El país por un dinerito - Bush Iám sorry, Chavez is crazy (II)

9 - Bush Iám sorry, Chavez is crazy (II)

[editar]
Monografía creado por José Del Grosso. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24
18 de Enero de 2006
Muere la dictadura, nace formalmente la neocolonización: “Pagamos para que nos exploten”

A partir del 23 de enero de 1958, fecha en que es derrocada la dictadura de Pérez Jiménez, se profundiza y fortalece aún más el proceso de neocolonización que USA venía realizando en nuestras tierras. Entre el 48 y el 58, ya los Estados Unidos, dada la estructura económica y política del país, no sólo había logrado que sus multinacionales se radicaran en grupo numeroso en Venezuela y centuplicaran sus ganancias, sino que, además, había penetrado posiciones claves dentro de las instituciones fundamentales del Estado, centros de investigación y hasta la misma oposición política al gobierno (Brito Figueroa, “Historia Económica y Social de Venezuela”, Tomo III).

Es importante destacar aquí que la creación o penetración y mantenimiento de la oposición es una de las tres tácticas (Halcones, Palomas e Internos) de guerra que emplea Estados Unidos para mantener el dominio más allá de sus fronteras.

Normalmente, la estrategia de USA es penetrar tanto a la oposición de los gobiernos como al gobierno mismo para mantener enfrentadas a ambas partes, dividido los países, tener el control y maniobrar según sea conveniente.

En aquellos países cuyos gobiernos están cuadrados con USA, la estrategia consiste en dirigir desde adentro la oposición para conducirla a callejones sin salida y allí donde los gobiernos no les son afectos, es decir, allí donde los gobiernos nativos tienen claro lo que significa la adopción del modelo económico que vende USA al mundo, pero que estos no aplican en su territorio, su propósito es apoyar y dirigir la oposición para derrocar al gobierno, usualmente, aliándose con la oligarquía y los militares, y utilizando la estrategia de desacreditar a los gobiernos, calificándolos de “comunistas”, “autoritarios”, “dictatoriales”... (Noam Chomsky, Obra Esencial). En ambos casos, el objetivo es el mismo: mantener el control de los países.

Ya para 1958, USA también había enviado gran cantidad de profesionales especializados en las ciencias del comportamiento del Hombre para conocer nuestra idiosincrasia, motivaciones, estructura de clases, conflictos sociales, la dinámica de nuestras discordias pasadas, el espíritu del hombre público...

Legiones de sociólogos llegaron al país financiados por la Fundación Ford, la Fundación Rockefeller y los departamentos de sociología de cualquier universidad estadounidense interesada en el “estudio de Latinoamérica”.

Es de destacar que las “benéficas” fundaciones yanquis no son sino Caballos de Troya del Departamento de Estado de USA y la CIA. Su objetivo fundamental durante las décadas de los 50 al 80 fue “luchar contra el comunismo” y “contra todas aquellas naciones que se opusieran a la hegemonía de USA”.

En particular, la Fundación Ford se constituyó en 1957 en organización paragubernamental, cuyo objetivo en aquel momento fue recopilar información para la CIA. Asumió, además, entre otros, el proyecto Camelot, un proyecto macrosociológico que tuvo por objeto estudiar a aquellos grupos de América Latina que pudieran repetir la experiencia de la Revolución Cubana. En su obra ya citada, Brito Figueroa nos dice:

“ En los meses anteriores a enero de 1958 los monopolios (estadounidenses) estuvieron presentes en todas las combinaciones de palacio en tanto que deslizaban sus elementos de penetración en instituciones de oposición a la dictadura, civiles o militares” (p. 721).

Además, resulta muy revelador lo que Brito Figueroa continúa diciendo en las páginas posteriores:

“ Los monopolios norteamericanos auspiciaron desde Nueva York, una reunión de los líderes más destacados de la pequeña burguesía en aquella época: Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafeal Caldera, en búsqueda de una solución conciliatoria, que excluyera preferentemente a los representantes de la democracia revolucionaria, que presumían orientaría la lucha de masas en el interior de Venezuela hacia acciones realmente revolucionarias, en primer término contra la dominación imperialista [...] La solución conciliatoria era la que convenía a los monopolios norteamericanos para impulsar la dependencia económica hacia la colonización global de Venezuela”.

El tan alabado nacimiento de la democracia en enero del 58, era una táctica de poder consistente en sustituir a un gobierno rotulado como “dictadura” por otro rotulado de “democrático”.

