



Según su propio testimonio, aparecido en la Historia de las Indias, obra de amplio contenido autobiográfico, fue en 1514, es decir, a los treinta años de edad y después de doce años de estancia en el Nuevo Mundo, cuando Bartolomé de las Casas comenzó su reacción dialéctica contra los abusos que los conquistadores ejercían sobre la población indígena del Nuevo Continente. Años más tarde, hacia 1542, se desprende de su obra un breve texto que finalmente se ha convertido en la mayor apología contra las injusticias cometidas durante la conquista. Indudablemente, el propósito de Bartolomé de las Casas al terminar de redactar la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, era cambiar el transfondo de una realidad que en menos de un siglo había degenerado de manera incontrolada por parte de las máximas autoridades ubicadas en la Metrópoli. Este hecho, presente a lo largo de todo el texto, se desprende de su afán y tenacidad en apuntar soluciones mediante modos alternativos de colonización y evangelización1. Es por ello que la publicación de la obra supone una ruptura dialéctica en el medio social como soporte informativo de unos datos desconocidos o ignorados por las autoridades españolas de la corte de Carlos I. De esta manera la tesis estaría constituida por la realidad latinoamericana del momento; la antítesis, por la denuncia lascasiana; y la síntesis, por las consecuencias que de ella se derivaron mediante la toma de medidas políticas encaminadas a mejorar el precario contexto en el que la población indígena se sometía al poder de la colonización.
La función principal de la crónica histórica es la función informativa. Así pues, queda bastante clara que la intención primordial de Fray Bartolomé era la información. Pero, para cumplir con su objetivo, el dominico español debía buscar el soporte textual más adecuado para que su voz resonara con cierto eco en el entorno del príncipe Felipe II, responsable real de los asuntos de Indias en aquellos años. Este hecho viene respaldado por la desatención que la denuncia lascasiana había recibido ante sus anteriores escritos condenatorios.
El título mismo se encamina en esta dirección. Tildada de "brevísima", su Relación se alejaba del grueso volumen de hojas manuscritas de sus anteriores obras, la Historia de las Indias y la Apologética Historia. La vasta extensión de sus denuncias anteriores, en boca de Bartolomé de las Casas, pudo ser la causa del olvido de Felipe II:
"...deliberé, por no ser reo, de las peticiones de ánimas y cuerpos infinitos que los tales perpetuaran, poner en molde algunas y muy pocas que los días pasados colegí de innumerables que con verdad podría referir, para que más facilidad Vuestra Alteza las pueda leer."2
De la cita expuesta se sobrentiende que la forma y estructura de la brevísima no es casual, que Fray Bartolomé decidió insertar sus denuncias en una estructura episódica por un motivo premeditado. En el prólogo, se vuelve a referir a esta cuestión:
"...y parecióle cosa conveniente ponella en molde, porque Su Alteza, la leyese con más facilidad."3
Resulta evidente, por tanto, que el Padre las Casas pensaba que la elección de un molde episódico contribuiría a que su obra, en esta ocasión, no fuera desatendida por Felipe II. Por otra parte, se plantea la cuestión de que cada episodio mantiene una estructura que es propia del relato breve tradicional, es decir, que posee una organización determinada de materiales lingüísticos, es decir, el discurso, y referencia de un complejo humano en un marco espacio-temporal, o sea, la historia. Así pues, el propósito de este trabajo es describir el engranaje discursivo, propio del cuento, mediante el cual se estructura la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, y que dota al texto de dos funciones fundamentales: una que le es propia por su adscripción al género de la crónica histórica: la información; y otra, la literariedad, que viene dada por su estructura y la toma de modelos narrativos más próximos a la literatura que al género histórico.
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