El Latín y las tecnologías de la información y la comunicación - El latín y las tecnologías de la información y la comu
27 de Diciembre de 2005
Filología, Periodismo cultural
El rápido desarrollo de las nuevas tecnologías en el ámbito educativo está transformando la fisonomía de la pedagogía tradicional. La cantidad de recursos informáticos a disposición del docente y el alumno abre nuevos caminos a la reflexión didáctica, y el éxito de la educación a distancia está demostrando la eficacia de esos recursos. En algunos países, un nuevo requisito define al profesorado capacitado: la sólida formación en el manejo de las tecnologías de la educación y la comunicación (TIC), sin la cual no parece suficiente el pleno conocimiento de la disciplina que se imparte1.
Ante esta realidad, la cuestión es saber cuáles son las posibilidades que tiene la enseñanza del latín en el marco de las nuevas tecnologías. ¿Es posible aplicar los recursos informáticos actuales en el diseño de un curso de latín a distancia? ¿Es posible imaginar clases particulares de latín on-line? ¿Dejará de estar sujeto el latín al ámbito escolar y universitario únicamente? ¿Estarán preparados los profesores de latín para recibir sin resistencias a estas nuevas tecnologías?
Intentemos responder estas preguntas.
Desde hace aproximadamente dos décadas la implantación de nuevas tecnologías en los procesos de enseñanza ha empezado a renovar el sistema formativo. Poco a poco, las comodidades de la educación a distancia han dejado de mirarse de soslayo por la comunidad estudiantil y profesional, y cada vez más centros de formación empezaron a confiar en su potencial. Actualmente, ejemplos como la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), la Universidad de Phoenix o la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) son claves para confiar en esta alternativa de educación.2 Pero no es necesario llegar tan lejos: las grandes empresas se valen de las TIC para la organización interna y externa de sus sedes; los centros de capacitación profesional apuestan a ellas para impartir sus programas de estudio a distancia; y las academias de idiomas han encontrado en la formación on-line (e-learning) un nuevo camino para llegar a los alumnos, sin que estos deban asistir de manera presencial a ninguno de sus cursos. Incluso, puesto que la aplicación de estas nuevas tecnologías requiere profesionales cualificados, son varios los centros que imparten cursos intensivos de especialización en estas áreas. Tras un lapso de tiempo que puede ir desde los tres meses hasta los dos años según la complejidad del curso, el alumno estará preparado para aplicar las TIC en el diseño y administración de su propio proyecto de educación a distancia.3
Ahora bien, aunque en poco tiempo la enseñanza virtual ha dado suficientes muestras de consolidación exitosa en el campo educativo, no es menos cierto que las resistencias a su aplicación son todavía demasiado grandes como para arriesgar alguna conclusión sobre el futuro de la enseñanza. Por un lado, se intenta que el profesorado no quede aislado en una función pedagógica de tutorización4, como ocurre actualmente en muchos de los programas universitarios. También es preciso que los defensores de la enseñanza presencial tomen conciencia de que las TIC no tienen ni deben estar reñidas con el libro impreso, con el aula ni con el vínculo profesor-alumno, sino que aquellas, aprovechadas en todo su potencial, pueden generar nuevas métodos didácticos y formas de comunicación, sin que eso implique la desaparición de los elementos tradicionales de la enseñanza.5 Por último, es fundamental que exista un fuerte proceso de “alfabetización informática” en la comunidad docente, que lleve a vencer las resistencias propias de quienes no han sido educados bajo la influencia de las TIC, y permita descubrir además que el nuevo aporte puede enriquecer sustancialmente los programas de estudios de cualquier materia.6
