vida están teatralmente formalizados en la ceremonia foral de la prohijación castellana, ceremonia revestida de una solemnidad tan extraordinaria en su aparato escénico como primitiva en su simbología gestual, de una meridiana directez interpretativa. No hay en toda esta liturgia ningún movimiento opaco o confuso. Los significantes de su dramaturgia son totalmente transparentes y remiten de forma directa al parto.

La matrona, vestida con una túnica de grandes mangas, recibe por una de ellas al prohijado y lo saca por la otra. Esas solemnes e imponentes ropas talares permiten a la Castilla de los Lara recuperar el linaje perdido, extinguido como consecuencia de la violación por los infantes de otra ropa simbólica: el manto de la mujer dama que protegía a su vasallo. Si el manto vulnerado de la dama dio lugar al origen del desastre, la túnica de la matrona revestida para oficiar de madre permitirá recuperar el equilibrio perdido.

Doña Sancha, recuperada mediante la maternidad legal su entidad de mujer, está ya capacitada para desempeñar su siguiente y definitivo papel: el de juzgar los asuntos que atañen al linaje. Para ello, no obstante, es necesario que se produzca la definitiva escena cinegética que dé cumplimiento total a las sucesivas cazas que en la leyenda se han producido. Esta caza culminativa será la del traidor Ruy Blásquez y el encargado de llevarla a cabo será el nuevo hijo que doña Sancha acaba de prohijar.

Mudarra depositará a los pies de esta madre juzgadora a un ensangrentado Ruy Blásquez en una escena que nos recuerda, por su parecido, a aquella en que le eran presentadas a Gonzalo Gústioz las cabezas ensangrentadas de sus hijos en el salón de la corte de Almanzor. El verdugo ocupa ahora el lugar de las víctimas para ser juzgado.Y, tan implacable como fuera él con sus sobrinos, lo será ahora su hermana en su juicio y su castigo. Recordando que los bohordos fueron la causa remota de tanta traición, muerte y sufrimiento, inventará un ejemplar castigo para Ruy Blásquez, otorgando a su vez una realidad inusitada a los juegos de alancear. El cuerpo de su hermano será ahora el tablado sobre el que compitan en su bohordar todos los agraviados por él. Las veras en que resuelve aquellos juegos la mentalidad castellana, dan su última dimensión de realidad a los bohordos: el patíbulo en el que se ajusticia al traidor.

Valora este capítulo: (1 opiniones)
Autor y licencia de 'El juego de apariencias y realidades en la estructuración de la leyenda de los siete infantes de Lara - Las veras definitivas: Liturgia y justicia'
Mª de los Reyes Nieto Pérez Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/pepinos.html CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Opiniona sobre 'El juego de apariencias y realidades en la estructuración de la leyenda de los siete infantes de Lara - Las veras definitivas: Liturgia y justicia' (1)

Tu nombre debe tener tres caracteres como mínimo.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
El contenido del título de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Es obligatorio que selecciones una valoración del recurso.
El contenido del comentario de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.

Opina sobre este monografía



* Valoración:
* Nombre:
* Correo electrónico:
* Título:
* Comentario:

Wikis relacionados con 'El juego de apariencias y realidades en la estructuración de la leyenda de los siete infantes de Lara - Las veras definitivas: Liturgia y justicia'

El juego es una parte fundamental del desarrollo del niño en crecimiento. No sólo lo... Más »
Además de limitar la evaluación de la narrativa de García Márquez a los parámetros técnicos... Más »
Los siete saberes necesarios a la educación del futuro. Ideas e opiniones expresadas en esta... Más »
Conceptos como globalización, alianza estratégica, cooperación, competitividad, integración social, mas que generalizaciones teóricas, son hoy... Más »
Como en el caso de otros autores clásicos, la información con la que contamos sobre... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?