La extensión tecnológica del conocimiento a la que en este período de transición asistimos viene caracterizada socialmente , entre otras variables, por dos tendencias básicas fundamentales : la inflación informativa y la rápida obsolescencia de las formas y el contenido disciplinario de los saberes. Por otra parte, la estructura dinámica de lo que algunos autores denominan la era tecnotrónica tiende, de manera acelerada y casi vertiginosa, a la convergencia de la tecnología, conformando así las señas de identidad de los modernos medios de comunicación que fueron apareciendo a lo largo de la década de los ochenta para renovar o sustituir , según los casos, la función de los medios más convencionales.
Algunos de estos rasgos definitorios de las nuevas condiciones impuestas por la lógica de la innovación en los procesos de transmisión y uso pedagógico de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación aportan enriquecedoras y amplias potencialidades a la imaginación práctica creadora. Ahora bien, el carácter transformador, la ruptura epistemológica planteada desde la necesaria reflexión prospectiva que marcan los recientes cambios en el ámbito de la industria de la comunicación y la cultura exige un replanteamiento radical del problema de la renovación pedagógica, capaz de permear el sistema educativo en función de las transformaciones sociales y la configuración actual de los saberes mediante el desarrollo de un nuevo pensamiento social , que en su trabajo analítico sobre el alcance de las presentes mutaciones culturales, pueda contribuir a una nueva conceptualización compleja del problema del saber y el conocimiento en relación a las formas de organización social, a la luz de un nuevo campo de estudio , como el de la Comunicación Educativa , cuyas aportaciones sin duda podrían renovar consistentemente los objetivos, las metodologías y fundamentos didácticos y paidológicos en los procesos de aprendizaje social, más allá de la restrictiva topología newtoniana y su filosofía del saber extensivo.
Este esfuerzo demandaría , por consiguiente, de parte de la investigación en materia de comunicación educativa una apertura compleja del campo de estudio fundamentando , en primer lugar, el objeto-problema de la disciplina y, quebrando, acto seguido, paradójicamente, en segundo lugar, la unidad disciplinaria de este tipo de investigación para favorecer una renovación conceptual, teórica y práctica a partir del trasfondo turbulento de las ciencias sociales en relación a las necesidades de desarrollo social.