Si Estados Unidos está contra el proceso venezolano esporque el proceso venezolano es bueno,y hay que defenderlo.
ErnestoCardenal
Como vimos en la primera parte, el elemento psicológico primario, con todas sus implicaciones, que históricamente han inclinado a un sector de los ricos y a un grupo significativo de los miembros de la clase media venezolana a reaccionar de manera violenta y fuera de la ley ha sido el arquetipo del patriarca, al cual, en Latinoamérica comúnmente denominamos “machismo”.
Sobre la base del arquetipo del patriarca describí cómo históricamente se fue conformando nuestra idiosincrasia, la imagen que nos gobierna inconscientemente; cómo se ha venido manifestando socialmente y cómo la identificación de la clase media y de los ricos con muchos aspectos en la ideología fascista, económica, política, jurídica y estilo de vida estadounidense han convertido a muchos de ellos en extranjeros nacidos en Venezuela y cómo están más predispuestos a defender los intereses de aquellos que los nuestros.
Lo anterior integra el conjunto genérico y significativo de elementos psicológicos que predisponen a la oligarquía venezolana a su usual tendencia a la violencia, la expansión, el sometimiento, la incomunicación, la exigencia y a un pensamiento racional y analítico. Intentemos ahora dar una respuesta satisfactoria a la pregunta: ¿Qué sucede en el presente para que entre un grupo significativo de los miembros de la clase media y de los ricos dicha tendencia a la violencia se haya desbordado?
La mentalidad de la oligarquía venezolana
Para comprender la actual situación de violencia desbordada por la mal llamada oposición, debemos comenzar por tener presente el papel que juega su pensamiento o mentalidad en ella.
El pensamiento no es sólo una forma de organizar el mundo, sino que, además, es una actitud y una forma de ser en el mundo. “El hombre es literalmente lo que piensa”, decía el Buda. Y James Allen, en su obra, “As a man thinketh”, complementa lo que dijo agregando: “y su carácter es la suma completa de todos sus pensamientos” (p. 5). El hombre se hace o se destruye a sí mismo según forje sus pensamientos. Puede convertir sus pensamientos en armas letales contra sí mismo y los demás o puede crear su propia fortaleza, alegría y paz.
A través de su pensamiento, el ser humano no sólo se modela a sí mismo, sino que también es creador y modelador de su carácter, de su vida, de las condiciones de su ambiente y, por ende, de su destino. Más aún, cuando asume el rol de controlar la voluntad de los demás y usa el poder para ello, también se convierte en un modelador de los demás. Cuando pensamos, nuestro pensamiento sigue un modelo o patrón de pensamiento, es decir, sigue un conjunto de reglas inconscientes. Estas, implícitamente, nos dicen cómo debemos pensar. Sin embargo, a pesar de su importancia para nosotros, no las cuestionamos, sino que subjetivamente solemos aceptarlas sin crítica alguna como las únicas reglas válidas y confiables. Esta serie de reglas organizadas conforman programas para pensar.
El pensamiento no sólo es consciente, sino también inconsciente. Tener esto presente es muy importante, porque la mayoría de la gente en Occidente, no está atenta a qué está pensando, a cómo está pensando, ni a cómo llega a las conclusiones a las que llega. Simplemente, deja actuar a su pensamiento en automático y ello implica la posibilidad de ser manipulado y cometer muchos errores. Cuando dejamos que el pensamiento siga su propio curso en automático entran en juego no sólo aquellos contenidos que conforman una determinada idea, sino que también están interviniendo, junto con los programas o modelos de pensamiento, el conjunto de normas de percepción, sentimientos, acciones y expectativas que hemos aprendido a seguir; el impulso de los condicionamientos sociales; el conjunto total de las experiencias pasadas, las cuales incluyen tanto los estímulos de los que fuimos conscientes como de los que no lo fuimos y los contenidos del arquetipo o de los arquetipos predominantes en la cultura.