Durante los primeros años de la dictadura democrática, la población quedó deslumbrada por las reformas y supuestos avances para el desarrollo del país, deslumbramiento el cual no era muy difícil de causar debido a que en el 58 Venezuela aún parecía una gran aldea. El desarrollo consistió realmente en que mientras se hacían obras de gran envergadura y transformaciones visibles en las ciudades, que servían de cortina de humo, los monopolios estadounidenses penetraban y participaban con mayor profundidad de manera más directa en el manejo de Venezuela.

Rómulo Betancourt, Carlos Andrés Pérez y Caldera, entre otros, abrieron de par en par las puertas al imperialismo yanqui. Las clases dominantes también estuvieron presentes identificadas con el modelo de ¿desarrollo? económico gringo. Como señala Brito Figueroa, el error de los revolucionarios de aquella época estuvo en su falta de claridad para entender que la lucha debía consistir en una alianza de las diversas clases sociales para luchar contra el imperialismo... Lo revolucionario hubiese consistido en

“ golpear básicamente el dominio de los monopolios norteamericanos, facilitar el desarrollo de una consciencia nacional antiimperialista y de ninguna manera luchar a toda costa por regresar a la constitucionalidad, constitucionalidad que en el caso concreto de Venezuela tenía y tiene un carácter de clase muy definido, que transforma la clásica institucionalidad burguesa en un instrumento más de dominación colonial” (Brito Figueroa. Op. cit. pp. 724-725).

En el ámbito político, Acción Democrática (AD) y Copei jugaron un papel destacado en el proceso de entrega del país al imperio. Gobernaron esencialmente en función y en defensa de la burguesía asociada estructuralmente a los monopolios estadounidenses:

“ Obsesionados por el control de la economía, los dirigentes de los partidos en el poder se han cuidado mucho de emprender las grandes reformas indispensables, atadas como estaban a los métodos intervencionistas y preocupados por su propio enriquecimiento. Raramente se habrá visto cómo algunos cientos de familias hacen pedazos un país tan opulento y, desde hace decenios, se reparten cualquiera que sea su opción política, sus fabulosas riquezas” (Arturo Uslar Pietri, “Victoria de Chávez en Venezuela: el eterno retorno del populismo”en: Geopolítica del Caos. p. 302).

Si retrocedemos en el tiempo, tenemos que, por ejemplo, entre 1958 y 1968 las inversiones extranjeras en Venezuela aumentaron en un 24%, destacando entre ellas las inversiones estadounidenses, las cuales ascendieron al 71,4% del total de las inversiones imperialistas. Las inversiones del imperio durante los gobiernos de Betancourt y Leoni, líderes de AD, mientras mantuvieron su ritmo en los renglones del petróleo y del hierro, se extendieron al sector industrial, al sector agropecuario, la banca, las financiadoras, el comercio, la construcción... y generaron una completa dependencia tecnológica.

En el sector industrial, nos describe Brito Figueroa en su obra antes citada, que el capital estadounidense dominaba el sector de la industria química, farmacéutica y metalmecánica, las ensambladoras de vehículos, cauchos y sus derivados, bebidas, textiles, cosméticos, envases, enlatados, jabón y artículos de aseo. En el sector bancario el control estuvo vinculado a las siguientes instituciones:

“ The National City Bank, The Royal Bank of Canada, Banco Holandés Unido, Banco Provincial, Banco Mercantil y Agrícola, Banco la Guaira Internacional, Banco Latinoamericano de Venezuela y Banco de la Construcción” (p. 732).

¿Qué significa lo anterior? ¿En qué se tradujo en la práctica, siendo el nuestro un país monoproductor?

En términos psicológicos en la mayoría de los venezolanos generó una sensación de euforia, de contento, de prosperidad, de progreso, de seguridad económica y psicológica... Uno veía que se construían cosas por todos lados, se instalaban fábricas, había muchos productos nuevos y suntuosos en el país, la propaganda incitaba a gastar... Algunos tuvieron la oportunidad de ahorrar, invertir, hacer negocios, aumentar su capital... Sí, todo ello era evidente. Había dinero circulando y se crearon nuevos puestos de trabajo. Podríamos pensar que en aquella época mucha gente se dijo: “Estamos en el paraíso. Habría que estar loco para oponerse a toda esta prosperidad”. “Sólo los malvados comunistas como Fidel Castro pueden oponerse a las leyes naturales del desarrollo económico y la libre empresa...”. “Los capitalistas dan y enriquecen, los comunistas quitan y empobrecen. ¡Viva el capitalismo. Defendámoslo!”

