



El conflicto principal de esta segunda parte de la película ha sido obviamente el falso secuestro de Manolito. Pero anterior a éste hay otro. Manolito se despierta sobresaltado en la habitación del modesto hotel y se da cuenta de que su padre no está en su cama. Se asoma por la ventana y ve a Manolo dándole un misterioso paquete a una mujer rubia que no es otra que Alicia, la dueña o encargada del modesto establecimiento hotelero. Lógicamente Manolito le cuenta todo a su madre por teléfono a la mañana siguiente lo que lleva a una pelea de los padres. El misterioso paquete resulta ser un disfraz de El Zorro que sus padres le entregan cuando llegan a la playa. Este disfraz es uno de los más complejos símbolos de este apartado final. En el libro primero los niños se disfrazan de pájaros de la paz para un concurso al que los lleva la señorita Asunción, pero descubrimos que el disfraz que todos los niños poseen es el de Superman. Aunque ningún símbolo de la cultura contemporánea es simple, podemos coincidir que el de Superman es menos complejo que el de El Zorro. Afortunadamente existe un magnífico trabajo sobre éste escrito por Nadia Lie del que podemos sacar una serie de datos que nos ayudan a nuestra investigación y a una mejor comprensión de la escena que nos ocupa. En vez de citar prolijamente adapto sus datos al estudio de la historia de Manolito. El disfraz captura la imaginación del padre primero que es quien lo compra y en segundo lugar del hijo. La nueva popularidad viene dada por la exitosa película The Mask of Zorro (1998), dirigida por Martín Campbell, protagonizada por Antonio Banderas, y producida entre otros por Steven Spielberg. El Zorro es tal vez el único mito español producido por la cultura norteamericana. Es un don, un aristócrata, que está apegado a sus raíces españolas y que no se encuentra a gusto en la secularizada California mexicana que va de 1822 a 1848. Don Diego de la Vega y sus amigos serían en el contexto español algo parecido a los carlistas luchando contra la monarquía liberal de Isabel II. El Zorro que crea Johnston McCulley en 1919 es una persona que restaura la justicia y no un reformador. Como dice la profesora Lie (492) es alguien que está contra el sheriff de Nottingham y no contra el rey. El Zorro de McCulley subraya lo español como añoranza de un pasado caballeresco que equilibrara la rápida modernización del país. A fin de cuentas es el mismo panorama que se lee en las Leyendas de Bécquer, una nostalgia del honor del feudalismo pero sin feudalismo, para compensar la irrupción del capitalismo y la democracia. Nos dice Lie (495) que la nueva versión de El Zorro tenía como uno de sus objetivos el de atraer a la audiencia hispana de los EEUU y del resto del mundo hispano, y la reacción de la familia de Manolito así lo confirma. En el caso español el atractivo es total. Esta película tiene dos Zorros, el primero es Anthony Hopkins y es un español “puro”. En la España de la Unión Europea en la que es tan importante la identidad común con el resto de Europa en vez del España es diferente, los ojos azules de Anthony Hopkins significan que España ya pertenece al club. Ya no es Anthony Queen el que hace de español sino Anthony Hopkins. Pero la genialidad de la película es doble, porque quien Manolito quiere ser es Antonio Banderas, Alejandro Murrieta, el segundo Zorro, quien según el guión de la película es un mestizo. Esto permite a los españoles ser iguales a los europeos del primer Zorro e iguales a los del segundo Zorro, los hispanos de EEUU, que son los hispanos que están ahora de moda en el otro lado de la modernidad, Estados Unidos. Dice la profesora Lie (496) que ésta no es una película sobre el Zorro sino cómo convertirse en Zorro. Murrieta/Banderas tiene que practicar mucho y controlar sus impulsos para convertirse en El Zorro. Si Manolito practica se puede convertir vicariamente en un caballero español y en un hispano. ¿Y quiénes son los malos de la película? Los malos son los independentistas californianos. La película se inventa un grupo inexistente para evitar que los malos sean españoles, mexicanos o los estadounidenses. Estos villanos imaginarios son los nacionalistas. Al igual que Banderas salva a California de una independencia nefasta, Manolito con su película, construyendo la comunidad imaginada España, la salva del nacionalismo excluyente y étnico, construyendo un nacionalismo incluyente, sincrético, bifronte y flexible. El hecho de que la serie se haya traducido al catalán, al gallego y al euskera y que se haya vendido bien en estas lenguas confirma el hecho de que Manolito funciona bien como símbolo de la España de la democracia. Manolito sería el Juanito Español de la democracia.
El sincretismo de este nuevo mito del Zorro o Zorros permite a Manolito contestar a muchas de las interrogantes de la modernidad y solventar contradicciones. El nuevo Zorro es multiétnico, plurinacional, pequeño burgués y aristocrático, de ojos azules y ojos negros, europeo y americano, nacionalista y antinacionalista. No se puede encontrar un mejor disfraz para Manolito.
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