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El país por un dinerito - El orden patriarcal venezolano empieza a descalabrarse

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Creative Commons Monografía de José Del Grosso - 18 de Enero de 2006
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16. El orden patriarcal venezolano empieza a descalabrarse
A principios del 92, Hugo Chávez Frías irrumpe en el panorama nacional con su intento de golpe de Estado. Este intento de golpe de Estado no fue simplemente un esfuerzo por hacerse con el poder, sino que deriva de una larga tradición de militares patriotas que han compartido ideas bolivarianas y de izquierda. Se trata de patriotas que históricamente han luchado contra la tiranía de la oligarquía nacional. En este sentido, podemos recordar, por ejemplo, los dos alzamientos militares de 1960, conocidos como el Porteñazo y el Carupanazo.

Debo destacar que la participación de un sector de las Fuerzas Armadas Nacionales en el golpe del 92 no refleja una simple división entre sus miembros debida a una lucha por quién se va a quedar con el control del país, sino que refleja una división y lucha de clases. Los acontecimientos del 4 de febrero de 1992 revelan el descontento de los cuadros bajos y medios de la oficialidad frente a la oficialidad superior comodona, llena de privilegios, vendida, corrupta e inclinada a los caprichos de AD y COPEI, y también afecta a USA.

Al principio la oligarquía no le presta mucha atención a Chávez porque no lo consideró un contendiente político que pudiese llegar lejos, pero en la medida que fue ganando popularidad, la oligarquía nacional comenzó a dirigir su mirada hacia este. Intentaron comprarlo, pero no lograron su propósito.

Habíamos tenido presidentes y ¿políticos? “venidos de abajo”, pero eran puestos, aceptados y apoyados desde los entretelones mientras fueran títeres o tontos útiles para las elites y estuvieran dispuestos a preservar las manifestaciones económicas, políticas y sociales de los patrones del arquetipo del patriarca. Eran los capataces y peones impuestos por las elites y, por ende, eran aprobados. Pero para la oligarquía: “negro por su cuenta es negro alzao”. Para las elites, Chávez es “negro, esclavo alzao” que hay que poner en su sitio: “¿Qué se habrá creído ese pata en el suelo? ¡Hay que ponerlo en su sitio!” Y bajo esta perspectiva, han venido justificando cualquier acción ilegal, incluyendo la destrucción económica, la entrega descarada del país a USA, el magnicidio y los golpes de estado con tal de sacarlo de la presidencia.

Para una oligarquía cuya conducta históricamente ha sido la de ser seriamente propensa a actuar siguiendo los patrones más negativos del arquetipo del patriarca, habituada a actuar detrás de bastidores y a mover los hilos de los títeres políticos, el hecho de que un “zambo” se atreviera a poner límites a su insaciable sed de dinerito, las acciones de Chávez representaron una insolencia, un ultraje, un agravio, una grosería…: “¿Quién se cree que es?”.

De repente, una gentuza del pueblo, una chusma…no les mostró pleitesía, ni sumisión, ni los aduló, ni se mostró servil. Sino que sobre la base sólida de una masculinidad muchísimo más madura que la exhibida por la oligarquía, se irguió sobre sus propios pies y asumió los patrones inconscientes del arquetipo del rey, del guerrero, del mago o sabio y del amante, es decir, de un padre que es generativo y renovador en términos generales y que, en lo concreto, protege, apoya…cuando es necesario y estimula a la población a conocer y hacer.

Llenos de ira, los líderes de la oligarquía y los dueños de los medios de información con más ascendiente y poder, entre ellos, Gustavo Cisneros y Marcel Granel, decidieron “manejar el asunto”. Para ello utilizaron como sus portavoces a aquellos pocos políticos que les eran afectos para desacreditar a Chávez y, sobre esa base, eliminarlo de la contienda y colocar a su “hombre” en la Presidencia.

Como era de esperar, iniciaron una campaña sucia contra Chávez al estilo que nos habían acostumbrado los partidos políticos de la Cuarta República, es decir, usando patrañas, insultos, mentiras, chismes, descalificaciones…unido a un discurso netamente emocional dirigido a su demonización. Como parte de su campaña de demonización, se valieron del hecho cierto de que Chávez dirigió el golpe de Estado del 4 de febrero de 1992. Los medios de información y los politiqueros habían repetido hasta la saciedad durante décadas lo malo que habían sido las dictaduras venezolanas del pasado y lo bueno que había sido la dictadura democrática del bipartidismo comprendido entre los años 59 al 99; y creyeron que la gente mordería el anzuelo de que Chávez, apenas llegado al poder, se convertiría en un dictador. Pero la mayoría no les creyó, pues muchos habían sido defraudados durante esas cuatro décadas, fueron testigos de la innumerable cantidad de veces que habían sido suspendidas las garantías y hasta fueron víctimas de los abusos de la policía, la guardia nacional y el ejército.

