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(1) Rosa Navarro Durán, Alfonso de Valdés, autor del Lazarillo de Tormes, Madrid, Gredos, 2003
(2) B. Berasátegui y N. Azancot ,”Rosa Navarro Durán, «Alfonso de Valdés escribió el Lazarillo»”, Entrevista publicada en El Cultural de El Mundo.15 de Mayo de 2003
(3) Lazarillo de Tormes, ed. de Joseph V. Ricapito, Cátedra,1985, p. 51. Cito por la edición de Ricapito en Cátedra, pero la hipótesis la formuló ya en su edición de 1976. La profesora Navarro sólo menciona a Ricapito para comentar las coincidencias léxicas entre el Lazarillo y Valdés recogidas por él y a las que, por otra parte, la profesora Navarro tampoco hace aportaciones significativas.
(4) También el pasado año José Luis Madrigal postulaba a Cervantes de Salazar como autor del Lazarillo basándose en una investigación de coincidencias léxicas, morfológicas y sintácticas en la obra de Cervantes de Salazar y el Lazarillo (Publicado en la revista digital Artifara, Artifara, n. 2, (gennaio - giugno 2003), sezione Addenda, http://www.artifara.com/rivista2/testi/cervlazar.asp). El estudio de Madrigal ha tenido menos repercusión en los medios, a pesar de que en ciertos aspectos es mucho más riguroso, quizá porque el autor ha optado por la prudencia que se debe en estos casos y frente a las afirmaciones contundentes de la profesora Navarro él, en una entrevista en ABC (7 de Diciembre de 2002) afirma: "Mi investigación presenta una hipótesis sobre quién pudo escribir el Lazarillo, pero sería imprudente afirmar rotundamente que he descubierto al autor".
(5) Op. cit. pp.11-12.
(6) Barry Ife, Lectura y ficción en el Siglo de Oro. Las razones de la picaresca, Barcelona, Crítica 1992, p. 47. Citamos por la traducción al castellano de Jordi Ainaud. La versión original es de 1985.
(7) “...no debió ser obra del autor la separación en tratados; sí los tendría ya la primera impresión o al menos la edición perdida de la que se deriva el arquetipo de B y M. Posiblemente los puso quien hizo imprimir el texto manuscrito o el propio editor”. Op. cit. p. 22, Nota 22.
(8) “En particular, el título de la obra, los epígrafes de los siete tractados y por ende la división en capítulos son difícilmente aceptables como auténticos. Supuesto que el título y los epígrafes salen de la misma mano (como lo muestra el diseño paralelo: tal y tal, y de..), no ya las incongruencias del primero (por ejemplo, el nombre de “Lazarillo” se utiliza una sola vez en todo el libro), sino en especial la frecuente inadecuación y la continua falta de sutiliza de los segundos (baste pensar cuál es la materia que de hecho se desarrolla bajo rótulos como “Cuenta Lázaro su vida y cuyo hijo fue” o “Cómo se asentó con un alguacil, y de lo que le acaesció con él”) convencen de que ni el uno ni los otros pueden deberse al admirable novelista anónimo, ni en consecuencia, puede ser suya la división en “tractados”. Prólogo de Francisco Rico a su edición de El Lazarillo, Madrid, Cátedra, 1987, pag. 130*. La profesora Navarro curiosamente cita también las palabras de Rico: “el capitulador quiebra la continuidad que el escrito incógnito había establecido entre las páginas que él distinguió estúpidamente como “Prólogo” y “Tractado primero”. Op. cit. p. 22.
(9) Si el Lazarillo es una autobiografía, aunque apócrifa, es lógico que personaje y autor se confundan, pues tal es la esencia del genero. La incoherencia del supuesto prólogo desaparece si identificamos a personaje y autor en una misma persona que es lo que parece que el autor pretendía.
(10) La propia profesora Navarro cita, en otro contexto, las palabras de Guevara: “unos me las hurtaban [las cartas], otros las imprimían, y otros por suyas las publicaban”, op. cit. p. 191, n. 279. Las cartas privadas no siempre eran concebidas para ser leídas únicamente por su destinatario.