Los problemas de la educación a distancia se acentúan, ya no tanto en el ambiente universitario, donde profesores y estudiantes parecen manejar con fluidez los recursos virtuales, sino en los niveles inferiores de enseñanza, donde las TIC no han logrado insertarse totalmente, ni siquiera como un complemento de la educación tradicional.7 Y puesto que la capacitación del profesorado no aborda el empleo de las TIC, es muy posible que el principal obstáculo para un cambio de los procesos de enseñanza se deba menos a la resistencia del profesorado, que a la falta de conocimiento que se tiene sobre las nuevas tecnologías. Sobre todo, el primer paso consiste en saber que el manejo de las TIC ya forma parte de un requisito indispensable que debe tener la comunidad docente para la incorporación en centros de enseñanza a distancia; es decir, las nuevas tecnologías son una realidad a la que no se puede dar la espalda. El segundo paso, quizá tan importante como el primero, consistirá en saber que esas tecnologías no son inaccesibles y pueden enriquecer los recursos didácticos de cualquier disciplina. Volviendo una vez más al caso de la escuela media, quizá el problema tarde un poco más en resolverse, pues la situación laboral en que tiene que desenvolverse un docente difícilmente armoniza con los planes ambiciosos de innovación. Así lo explica Area Moreira en la obra citada:
“Solicitar, en estos momentos, del profesorado que, además de enseñar a los alumnos, tenga que planificar nuevos tipos de experiencias o unidades didácticas, lo realice en equipo con compañeros, participe en proyectos de investigación e innovación educativa, asista a actividades de perfeccionamiento profesional, evalúe todas las dimensiones del aprendizaje y además, continuadamente, adapte individualmente el proceso de aprendizaje a las necesidades de cada alumno, y además que elabore materiales propios como alternativa a los libros de texto, es desconocer la realidad del puesto de trabajo docente.”
Entonces volvamos a los anteriores interrogantes: ¿qué puede hacer el latín en medio de este panorama? En la actualidad, la enseñanza del latín se restringe grosso modo al ámbito de la educación secundaria y universitaria. Es decir, quien tenga ilusión de aprender el idioma debe, o bien hacerlo durante la adolescencia en alguno de los Colegios que aún imparten latín (y dudo que durante la adolescencia muchos tengan la ilusión de aprenderlo), o bien cursando un Profesorado o una Licenciatura en Letras. Pero no conozco Academia que imparta cursos de latín como podría impartir cursos de inglés, francés o alemán. La razón es obvia: la demanda no alcanzaría a cubrir los gastos generales. No quiere decir esto que no existirían alumnos interesados, significa que el gasto por alumno sería mayor que lo que sumaría la matriculación. Y cuando el interesado decide contratar a un profesor particular de latín, la escasa cantidad de ellos genera una fuerte especulación en torno a los honorarios y desemboca en cuotas excesivamente altas para los potenciales alumnos. Por otro lado, la complejidad del idioma en relación con los otros ya citados y la necesidad de una presencia más acentuada del profesor frente al alumno hacen impensable, en principio, la creación de cursos interactivos o a distancia de latín. Pues cuán flexible tendría que ser ese curso, como para hacer frente a los múltiples problemas interpretativos que surgen durante una traducción y que se multiplican en tanto se avanza en niveles. La insuficiencia de un curso a distancia de latín puede compararse con la del libro de texto más completo. ¿Alcanzan para aprender el idioma, o ambos deben ser forzosamente complementados con la explicación de un profesor?8 Personalmente, considero que la enseñanza de cualquier lengua clásica no puede ser eficaz si no se presta atención en incluir en el programa material literario y cultural, no como complementos independientes de la lengua, sino como variables en un mismo nivel de importancia que sólo un profesor sabrá cómo ensamblar9. Si, como dijimos, en la enseñanza a distancia el docente tiene en gran medida un papel restringido a labores de tutorización, planificar un curso interactivo semejante a muchos que existen para la enseñanza de las lenguas modernas no garantizaría resultados óptimos. La solución sería encontrar un punto de equilibrio entre la utilización de las TIC y la labor activa del docente; sería encontrar el recurso informático adecuado que permitiera impartir clases de latín por medio de un ordenador, y que a su vez el docente tuviera la misma o similar participación que tiene en una clase presencial. Mi intención, quiero aclarar, no es la búsqueda de métodos para implementar urgentemente en la escuela (porque ya hemos mencionado algunos problemas que aún deben solucionarse antes de hablar de planes innovadores), sino para desarrollar esa otra educación complementaria y cada vez más versátil: la educación fuera de la escuela. Veamos qué posibilidades hay de lograr esto.