Los creadores de imágenes creyeron que al tildarlo de “golpista” la gente reaccionaría en su contra y se unirían a su causa, pero para su sorpresa, la gente no había olvidado 4 hechos fundamentales ocurridos aquel 4 de febrero de 1992: a) la conocida frase de Chávez: “Por ahora”, b) el haber reconocido ante las cámaras de televisión que había fracasado en su intento de golpe de estado, c) dado el fracaso del golpe, el haber hecho un llamado a sus compañeros para que depusieran sus armas y no hubiese derrame de sangre, y d) el haber asumido la responsabilidad de sus acciones. Comportamiento que le sirvió para ganarse el corazón y la confianza del pueblo.

La campaña de demonización de Chávez fue complementada con acusarlo de comunista. Para aterrar, aumentar la desesperación de la gente de la clase media y movilizarla, los medios desenterraron a un muerto durante la campaña electoral a la presidencia de 1998: “el fantasma del comunismo”. Era obvio que Chávez y Castro eran y siguen siendo amigos, y esta amistad y ese compartir ideas fueron manipulados por los medios del terror afirmando que tanto Chávez como Fidel tenían planes de invadir el país y quitarles a los ricos y a la gente de la clase media su casita y su dinerito.

Confiados en la efectividad del lavado de cerebro que nos había hecho la CIA a través de los medios durante los años de la guerra fría, repitieron en esencia la misma propaganda y afirmaron enérgicamente que una vez que Chávez ganara las elecciones se daría un autogolpe y, junto con Castro, se comerían crudos a los niños, violarían a las mujeres y nos arrebatarían nuestras propiedades a todos.

A la gente de la clase media con la cabeza lavada no se les ocurrió pensar que si bien era cierto y es cierto que Chávez y Castro eran y son amigos, ello no significa que Chávez ha sido o es comunista y que esa no era razón suficiente para que Fidel Castro nos invadiera o nos invada. Nunca pensaron que eran víctimas de un engaño y que se estaban mezclando dos clases de cosas diferentes. Una cosa es ser comunista y otra muy distinta lo es la amistad. Es como si alguien llegara a la conclusión de que usted o yo somos alcohólicos porque tenemos amistad con alguien que sí lo es. La obsesión del peligro y amenaza del comunismo cubano, los ha llevado a confundir ideas bolivarianas con ideas marxistas. Se ve que los productores de la campaña sucia, sus expositores y la gente de la clase media con el cerebro lavado se saltaron la parte de la historia donde dice que Bolívar nació primero que Marx, se ve que apenas leyeron las carátulas de los libros y que no descubrieron que las ideas de Bolívar y Marx son bastante diferentes, que las ideas de Bolívar son más amplias y universales que las de Marx y que se referían a contextos históricos y sociales distintos.

Los cabezas lavadas nunca miraron tampoco hacia el lado de las largas relaciones diplomáticas y de intercambio comercial y cultural que han existido entre Cuba y Venezuela durante décadas. El mismo Fidel Castro vino a Venezuela en 1989 invitado por Carlos Andrés Pérez para que asistiera a su toma de posesión de la presidencia. Miles de venezolanos habían ido a la isla cubana por diferentes razones y miles de cubanos vinieron al país y con ellos compartimos en el ámbito del deporte, académico, artístico…También fuimos asistidos en el sector educativo y deportivo para elaborar diferentes programas y nunca nos invadieron. ¿Por qué entonces Castro habría de invadirnos en ese o este momento?