Seguimos en aquel entonces el modelo capitalista de producción USA y en los 70 pensamos que íbamos bien encaminados hacia un progreso que nos colocaría directamente a la cabeza de los países del ¿primer mundo?

Embriagados de euforia nunca nos preguntamos ¿cuál podría ser el costo social de calidad de vida y espiritual para todos? ¿Qué se generaría en términos materiales?

En el macrocontexto se fue generando la desnacionalización y la descapitalización del país.

La desnacionalización a través de la gran cantidad de industrias estadounidenses, la creación de industrias con capital mixto, es decir, con capital extranjero y capital de la oligarquía y/o el estado; y la importación de tecnología.

En sentido psicológico la desnacionalización era lograda a través de la penetración cultural, principalmente, por la vía de la llamada “industria cultural”, cuyos mensajes “ocultos” en términos generales tenían por objetivo intensificar la identificación de la clase media con la mentalidad y tendencia consumista del pueblo estadounidense e inconscientemente volverlo un defensor de sus intereses, mientras que a nivel de las clases menos privilegiadas la idea era mantener una falsa esperanza de ascenso social, generar un cierto conformismo y estimular su capacidad productiva trabajando para las transnacionales y la oligarquía.

No podemos negar que durante algún tiempo muchas personas ascendieron socialmente y que de hecho hubo un grupo numeroso al que denominamos popularmente “nuevos ricos”. Sin embargo, la mayoría de estos nuevos ricos procedieron de aquellos individuos que trabajando en el gobierno se sumaron a la corrupción por dinero. Sin temor a equivocarme, en proporción, fueron menos aquellos que ascendieron socialmente a través de su trabajo en el sector, sacrificios, ahorro e inversión.

La descapitalización se generaba porque, por una parte, las ganancias de los monopolios estadounidenses se iban del país. En el sector industrial de la producción de alimentos, sólo la empresa Diablitos Venezolanos, cuyo capital era en un 99,85% estadounidense, remitía a USA el 55% del capital invertido por pagos de patentes a la casa matriz. Eso significaba que cada dos años por el sólo concepto de patentes recuperaba el total del capital invertido. En el sector de la industria química, la sola empresa Interchemical por concepto de patente recuperaba el total del capital invertido cada cinco meses... (Brito Figueroa, “Historia Económica y Social de Venezuela, tomo III).

Por otra parte, porque, si bien existía una entrada de divisas fundamentalmente por la vía del petróleo, como producíamos escasamente algo, debíamos importar diversidad de productos a costos elevados, lo cual implicaba que todo el dinero que entraba por el concepto de petróleo y hierro volvía a salir por la vereda de las importaciones.

Lo más grave es que mientras nosotros vendíamos nuestra materia prima por céntimos de bolívar, una vez manufacturados afuera, al retornar a Venezuela bajo la forma de algún producto, lo debíamos pagar miles de veces más.

Para la oligarquía venezolana, importar representaba “negocio”, sacaban dólares, compraban fuera, preferentemente en USA y revendían en el país evadiendo impuestos la mayoría de las veces. Cuando no, los oligarcas rentaban patentes extranjeras, por cuyo concepto también salían dólares del país.

En el sector agropecuario, gran cantidad de tierras estaban en manos de los ricos, parte de la cual estuvo destinada a producir para exportar y parte de la cual permaneció ociosa por décadas.

Mientras todo ello sucedía, la pequeña y mediana industria iba desapareciendo, pues no podía competir ni con las transnacionales ni con las importaciones. Era más barato traer de Japón un motor eléctrico que producirlo en nuestras tierras. Un motor eléctrico hecho en Japón, con todo y el transporte costaba a finales de los 80 3 veces menos que hacerlo en Venezuela.

Importar equivalía a que, en lugar de nosotros, otras personas en el extranjero manufacturaran los productos que ¿necesitábamos?, lo cual contribuyó a mantener una significativa tasa de desempleo.

A su vez, también, la tasa de desempleo era engrosada debido tanto a la carencia de una mano de obra nacional calificada, la cual era sustituida por mano de obra extranjera; como al exterminio de la pequeña y mediana industria y del pequeño y mediano productor agropecuarios al no poder competir con los grandes capitales.

