El país por un dinerito - Bush Iám sorry, Chavez is crazy (I)

8 - Bush Iám sorry, Chavez is crazy (I)

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Monografía creado por José Del Grosso. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
18 de Enero de 2006
No sorprende para nada que la gente de la clase media y alta exprese consignas y opiniones en contra del Presidente Chávez en Inglés, que los venezolanos sueñen con vivir en USA, hagan sus compritas en Miami, críen a sus hijos como yanquis, se diviertan como tales, estudien en gringolandia, que como profesionales y comerciantes tengan una mentalidad gringa y entreguen PDVSA y el país por un dinerito.

La penetración cultural en Venezuela ha sido siempre favorecida y respaldada consciente e inconscientemente por las clases privilegiadas de muchas maneras. Desde la época de la invasión española se impuso en América la idea de “civilizar estas tierras de salvajes”. Los conquistadores y misioneros inicialmente impusieron la cultura española, más tarde los colonos no sólo siguen copiando a España, sino que copian a Francia e Inglaterra y, para los tiempos de nuestras luchas de Independencia, copian también las ideas filosóficas, científicas, políticas y económicas de USA.

En el devenir del tiempo, sistemáticamente se propone y concreta la inmigración de europeos, quienes continuaron reafirmando el patrón inconsciente del arquetipo del patriarca a través de sus hábitos de vida y trabajo, educación, conocimientos...; con el propósito explícito de transformar a “estas gentes”, mezcla de ¿razas inferiores?, en “seres civilizados” y atraer hacia el país la inversión de capitales extranjeros a fin de poder hacer de este ¿un país desarrollado?

Si alguna vez se tuvo en Venezuela la idea de independencia y autonomía, la posibilidad de hacer esto una realidad concreta se perdió debido a las estrategias utilizadas por quienes, en su afán de lucro, no hicieron más que copiar para parecernos a los ¿países desarrollados? Durante el siglo pasado, particularmente durante las décadas de los 60 a los 90, a través del engaño de convertirnos en una nación moderna, lo que en realidad logramos fue facilitar la colonización imperialista de USA en nuestro país. Durante el período de los 60 al 2000 la clase media y alta nos aficionó principalmente por todo lo estadounidense y secundariamente por lo europeo, acentuándose aún más la penetración cultural a través de la ideología cientificista europea y estadounidense, la economía y los medios de información.

El positivismo y la penetración cultural


El positivismo es una doctrina derivada del paradigma carteseianonewtoniano, que refleja con precisión el patrón de percepción, pensamiento, sentimientos, acciones y relaciones del arquetipo del patriarca, pues, entre otras cosas, expresa la exacerbación de una masculinidad inmadura en detrimento de la feminidad en todos los niveles de la vida.

Recuérdese que el objetivo por el cual nace la ciencia moderna es la obsesión del control de la madre naturaleza con el fin último de procurar ¿el bienestar de la Humanidad?; que muchos fueron los filósofos que afirmaron que el conocimiento es poder; y que la imagen que teníamos hasta hace poco del científico y del intelectual era la de un hombre calvo, con lentes, barba y bigote, el cual vestía con una bata blanca que simbolizaba asepsia, distancia, neutralidad, objetividad, racionalidad y una expresión fría, que mira al mundo desde la altura del cerebro, despreciando la intuición, los sentidos, las emociones y su propio cuerpo.

Los intelectuales venezolanos desde finales del 1700 principios del 1800, en parte, debido al escaso estímulo intelectual en el país, en parte debido a la tendencia a copiar lo extranjero y, en parte, debido a la búsqueda externa de todo aquello que les permitiera ponerse a la altura de las naciones más ¿desarrolladas?, copiaron y adoptaron, entre otras doctrinas derivadas del paradigma cartesiano-newtoniano, al positivismo, como un medio expedito para el progreso y desarrollo de nuestra nación.

Nos dicen Carmen Anaya, Carolina Díaz, Yenny Gourmets y Maria Angela Petrizzo, en su artículo “La corriente positivista en el pensamiento político venezolano”, que al romperse el orden colonial impuesto por España en América, surgen entre nuestros pueblos dos tendencias: la de aquellos que deseaban hacer de cada país repúblicas modernas según los ideales de libertad y democracia y la de quienes se conformaban con implantar un régimen parecido al fundado por los españoles, pero sin España. En este contexto, a los latinoamericanos el positivismo les pareció que era la doctrina salvadora:

“ En ella (en la doctrina del positivismo) se concentraron todas las ilusiones de transformación social. Ella apareció como un movimiento de liberación política, económica, cultural y científica. Aunque en honor a la verdad, la realidad se presentó de forma diferente. Se conservaron muchos de los males sociales de la época, no llegó la ansiada felicidad, se cambió la metrópoli española por el imperialismo norteamericano y europeo. Empero, la doctrina positivista sirvió a muchos sociólogos y escritores para justificar los desmanes de grandes dictaduras (casos de Rosas, J.V. Gómez, Porfirio Díaz y otros)” (Autoras citadas).