Una estrategia propagandísitica de la oligarquía, la cual refleja uno de los aspectos inconscientes del arquetipo del patriarca, es haber utilizado el racismo para ganar adeptos. Se olvidaron de que la mayoría de los venezolanos no somos blanquitos y de ojos azules. Más aún, ni siquiera han tomado consciencia de que la mayoría de ellos tampoco lo es. Su campaña en contra de Chávez también ha mantenido un tinte clasista, cuyo fondo es: “Los ricos y la clase media son gente y los demás son chusma”; “Sólo nosotros sabemos y merecemos gobernar”; “Nosotros el 10% que ha hecho Venezuela”. Apoyándose en los contenidos inconscientes del arquetipo del patriarca, para descalificar a Chávez, recurrieron implícita y explícitamente a supuestos argumentos de peso como: “sólo es gente quien tiene dinero”; “Sólo sabemos y somos cultos, la gente de la oligarquía”…,los cuales, a su vez, también son argumentos típicos del imperialismo yanqui, con los cuales se identifican plenamente muchos miembros de la oligarquía nacional. Basándose en los ¿argumentos? anteriores, como si se tratara de Leyes Naturales, han afirmado que Chávez es un “don nadie”, porque “no es de cuna”, es decir, porque sus padres eran pobres y él había nacido en Barinas; que es un ignorante, porque, además, es negro, feo y tiene una verruga”

Se le ha tildado a Chávez de no saber hablar, lo cual es una proyección de sus propios defectos. Ni la mayoría de los líderes de la oligarquía ni sus peones son capaces de hablar con fluidez y coherencia durante más de 20 minutos; decir algo lleno de contenido y bien razonado sobre la base de criterios válidos como corresponde a una persona que ha estudiado de veras y ha reflexionado sobre lo que ha leído. Ninguno de ellos maneja la historia de Venezuela con precisión como el Comandante. Ninguno es espontáneo y sin poses como él. Ninguno sabe adaptar su discurso según se dirija a gente humilde, profesionales o intelectuales como lo hace Chávez.

Cuando Chávez se lanzó como candidato a la presidencia para las elecciones de 1998, en la medida que se fue ganando la aceptación y el afecto del pueblo, las injurias de la oligarquía hacia él fueron en aumento y ello hizo que parte de la población que hasta entonces había permanecido apática a la política prestara atención, no sólo a la persona de Chávez, sino también al contenido de su mensaje, el cual iba más allá de: “Voten por mí”; “Yo les prometo”; “Yo haré”. Es innegable, que Chávez es lo que se llama un buen maestro o un buen profesor, porque, además, de su discurso político, nos ha enseñado entre muchas cosas, sobre quién era Bolívar, acerca de nuestra historia y la participación de la mujer en ella, sobre la situación mundial... Nos ha enseñado también sobre economía y ha sabido llamar nuestra atención para que indaguemos acerca de qué es el FMI y sus tácticas; lo que han venido haciendo la transnacionales en nuestro país; cómo han penetrado PDVSA, cómo la meritocracia de PDVSA no tiene entre la mayoría de sus miembros ningún mérito, a menos que se entienda por mérito saber robar sin ser juzgado legalmente

Mientras la oligarquía nos incitaba a constatar lo feo de su cara y detectar los disparates que supuestamente decía para que nos burláramos de él, innumerables personas tomamos consciencia de que la campaña mediática de la oligarquía no podía ser más vacía e infame.

Sin embargo, en este aspecto, no es posible negar que el lavado de cerebro sí fue realmente efectivo entre un amplio sector de la clase media y de supuestos intelectuales. A pesar de la claridad con que siempre ha hablado Chávez, estos aún siguen dándole vueltas al asunto, discutiendo entre sí si Chávez sabe hablar o no.

No es que no sabe hablar, sino que en la lógica del arquetipo del patriarca, es imposible que alguien que viene de abajo y es de color sepa hablar y exponga conocimientos sobre los cuales ha reflexionado. Les choca, les molesta sobremanera, su lenguaje impecable y comprensible, que sepa dialogar y argumentar y que sepa cómo llegar a todos, en particular al pueblo, de manera directa y franca. Tanto es así, que han confundido la franqueza y la forma directa de hablar con “ordinario”: ¡Qué horror, Chávez sí es ordinario!”. Cuando ha dicho verdades de manera franca y directa, la falsa oposición ha tratado de distorsionar las cosas, diciendo que él los ofende. Pero ¡Ladrón es ladrón y asesino es asesino! ¡Al pan, pan y al vino, vino! La oligarquía le critica a Chávez que divulgue verdades que deben mantenerse en secreto, porque ellas podrían incitar al caos y al desorden. La verdad es que, con frecuencia, el discurso de Chávez sí incita al desorden, pero al no al desorden destructivo, sino al desorden creativo y nos invita a hacer un país distinto fuera del orden sagrado que ha institucionalizado la falsa oposición.
Autor y licencia de 'El país por un dinerito - El orden patriarcal venezolano empieza a descalabrarse'
José Del Grosso Extraído de: http://www.rebelion.org/seccion.php?id=24

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