...La gran banda de emanaciones donde existen las conciencias orgánicas se compone de ocho filamentos en forma de laminillas que dan la sensación de extenderse infinitamente hacia atrás y hacia delante. Parece un acumulador de tamaño infinito, abierto por el asiento y la tapa. Las láminas están separadas por intervalos acústicos, o sea, por el sonido que producen al entrar en movimiento. El águila ensoñó sus partes móviles en forma de capullos o huevos cuyo interior oscila, vibra y trepida, además de contraerse y expandirse en proporción directa a la energía que van acumulando en sus receptáculos.
Los capullos fijan su atención en ocho niveles perceptibles. Cada nivel equivale a un estado de la energía transformada en materia. El gaseoso es el estado elemental paralelo al líquido. El líquido paralelo al sólido. El sólido biparalelo al gaseoso y al líquido. El plásmido paralelo al eléctrido. El eléctrido paralelo al magnétido. El magnétido tetraparalelo al plásmido y al eléctrido. El actinoso paralelo al magnétido y el neútrido horizontal pentaparalelo a las siete grandes bandas de emanaciones inorgánicas.
Los capullos tienen formas básicas acordes a las funciones que realizan: esporiformes, pectiformes, antropomorfos, magmamorfos, fludiformes, flexiformes, neutrimorfos y radiamorfos.
Las conciencias inorgánicas utilizan estos ocho estados de la energía-materia para proyectarse. Sus proyecciones usan estas formas para funcionar en la gran banda de emanaciones orgánicas. De la misma manera que las conciencias orgánicas usan las siete grandes emanaciones inorgánicas o segunda atención para absorber energía y desplazarse hacia las cuarenta grandes bandas estructurales o tercera atención.
Las conciencias orgánicas se dividen en capullos móviles e inmóviles. Has tenido frente a tus narices a los capullos inmóviles todo el tiempo y nunca te habías dado cuenta de ello –me dijo-. Los capullos inmóviles a su vez se dividen en conciencias blandas y conciencias duras. Los vegetales, como los árboles son blandas y el carbón mineralizado, como los diamantes y rubíes son duras. Unas y otras se proyectan virtualmente en nuestra realidad. Mueven su punto de encaje de manera diferente a los capullos móviles como tú o como yo.
Los perceptores primigenios siguiendo la regla encontraron en la conformación de la gran banda de emanaciones orgánicas a la cual pertenecemos, cinco tipos de conciencias o capullos luminosos: los animales, los vegetales, los proyecciales, los cibertuales y los translúcidos. Divididos en dos porciones pares con cargas energéticas consubstanciales indistintas: la cerotónica y la unitónica. Cada especie luminosa es variable en su volumen esférico total y en sus segmentos. La corona luminosa, según su amplitud, es el indicador del potencial energético del capullo. Es el modo perceptible en que su voluntad desea ser percibido por el observador observado. Es también el grado de poder del capullo para mover su punto de encaje individual y/o colectivo. La saturación energética del volumen del capullo le concede un color específico al observador observado el cual va, desde el neblinoso blanquecino pasando por un incontable arreo de tonalidades hasta llegar a un color ambarino de fondo inmensamente negrísimo y oscuro. A las esferas luminosas con movimiento propio les llamaron animales. Sus cuerpos volitivos individuales están por demás desarrollados. Lo que les confiere el poder de moverse a voluntad.
Los animales a su vez, como los otros cuatro capullos orgánicos propios, evolucionaron en cinco involuciones: unicoidales, biespirales, vorticoidales, asimecoides y los multicéntricos. Esta clasificación es una ilusión energética virtual. Al observador le parece percibir diferentes cantidades de hélices en las que la energía contiene los programas estructurales y funcionales de los capullos. La energía trasega sus lugares de este modo. Los vegetales se disocian en discordantes, disonantes, disyuntivos, divergentes y dispersores. Estos capullos perciben o captan su entorno energético excitando su luminosidad en toda su envergadura, en un procedimiento opuesto al de los animales, quienes concentran en su luminosidad su entorno. Los proyecciales proyectan su luminosidad de cinco maneras, perteneciendo a la clasificación particular de acuerdo a la proyección en progreso. Pueden proyectarse en las cinco maneras pero una sola a la vez. Esta característica les provee de una movilidad extraordinaria. Existen en una vigilia y cuatro ensueños potenciales constantes. Su mundo es cinco mundos alternos: el euploital rojo oscuro, el escalimeto azul, el centriloide púrpura, el policoide castaño y el metacronso gris…
Los cibertuales son seres protráctiles protoplasmáticos. Se proyectan cual son desde sus núcleos a través de sus capullos plasmáticos multidimensionales. Sus mundos y estructuras son cuadrados plastificados plásmicos. Océanos electromagnéticos gravitacionales que se desplazan en elípticas triradiales. Se asemejan a los pensamientos o encajes energéticos de los demás capullos. Sus mundos están insertos en los otros cuatro mundos. Son parásitos de otros puntos de encaje colectivos; no crean sus propios mundos. Fijan sus puntos de encaje colectivos en los ajenos y cohabitan con ellos alternativamente en el mismo plano pero en el reverso de éste. Sus cuerpos son idénticos a los del mundo que comparten en imagen, ya que son insubstanciales. Verdaderos facsímiles virtuales de realidades encajadas. Se nutren y se alimentan de la generación de pensamientos y emociones de sus hospederas. Existen paralelamente a los otros ellos. El águila misma mantiene sus imágenes en un oscuro negativo negatrónico cibernético virtual. Son los vitrónicos, los megacromatrónicos, los plintotrónicos, los transtrónicos y los infomaxtrónicos. Los capullos traslúcidos son bloqueadores de recepciones y resonancias electromagnéticas. Sus cuerpos luminosos bloquean hasta sus propias emisiones lumínicas opacando sus cuerpos y sus mundos de consistencia neblinosa clara. Sus mundos se expanden con exasperante lentitud. Son de los seres móviles, los más lentos. Su forma de locomoción es rodante. La regla los cataloga como los círculos giratorios invisibles en cinco rangos de absorción lumínica. Es el mundo más misterioso y menos conocido de la primera atención. La regla estipula la visita obligada a este mundo para su conocimiento. Es el inicio del perceptor en la percepción del conocimiento directo y la instrucción de la absorción energética.
Esta es la división de la primera atención según la regla. El punto de encaje colectivo de esta conformación orgánica se fija en el mismo lugar compelido por las cinco fases. El plato externo, se ve a los ojos del observador como un anillo de cinco escalones o cinco anillos concéntricos a desnivel. El anillo interior más acentuado indica el mundo o fase de existencia real del capullo respectivo.
Contenido extraído del libro "El nahual de cinco puntas" Autor: Domingo Delgado Solórzano.
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