La política económica de los gobiernos de AD y Copei, supuestamente compensaban el desempleo a través de las inversiones de la oligarquía nacional y el facilitar las inversiones estadounidenses en Venezuela. Otra falacia más, pues el número de empleos generado temporalmente por el capital de ambos no logró asimilar a los miles de venezolanos que se veían obligados a permanecer ociosos o en ocupaciones con sueldos de “risa”, los cuales no alcanzaban para que la mayoría viviera decentemente.

Esta situación artificial provocó el que existiera una gran demanda de empleos frente a su escasa oferta. Ello le dio una gran ventaja a los capitalistas, ya que “ponía contra la pared” a quien deseaba a trabajar: “O acepta nuestras condiciones de trabajo y salario o sigue desempleado”.

Quienes trabajaban y siguen trabajando hoy bajo este chantaje, nunca tomaron consciencia, y si la tomaron se “hicieron los locos”, de que trabajaban para que los dueños de las industrias se compraran vehículos de lujo, casas, artículos suntuosos..., mientras que obreros y empleados con sus sueldos, apenas sí podían sobrevivir.

Así, en el sector de la clase media, por ejemplo, a mediados de los años 70 comenzamos a ver el comienzo del éxodo de profesionales hacia el extranjero y a principios de los 80 era notable el que universitarios recién graduados como médicos, arquitectos... se vieron obligados a trabajar como visitadores médicos, taxistas, comercio...

A partir de entonces, también se presentó el fenómeno de que cada vez más parejas jóvenes al casarse debían vivir en casa de los padres de él o de ella, que evitaran tener hijos, que algunos tuvieran varios empleos y que al dedicar tanto tiempo a la producción de dinero, dedicaran menos tiempo al cultivo de las relaciones conyugales. Esto último conllevó a un incremento de divorcios, lo cual era explicado “ingenuamente” como causa del destape y liberación sexual, transformaciones sociales normales, “sincerización de las parejas” frente a la hipocresía de las generaciones pasadas...

Como parte del costo social del ¿progreso? y ¿desarrollo económico?, los padres de la clase media se ocuparon cada vez menos de la educación y cuidado de sus hijos. No porque simplemente eran descuidados, sino porque debían trabajar si querían mantener el nivel de vida al que se habían habituado. Como sustitutos de su educación informal, quedaron en casa la Televisión, los juegos de video y la “señora de la limpieza”.

Aún entre los ricos podía observarse lo mismo. El padre siempre ausente, “ocupado” en negocios. La madre, en reuniones sociales, el country, los cócteles, reuniones de caridad... Muchos hijos de papi no tenían otro contacto ¿afectivo? que el insinuado con el dinero y objetos materiales. Resulta imposible olvidar las patotas del 70, imitando a los Hell Angels de los Ángeles, California, y sus actos criminales; y a las chicas, cuyo único pensamiento era estar a la moda, los viajes...

La única compensación al desempleo, que también era ficticia, fue la de inflar desmesuradamente la cantidad de empleados públicos, que servía para mantener cautivos una gran cantidad de votos. La situación llegó al absurdo de que podíamos ver en un ministerio hasta tres y cuatro porteros cuidando una misma entrada. Michel Chossudovsky, en su obra, “La miseria en Venezuela”, nos dice que el período de 1971 a 1974 el desempleo pasó del 12 al 16% ¿Fue esa entonces una época de progreso?

Ante esta situación los gobiernos no se plantearon políticas correctivas. Sencillamente, gran parte del capital se fugaba y otra parte se concentraba en las grandes industrias. Pero ¿cómo se podían esperar políticas correctivas si los ministerios que estaban asociados a la vida económica eran administrados por representantes de los grupos financieros e industriales? ¿Podía existir de esa manera una política coherente entre la política del ejecutivo y “los proyectos” del partido de gobierno?

Las políticas de desarrollo económico de los gobiernos de la dictodemocracia tendían a generar una mayor dependencia y pobreza, ya que se centraban básicamente en tecnología importada y proyectos de envergadura que implicaban grandes masas de capital, lo que, de entrada, excluía del juego a la gran mayoría de los venezolanos, quienes debíamos y debemos seguir viviendo apañados a los azares de ser asalariados o vivir condenados a la pobreza ante la imposibilidad de “levantar cabeza”.