Entre los productos que ofrece TotemGuard Digital Security (www.totemguard.com), compañía de recursos informáticos, se destaca la gama Netsupport, “desarrollada para facilitar las tareas de soporte técnico y gestión de redes”. Y entre los cuatro productos del catálogo, a uno de ellos debe prestarse principal atención: Netsupport School. Citaré algunas de las aplicaciones y características tal como se presentan en la página Web:
Ante esta realidad, la cuestión es saber cuáles son las posibilidades que tiene la enseñanza del latín en el marco de las nuevas tecnologías. ¿Es posible aplicar los recursos informáticos actuales en el diseño de un curso de latín a distancia? ¿Es posible imaginar clases particulares de latín on-line? ¿Dejará de estar sujeto el latín al ámbito escolar y universitario únicamente? ¿Estarán preparados los profesores de latín para recibir sin resistencias a estas nuevas tecnologías?
Intentemos responder estas preguntas.
Desde hace aproximadamente dos décadas la implantación de nuevas tecnologías en los procesos de enseñanza ha empezado a renovar el sistema formativo. Poco a poco, las comodidades de la educación a distancia han dejado de mirarse de soslayo por la comunidad estudiantil y profesional, y cada vez más centros de formación empezaron a confiar en su potencial. Actualmente, ejemplos como la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), la Universidad de Phoenix o la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) son claves para confiar en esta alternativa de educación.2 Pero no es necesario llegar tan lejos: las grandes empresas se valen de las TIC para la organización interna y externa de sus sedes; los centros de capacitación profesional apuestan a ellas para impartir sus programas de estudio a distancia; y las academias de idiomas han encontrado en la formación on-line (e-learning) un nuevo camino para llegar a los alumnos, sin que estos deban asistir de manera presencial a ninguno de sus cursos. Incluso, puesto que la aplicación de estas nuevas tecnologías requiere profesionales cualificados, son varios los centros que imparten cursos intensivos de especialización en estas áreas. Tras un lapso de tiempo que puede ir desde los tres meses hasta los dos años según la complejidad del curso, el alumno estará preparado para aplicar las TIC en el diseño y administración de su propio proyecto de educación a distancia.3
Ahora bien, aunque en poco tiempo la enseñanza virtual ha dado suficientes muestras de consolidación exitosa en el campo educativo, no es menos cierto que las resistencias a su aplicación son todavía demasiado grandes como para arriesgar alguna conclusión sobre el futuro de la enseñanza. Por un lado, se intenta que el profesorado no quede aislado en una función pedagógica de tutorización4, como ocurre actualmente en muchos de los programas universitarios. También es preciso que los defensores de la enseñanza presencial tomen conciencia de que las TIC no tienen ni deben estar reñidas con el libro impreso, con el aula ni con el vínculo profesor-alumno, sino que aquellas, aprovechadas en todo su potencial, pueden generar nuevas métodos didácticos y formas de comunicación, sin que eso implique la desaparición de los elementos tradicionales de la enseñanza.5 Por último, es fundamental que exista un fuerte proceso de “alfabetización informática” en la comunidad docente, que lleve a vencer las resistencias propias de quienes no han sido educados bajo la influencia de las TIC, y permita descubrir además que el nuevo aporte puede enriquecer sustancialmente los programas de estudios de cualquier materia.6
Los problemas de la educación a distancia se acentúan, ya no tanto en el ambiente universitario, donde profesores y estudiantes parecen manejar con fluidez los recursos virtuales, sino en los niveles inferiores de enseñanza, donde las TIC no han logrado insertarse totalmente, ni siquiera como un complemento de la educación tradicional.7 Y puesto que la capacitación del profesorado no aborda el empleo de las TIC, es muy posible que el principal obstáculo para un cambio de los procesos de enseñanza se deba menos a la resistencia del profesorado, que a la falta de conocimiento que se tiene sobre las nuevas tecnologías. Sobre todo, el primer paso consiste en saber que el manejo de las TIC ya forma parte de un requisito indispensable que debe tener la comunidad docente para la incorporación en centros de enseñanza a distancia; es decir, las nuevas tecnologías son una realidad a la que no se puede dar la espalda. El segundo paso, quizá tan importante como el primero, consistirá en saber que esas tecnologías no son inaccesibles y pueden enriquecer los recursos didácticos de cualquier disciplina. Volviendo una vez más al caso de la escuela media, quizá el problema tarde un poco más en resolverse, pues la situación laboral en que tiene que desenvolverse un docente difícilmente armoniza con los planes ambiciosos de innovación. Así lo explica Area Moreira en la obra citada:
“Solicitar, en estos momentos, del profesorado que, además de enseñar a los alumnos, tenga que planificar nuevos tipos de experiencias o unidades didácticas, lo realice en equipo con compañeros, participe en proyectos de investigación e innovación educativa, asista a actividades de perfeccionamiento profesional, evalúe todas las dimensiones del aprendizaje y además, continuadamente, adapte individualmente el proceso de aprendizaje a las necesidades de cada alumno, y además que elabore materiales propios como alternativa a los libros de texto, es desconocer la realidad del puesto de trabajo docente.”
