El mar de las lentejas y de la imaginación - Antonio Benítez Rojo y la nueva novela histórica
3 - Antonio Benítez Rojo y la nueva novela histórica
La tesis hegeliana de que las naciones deben negar su pasado primero para así llegar a asimilarlo, a superarlo –para nutrirse de él— tiene una gran resonancia en el ciclo de novelas conocidas como históricas dentro del contexto latinoamericano de las últimas décadas. El Mar de las Lentejas (1984) de Antonio Benítez Rojo cae indudablemente dentro de ese grupo de obras empeñadas en retomar, reinterpretar y asumir tanto aspectos pocos conocidos de nuestro pasado como de nuestra identidad histórica, aspectos que de alguna manera nos forman. Los novelistas, al parecer inconformes con un legado tan pobre, han salido a la caza de la Historia, de los códigos que nos definen y nombran. No es que esos autores tengan que acudir necesariamente a una especie de cacería transepocal: la Historia a asimilar, negar e incorporar se ubica tanto en un pasado remoto (a cinco siglos de distancia ya y que se aleja vertiginosamente) como en la más vigente actualidad. Sin embargo, el descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo están a menudo al centro de esa gestión literaria. Aunque esos hechos no sean el punto de partida de la historia continental americana, éstos sí juegan un papel fundamental con respecto a la identidad de los pueblos del Caribe o Pueblos del Mar.
Lo primero que salta a la vista en esta novela es su sazonado título: en él, Antonio Benítez Rojo expone en poquísimos tropos su concepción de lo que es el Caribe: el mar de las lentejas es una parodia de la denominación que el cosmógrafo Guillaume le Testu emitiera para la zona: la mer de lentille, parodia convertida por asimilación fonética en lenteja, en joya, pero también en sopa, en potaje, en gigantesco melting pot, definición que del Caribe sustenta el autor. O dicho con sus palabras, el Caribe es "un meta-archipiélago". Así nos lo revela el propio Benítez Rojo en su ensayo "The Repeating Island", aparecido en la antología de Gustavo Pérez Firmat, Do the Americas Have a Common Literature? (1990).
El concepto de meta-archipiélago para definir el Caribe es fundamental para llegar a entender la obra del autor cubano. Para Benítez Rojo, las Antillas no son un aglomerado de islas heterodoxas e inconexas sino una misma isla "que se repite", y no en el sentido físico o terrestre específicamente sino en otros más profundos como en el sentido cultural, en el ontológico, en el histórico. Lo que se repite no es una isla sino su escencia, sus manifestaciones vitales, culturales, folclóricas, religiosas y hasta tribales. De ahí que el Caribe no se circunscriba a un mero espacio geográfico (el cual , según el autor, también es un puente entre la América del Norte y la del Sur) sino a cierto grupo de valores que pueden aparecer o florecer en cualquier rincón del planeta, tanto en Bruselas como en Buenos Aires. El Caribe es ritmo, improvisación y cierta ternura. Es un meta-archipiélago porque no existe solamente en tanto lugar geográfico sino también como valores comunes compartidos por grupos humanos de naturalezas diversísimas que el meta-archipiélago se encarga de convertir en valores altamente permanentes y uniformes.
Es importante también acudir al concepto que de texto sustenta Antonio Benítez Rojo como escritor de esa región sui generis, del Caribe, para entender la obra que nos incumbe. Para el autor cubano, un texto literario es también un pre-texto que comienza a existir en el momento en que es leído por el lector. Texto y lector desarrollan una tácita relación seductiva que, según el autor, no se corresponde con el concepto de texto formulado por la escuela postestructuralista desde la contemporaneidad. Para Benítez Rojo, esas teorías literarias —ese discurso— pertenecen a las sociedades postindustriales y no a la caribeña, permanentemente ubicada esta última en una suerte de pre-industrialismo perpetuo. El discurso del Caribe es de naturaleza intuitiva, primigenia, sin dogmas ni parámetros preestablecidos mientras que el otro discurso es epistemológico, afectado por el advenimiento de la era postindustrial con todo lo que ello implica. Considero que ha sido necesario adentrarnos en estos dos conceptos que el autor concibe y maneja de una forma muy peculiar para desde ellos analizar El Mar de las Lentejas.
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