También es muy importante destacar el hecho de que todo contenido inconsciente es más poderoso y astuto que aquellos que son conscientes. De allí que Freud destacara la idea de que se es libre y sólo podemos sanar en la medida que hacemos consciente nuestro inconsciente. En otras palabras: “Sólo podemos ser libres en la medida que conocemos qué nos lleva a pensar, sentir y actuar de una manera determinada”. Un pensamiento, una idea, una emoción, una sensación…son conscientes cuando la notamos, cuando nos percatamos de ella en el mismo momento que está presente, es decir, en el aquí y el ahora. Y son inconscientes cuando a pesar de estar presentes en nuestra mente no nos enteramos o percatamos de ella y “casi todo lo que hacemos en la vida, lo hacemos inconscientemente”.
En el inconsciente colectivo de nuestra cultura predomina como ya dije, el arquetipo del patriarca, el cual nos ha proveído de un patrón, un programa o modelo de pensamiento, que entre otras cosas es un pensamiento analítico y racional que gira en torno a la sacralización del Uno, que equivale a decir: “Sólo existe una forma de todo: una forma de conocer, de pensar, de mirar, de sentir, de actuar, de solucionar las cosas…”, la cual, a su vez, abarca la estrategia de las “falsas alternativas”, es decir, “si no es blanco, debe ser negro”; “o negro o blanco”. Llevado al extremo es la afirmación manipuladora: “o está conmigo o está contra mí”.
Si ponemos atención a su estructura de pensamiento, la sacralizad del uno, nos obliga a aceptar una sola cosa: “o es esto o es lo otro”. No admite el “Y”: “Sólo nosotros los de la oligarquía somos el pueblo, somos los que mandamos, somos gente…”. Para el conjunto de la mayoría de nosotros los venezolanos esta tendencia al “O” constituye una ceguera y una fuente de autodestrucción, pues seguimos la lógica del Uno, del “O”. Esto quiere decir que: “Si pensamos, percibimos, sentimos y actuamos de una única manera, irremediablemente siempre obtendremos los mismos resultados”.
Desde esta perspectiva, la oligarquía venezolana cree por encima de todo, a costa de su propia vida y de la de los demás, que “sólo ellos saben gobernar, que sólo ellos deben gobernar, que sólo ellos tienen derechos y que los demás sólo tienen deberes para con ellos”. Si leemos una Historia de Venezuela seria, esta ha sido la conducta de nuestros opresores desde la invasión a América a partir de 1492, durante nuestra colonización, nuestra independencia…y la Cuarta República; y no nos debe caber la menor duda de que será la misma, si en este momento histórico no asumimos nuestra responsabilidad y buscamos alternativas para crear nuestro propio estilo de vida y nuestra propia idiosincrasia.
El patrón inconsciente de conductas del patriarca rechaza en general lo femenino. En este sentido, rechaza el patrón femenino de pensamiento, es decir, rechaza la consciencia globalizadora y contextual del mundo y aprueba la abstracción, las ideas y el análisis o método de parcialización descontextualizado. Lo terrible de esto es que las ideas, las abstracciones y modelos teóricos son elevados por encima de la realidad y se vuelven más reales que la realidad misma, que lo concreto y, peor aún, llegan a convertirse en doctrinas e ideologías, cuyos contenidos son verdades incuestionables, absolutas, eternas e inmutables.
De aquí que muchos de aquellos que se han ido haciendo del poder han pasado a los delirios de grandeza y a creerse mesías y salvadores del mundo, con derecho a conquistar y poseer el mundo, porque son los elegidos, como es el caso del emperador Jorge W. Mala Hierba.
Como toda ideología parte del axioma que asevera que hay que “lograr el máximo bien para todos”, esta tiene la mirada fija en lograr objetivos; los objetivos están por encima de la individualidad, del ser y de toda espiritualidad; no observa el proceso; sólo mira en una dirección, negando lo que está alrededor; no existe consciencia de los actos; y la única manera de comportarse es la indicada por las reglas…;tarde o temprano “el camino del bien” se convierte en un terrible mal, tanto para los líderes que la proponen, pues se disocian psicóticamente y sufren de delirios persecutorios; como para los supuestos beneficiarios que deben hacer sacrificios, en la mayoría de los casos inmolaciones, “son carne de cañón”; como para los que deben ser “conversos” y sufrir la violencia despiadada de los “elegidos”. “Todo extremo contiene secretamente su opuesto o está directa y esencialmente relacionado con este” (Carl Jung).
