En su desprecio por lo venezolano, en su continua improvisación y en ese querer parecerse particularmente a los gringos, la clase media y alta en contubernio con los politiqueros favorecieron intensamente la infiltración de lo extranjero durante el período del 58 al 98.
En 1988, Arturo Ochoa, comenta en su libro “El comportamiento folklórico de los venezolanos y de las instituciones públicas”, que:
“ La infiltración foránea no sólo se manifiesta en las modas, en la música, en los bailes, en expresiones de lenguaje, sino que es mucho más profunda. A esta fecha, continuamos empeñados en importar Programas y Sistemas Educativos, Esquemas económicos, Sistemas Administrativos, Tecnologías y aún más, Investigaciones Científicas de países con idiosincrasias, culturas y grados de desarrollo totalmente diferentes al nuestro, lo cual nos hace incurrir en fracaso tras fracaso, sin llegar a crear nuestros propios sistemas…” (p. 50).
En el tono del arquetipo del patriarca, desde arriba, nuestros medios de desinformación expresan manipulación, control e imposición:
“ Los medios masivos son la punta de lanza de una tecnología que es expresión suprema de la razón instrumental y represiva. Ellos han sido acaparados por la industria cultural... por una industria encargada de desempeñar con eficiencia una función vital en el respectivo sistema: la de mantener el equilibrio homeostático entre amos y súbditos. Su tarea es la de instalar sin descanso los principios de la realidad que puedan perpetuarla. Por sus canales fluye incesantemente el lenguaje del poder y de la administración total, la voz del padre y de los ingenieros del alma” (Pasquali, p. 29, 1980).
Los medios de información han constituido en la América Latina una forma efectiva de penetración, manipulación y control de la población por parte de USA. Como ya he señalado en este ensayo, toda comunicación está integrada por dos aspectos, el referencial, es decir, el mensaje, contenido o información y el conativo, el cual nos dice cómo debemos entender el mensaje dirigido a nuestra parte consciente o inconsciente. En este sentido, los medios no se limitan simplemente a informar, sino que, además, están creando realidades, nos están dictando pautas y, muy frecuentemente, nos están “ distrayendo”, es decir, están desviando nuestra atención, mientras siembran en nuestras mentes las semillas de normas y tendencias culturales de USA.
Deliberadamente, los medios han estado influyendo sobre nuestras percepciones, han creado en nosotros consenso y opinión pública favorable o desfavorable hacia..., según las conveniencias de sus dueños, de quienes pagan la publicidad y de aquellos que se encuentran vinculados a la política exterior estadounidense encargados de las llamadas Operaciones Psicológicas.
A través de los medios, los Estados Unidos han venido haciendo por décadas la labor de “sembrar en nuestras mentes”. Lo hacen de manera encubierta, a través de la propaganda, el lavado de cerebro, la guerra psicológica... Todos ellos tienen el mismo propósito: irradiar a través de los falsimedia información capaz de influir sobre nuestras emociones, motivos, actitudes y razonamiento, así como también influir en la conducta de los gobiernos, organizaciones y grupos. Así, cuando miramos retrospectivamente la historia de los medios, es posible observar cómo estos siempre han presentado a USA como héroes y paladines de la justicia, cuyo american way of life, y cuyo modelo de economía y política son recomendables para todos los países.
Los “buenos” desde luego, siempre enfrentan a los “malos” y el imperio se presentó en los medios como un luchador infatigable contra el mal. En las películas de finales de los años 40 y hasta la década de los 60, el mal era representado en la figura de los aborígenes estadounidenses, en los negros y en los nazis. A mediados de los 60 los negros, los comunistas y los árabes fueron colocados del lado del diablo hasta finales de los 80. A mediados de los 80 comenzaron a incluir a los latinos y desde que se disolvió el bloque soviético, los latinos y los árabes, sobre todo estos últimos, somos incluidos en el mismo saco.
A pesar de algunas contradicciones en su propaganda, esta logró enraizar sus mensajes ocultos en las mentes de muchos nativos y políticos latinoamericanos, los cuales se inclinaron favorablemente a la mentalidad y doctrina estadounidense, permitiendo que el imperio tuviera ingerencia en nuestras vidas. En Venezuela, por ejemplo, fuimos testigos de su campaña anticomunista. Tan efectiva ha sido esta, que por décadas la mayoría de la gente, incluyendo a muchos intelectuales, se ha conformado con los juicios impuestos por los medios y no ha leído en qué puede consistir esta doctrina.
Tampoco se han interesado en conocer en qué consistía el juego anticomunista, cuál era su propósito, ni cómo USA sacaba partido de él. Y así, mientras la gente creía que los “comunistas” eran unos seres insensibles y sanguinarios “come niños”, dispuestos a matarnos y a quitarnos nuestro “dinerito” y “nuestra casita”; Estados Unidos nos vendió “protección” al estilo de las mafias italianas estadounidenses, tumbó y puso gobiernos, adoctrinó a nuestros oficiales del ejército en la Escuela de las Américas, controló nuestra economía a través de sus edecanes de la clase alta y hasta creó y mantiene su propia oposición para controlar a aquellos que están contra USA...
