



Uno de los aciertos cómicos de la película es la introducción de estas dos simpáticas
guardias civiles, Benítez y Cardona, interpretadas por Geli Albaladejo y la misma Elvira Lindo, como ya se ha apuntado. Estos personajes aparecieron ya en La primera noche de mi vida (1998), la ópera prima de Luis Miguel Albaladejo. En esta película aparecían ya muy humanizadas, veíamos a Cardona comprando compresas de alitas y a Benítez comentando lo guapa que era la encargada de la gasolinera. En la novela Picadura mortal (1979) de Lourdes Ortiz la protagonista, Bárbara Arenas, fue la primera mujer detective de la literatura española. En la serie de novelas policíacas de Lorenzo Silva, de las que ya ha escrito tres, El lejano país de los estanques (1998), El alquimista impaciente (2000) y La niebla y la doncella (2002), la co-protagonista es la cabo de la Guardia Civil Virginia Chamorro, que se representa como una mujer fuerte, sensible, guapa e inteligente que ayuda a su superior el sargento Vila a resolver crímenes difíciles. La cultura de la democracia poco a poco empieza a producir un feminismo policial.
En diferentes publicaciones el crítico Juan Carlos Rodríguez ha repetido la idea de que la novela policíaca española no podía comenzar hasta que no hubiera una sociedad democrática, ya que en la dictadura no hay policías sino torturadores. Es así que es en democracia cuando se puede representar a esta pareja cómica de guardias civiles, cabezonas, buenas personas, simpáticas, que sirven para encarnar de una manera muy positiva el nuevo estado democrático. El franquismo de los cincuenta sólo pudo darnos en el lado positivo a Manolo, guardia urbano, con un magnífico Manolo Morán. Pero era eso, un guardia urbano, una fuerza de seguridad que no estaba encargado directamente de la represión política. Al final del franquismo vendría el primer policía detective de la literatura española, Plinio, el policía municipal de Tomelloso creado por Francisco García Pavón y quien preludia ya la llegada de la democracia.
La Guardia Civil es históricamente tal vez el primer instrumento y el primer símbolo del estado-nación liberal-conservador (López Garrido 79), es así que la comida fraternal entre la Guardia Civil y la familia de Manolito significa que en la nueva España democrática hay una armonía entre los ciudadanos y las instituciones. “La Guardia Civil es también exponente, en sus primeros años, de una dinámica de modernización administrativa” (Ibíd. 142). Es así que la película vuelve a modernizar a la Guardia Civil mediante la utilización de mujeres, epítome de la modernidad democrática. El abuelo de Manolito lo expresa con claridad: “Yo le voy a ser sincero, a mí la guardia civil nunca me ha gustado, pero parece que con las mujeres el cuerpo se humaniza. ¿Está buena la paella?” (135). La Guardia Civil de la dictadura no le podía gustar al abuelo porque era un cuerpo represivo, pero en democracia representan la armonía entre la ciudadanía y las instituciones del estado.
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