La oligarquía venezolana presa del patrón de pensamiento del patriarca, cree, está convencida y dispuesta a matar y a dejarse matar, entre otras razones, porque cree que su modelo social, político, económico, jurídico, copiado de la ideología yanqui, es el mejor para todos, el único que nos ha traído, trae y traerá “El Bien Supremo”. La posibilidad de una transformación, no de unos arreglos o cambios menores, es sentida consciente e inconscientemente por los oligarcas como una terrible amenaza a ese Bien Supremo. El ego o “imagen mental de sí mismo”, desde la prepotencia de cada uno de los miembros de la oligarquía no puede tolerar, no soporta, la prueba de la realidad, la cual indica que han fracasado y que han creado una Venezuela sobre la base de venderla a USA por un dinerito. De allí su negación a la realidad concreta y su apego a las abstracciones. De allí que en su desesperación cuando usan los medios de desinformación y el lavado de cerebro muestren una Venezuela virtual.
El modelo de pensamiento del arquetipo del patriarca, si bien puede ocuparse de entidades abstractas y concretas, siempre en los momentos decisivos se orienta en base al dato subjetivo, es decir, no parte del dato y la experiencia concreta, sino que mira al contenido subjetivo que ocupa su atención en función de los contenidos de su ideología del Bien Supremo.
A pesar de quien es presa del arquetipo del patriarca quiere dar la impresión de que los hechos externos constituyen la causa y el objeto de su forma de pensamiento, ello no es así. Quien ha sido tomado por el arquetipo del patriarca es ególatra y su pensamiento tiende a comenzar en el propio sujeto y volver a él, descartando los hechos concretos y el pensamiento de los demás, y ello, a pesar de llevar a cabo numerosas incursiones en la realidad objetiva. Ante las situaciones nuevas y las crisis el sujeto no se coloca en el aquí y ahora, no toma consciencia, sino que a través de su forma de pensamiento tiende a defender su ideología, prepotencia y poder de control sobre los demás, interpretando y acomodando el aquí y el ahora desde su propia subjetividad en términos tales que los hechos son traducidos a pruebas contundentes de su sin razón o pruebas de cómo los demás quieren eliminarlo.
En la prueba de la realidad y debido a lo que ello representa, estos sujetos, no sólo niegan algunas facetas de su conducta como lo puede hacer un mentiroso, sino que van más allá. Se alienan, se escinden y proyectan o ponen ciertos rasgos, ideas y conductas de ellos en los demás: “Un ataque armado con armas largas y de gran potencia a la Guardia Nacional por parte de los terroristas de la oposición constituye un acto cívico, mientras que los seres humanos uniformados que integran dicha institución no deben defenderse, porque según su lógica el que defiendan sus vidas constituye una violación de la Constitución”.
El pensamiento de la oligarquía como ideología es asumido individualmente de manera personal y no impersonal. Es asumido como si fuese “el sí mismo”, la “propia personalidad” del sujeto, a pesar de ser estas abstracciones, posturas, máscaras... De allí, que todo hecho que ponga en evidencia las consecuencias negativas y errores de su ideología sea vivido por la oligarquía como un ataque proveniente de Satanás en persona. Es también por esto que su reacción no es simplemente la de una persona que está molesta, en desacuerdo, sino la re-acción de un “animal acorralado” cuando el otro está a punto de mostrarle algo diferente a la Verdad Suprema. Siente pánico de descubrir su autoengaño, su equivocación, y lo peor, siente la proximidad del derrumbe de todo un mundo artificial, de un “castillo de naipes” que ha construido para poder vivir en este mundo. En otras palabras, siente miedo, está aterrorizado porque carece de una estructura psicológica que le sostenga parado en la vida y en sus relaciones con los demás sobre la base sólida de su propio valor, de su auténtico ser/siendo, de su Yo, de su Alma.
El pensamiento que refleja el arquetipo del patriarca no es pues un pensamiento abierto creativo, capaz de crear nuevas soluciones, nuevas teorías… en razón de la evolución de los hechos, sino un pensamiento encerrado en un círculo vicioso, que estanca y busca su propia validación y justificación ideológica.