El positivismo llegó a Venezuela en época tan temprana como los años de la Independencia. Sin embargo, en sentido estricto, según Arturo Sosa, este se difunde en el país en tres etapas. La primera cuando Adolfo Ernst es nombrado titular de la cátedra de Ciencias Naturales de UCV y desde allí difunde las ideas darvinistas. La segunda, es su expansión a todo el quehacer humano –historia, ciencias naturales, sociología, arte...-durante el período Liberal Amarillo. Y la tercera, en la que el positivismo se impuso como paradigma de pensamiento generalmente aceptado en todo el país, lo cual ocurrió aproximadamente entre finales del 1800 y 1930 (autoras citadas).

Sin embargo, yo diría que este paradigma ha predominado en la vida académica y científica venezolana hasta nuestros días, ello a pesar de que surgen hacia inicios del 1900 el paradigma Relativista con Einstein; el paradigma Cuántico/Relativista en la década de los 20; la Teoría del Caos en la década de los 60 y el paradigma Holográfico hacia los 70. Para comprobar lo que digo, basta con observar que la inmensa mayoría de las tesis de grado e investigaciones científicas de este país son del corte del paradigma cartesiano-newtoniano. Ahora bien, ¿qué implicaciones ha podido tener para nosotros el haber adoptado el paradigma cartesiano-newtoniano y los métodos de la ciencia moderna, expresados a través del positivismo?

El sentido en que utilizo aquí la noción de paradigma es el de un supermodelo que intenta explicar el comportamiento de todo cuanto existe en el Universo. Un paradigma puede ser definido como “un conjunto de principios cognitivos rectores sobre qué es la realidad, cómo relacionarnos con ella, percibirla, pensarla, experimentarla, sentirla y expresarla; los cuales son subyacentes a todo cuerpo de conocimientos” (José Del Grosso, “Más allá de mente y conducta”, p. 65).

Si reflexionamos un poco sobre la definición anterior, podemos deducir entonces que los paradigmas y los resultados de las investigaciones obtenidos sobre sus bases, no sólo nos proporcionan contenidos o conocimientos, sino que, además, imponen implícitamente normas generales de conducta que van más allá de las comunidades científicas y que sutilmente son extendidos a la población, generalmente, a través de diversos medios como lo son: la educación formal, los textos, los medios de información, el ejercicio de las profesiones... Así, sólo en lo concerniente a la medicina y a la psicología, podemos hallar que en buena medida han determinado nuestra manera de criar y educar a nuestros hijos, nos han hecho tener una visión particular de la genitalidad y la sexualidad, de lo que es ser mujer u hombre... Como ya habrá sospechado el lector a partir de lo antes dicho, la ¿ciencia? no es neutra, sino que puede, ha sido y es utilizada con fines de manipulación, control y justificación de cualquier cosa. Más aún, también ha servido para ocultar verdades, ya que los patrones de pensamiento que hemos aprendido de la ciencia, nos han impulsado a mirar ciertas cosas y a ignorar otras.

Siempre se ha insistido en la neutralidad y objetividad de la ciencia, se ha insistido en que los investigadores descubren leyes de la naturaleza y demuestran cosas. Pero todo ello no son sino apariencias, pues entre otras cosas: 1 Todo investigador siempre tiene algún interés personal al realizar sus investigaciones: fama, prestigio, reconocimiento, estatus, privilegios, dinero... 2 Toda explicación es autoreferencial, ya que las construcciones teóricas y las investigaciones de cualquier investigador están estrechamente vinculadas a su experiencia personal, esto es, a su educación, la clase social a la que pertenece, su formación profesional... (Von Foester). 3 Como explicaran ya en la década de 1940 investigadores como Hempel, la ciencia no demuestra nada y esto es muy cierto sobre todo en relación a la conducta humana. En las investigaciones sobre el ser humano, generalmente conocemos las probabilidades de que una persona actúe de cierta manera, pero no podemos saber con precisión ¿qué hara? (principio de incertidumbre), pues somos seres complejos. 4 ¿Cuál neutralidad puede existir en la ciencia, si las investigaciones suelen ser financiadas por los ricos, fundaciones, organizaciones... (John Bernal, “Historia de la Ciencias”), detrás de las cuales suelen estar logias, mafias, grandes corporaciones, servicios de inteligencia como la CIA...?