(11) De la relación de estos personajes me he ocupado sobre todo respecto al Buscón y a La Pícara Justina: “El caso de un bufón llamado don Pablos”, Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Tomo LII, Cuaderno Segundo, 1997, pp. 205-219 y “Del bufón al pícaro: el caso de La Pícara Justina”, Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, 1999,17, 215-255
(12) El dr. Villalobos, en cierta medida también un bufón de corte, inicia en 1515 sus cartas burlescas con noticias de la corte. Otros bufones acostumbraban enviar cartas a nobles temporalmente alejados. Curiosamente la profesora Navarro cita a un pasaje de Villalobos que recuerda el episodio del temor del hermanastro de Lázaro ante su propio padre Op. cit. p. 157.
(13) La loca Magdalena Ruiz le habla por carta al Duque de Alba en estos términos: “Dios me te deje ver como yo he soñado contigo que te veía, muy gordo y muy gentilhombre, y armado como me han dicho (...), y no sería mucho que enviásedes alguna cosa de allá, don Majadero, en pago de cuatro cartas que os tengo escritas...”, recogida por F. Bouza, Locos, enanos y hombres de Placer, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1991, p. 29.
(14) También es cierto que si V.M es superior o amigo del Arcipreste quizá Lázaro entiende que lo que le está pidiendo no es que le cuente el caso, que por otra parte debía ser un rumor por Toledo, sino precisamente que le dé garantías de su consentimiento. Lázaro cuenta su vida para demostrar que no va a poner en peligro su cumbre de buena fortuna por el caso y por ello le dedica sólo unas líneas, a pesar de que le había pedido que lo contara por extenso; y cuenta en cambio su vida como forma de justificarse y garantizar así su silencio.
(15) El argumento es parte frecuente en obras dialogadas como La Celestina o los diálogos de Valdés pero no lo sería en una obra como el Lazarillo.
(16) Se me ocurre, puestos a suponer y si se me permite la broma, que pudiera existir una dedicatoria del autor a Alfonso de Valdés, en cuyo caso sería una prueba de que Valdés no fue su autor. ¿Me aceptaría la profesora Navarro esta suposición como prueba irrefutable de que Valdés no fue el autor del Lazarillo?
(17) La profesora Navarro usa el siguiente argumento para dar por buenas que las Cortes son las de 1525: “El autor sólo puede referirse a las primeras porque no sabe que se van a celebrar unas segundas(...) Si se hubiera escrito después [de 1538], el autor hablaría de “las primeras Cortes” o de las “segundas Cortes” para evitar la ambigüedad del texto...” (p. 41). Sin embargo el mismo argumento podría aplicarse al primer hecho histórico, la batalla de los Gelves, pues el autor evidentemente conocía la existencia de dos batallas (1510 y 1522) y sin embargo no se refiere a la “primera batalla de los Gelves” ni a la “segunda batalla de los Gelves” ¿por qué iba a actuar de forma diferente con el segundo hecho histórico?. Y más curiosa es la afirmación siguiente de la profesora Navarro: ”si se quiere fechar, se hace con precisión”(p.41). Ojalá el autor del Lazarillo hubiera querido fechar con precisión, porque entonces no estaríamos debatiendo esta cuestión.
(18) Contra 1538 se alega que el adjetivo “victorioso” no encajaría con la situación del Emperador en esa época, pero sí con el Carlos V de 1522. Esto puede ser cierto, sin duda, pero tampoco le parece al lector que la situación de Lázaro sea la “cumbre de toda buena fortuna” que él dice y teniendo en cuenta que Lázaro establece un paralelismo entre su “cumbre” y el estado “victorioso” del Emperador, podemos sospechar cierta ironía en ambos casos, como veremos. Por otra parte, como indica Francisco Rico, si bien no hay datos que puedan darnos una certeza en este sentido, no deja de ser significativo que el continuador del Lazarillo de 1555, sitúe la continuación de su relato entendiendo que las Cortes son las de 1538.
(19) Francisco Rico, 21*
(20) Francisco Rico, 25*
(21) Op. cit. p.45
(22) Francisco Rico, *27
(23) Esta cuestión puede resolverse visitando el Erasmo y España de M. Bataillon que sigue siendo fundamental en este tema.