Bajo el lema de “Hecho en Venezuela”, tuvimos la impresión de que el país prosperaba. En los 70 y 80 se hizo mucha propaganda recordándonos: “Compre en Venezuela, compre venezolano”. Pero, como siempre, se trataba de un ardid, pues “Hecho en Venezuela” escondía la realidad de nexos de dependencia y colonización, esto es, el control casi absoluto de nuestra industria. Escondía la realidad de que casi todo lo “Hecho en Venezuela” no era sino acabado final, ensamblaje...

Hacia finales de los 80 e inicios de los 90 se desplegó toda una campaña publicitaria que inclinó la opinión pública a favorecer la venta de las empresas del Estado, ya que siendo este mal administrador, lo único que estas generaban eran pérdidas. Desde luego, las pérdidas eran ocasionadas exprofeso en un acuerdo concertado entre los diversos partidos políticos, la oligarquía nacional y los monopolios extranjeros, a los que se unían descaradamente toda una raza de oportunistas, que aún están presentes en PDVSA, la CVG...

Así, fuimos testigos de cómo el peaje de las autopistas nacionales fue entregado a diversas empresas nacionales y extranjeras, que cobraban eficientemente el paso por estas, pero que negligentemente no llevaban a cabo su mantenimiento como se había acordado por escrito. Fuimos testigos de cómo Viasa fue vendida por tres centavos a Iberia y cómo Iberia la quebró para quedarse ella sola con los pasajeros de sus rutas. CANTV también fue prácticamente regalada a los monopolistas españoles y mientras mantuvo la concesión, nunca antes los servicios telefónicos habían sido peores...

El mencionado período de privatización de las empresas del Estado no es casual. Coincide con el famoso liberalismo económico y su política de no intervencionismo del Estado. Entre finales de los 80 e inicios de los 90, en multitud de países, la propaganda era la misma: “Los Estados no deben intervenir en las actividades económicas. Son un fracaso, por doquier, ello conlleva a la corrupción de los políticos”. En consonancia los gobiernos vendieron ferrocarriles, compañías petroleras, siderúrgicas, compañías eléctricas, telefónicas, aéreas..., cadenas de hoteles, restaurantes... y se privatizó la medicina, la educación... Curiosamente, el término liberalismo tiene dos significados diferentes en el mundo:

“ En los Estados Unidos, liberalismo significa abrazar un gobierno activo e intervencionista y expandir su participación en la economía y su responsabilidad de la misma. En el resto del mundo, liberalismo significa prácticamente lo opuesto, es decir, lo que un estadounidense liberal calificaría de conservadurismo. Este tipo de liberalismo apoya la reducción del papel del estado, la maximización de la libertad individual, la libertad económica y la confianza en el mercado, y la toma de decisiones descentralizada” (Yergin y Stanislaw, Pioneros y líderes de la globalización”, p. 28). Y como es de suponer, la voz de la mayoría de nuestros intelectuales, economistas, politiqueros y oligarquía, aparentemente, no reparó en ello ni en sus implicaciones, sino que asumió la posición de apoyar la no intervención del Estado en materia económica, haciéndonos creer que ellos lo harían mejor y que así la corrupción disminuiría.
[editar]

5 opiniones

cultura de masas

buena
Opinión respetable

Hay críticas de forma por que de fondo no se atreven. Miedo al ridículo y falta de argumentos
no esta totalmente bien redactado pero manifiesta mucha de la verda que otros niegan

mas elementos de juicio que vienen a consideracion, mis mas sentidas felicitaciones por el atrevimiento de poder decir lo que piensas, eso es lo que llamo libre desarrollo de la personalidad.
fue una mierda esa epoca

era una porqueria la forma de tratar a los imigrantes de la epoca ...
Pero que burro eres.

Utilizas la retórica más fácil y barata que has encontrado. Para atreverte a publicar algo, sin el temor a hacer el ridículo, debes aprender primero las reglas básicas de la redacción.
Evita repeticiones innecesarias. Tu articulito, parece escrito por un párvulo. Primero debes de tratar de ilustrarte un poco, de lo contrario parecerás un perfecto ignorante.
Utiliza el diccionario, es un buen aliado para los iletrados, y si te animas, lee, es bueno, y lo necesitas mucho.

Monografías relacionados con 'El país por un dinerito'

La pérdida de algo, la privación, el cambio de una situación, la agresión, el no... Más »

Autor y licencia de 'El país por un dinerito'


Monografía de José Del Grosso. Extraido de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24 CopyLeft
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.