Entonces volvamos a los anteriores interrogantes: ¿qué puede hacer el latín en medio de este panorama? En la actualidad, la enseñanza del latín se restringe grosso modo al ámbito de la educación secundaria y universitaria. Es decir, quien tenga ilusión de aprender el idioma debe, o bien hacerlo durante la adolescencia en alguno de los Colegios que aún imparten latín (y dudo que durante la adolescencia muchos tengan la ilusión de aprenderlo), o bien cursando un Profesorado o una Licenciatura en Letras. Pero no conozco Academia que imparta cursos de latín como podría impartir cursos de inglés, francés o alemán. La razón es obvia: la demanda no alcanzaría a cubrir los gastos generales. No quiere decir esto que no existirían alumnos interesados, significa que el gasto por alumno sería mayor que lo que sumaría la matriculación. Y cuando el interesado decide contratar a un profesor particular de latín, la escasa cantidad de ellos genera una fuerte especulación en torno a los honorarios y desemboca en cuotas excesivamente altas para los potenciales alumnos. Por otro lado, la complejidad del idioma en relación con los otros ya citados y la necesidad de una presencia más acentuada del profesor frente al alumno hacen impensable, en principio, la creación de cursos interactivos o a distancia de latín. Pues cuán flexible tendría que ser ese curso, como para hacer frente a los múltiples problemas interpretativos que surgen durante una traducción y que se multiplican en tanto se avanza en niveles. La insuficiencia de un curso a distancia de latín puede compararse con la del libro de texto más completo. ¿Alcanzan para aprender el idioma, o ambos deben ser forzosamente complementados con la explicación de un profesor?8 Personalmente, considero que la enseñanza de cualquier lengua clásica no puede ser eficaz si no se presta atención en incluir en el programa material literario y cultural, no como complementos independientes de la lengua, sino como variables en un mismo nivel de importancia que sólo un profesor sabrá cómo ensamblar9. Si, como dijimos, en la enseñanza a distancia el docente tiene en gran medida un papel restringido a labores de tutorización, planificar un curso interactivo semejante a muchos que existen para la enseñanza de las lenguas modernas no garantizaría resultados óptimos. La solución sería encontrar un punto de equilibrio entre la utilización de las TIC y la labor activa del docente; sería encontrar el recurso informático adecuado que permitiera impartir clases de latín por medio de un ordenador, y que a su vez el docente tuviera la misma o similar participación que tiene en una clase presencial. Mi intención, quiero aclarar, no es la búsqueda de métodos para implementar urgentemente en la escuela (porque ya hemos mencionado algunos problemas que aún deben solucionarse antes de hablar de planes innovadores), sino para desarrollar esa otra educación complementaria y cada vez más versátil: la educación fuera de la escuela. Veamos qué posibilidades hay de lograr esto.
Entre los productos que ofrece TotemGuard Digital Security (www.totemguard.com), compañía de recursos informáticos, se destaca la gama Netsupport, “desarrollada para facilitar las tareas de soporte técnico y gestión de redes”. Y entre los cuatro productos del catálogo, a uno de ellos debe prestarse principal atención: Netsupport School. Citaré algunas de las aplicaciones y características tal como se presentan en la página Web:
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