Manifestaciones claras en nuestra sociedad de la estructura y lógica de pensamiento que nos ha proporcionado el arquetipo del patriarca a través del positivismo las podemos apreciar en conductas como las siguientes: 1 Generalmente, el venezolano no se plantea el por qué o la esencia de las cosas. En general, se plantea el cómo a un nivel elemental, es decir, de relaciones entre una causa y un afecto inmediato, sin precisar el cuándo, dónde...

Difícil le es al venezolano, debido a su educación influenciada por el cientificismo moderno, apreciar la complejidad de los fenómenos y ser capaz de prever el desencadenamiento de consecuencias futuras. Ve un pedacito del árbol, pero es incapaz de ver el resto del árbol, mucho menos es capaz de ver el bosque y, generalmente, confunde las ramas del árbol con el árbol.

Así, ha sido su hábito el creer que sus males sociales se deben exclusivamente a los partidos políticos y/o a la maldad de los ricos, pero no mira cómo él mismo a través de su conducta también ha contribuido y contribuye con su “viveza” al caos colectivo; no mira hacia fuera del país y cree que la economía interna no es afectada por el mercado internacional y los intereses imperialistas de USA.

Así, cuando a la mayoría de la gente de la clase media se le habla de las intenciones oscuras de USA y su intervencionismo en nuestras vidas, esta responde que se trata de propaganda comunista mal intencionada, pues: “!Eso es imposible, ellos siempre nos han ayudado!”. 2 Generalmente, el venezolano siente un rechazo inconsciente por lo femenino. Suele: “desvincular y oponer las ciencias y humanidades”. “Privilegia lo intelectual sobre lo intuitivo, lo afectivo, los sentimientos y lo perceptivo”. “Subestima lo cualitativo y la calidad y exalta lo cuantitativo”... Recuérdese que en las ciencias se busca la objetividad y la misma se sustenta en la eliminación de las cualidades de los objetos.

Así, los investigadores venezolanos que se dedican a indagar sobre nuestra conducta suelen presentarnos una serie de datos que, regularmente, “nada nos dicen”, pero que a la mayoría suelen impresionar, incluyéndolos a ellos mismos. ¿De qué nos sirve saber que los obreros hacen el amor con más frecuencia que los profesores universitarios, si lo que en verdad importa es la calidad de las relaciones de pareja en su conjunto?

En el nivel de producción de cualquier cosa, importa la cantidad y las apariencias, pero no su calidad. A nivel de alimentación lo importante es comer mucho, pero no el qué se consume. En el nivel educativo formal lo importante es cumplir con los programas del Ministerio de Educación, pero no la calidad del aprendizaje... 3 La ciencia es esencialmente Yan, pues hay una actividad constante, la cual consiste en experimentar, manipular, controlar, medir, predecir, obtener resultados... es decir, no hay reposo. Se considera pérdida de tiempo el dedicarse a la reflexión y esa ausencia de reflexión conlleva inevitablemente a una profunda falta de consciencia individual y social.

No es raro entonces que esta pauta al llegar distorsionadamente al común de la gente se transforme en el hecho de que la mayoría no se vincule al proceso de lo que está haciendo, sino que le interesen los resultados. Más aún, es tanta la importancia que se le conceden a los resultados que generalmente no se repara en las consecuencias de estos:

v.g. al estudiante universitario le interesa más “graduarse rápido para obtener un título” que “aprender”; al profesor le importa más cuánto del programa ha pasado que el proceso de enseñar; a la gente le interesa más cobrar los últimos y los 15 que el hacer su trabajo y disfrutarlo... 4 El venezolano tiende a ser absolutista y dogmático. Como el científico, tiende a creer que hay una verdad única y absoluta, que sólo existe una forma de hacer las cosas.

Cuando mira a la política cree que sólo existe la gente de derecha y la gente de izquierda y que los únicos que tienen la verdad son aquellos individuos que comparten su opinión, razón por la cual, jamás se interesa en averiguar qué plantean aquellos que miran el mundo desde cualquier otra posición y qué hacen concretamente.

Cuando el venezolano piensa en economía, bien sea que haya hecho doctorados o no, cree que sólo existen dos modelos de economía, los cuales son antagónicos entre sí: el capitalista y el comunista; pero jamás se le ocurre ver las bondades y defectos de cada uno y hacerse su propia opinión a través de la experiencia y la reflexión; jamás piensa en conocer otros modelos económicos existentes; no piensa en la posibilidad de que pueda existir o se pueda crear un modelo económico propio o que exista una relación entre el factor humano y la economía, como no sea para controlar y manipular al otro en su propio beneficio.