Desde luego, los creadores de mentiras a domicilio venezolanos, nunca dijeron nada acerca de cómo USA estaba interviniendo en nuestra vida política, económica y cultural. “Silenciosamente” los medios penetraron y siguen penetrando en nuestros hogares: utilizando técnicas que plasman y condicionan nuestra consciencia, que han generado pautas, valores y conductas las cuales condicionan nuestra vida cotidiana; habituándonos a un pensamiento típico del arquetipo del patriarca, es decir, a un pensamiento superficial, valorativo, enjuiciador, fragmentado, sin bases, del tipo del todo o nada, blanco o negro...; y que carece de diversidad de criterios, de enfoques, de contenidos...
Se trata de la llamada “cultura de masas”, la cual no es otra cosa que un conjunto de condicionamientos colectivos inducidos por el poder económico, los cuales nos han vendido bajo el nombre de “cultura popular”.
Pero aquí debemos estar muy atentos, pues aunque los fines son los mismos: la dominación y el control; la cultura popular no se limita a la “chusma”, como cree la clase media. Existe una cultura popular para la “gentusa”, la cual es esencialmente “circo” al estilo de un “Sábado sensacional” y telenovelas de “pico y pala”, culebrones, que refuerzan la idea de quiénes son los amos y cuál es el lugar y destino de cada cual en nuestra sociedad; y una cultura popular para la clase media: “La cultura Mickey Mouse”. La clase media es un blanco importante para la clase alta y USA, pues ellos son portadores, guardianes, difusores y mantenedores de su ideología; son sus soldaditos en el mundo empresarial a bajo costo y son opinión que hace sentir su peso. Últimamente carne de cañón para que los defiendan. Si observamos la evolución de la clase media entre las décadas de los 50 al 2000, podemos apreciar cómo esta se fue convirtiendo en una clase comodona, floja, incapaz de renunciar a su paseito por Disney World, a su celular, a sus zapatos de marca, a comer en McDonald... Es una clase social, que aunque sus hijos hayan ido a los ¿mejores colegios? y en este momento sea la generación activa, es incapaz de mirar a su alrededor, tener consciencia de lo que significa la pobreza y por qué se genera; que habla de libre comercio y le da la bienvenida a la globalización sin tener la menor idea de que “escupe pa´rriba”.
¿La razón? Fueron a los mejores colegios y a las mejores universidades nacionales y gringas, para mantener el sistema y seguir los patrones inconscientes del patriarca, pero no les enseñaron a pensar, ni les interesa tampoco. De modo, que instrumentos de pensamiento como la Filosofía y la Epistemología son vistos por ellos como algo innecesario y fastidioso, pasado de moda: ¿Para qué quiero saber cómo conozco? ¿Cómo se generan los conocimientos? ¿Cómo son usados para la dominación?... ¿Qué importancia puede tener el contar o no con criterios cognitivos que me permitan saber si me engañan o no, lo importante es tripear, pasarla bien, lo que vale en este mundo es la mercancía? Es una generación que vive amargada y obsesionada por el dinerito y no le ha importado sacrificar su vida en su afán de “tener para llegar a ser”. Metida en su trabajo y condicionada por los medios, es una generación que no sabe cómo gestionar su tiempo de ocio fuera de lo impuesto por los falsimedia como ¿diversión?: alcohol, drogas, sexo, discoteca, música mecánica... Ignoran que esa diversión es en realidad escapismo, distracción, un modo de olvidarse de sí mismos. De allí, que no se detengan a pensar ¿cómo los USA pueden darse el lujo de masacrar a vietnamitas, afganos, salvadoreños, chilenos... y aplaudir? No es de extrañar que por ello hasta deseen hoy día que nos invadan los marines, en lugar de mirar hacia dentro y buscar una salida a nuestra crisis, la cual sea en verdad una salida venezolana.
No es difícil imaginar el cuadro familiar de la clase media de las últimas dos décadas. Un hogar lleno de objetos inútiles, en el cual a la hora de las comidas no se discute a consciencia y con criterios los asuntos del país, sino que se escuchan quejas y juicios. En esos hogares, sus moradores no se sienten ofendidos por la explotación de los ricos, las mentiras de los medios, ni la burla hacia ellos tipo espectáculo que los medios y los políticos les montan. No es difícil imaginar, que en muchos hogares de la clase media los padres ya no se sientan a hablar con sus hijos porque están ¿ocupados? y que, su lugar como padres que deben educar a sus hijos lo ocupen la “señora de la limpieza”, la “televisión”, el “VHS”, el “DVD”, Internet... Debemos preguntarnos: ¿Cuál ha sido el progreso logrado hasta ahora? ¿Hemos evolucionado o involucionado? ¿En vista de los resultados obtenidos por las clases que “sí saben dirigir al país”, debemos seguir apoyándolos? ¿No deberíamos confesar que lamentablemente se trata de una raza de ignorantes?