(24) “El gran hispanista, el mejor conocedor del erasmismo, afirmaba en su obra magna, Erasmo y España, que «la autobiografía de Lázaro, fundador del linaje de los pícaros, no fue concebida por una cabeza erasmista»”, p.11
(25) M. Bataillon, Erasmo y España, Fondo de Cultura Económica, México, 1966, p. 610.
(26) Op. cit. p. 57
(27) “La intención política de su autor es evidente: la glorificación del Emperador”, op. cit p. 150.
(28) La vida y hechos de Estabanillo González, ed. de A. Carreira y J.A. Cid, Madrid, Cátedra, 1990, tomo II, p. 367.
(29) Op. cit. p. 194
(30) Además de la lectura más sencilla y que parece por tanto la más lógica y más probable, Rico sugirió dos posibles lecturas de esta frase: entender el “ella” como referido a Vuestra Merced, o entender la frase como “había parido tres veces -hablando con reverencia- de Vuestra Merced, porque está ella delante”. Ed. cit. p. 134.
(31) Sobre este asunto concreto en la tesis de la profesora Navarro se ha ocupado Félix Carrasco y su conclusión es bastante clara: “Por consiguiente, se debe concluir que la lectura de la expresión de disculpa propuesta por la profesora Rosa Navarro no es de recibo: dejando aparte la ruptura inmotivada de una tradición de consenso respecto a la lectura sostenida por los más eminentes filólogos, la nueva lectura viola los principios de gramaticalidad, las normas sociolingüísticas del sistema alocutivo del español del siglo XVI, las reglas de la hermenéutica, las del “decoro” literario, tan esencial en nuestra novela, y el sentido común de los lectores”, Felix Carrasco, Lazarillo: <<(...) Hablando con reverencia de vuestra merced, porque esta ella delante>> y la autoría de Alfonso de Valdés, Ínsula, 683, Noviembre 203, p.17
(32) Op. cit. p.35
(33) Incluso en una lectura superficial, la forma de escribir de Valdés es radicalmente distinta a la que se refleja en el Lazarillo. Por supuesto la fortuna literaria también es muy distinta pues las obras de Valdés hoy día son sólo leídas por especialistas y a menudo más por su valor histórico que literario.
(34) Es curioso, cuanto menos, que para encontrar las posibles lecturas que influyeron en Valdés, la profesora Navarro usa como guía el Diálogo de la lengua de su hermano Juan : “Dado el mucho espacio que le dedicaba Juan de Valdés [a Torres Naharro] en el comentario que hace de escritores y libros, seguí su guía y llegue a La Celestina, cuya lengua tanto alaba. Volví hacia atrás, vi que a Juan no le gustaba mucho el estilo de la Cárcel de amor y comprobé que tampoco fue modelo de escritura para su hermano Alfonso. El resto del trayecto tuve que hacerlo en solitario...”, p. 73. No parece pues que la profesora Navarro haya afrontado un estudio riguroso de las lecturas de Alfonso de Valdés ni mucho menos de las que pudieran serlo del autor del Lazarillo.
(35) “La lectura de La Celestina que hizo Alfonso de Valdés se manifiesta en las numerosas huellas que hay de la obra en La vida de Lazarillo de Tormes y en las que asoman -a pesar de la diferencia de asunto y estilo- en sus Diálogos”. Op. cit. p. 76
(36) «¿Para que viniese él con sus mando lavadas..., Lactancio; 90. / «¡A mesa puesta con tus manos lavadas y poco vergüença!», Celestina, IX, 203. «¡A Buen árbol os arrimáis!», Lactancio, 141. / «Así que quien a buen árbol se arrima...», Celestina, VIII, 193. De esta guisa son los ejemplos presentados por la profesora Navarro siguiendo el inventario de sentencias y refranes en los diálogos de Valdés realizado por Margarita Morreale en 1957.
(37) Op. cit. p.97
(38) Op. cit. p. 167
(39) El uso de “dígote” o “hágote saber”, que por otra parte también aparece en Guevara; etc.
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