



[1] Para llevar a cabo este análisis nos ha resultado sumamente valiosa la obra de Roland Barthès S/Z.
[2] El estudio de la estructura fugada y repercutida debe mucho a la obra crítica de Gonzalo Torrente Ballester, sobre todo a su artículo «El Quijote como juego».
[3] La importancia de la mujer como heroína de las gestas castellanas viene siendo investigada de forma asidua desde que en 1975 se publicara el trabajo de Lucy A. Sponsler Women in Medieval Spanish Epic and Lyric, a la que siguió una pléyade de estudios interesantísimos sobre este asunto de entre los que reseñamos, a guisa de ejemplo y a vuela pluma los que, para nosotros han sido más formativos como «La mujer castellano-leonesa del pleno medievo. Perfiles literarios, estatuto jurídico y situación económica», de M.I. Pérez e Tudela y Velasco; el de J. Victorino, «La mujer en la épica castellana»; el de Alan Deyermond, «La sexualidad en la épica española»; los de Mª Eugenia Lacarra, «La mujer ejemplar en tres textos épicos castellanos» y «Representaciones de la feminidad en el Cantar de los siete infantes de Lara», el de Heath Dillard Daughters of the Reconquest: Women in Castilian Town Society, 1100-1300; el de Mercedes Vaquero «Women in the Chartularies of Toledo( 1101- 1291).
[4] Un interesante trabajo sobre la importancia de la sangre en la Leyenda es el de la profesora Bluestine: «The power of Bood in the Siete infantes de Lara».
[5] En realidad los dos mundos antagónicos en torno a los que se generá el conflicto pueden ser reducidos a los dos sistemas literarios que rigen el inicio de toda literatura: el épico, adscrito al nomadismo, al esfuerzo, a la conquista, en resumen, al mundo violento y no civilizado; y el lírico, trovadoresco, cortesano, sedentario y ceremonial. Los elementos que nos permiten establecer el conflictivo contraste son, en resumidas cuentas, los que definen a ambos sistemas poéticos.
[6] En el Poema de Fernán González, en La condesa traidora, en el Romanz del infant García, el conflicto entre linajes se gesta en las bodas de los protagonistas. Por su parte, lo que diferencia el Cantar de mio Cid, de las otras dos composiciones épicas cerradas sobre su figura heroica, es que éste configura su arquitectura en torno a unas bodas: las de las hijas del Cid. Las bodas de las hijas del Cid son tan importantes en este espléndido poema que, sin ellas, tanto el tono épico del cantar, como la consistencia de la figura del héroe, se desvanecerían al llegar a Valencia. Sin las conflictivas y trágicas bodas de sus hijas, el héroe perdería, llegado al universo sedentario de la corte, su razón de ser, su entidad épica forjada en el esfuerzo permanente. De igual forma, en esa descompuesta gesta del aprendiz de poeta palentino, que canta a un Rodrigo joven e insolente, las bodas con Jimena, la hija de su enemigo son las que permiten dar cauce a las cinco lides en que se embarca el personaje.
[7] Todos los enemigos con que la Castilla épica de los cantares se mide en sus gestas presentan, como rasgo cualitativo común, que sus figuras están regidas por la moral cortesana del culto a la apariencia, tanto en su expresión más externa y divertida, como es el caso del conde de Barcelona en el Poema de mio Cid, o los infantes de Carrión, cuanto en su condición más insidiosa y negativa de ser el caldo de cultivo que propicia, con su hipocresía la germinación y el nacimiento del enemigo que Castilla considera más peligroso: el traidor.
[8] Desde 1988 Mª Eugenia Lacarra viene estudiando con extraordinario fruto el papel de la mujer en los cantares de gesta castellanos considerándolo a la luz de los fueros y otros documentos. Este es el caso del cohombro, interpretado por la profesora Lacarra, a la luz de la legislación foral como una alusión afrentosa a la virilidad del infante pequeño al que se tacha de «falo frío».
[9] Mercedes Vaquero, en su trabajo «El episodio del cohombro de Los siete infantes de Lara en el marco de la épica española» hace una interesante interpretación sobre ese significado peligroso del cohombro como punta de lanza que agrede al héroe indefenso.
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