En los ámbitos académicos es común que nuestros economistas se dividan en pro-capitalistas y pro-comunistas y se hagan la guerra entre sí, mirando al otro de reojo como si se tratara de un enemigo de la sociedad. También es común, que ateniéndose a las leyes de la economía, ignoren a los seres humanos y en la práctica las apliquen mecánicamente, lo cual traduce literalmente uno de los rasgos distintivos de la ciencia moderna: “el Universo es una máquina perfecta”. En esa mecanicidad se aprecia la tendencia a la dominación y el control como rasgos característicos del arquetipo del patriarca. 5 El venezolano ha terminado creyendo en la fantasía del progreso lento, gradual, que paso a paso nos conducirán a la Edad de Oro si seguimos pie juntillas las leyes de la naturaleza descubiertas por los científicos.

Esas supuestas leyes naturales, en particular cuando se aplican a la sociedad, la economía y la política, no son más que un modo de legitimar y mantener un orden político, económico y social. Mientras nos distraen con el ardid de que si seguimos ciegamente las leyes naturales “descubiertas por los expertos”, alcanzaremos el ideal individual del éxito, el bienestar y la felicidad; dichas leyes solamente son un pretexto para preservar la uniformidad ideológica y defender las condiciones del orden establecido, los procesos sociales y la productividad. Uno de estos ardides científicos lo podemos apreciar en la tesis de la “explosión demográfica”, cuyo objetivo era justificar el dominio de los monopolios estadounidenses, las maniobras de los oligarcas venezolanos y los desatinos y desastres de nuestros politiqueros de oficio.

Durante las décadas de los 60 y 70, los venezolanos creímos ingenuamente que una de las causas de la pobreza era la superpoblación, la cual era vista, además, como una amenaza tan grande como las posibilidades de una guerra nuclear. No faltaron médicos, psicólogos, economistas, políticos, demógrafos, historiadores... que se sumaran a esta idea. Hasta Alberto Lleras, quien fuera Presidente de Colombia y Secretario General de la OEA, se atrevió a decir que:

“ El motín, la forma más estúpida e irresponsable de la violencia, el recurso supremo de los demagogos, la escuela de entrenamiento de las escuelas de las juventudes extremistas o delincuentes, es el gemido de una humanidad que ya no cabe en parte alguna [...] el problema de la población no es que esté mal distribuida, sino que está creciendo más de la cuenta donde quiera [...] la explosión demográfica está creando ya problemas de miseria, desempleo y amotinamiento” (Cit. Por Brito Figueroa en: “Historia económica y social de Venezuela”, Tomo III, p. 792).

Así, en Venezuela fuimos testigos de la migración rural hacia las ciudades más grandes y los espacios en los cuales se asentaron las grandes industrias y, con ello, cómo progresivamente se incrementaban los cordones de miseria, en donde vimos con nuestros propios ojos y seguimos viendo, familias numerosas en espacios muy reducidos.

Esta migración no fue algo natural, ni algo que les naciera a los campesinos, ni es su gusto vivir en cinturones de miseria, ni es justo decir que son unos ignorantes e inmorales, que no hacían otra cosa que copular como locos y tener hijos como conejos... No, detrás de todo ello se ocultaba el hecho de que las mejores tierras de cultivo en América, Asia y África estaban yendo a parar a manos del capital monopolista; que a los campesinos de países como Venezuela y Colombia no se les daba el menor apoyo para que se mantuvieran en sus tierras: no se abrieron suficientes vías de penetración, con frecuencia los créditos agrarios iban a parar a mano de los ricos, a veces, no tenían escuelas, iglesias, electricidad, agua, servicios sanitarios...; y al ser estratégicamente echados de sus tierras, los campesinos, para no morirse de hambre, no tuvieron más opción que “irse a las ciudades, trabajar por el sueldo que fuera” y vivir en fabelas o barrios.

Con su prepotencia, ignorancia, inconsciencia e incapacidad para mirar desde otro punto de vista, los ricos y la gente de la clase media, cínicamente, sólo se limitó a criticar la “cultura que se había traído la gente del campo”, mientras, se aprovechaban de la mano de obra barata de “!esos!”.
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5 opiniones

cultura de masas

buena
Opinión respetable

Hay críticas de forma por que de fondo no se atreven. Miedo al ridículo y falta de argumentos
no esta totalmente bien redactado pero manifiesta mucha de la verda que otros niegan

mas elementos de juicio que vienen a consideracion, mis mas sentidas felicitaciones por el atrevimiento de poder decir lo que piensas, eso es lo que llamo libre desarrollo de la personalidad.
fue una mierda esa epoca

era una porqueria la forma de tratar a los imigrantes de la epoca ...
Pero que burro eres.

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Monografía de José Del Grosso. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24 CopyLeft
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